jueves, 31 de diciembre de 2009

Slade - Slade Alive!


No se puede tomar demasiado en serio a Slade, eso hay que aclararlo de entrada. Algo que en cualquier otro grupo podría ser un defecto en Slade se convierte automáticamente en una de sus más inmediatas virtudes. Claro, es rock 'n' roll sin compromisos y sin entuertos pero con diversión. Es que Slade representa la quintaescencia del rock entendido como un motivo de reunión, de festejo, de baile… y a otra cosa, mañana, al otro día, de vuelta al trabajo y a esperar otra vez el fin de semana.

Ellos sabían lo que sus fans querían y los satisfacían sin hacerse rogar ni un segundo.

Formados en la segunda mitad de los 60's, tardaron bastante en encontrar el rumbo o la personalidad, primero se llamaron Ambrose Slade, pero el nombre fue acortado luego de aceptar la sugerencia de Chas Chandler, ex-Animals y más conocido como manager y “descubridor” de Jimi Hendrix. Él también fue quien los aconsejó para seguir el camino del movimiento que se estaba gestando a principios de la década siguiente; el glam rock. A pesar de que Slade tenía bastante poco que ver con T-Rex, Bowie y demás patriarcas del género, fue dentro de esa etiqueta cuando los hits empezaron a sucederse. Y fueron varios, muchos a decir verdad. Antes de la andanada de éxitos mal escritos (uno de los chistes característicos del primer período) como "Gudbuy t'Jane" o "Mama Weer All Crazee Now" salió Slade Alive!, este verdadero mastodonte sonoro, una descarga de altísimo voltaje eléctrico en donde los siempre confiables pulmones de Noddy Holder están más inflados que nunca, al borde del cataclismo pero siempre al servicio de otra noche de fiesta, de la algarabía del respetable. Según comentarios “extra-oficiales” (logicamente) Slade Alive! recibió no pocas ayudas en el momento de la posproducción, aumentando y sincronizando el volumen del público y corrigiendo algún que otro defectillo en las interpretaciones de los músicos. Pero lo cierto es que Slade Alive! impacta, da en el blanco y con mucha fuerza. El pre-punk rock / proto metal y el ruido blanco que por momentos se escucha no se había oído anteriormente, y -a decir verdad- pocas veces se ha vuelto a oír. El repertorio elegido se apoya bastante en las versiones, así es como el puntapié inicial está dado por "Hear Me Calling" de la pluma de Alvin Lee de Ten Years After. Completamente irreconocible es "Darling Be Home Soon" de John Sebastian, otrora líder de los memorables Lovin' Spooful, en donde Holder se da el gusto de despacharse con un sonoro eructo que es celebrado sin disimulo por la audiencia. Mención aparte para la versión que cierra la placa; "Born to Be Wild" de Steppenwolf, extendida a casi diez minutos y donde Slade demuestra que para el ataque sónico brutal y ensordecedor son mandados a hacer.

En fin, después vendría Slayed? que quizás sea el mejor disco de estudio de la banda inglesa, el típico ascenso y caída, la remontada vertiginosa de la mano de las versiones de Quiet Riot (muy exitosas al otro lado del atlántico) y los vaivenes típicos de cualquier banda histórica. Pero Slade Alive! es el testimonio clave de cuando empezaban a torcer su propia historia, a encontrar el rumbo que los haría inolvidables.





Chequear también:

Slade - Old New Borrowed and Blue
Mott the Hoople - Mott
The Dictators - Bloodbrothers


lunes, 28 de diciembre de 2009

5 Canciones 5: Rose Tattoo, The Coral, Hoodoo Gurus, Beasts of Bourbon, 999


Nice Boys
Rose Tattoo

Evitando cualquier tipo de sutileza y a velocidades vedadas por la ley, la sentencia es clara y contundente; "los muchachos buenos... no tocan rock and roll". Un disco debut para agitar puños en alto.

Aparece originalmente en: Rose Tattoo (1978)

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Jacqueline
The Coral

Los
muchachitos de Liverpool finalmente crecieron y abrazaron con ganas los preceptos de "La Canción Perfecta". Arreglos sutiles, varias guitarras y la voz de de James Skelly alcanzando un grado de madurez que no tenía anteriormente.

Aparece originalmente en: Roots & Echoes (2007)


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What's My Scene
Hoodoo Gurus

Desde Australia con amor, aunque a esta altura apuntando al resto del mundo, con una producción más pulida pero el talento para el gancho pop completamente intacto.


Aparece originalmente en: Blow Your Cool! (1987)


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Ride On
Beasts of Bourbon

Siempre fue uno de esos temas distintos de AC/DC, jamás lo
tocaron en vivo. Sin duda alguna merecía una versión (no es la única) y el tratamiento al que la someten los Beasts... merece un momento de atención.

Aparece originalmente en: The Low Road (1991)


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High Energy Plan
999

Como el título bien lo indica, esta perlita de los punks ingleses es un subidón repentino de adrenalina difícil de comparar. En Estados Unidos, Separates se llamó como esta joyita, demostrando que tenía su valor ya en aquel entonces.

Aparece originalmente en: Separates (1978)


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lunes, 21 de diciembre de 2009

Morrissey - Your Arsenal


Parece increíble hoy en día pero cuando salió Your Arsenal, a principios de la década del 90, era poco lo que se esperaba de Morrissey.

Los Smiths habían sido la banda de guitarras más importante de la Inglaterra de los 80's, justo en una época que no se caracterizó precisamente por llevar las guitarras como estandarte. Su carrera solista había empezado bien; Viva Hate, los singles de la época pero de pronto… mucho, demasiado tiempo para darle una secuela adecuada. Incluso apareció una compilación de esas que tienen gusto a “bueno, a ver qué hago para ganar tiempo” y después… Kill Uncle que, sin ser un mal disco, no fue el cimbronazo que muchos esperaban luego de un debut tan auspicioso.

Morrissey siempre fue un fan -y un propagador- del glam rock de principios de la década del 70. Es la música que lo hizo ser quien es, los New York Dolls, Bowie, T-Rex, the Sweet, etc. Entonces la elección de Mick Ronson como productor era completamente lógica. El guitarrista más icónico de todos los que tuvo Bowie, el de los Spiders from Mars, de la época más querida y recordada de El Duque Blanco. Había también nuevos colaboradores, Morrissey siempre fue astuto a la hora de elegir laderos, no hace falta elogiar a Johnny Marr, todos sabemos lo que significa, pero esta vez el tándem guitarrero de Alan White (que aquí comparte los créditos de la mayoría de las canciones) y Boz Boorer no deja títere con cabeza.

Empezando con el arrollador "You're Gonna Need Someone On Your Side" con su introducción a medio camino entre el rockabilly más recio y el spaguetti western modelo Morriccone, Your Arsenal cubría las expectativas de todos. El rock de guitarras estaba de vuelta para quedarse y por supuesto que no faltaban los latigazos de la filosa lengua de Morrissey, un maestro en el manejo de la ironía.
Los hits estaban por todos partes; "The National Front Disco" un verdadero himno, como solían ser "Panic", "There's a Light That Never Goes Out" o "Paint a Vulgar Picture", esas canciones gigantes de los Smiths, para corear en estadios, sin la chabacanería habitual en que suelen caer -precisamente- los temas “para estadios”. En "We Hate it when Our Friends Become Succesful" se burla con mucha altura de esa gente que se pudre de envidia cuando a un conocido empieza a irle bien, el estribillo es un “ha ha ha”, una risa de costado, sarcástica, envuelta en una progresión de acordes de esas que atrapan en la primer escucha. Después están esos mid-tempo irresistibles como "Certain People I Know" o "You're the One for Me, Fatty" (el que fuera el mayor hit de Your Arsenal) que tan bien le sientan a la voz de barítono de nuestro protagonista. El disco también acierta en esos temas largos, lentos y climáticos como "Glamorous Glue", "We'll Let You Know" y, sobre todo "Seasick, Yet Still Docked" que podría traducirse como “enfermo por el mar, y aun así, encallado”.

El disco acrecentó la estatura de Morrissey, sobre todo en Estados Unidos, en donde a los Smiths el éxito les había sido esquivo, e hizo que volviera a aparecer con frecuencia en los tabloides británicos, tan adeptos a las siempre polémicas declaraciones del cantante. A esta altura Morrissey ya era un clásico consagrado.





Chequear también:

David Bowie - Ziggy Stardust
The Smiths - Strangeways, Here We Come
Morrissey - Vauxhall and I


viernes, 18 de diciembre de 2009

Video de la Semana: Died Pretty - True Fools Fall

Desde Every Brilliant Eye y esta vez con una producción un poco más cuidada. Por suerte esto no fue en detrimento de las canciones. Ron S. Peno canta con melancolía y cierto "desgano elegante". Atención con el solo de guitarra de Brett Myers.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Ramases - Space Hymns


Qué bueno es encontrarse con cosas de este estilo. Como puntos de referencia se pueden nombrar a Dr. Strangely Strange, algún que otro eco de Tír na nÓg o Comus y su aterrador primer trabajo First Utterance. Pero en realidad Ramases no se parece a nada, a pesar de que no se trata de música completamente innovadora, lo que oímos es original, sí, muy singular.

Supuestamente la leyenda relata que Martin Raphael, también conocido como Barrington Frost, llevaba una vida apacible, con un trabajo estable, hasta el día que se encontró con el espíritu del faraón egipcio Ramses que le explicó el significado de la vida, junto con otras preguntas trascendentales. ¿Qué mejor modo de predicar el nuevo credo que formar una banda de rock y contar sus verdades al mundo?

De la mano de su esposa, se aseguró un contrato discográfico nada menos que con Vertigo y junto a los músicos de 10cc registró Space Hymns a principios de la década del 70.
¿La música? Trasciende la leyenda, ampliamente. Se trata de mantras sicodélicos repetitivos, arreglos de percusión originales, voces fantasmagóricas y torturadas y letras de contenido espiritual, de “ver la luz”, de “desperdigar la palabra”. A pesar de que todo esto suena a cháchara barata de hippie alucinado, Space Hymns funciona, y en serio.

"Life Child" empieza con una base constante de guitarras acústicas a las que se van sumando el resto de los instrumentos tradicionales del rock. Ahí está la voz de Ramases (que a esta altura había adoptado el seudónimo) casi al fondo en la mezcla, tenemos un desquiciado solo de guitarra, después aparecen los sintetizadores muy a tono con la época y vamos a parar a una improvisación instrumental antes de terminar aterrizando suavemente, de a poco.
Hay para todos los gustos; space-rock, kraut-rock, rock progresivo/sinfónico, sin definirse estrictamente por ninguno de los géneros y esa es la clave en Space Hymns, nunca se termina de entender qué es en realidad, pero como todo el conjunto está tan bien armado, uno no puede menos que preguntarse “Pero… ¿Cómo…?”.
"You're the Only One Joe" es otro ejemplo de la extraña fascinación que provoca Ramases en sus mejores momentos. Lo único que dice la letra a lo largo de la duración completa de la canción es el título. Pero esta dicho de tal manera que no deja de ser inquietante, algo molesto, macabro. Por supuesto; la música refuerza todo y sirve para “cerrar” el paquete.

El disco termina con una de esas típicas conversaciones de estudio de grabación, sólo que en vez de discutir si la toma salió bien o cualquier otro menester habitual, se escucha la voz del líder discutiendo las posibilidades del espacio exterior, qué pasaría si nos achicáramos hasta desaparecer y demás delirios astronómicos.
Al cabo de unos años Ramases “perpetró” otro trabajo de estudio, pero el efecto esta vez era algo menor, aunque para nada desdeñable. Nunca más se supo nada de él hasta mediados de los 90's cuando se suicidó en su casa, en Londres.

Como curiosidad, para quienes estén dispuestos a desembolsar una pequeña fortuna (y tengan tiempo y paciencia en la búsqueda) por un ejemplar en formato LP, la tapa es de Roger Dean, y al desplegarlo se ve que el -hasta entonces- cohete espacial de la tapa es en realidad una de las torres de una iglesia que empieza a levantar vuelo. Otro pista para resolver el acertijo de Ramases.




Chequear también:

Ramases - Glass Top Coffin
Dr. Strangely Strange - Heavy Petting
Steeleye Span - Please to See the King


martes, 15 de diciembre de 2009

5 Canciones 5: Nick Lowe, The Who, Mark Knopfler, Lollipop Shoppe, The Mission UK


You Must Be a Witch
The Lollipop Shoppe

Fred Cole
canta esta perlita Nugget con un buen coctel de sentimientos a la orden del día; odio, miedo y confianza. En los papeles son cosas que no se mezclan pero el garage rock suele ofrecer más de lo que promete y este es uno de esos casos.

Aparece originalmente en: Just Colour (1968)

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We Won't Get Fooled Again
The Who

Pete Townshend
exorcizando demonios y apoyándose en los monolitos que tenía como compañeros de banda, es un saludo agridulce a la época de idealismo algo inocente de la década que se iba. El grito de Daltrey después del falso final es uno de los puntos más altos de Who's Next.

Aparece originalmente en: Who's Next (1970)


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Cruel to Be Kind
Nick Lowe

El mayor éxito como solista de su carrera también es una de sus canciones más accesibles. Coqueteando abiertamente con el power-pop tan en boga por aquel entonces. Atención con el video en donde aparece su compañero de andanzas en Rockpile, Dave Edmunds.

Aparece originalmente en: Labour of Lust (1979)


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Like a Child Again
The Mission

No es uno de esos temas típicos del repertorio de estos ingleses más bien sombríos pero la pluma de Adams/Brown suele tener un as bajo la manga. Es amor incondicional, es volver a la infancia, a esos extremos se puede llegar.

Aparece originalmente en: Masque (1991)


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The Car Was the One
Mark Knopfler

Discutible, pero lo más interesante de Mark Knopfler son los discos que ha hecho ultimamente, como solista, con un nivel de confianza y una riqueza musical que parece haber surgido de la nada. Con varias de las características que lo hicieron famoso, su forma de cantar “hablando” y su guitarra deliciosa, un temazo adentro de un disco muy bueno.

Aparece originalmente en: Get Lucky (2009)


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Siouxsie and the Banshees - Hyæna


Hyæna de Siouxsie and the Banshees no es un disco “normal”. Ellos estarían contentos con la definición porque siempre apuntaron a dar “un poco más”, a ir un poco más lejos, aprovechar la fuerza y los nuevos bríos del punk rock, eso sí, pero de ningún modo descansar en los laureles, dueños de un espíritu aventurero los Siouxsie tenían las agallas (y los recursos) para hacerse cargo de sus pretensiones.

Entonces Hyæna lo que propone es un universo particular, un estado de la mente, un micro-cosmos árido y hostil pero una vez que se consigue ingresar… las satisfacciones son inmediatas. Tampoco es que estamos ante un disco de Stockhausen, hay que decirlo, como “atadura” a las convenciones se puede decir que el trabajo está estructurado en canciones. Pero son las canciones las que rompen con los convencionalismos. Esta vez se trata de generar climas, texturas, transmitir sensaciones. Para lograrlo hacen uso de un verdadero arsenal de medios. Están los arreglos de orquesta de "Dazzle", frenéticos pero a la vez elegantes, los teclados que reconocen una escucha atenta al trabajo de Ray Manzarek en los Doors en "Swimming Horses" o los colchones de teclados de "Belladonna" con sus sinuosas líneas de bajo cuidadas al extremo. Justo cuando uno puede llegar a necesitar una canción propiamente dicha, una especie de “bajada a tierra” aparece "Dear Prudence" de Lennon en una excelente versión. Adaptada perfectamente al sonido de la época. Y si… fue un éxito como disco sencillo, como todo lo que está tocado por los Reyes de Midas del siglo XX.
También están los arabescos de "Bring Me the Head of the Preacher Man", gélidos al extremo, tocándose en algún punto con lo más críptico de Echo & the Bunnymen, o el lamento de sirena de "Pointing Bone", casi sobre el final.

Pero en todas las canciones hay un elemento que las unifica y que es sin dudas la voz de Siouxsie Sioux, llena de matices y un clarísimo ejemplo de las posibilidades ilimitadas de lo que se puede lograr sin un dominio completo de la técnica, más bien aprovechando la inagotable fuente de la imaginación y la creatividad.






Chequear también:

Siouxsie and the Banshees - A Kiss in the Dreamhouse
Echo & the Bunnymen - Porcupine
The Cure - Pornography


Thin Lizzy - Black Rose: A Rock Legend


Sí, es cierto, Thin Lizzy ya ha sido reivindicado varias veces. Pero por alguna extraña razón, son pocas las veces en que se los nombre en lo alto del podio del rock duro. Inmerecidamente, por supuesto. Progenitores de una seguidilla de discos digna de envidia, algunos desparejos (¡12 en poco más de diez años!), es verdad, pero todos, absolutamente todos tienen al menos tres o cuatro perlas inolvidables. Luego de una trilogía inicial en la que se los veía intentando definir su sonido, en Fighting, cuarto trabajo de estudio, ya tenían el menú listo para la degustación. Después del exitosísimo Live and Dangerous, uno de los mejores conciertos grabados de todos los tiempos apareció Black Rose: A Rock Legend, otra maravilla auditiva.

Y es que Black Rose... tenía de todo, grandes canciones, una portada enigmática, el impresionante carisma de su líder, compositor, bajista y cantante Phil Lynott y como si fuera poco, contaban en sus filas con Gary Moore, que los dejaría casi de inmediato para dedicarse a su carrera solista. Para los amantes del rock fuerte y pegadizo a la manera del hit "The Boys Are Back In Town" están "Do Anything You Want To", "Waiting for an Alibi" o incluso "Get Out of Here". Son esas canciones con pasaporte hacia la inmortalidad, con acordes entrecortados y esos solos con guitarras a dos voces (en armonía) patentados por esta genial banda irlandesa. Está "Got To Give It Up" con un Lynott sacando pecho en una evidente letra autobiográfica oculta (¿Oculta?) en la segunda persona del singular, acompañado por toda la energía de sus compañeros habituales Scott Gorham en la guitarra y Brian Downey castigando los parches con seguridad y aplomo.
Un momento de melancolía y reflexión en "Sarah", dedicado a la hija recién nacida de Lynott y un poco de funk bien 70's en "S & M".

Como guinda de la torta, al final del disco aparece "Roisin Dubh (Black Rose) A Rock Legend" el tema épico/tradicional que otorga el título a la placa. Atravesando toda una gama de climas y momentos musicales, con algunos aires celtas, es un cierre apropiado -y arriesgado- para una obra sin fisuras. Quienes echen mano a Black Rose... por primera vez se preguntarán quizás si le hacen un pequeño lugar en el “podio” antes mencionado. Es muy probable que así sea.





Chequear también:

Thin Lizzy - Bad Reputation
Grand Funk Railroad - On Time
Blue Öyster Cult - Tyranny and Mutation


domingo, 13 de diciembre de 2009

Video de la Semana: The Divine Comedy - Everybody Knows (Except You)

Neil Hannon en pleno arrebato romántico, sin dejar de lado su costado irónico. Todos saben que la ama, menos ella. Desde A Short Album About Love, del '97, otra (re)visita a la casa del mejor Scott Walker.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Nick Drake - Five Leaves Left


Uno de los casos paradigmáticos de unidad indisociable entre vida y obra, la música de Nick Drake es el resultado directo de varias circunstancias y detalles biográficos imposibles de dejar de lado si se quiere comprenderlo y apreciarlo en su justa medida.
Nacido en el seno de una familia aristocrática, demostró a muy temprana edad interés por los instrumentos y la poesía. Pero afecciones de todo tipo impidieron un desarrollo en una carrera que desde el principio mismo se aseguró prometedora.
Es conocida su notable reticencia para las presentaciones en vivo, los pocos que fueron testigos aseguran haber visto a un hombre aquejado por varios fantasmas, tímido en exceso, parco y con poca -o ninguna- facilidad de palabras. Por suerte los miembros de Fairport Convention fueron unos de esos pocos privilegiados y tuvieron el buen tino de recomendarlo al gran productor Joe Boyd, pilar en el desarrollo del folk inglés de fines de los sesenta y principios de los setenta.

Fue con Boyd a cargo de la producción que el milagro de Five Leaves Left aterrizó en el mundo, un trabajo exento de huellas de tiempo y lugar, único, atemporal e irrepetible.

En la aparentemente sencilla "Time Has Told Me" empieza el festín sensorial de Five Leaves Left, con su atmósfera reposada y la característica voz de Drake en primer plano; casi al borde del susurro, expresiva pero sutil. Un modo de introducir la placa un tanto engañoso, aunque no por eso menos efectivo.
Es claro sus habilidades como intérprete y poeta no eran pocas, porque en "River Man" esos elementos aparecen evidenciados claramente, su guitarra emplea acordes y figuras poco frecuentes en el género, lo que habla de un músico con una formación académica -como mínimo- respetable. La catarata de imágenes poéticas es digna de destacarse también, reflexionando sobre lo inevitable de la muerte con metáforas delicadas y simples a la vez.

Lo mismo sucede en "Three Hours", en donde la mano de Boyd se deja ver claramente, con un perfecto acompañamiento de cuerdas tejiendo un soporte para los complicados arpegios de guitarra y la riqueza tímbrica y armónica del bajo de Danny Thompson de Pentangle. Sobre el final aparecen unos arreglos de percusión que ayudan notoriamente a reforzar la atmósfera, algo asfixiante, enrarecida. "Way to Blue" tiene un único acompañamiento de cuarteto de cuerdas y carece completamente de la instrumentación que habíamos escuchado a lo largo del disco, añadiendo dramatismo sin dejar de lado “la luz al final del túnel” que casi siempre puede vislumbrarse al menos en los primeros trabajos de Drake. “Mira a través del tiempo para encontrar tu rima / y dinos que es lo que encuentras / Esperaremos a tus puertas / esperando como los ciegos” dice la letra.

"Day Is Done" es otra reflexión sobre lo inexorable, sobre lo que no podemos detener, utilizando la metáfora de los días que van y vienen. Los arreglos de cello y violines que responden juguetones a las estrofas de la voz son una verdadera delicia auditiva. Otra vez Joe Boyd haciendo de las suyas…
Según la leyenda, Nick Drake grababa las intrincadas líneas de guitarra al mismo tiempo que cantaba y… ¡En una sola toma! Más allá de la veracidad de esto, es interesante imaginarlo en el estudio, sentado en el banquito que aparece en la tapa de Bryter Layter (el disco siguiente) grabando esta belleza que es "Cello Song" con un arreglo delicadísimo y lleno de lirismo. También la percusión juega un papel importante en este caso, subrayando y coqueteando con los instrumentos de cuerda.

"The Thoughts of Mary Jane" aporta como novedad sonora un particular empleo de la flauta dulce, antes y después de cada estrofa y en "Man In a Shed" vuelven los arreglos complejos de guitarra con un acompañamiento jazzy del bajo que es “oír para creer”, pura gracia, todo delicadeza.
La reflexión amarga sobre la fama de "Fruit Tree" es uno de los temas clave de la corta carrera de Drake, el evidente desprecio por las luces del estrellato preanuncia el triste destino que le esperaba a la vuelta de la esquina.
Para decir “buenas noches” o -mejor dicho- “hasta pronto” nada mejor que "Saturday Sun", una balada al piano trasnochada y esperanzadora, con unas notas de xilófono que en ningún momento se interponen a la melodía principal pero que aportan originalidad y buen gusto.

Five Leaves Left, a pesar de que fue editado por el sello Island de Chris Blackwell, pasó prácticamente desapercibido, en gran parte por la reticencia de su autor para promocionarlo con conciertos.
Su muerte prematura, luego de grabar el escalofriante Pink Moon (un verdadero testamento musical) elevó a Nick Drake a la no siempre deseable categoría de héroe de culto y ha sido elogiado por músicos y melómanos de varias generaciones. Prueba de ello es la incontable cantidad de reediciones que sus tres álbumes de estudio han recibido y la gran cantidad de compilaciones (de diferente nivel de calidad) aparecidas a lo largo de los años.

Es que la música de Nick Drake resiste el paso del tiempo, lo trasciende ampliamente y cada día suena mejor.



Chequear también:
Nick Drake - Time of No Reply
Robyn Hitchcock - I Often Dream of Trains
Red House Painters - Songs for a Blue Guitar



jueves, 26 de noviembre de 2009

The White Stripes - White Blood Cells


Este es uno de los típicos casos de amor u odio. Los White Stripes pueden agradar o no, lo que es seguro es que nunca van a provocar indiferencia. La música en cuestión es completamente original, a pesar de que se pueden rastrear las huellas para deducir de donde proviene el anclaje sonoro del dúo, ellos supieron abrirse camino y separarse de la gigantesca horda de rockers de garage y de adoradores de sonidos de antaño.

Hay que admitir que han sabido venderse habilidosamente, nadie sabe a ciencia cierta cuál es el vinculo que une a Meg y Jack White, si son hermanos, marido y mujer o sólo amigos. Este tipo de “enigmas” siempre ayudan a generar artículos en los diarios y semanarios musicales. También contribuyen a espantar a prejuiciosos y desconfiados, eso hay que decirlo. Las tapas de los discos y las puestas en escena siempre están organizadas obedeciendo los preceptos del movimiento artístico de vanguardia holandes De Stijl de principios de siglo; riguroso minimalismo de recursos y utilización del rojo, blanco y negro como paleta de colores. Han llegado incluso a titular su segundo LP con el mismo nombre de la escuela fundada por Theo Van Doesburg.

White Blood Cells apareció a principios del siglo XXI y la crítica se deshizo en loas hacia la banda de Detroit. Esto era diferente, el sonido era diferente, había sentido del humor, había canciones y si, había una propuesta estética muy fuerte. Era el tercer disco, pero ya estaban listos para el verdadero despegue. El riff inicial de "Dirty Leaves and the Dirty Ground" derriba cualquier defensa, tomando "Song of a Baker" de los Small Faces como punto de partida, los White Stripes muestran que tienen bien claro lo que quieren transmitir y lo consiguen, con contundencia. Ahí está la batería de Meg, entre la precariedad de The Cramps y la virulencia de los Melvins. "Hotel Yorba" es la relectura de Exile on Main Street y del country de Nashville. Si a eso le sumamos la asociación libre de la lírica del Dylan más empastillado, el de la época del Chelsea Hotel y Bringing It All Back Home… imposible resistirse. El siguiente es un ejemplo del humor entre macabro y tierno de Jack White, en "I'm Finding it Harder to Be a Gentlemen" se queja del estado actual de las cosas sin caer jamás en el panfleto incendiario en que suelen incurrir otros espíritus menos… inspirados. “Encuentro difícil decirte que te necesito veinte veces al día / Me siento cómodo, ¿Por qué no sentís lo mismo? / Que venga un doctor a vernos y que diga quién de los dos está cuerdo”.

"Fell In Love with a Girl", aquel del espectacular video hecho con ladrillitos para armar, es un vendaval del rock más crudo y desquiciado, guitarras bien al frente y la voz nasal de White desgañitándose en berridos para exorcizar su despecho amoroso.
Otro clímax indiscutible es el que plantea "The Same Boy You've Always Known" en donde el teclado hammond crea una atmósfera teóricamente reposada que no tardará en destrozarse con los power-chords del estribillo y el “Espero que conozcas a otro mejor y te olvides de mi / yo soy el mismo tipo que siempre conociste”. Ya apareció en varias películas de tinte “inocente e indie” pero es que "We're Going to Be Friends" es otra de las canciones memorables del álbum; mínimo acompañamiento musical para una letra que rememora todos esos momentos de la infancia en donde lo que importaba eran las cosas “chiquitas”, el día a día y esas primeras y cándidas escaramuzas amorosas. Después viene la progresión de acordes que forman el riff de "Offend in Every Way" y es todo un desafío sacárselo de la cabeza. Acá también está Led Zeppelin, el hard rock de los setentas, la voz chillona y al borde de la desafinación de Jeffrey Lee Pierce de los Gun Club -de quien White es fan confeso- y el resabio eterno del punk rock primerizo que siempre dice presente en los trabajos de los White Stripes.

Después de White Blood Cells conquistaron el mundo con el siguiente trabajo, Elephant, de la mano del super-hit "Seven Nation Army" que fue destrozado por cuanto “DJ de turno-con-una-PC-en-casa” se cruzó en su camino. Pero este es el testimonio más fehaciente del hambre de gloria de Meg y Jack a poco de la coronación definitiva.





Chequear también:

The White Stripes - Get Behind Me Satan
Gun Club - Mother Juno
The Racounters - Broken Boy Soldiers


viernes, 13 de noviembre de 2009

Outrageous Cherry - Universal Malcontents


Así como existen las llamadas “ratas de biblioteca” en esas personas que se pasan la vida entera entre libros, también están los que podríamos bautizar como “ratas de disquería”, y sin duda alguna los integrantes de Outrageous Cherry pueden contarse dentro de ese grupo. En un ejercicio hipotético de reconstrucción biográfica podemos situar a Matthew Smith y Chad Gilchrist en el colegio secundario de su Detroit natal, apartados del resto de los compañeros, hablando de música todo el día, sondeando los abismos de la discografía de Kevin Ayers o Scott Walker. Claro, luego esos compañeros estarían llenando cheques de varios ceros y ellos todavía estaban ahí, con una tozudez casi infantil, con los instrumentos y su banda de rock and roll. Juicios aparte.

Ellos manejan a la perfección el lenguaje que utilizan, es sólo cuestión de echar un vistazo en la contratapa de su disco de versiones del año 1994, Stereo Action Rent Party para comprobarlo. A diferencia de Pin-Ups de Bowie o Acid Eaters de Ramones, en este caso es muy difícil comparar las versiones con los originales, se trata de canciones prácticamente ignotas, y cuando el artista es relativamente “conocido”, la elección recae en algún oscuro “álbum track”. Ahí están Leonard Cohen, Ayers, los Smiths, MC5, etc. Ninguna obviedad, puro fanatismo. También puede decirse que los discos de Outrageous Cherry no difieren significativamente entre ellos, todos tienen su cuota de canciones tristes -siempre-, temas rápidos, casi punk rock, mid-tempos y economía de recursos a la hora de la ejecución. Pero como todos sabemos, muchas veces menos es más, y ante semejante andanada de referencias culturales de todo tipo, guiños cómplices para los conversos, y ganchos pop (muchos, pero muchos ganchos)… es casi imposible no caer en el embrujo.

En Universal Malcontents esos ganchos, esos pequeños artilugios que trazan una línea en algún lugar de nuestras neuronas, están por todos lados. Han sabido depurar el estilo que vienen perfeccionando hace ya varios años y ya no caen en la ocasional zapada inocua o la canción que bordea la intrascendencia.En "I Recognized Her" toman al T-Rex de The Slider como punto de partida, lo mismo pasa en "Outsider", se nota que los muchachos estuvieron desempolvando los discos de Bolan de la época de oro del glitter rock. "The Song Belongs to Everyone" es una relectura de Velvet Underground en su faceta más amigable, post-John Cale, aquellos de Loaded, ya cerca del final. Pero de algún modo, en Outrageous Cherry se encargan de sonar sólo como ellos, puede tomar un sonido o una época del género que tanto conocen y hacer que suene fresco, renovado y sobre todo propio, personal. Como prueba de todo lo anteriormente mencionado, tenemos un hit-que-probablemente-nunca-lo-será en "It’s Not Rock & Roll (And I Don't Like It)", un irresistible manifiesto en forma de canción de menos de cuatro minutos. No, no es rock and roll, entonces no me interesa, toda una declaración de principios.

De eso se trata Outrageous Cherry, de fanáticos, de tipos convencidos de que tienen la verdad, de gente que lo único que se propone es hacer del mundo un lugar un poco menos inhóspito con un par de guitarras, tres o cuatro acordes y no mucho más que eso. Es rock and roll, y nos encanta.







Chequear también:

Outrageous Cherry - Stay Happy
Outrageous Cherry - Supernatural Equinox
Outrageous Cherry - Nothing's Gonna Cheer You Up


viernes, 30 de octubre de 2009

Brian Jonestown Massacre - Take it from the Man!


Otra vez el tema de la credibilidad. Si, para hablar de Brian Jonestown Massacre tenemos que creer. Creer o reventar. O mejor dicho; escucharlos (o dejarlos pasar de manera indiferente). También es importante saber que a pesar de que no son innovadores, no han “dado un paso más allá” ni corrido las fronteras de lo posible, logran transmitir una seguridad que contagia en serio. Es simple; aquellos que deseen “novedades sonoras” probablemente tengan que buscar en otro lado. Pero para quienes aprecian el fervor, el fanatismo rockero y la adopción del género como una especie de doctrina religiosa, bien… esos oyentes estarán de parabienes. Felices de ver y oir una banda que se preocupa por hacer discos sin dobleces, sin mezquindades y con una convicción francamente envidiable.

Brian Jonestown Massacre se formó en San Francisco a mediados de la década del noventa. Pero el grupo siempre estuvo ligado (o mejor dicho; suspeditado) a los vaivenes de ánimo, energía y predisposición de su líder, el controvertido Anton Newcombe, un verdadero personaje de esos que ya no abundan. Con sólo saber el dato de que por su banda han pasado más de cuarenta integrantes ya podemos darnos una idea bastante aproximada de cómo funciona la química interna del grupo.

Obsesionados con los Rolling Stones de la época comprendida entre Out of Our Heads y Beggars' Banquet (la era “dorada” de Brian Jones, claro), las películas de segunda categoría y las sustancias de todo tipo, etiquetarlos como meros “recicladores” de sonidos del pasado sería una simplificación. En su música encontraremos elementos de todo lo bueno que se ha hecho hasta hoy en día; tenemos los mantras guitarreros de la última época de The Church, el Bowie más accesible, la psicodelia y el space-rock de Hawkwind, Nektar y el primer Bebop Deluxe. Todo eso sumado al fanatismo por Lennon, Jesus & Mary Chain y el krautrock alemán de principios de los 70's. Es simple, semejante bagaje de influencias… no puede fallar. En Take it from the Man!, cuarto trabajo de studio, parecen despegar un poco del molde casi paródico que habían indagado en el disco anterior, el fantástico Their Satanic Majesties Second Request (el título lo dice todo). Esta vez el abanico de posibilidades se abre considerablemente. Hablar de las canciones a nivel individual no tiene demasiado justificativo. En general, los discos de Brian Jonestown Massacre están armados como un todo, como una entidad. Es así como sus discos transcurren en una especie de sopor narcótico, sin demasiados sobresaltos. Jamás dejan de ser canciones, con sus introducciones, estribillos y finales bastante convencionales en lo que a estructura respecta. Algún que otro pasaje épico, un tema largo y claramente improvisado puede que aparezca, de hecho el tema final, "Straight Up and Down", supera los diez minutos.

Cada oyente seguramente elegirá su perlita, su joya oculta, pero es poco probable que quienes se metan en el mundo de Newcombe y cia. o aquellos que ya conocen a la banda, tengan algo que reprochar a Take if from the Man!






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Brian Jonestown Massacre - And This Is Our Music
Dandy Warhols - Thirteen Tales of Urban Bohemia
Love & Rockets - Earth, Sun, Moon


jueves, 15 de octubre de 2009

The Who - A Quick One


Cuando the Who grabó su segundo larga duración todavía faltaba mucho para que la banda se sitúe en el “gran podio” de titanes del rock, que es donde se ubica cómodamente hoy en día. Faltaba para las óperas rock intelectualizadas e híper-analizadas de Townshend, para las giras interminables a lo largo y ancho de los Estados Unidos y para los excesos de la década siguiente. De hecho, the Who estaba bastante lejos del éxito mundial y a años luz del estrellato que alcanzarían en años subsiguientes.

Pero ya se podía vislumbrar que algo grande, muy grande, se estaba gestando. Luego de cambiarse el nombre (antes eran The Detours), publicaron una seguidilla de singles brillantes, definitivos. Recordemos: "My Generation" (sólo por esto merecen un lugar destacado en la historia), "I Can't Explain", "Pictures of Lily" o "The Kids Are Alright" son retratos sociólogicos perfectos. Así es como sentía, vivía y sufría una nueva generación de jóvenes dispuestos a hacerse oir a toda costa, a hacer valer su juventud y a diferenciarse de sus mayores. De todas maneras, las finanzas de the Who a mediados de los 60's dejaban bastante que desear. Kit Lambert, manager de la banda, instó a los músicos a proveer material nuevo de manera urgente. Esta vez iban a compartir los créditos, esto podía ser una manera de salvaguardar la precaria economía de sus muchachos.

Sin duda alguna el momento cumbre de A Quick One es la mini-ópera que cierra el disco; "A Quick One (While He's Away)" es brillante por donde se lo mire (u oiga, para ser precisos), una especie de soap-opera costumbrista llena de ironía y sarcasmo. Es la historia de Ivor, el camionero y su amante, la mujer infiel, el affaire atraviesa los vaivenes habituales; el momento en que los tórtolos se conocen, consuman el asunto, se separan, se redimen y a otra cosa. Pero la música es simplemente increíble, cada una de las secciones musicales tiene que ver con la historia, condimentando, adquiriendo protagonismo, cediendo y alcanzando cimas inusitadas. La del momento en que la mujer desleal es perdonada; armonías vocales haciendo notas altísimas y un Keith Moon completamente desquiciado, aporreando todo lo que tiene a su alcance. Claro, "A Quick One…" fue un preludio de las cosas por venir, les abrió varias puertas y ayudó a cimentar la fama de banda “para ver en vivo” con la que fueron ingresando lentamente al tan ansiado mercado yanqui. En el resto de las canciones de la placa continúa esa línea iniciada en los sencillos anteriormente mencionados, el humor negro del gran John Entwistle para "Whiskey Man" y el que se convertiría luego en un estándar para las presentaciones en directo; "Boris the Spider". Ahí está también "I Need You" de Moon, mostrando claramente su fanatismo rayano a la obsesión por los primeros Beach Boys y "Cobwebs and Strange", una extravagancia de aires circenses que lo pinta de pies a cabeza. Es cierto, no es una gran canción, pero a modo de retrato de un lunático… es ideal!!! Towshend se despacha con el tema que abre el disco "Run, Run, Run", divertido, alegre y saltarín, con unos coros en falsetto bien agudos, pero es en "So Sad About Us" que su maestría como compositor de canciones se pone en evidencia quizás por primera vez. Es pop perfecto, con una historia de desamor agridulce y reflexiva, un estribillo memorable y melancólico a la vez. De más está decir que es la canción de A Quick One de la que más versiones se han hecho.

La reedición en CD es de esas que realmente valen la pena. "I've Been Away", "Doctor, Doctor" y "In the City" de Enwistle permiten apreciar mejor aún su sentido del humor macabro y ácido. "Barbara Ann" de los Beach Boys, el cover de "Batman" de Neil Hefti, y sobre todo "Happy Jack", otra viñeta cómica y algo infantil para la que se llego incluso a filmar un video promocional en el que los Who aparecían disfrazados de ladrones y terminaban envueltos en una guerra de tortas.

A Quick One puede no ser el mejor disco de the Who, pero tengamos en cuenta esto; cualquier disco de los británicos es mejor que la inmensa mayoría del resto de las producciones de otros artistas. Por si fuera poco, es una radiografía, un excelente registro de lo que la banda de Daltrey, Enwistle, Townshend y Moon estaba atravesando en a mediados de la década del sesenta.






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The Who - The Who Sell Out
The Hollies - King Midas In Reverse / Dear Eloise
The Beach Boys - The Beach Boys Today!


domingo, 4 de octubre de 2009

Wilco - Being There


Discos “conceptuales”, esos que tienen un hilo conductor que relaciona el contenido, hay muchos, muchísimos en realidad. Ahora, discos de este tipo que funcionan, que verdaderamente cumplen con su promesa inicial hay menos, para ser fieles a la verdad; son pocos (en proporción con los discos “normales”, por supuesto). Pero bueno, también hay que decir que tampoco abundan los grupos como Wilco. Ellos representan a ese Estados Unidos que no se mira al ombligo, que no mira de costado a las minorías y que de ningún modo aplaude las bestialidades bélicas que comenten sus gobernantes. Es la gente que piensa, y que -por ende- también escucha.

El eje temático de Being There, el segundo trabajo de estudio de uno de los baluartes del llamado Nuevo Rock Norteamericano, es el rock y la manera en que nos relacionamos con él. Como oyentes, como fanáticos, como estilo de vida e incluso como creyentes a ultranza. Consigue transmitir su cometido, vaya si lo consigue.

Jeff Tweedy, el líder indiscutido, hace un recorrido por todo lo que significa para él ser un fanático del rock, cómo nos puede elevar como individuos, cómo puede hacer que nos evite -y acompañe- situaciones de pobreza espiritual y qué se siente cuando la música es simplemente un bálsamo que nos hace olvidar todo lo que nos rodea. Puede parecer algo tedioso en los papeles pero Tweedy es demasiado avispado para dejar que esto suceda y se encarga de que la música sea lo sufientemente ecléctica, divertida e interesante como para no caer en esta trampa.

Being There es una montaña rusa, a lo largo de dos discos (¡Encima es un disco doble!!!) vamos a encontrar citas a los Stones de la época de oro, a Neil Young en sus dos vertientes más celebradas (acústica y furiosa), al power-pop de fines de los 70's (atención con "I Got You (At the End of the Century") e incluso a los Replacements más descontrolados y etílicos en el tema que cierra la placa; "Dreamer In My Dreams" un derroche de optimismo guitarrero al borde del desbarranco.
Pero por suerte Wilco no se contenta con la mera y aburrida recreación de estilos de antaño, al contrario, se las arreglan para sonar actuales y reciclar para innovar. Así es como "Misunderstood" con su estallido instumental sólo podría haberse dado en esta época y lo mismo sucede con "Outtasite (Outta Mind)". Como muchos grandes discos este último aparece luego a modo de reprise con el título levemente modificado: "Outta Mind (Outta Sight)".
“Fui domesticado por el rock & roll / Fui salvado por el Rock & Roll” canta Tweedy con voz quejumbrosa en "Sunken Tresure" con un acompañamiento de folk destartalado, en uno de los varios clímax emotivos que aparecen desperdigados a lo largo del disco. Claro, sí, uno tiende a verse reflejado en ese contexto.

Being There le roba el título a aquella genial comedia en que Peter Sellers le ponía el cuerpo a un jardinero simpáticamente idiota que de un día para el otro pasa a ser una especie de filósofo contemporáneo sin quererlo. El film se burla de las costumbres snobs, del papel que juegan los medios de comunicación alienantes y de la tilinguería intelectual de cierta clase social. Being There, el segundo disco de Wilco, a su modo, hace exactamente lo mismo.



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Wilco - Summerteeth
The Jayhawks - The Sound of Lies
The Replacements - All Shook Down



miércoles, 30 de septiembre de 2009

Brinsley Schwarz - 15 Thoughts of Brinsley Schwarz

¿Qué obtienen aquellos que se atreven a 15 Thoughts of Brinsley Schwarz? Antes que nada, una excelente puerta de entrada a una de las mejores bandas de culto de todos los tiempos. Se trata de una magnífica compilación que retrata el recorrido de la banda que prácticamente inventó el pub rock. Pero como todas las grandes bandas, Brinsley Schwarz rebasa con creces los límites del género en cuestión. Se formaron luego de la disolución de Kippington Lodge, en donde ya militaban algunos de los miembros de la futura banda. Una vez decidido el cambio de nombre, protagonizaron un hecho que cambiaría para siempre la manera de encarar el negocio de los por entonces jóvenes integrantes. Un extraña maniobra publicitaria los “vendió” como grandes estrellas en los Estados Unidos y se les arregló un show a toda pompa y circunstancia en la Gran Manzana, con periodistas de todos los medios más importantes. Como suele pasar en estos casos de premeditación extrema, todo lo que podía salir mal… efectivamente salió mal.

De los errores se aprende debe haber sido la actitud mental para sobrellevar el fiasco, porque, una vez de vuelta en Londres, deciden alquilar una casa en las afueras de la ciudad y encerrarse a componer y tocar música influídos bastante por The Band que por aquel entonces habían tenido mucho éxito con Music From Big Pink y sus paisajes rurales despojados de artificios.
Despite It All fue la consecuencia de este nuevo acercamiento, el primer gran disco de la banda, luego de un LP homónimo algo errático pero que aún así tiene sus momentos (en 15 Thoughts... es representado por "Shining Brightly", con clarísima influencia de Crosby, Stills & Nash).
"Country Girl" y "Funk Angel" son los adláteres de este segundo trabajo y ya se puede ver el conocimiento enciclopédico de la música que tenían los miembros de Brinsley Schwarz, tenemos rhythm & blues, country, jazz, rockabilly, surf, baladas y toda la música hecha hasta aquel momento, interpretados con solvencia, elegancia y sin ninguna floritura innecesaria.

El festín en realidad empieza con "(What’s So Funny 'Bout) Peace, Love & Understanding", probablemente la canción más memorable y emblemática que escribió Nick Lowe en toda su carrera. Una adorable orgía de guitarras arpegiadas a la manera de los clásicos Byrds y unos power-chords alla Townsend para un mensaje anti-cinismo, lleno de candidez y optimismo: “cada vez que siento que se me escapa de las manos / hay algo que necesito saber: / qué tienen de gracioso / la paz, el amor y la comprensión”. Es Nick Lowe de pies a cabeza, un verdadero romántico de los que ya no quedan. Como apostilla se puede mencionar que, a pesar de que Costello había grabado una versión relativamente exitosa, luego de una nueva interpretación de esta perla que aparecía en la banda sonora de El Guardaespaldas (aquella de Whitney Houston y sus aullidos), Lowe se volvió millonario de la noche a la mañana gracias a las regalías... ¡A más de veinte años de la aparición original de la canción!.

Silver Pistol, el disco más despojado e intimista del grupo (tercero en aparición cronológica) es representado por "Nightingale", una balada hermosa y "Rockin' Chair" un instrumental meláncolico y reflexivo con cierto resabio a lo mejor de Hank Marvin y sus Shadows. "Surrender to the Rhythm", "Don’t Lose Your Grip on Love", "Nervous on the Road" y "Home in My Hand" son extractos del que quizás sea el disco más celebrado de la banda: Nervous On the Road, un derroche de calidad sin desperdicio. Vale la pena aclarar que Brinsley Schwarz era uno de los integrantes del grupo, guitarrista, cantante y productor. Junto con Ian Gomn, también guitarrista y vocalista, firmaban algunas de las composiciones pero Nick Lowe empezó a ganar terreno en este campo y casi de inmediato se alzó con el cetro de compositor principal.

Para los amantes de las perlitas (o aquellos que ya tengan los cinco discos de estudio) también hay hallazgos dentro de 15 Thoughts… porque "Hooked On Love", un tema de neto corte soul, sólo había aparecido como lado “B” de un sencillo y el proto-reggae "Hypocrite", que originalmente venía incluido en la compilación de rarezas Please, Don’t Ever Change, es una versión radicalmente diferente. Garantizado; 15 Thoughts… es una puerta de entrada, una zambullida en realidad porque una vez que nos dejamos tentar por los encantos de Brinsley Schwarz, es poco probable que los abandonemos.





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Brinsley Schwarz - The New Favourites of Brinsley Schwarz
The Band - Cahoots
Nick Lowe - The Convincer


The Green Pajamas - Poison in the Russian Room


Es increíble lo que se puede hacer combinando elementos con astucia. Una colección de discos de una magnitud considerable, una destreza más que aceptable la hora de ejecutar los instrumentos y un oficio para hacer canciones que combina bastante talento, algo de olfato y mucho pero mucho de trabajo artesanal.

Los Green Pajamas vienen batallando en un injusto semi-anonimato desde mediados de los 80's. Formados en Seattle por Jeff Kelly y Erich Lichter, pasaron los primeros años de la banda grabando canciones propias en casettes y unidos por una admiración mutua por los mejores trabajos del pop sicodélico de los 60's y el Paisley Underground de los Los Angeles practicado por The Three O' Clock, Dream Syndicate o Plasticland. Ya entrados los 90's, la personalidad de los Green Pajamas ya estaba completamente delineada, luego de algún que otro hit a nivel local y de discos tan humildes como hermosos; Strung Behind the Sun, All Clues Lead to Megan’s Bed, Seven Fathoms Down and Falling, etc.

Quizás el hecho de no haber sido nunca exitosos a nivel masivo sea de ayuda para Kelly y cia. porque la música que hacen no está pensada para sonar en todas las radios y mucho menos en grandes estadios, es ideal para la soledad de un cuarto, un par de auriculares y mucha atención a los detalles, que están presentes en todos lados.

Poison in the Russian Room los encuentra más ambiciosos que nunca, desplegando un abanico de recursos sorprendente y ampliando la paleta sonora de manera notable; además de las referencias habituales (Beatles, Majestades Satánicas, early Bee Gees, Kinks, etc.) vamos a encontrar ecos a música de bandas sonoras, guiños a la música clásica y hasta pinceladas del jazz más delicado.
El disco está estructurado en dos partes, como Ogden's Nuts Gone Flake de los Small Faces; una cara con canciones “sin relación aparente” (todas excelentes, por cierto) y la segunda parte con una especie de suite temático/conceptual. "In Search of the Elusive Fairy Queen and Some Pleasure Unknown" también tiene similitudes con el trabajo de Marriott/Lane, se trata de una historia para niños, una fairytale un poco morbosa pero aquí es donde las coincidencias terminan. Lo de los Green Pajamas es muy ecléctico a nivel musical, menos “cancionero” y mucho más aventurero a nivel formal. Lo cierto es que fluye sin inconvenientes y es otra muestra cabal de las posibilidades de la hábil combinación de elementos conocidos para obtener algo novedoso y fresco.

Esto último es -precisamente- lo que diferencia a los Green Pajamas del resto de las bandas de la actualidad, esa capacidad de auto-superación y esa magia para sonar contemporáneos haciendo haciendo uso de un impresionante cúmulo de influencias para sacar otro conejo de la vieja galera.





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The Green Pajamas - Northern Gothic
The Green Pajamas - 21st Century Séance
The Green Pajamas - Narcotic Kisses



martes, 29 de septiembre de 2009

The C. A. Quintet - Trip Thru Hell


Es bastante poco lo que se sabe sobre el C. A. Quintet pero lo que si se sabe, y que es al fin y al cabo lo más importante, es que grabaron este increíble disco a fines de la década del 60. Oriundos de Minneapolis, jamás salieron del medio-oeste norteamericano en el breve período en que estuvieron juntos como banda. De hecho, de Trip Thru Hell, el único LP que grabaron, se hicieron sólo unas 700 copias que se vendieron con relativa celeridad pero jamás se hicieron más ejemplares. Después del disco, la historia de siempre; drogas, peleas, managers corruptos... nada nuevo bajo el sol. Desaparecieron sin dejar pista, en busca de una vida “normal”.

A principios de la década del 80, a más de diez años de la edición original, Trip Thru Hell se reeditó sin autorización al otro lado del Atlántico, en Inglaterra, y ahí la cosa fue diferente. Bueno, tampoco tan diferente, pero adquirió un merecedísimo status de “Disco de Culto”, algo que probablemente jamás exceda, porque Trip Thru Hell no está hecho para todos los paladares. Incluso se destaca en su contexto original; nadie hacía esta música en el año '69, y para ser sinceros, nadie la ha vuelto a hacer. Tiene un título (sería Viaje a través del Infierno) completamente adecuado a la música que contiene, un verdadero desfile de paisajes oscuros, comparables a La Divina Comedia o a los cuadros de El Bosco, es más, la ilustración que adorna la tapa es un ejercicio de estilo bastante similar a lo que mostraba el gran pintor holandés.

El viaje en cuestión arranca con un leitmotiv macabro, ominoso, lento e inquietante. Este motivo reaparecerá varias veces a lo largo de la obra con ligeras variantes, a la manera de las sinfonías, los conciertos y las formas clásicas de la música académica. Unas voces femeninas de ultratumba condimentan el menú antes de un riff de garage-rock bien maléfico, como unos Electric Prunes bajo los efectos de un mal ácido. De repente aparece… un solo de batería!!! Si, así es, pero este tiene sentido, tiene que ver con el lugar en donde ha sido colocado. Después del solo, vuelve el tema principal y ya estamos inmersos de lleno en el submundo de C. A. Quintet. ¡Ah! Por si fuera poco, hay unos ruidos (porque no se puede decir que se trate de un solo) de guitarra fuzz que anticipan a The Fall en diez años. "Colorado Morning" es una cabalgata infernal con sus trompetas ad hoc, otro clima escalofriante. "Cold Spider" sigue en esta vena terrorífica, un vals satánico por el que Paganini hubiera hecho bastante mas que venderle el alma a Mefisto. Justo antes de que todo se vuelva una calamidad llega "Underground Music", el remanso necesario, con un interesante uso de los instrumentos de bronce. ¡Ojo! Tampoco es que desaparecen las sombras de repente, el clima sigue nublado, la tormenta está al acecho y el estallido de funk malvado del final es uno de los highlights indiscutidos del disco. “Nada crece jamás / nada nunca es lo que parece” en "Sleepy Hollow Lane" “las sombras se vienen encima / nunca sabés del todo dónde estás” cantado magistralmente por Ken Erwin, alma máter del grupo. Retorno breve del tema principal, fade-out y a otra cosa. A "Smooth as Silk" en realidad, otra joyita que trasciende ampliamente su género, lleno de arreglos y cambios subrepticios de tiempo, entre otras delicias auditivas. En "Trip Thru Hell, Pt. 2" se cierra este paseo por el lado oscuro, reaparecen las voces femeninas, el tema principal y… sorpresa! Una sección de lounge jazz que demuestra claramente la versatilidad de esta banda. El final apoteósico, lleno de gritos y ruidos varios está a tono con el resto de lo que habíamos escuchado.

Los diferentes 45's que aparecen como bonus tracks de la versión en CD sirven para demostrar la increíble evolución del grupo desde sus primeros intentos, mucho más convencionales tanto a nivel lírico como musical. Pero atentos con "I Shot the King" y la espeluznante versión del super-clásico de Screamin' Jay Hawkins "I Put a Spell On You" que permite intuir que, después de todo, solo continuaron una línea que ya estaba trazada. Ellos sólo tomaron la posta y la llevaron un poco más lejos.






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Ramases - Ramases


Jesus and Mary Chain - Darklands


El truco era prácticamente infalible. Una banda con una actitud escénica belicosa, tocando de espaldas al público, dando entrevistas con un acento tan cerrado que resultaba muchas veces incomprensible y unas canciones de pop efervescente sepultadas bajo toneladas de guitarras sucias, distorsionadas hasta extremos que bordeaban lo intolerable. Los críticos compraron casi sin vacilar, el público… también.
Después de Psychocandy, aquel debut que más de uno llevó de regreso a su disquería amiga al son de “me parece que está mal, me lo vendieron fallado”, los hermanos Reid se tomaron un descanso y se dedicaron a escribir canciones. En ese ínterin Bobby Gillespie dejo su puesto de baterista “de parado” y formó Primal Scream y apareció una compilación de rarezas y caras “B” llamada Barbed Wire Kisses para matizar la espera de un sucesor propiamente dicho.

Lo primero que salta a la vista (o al oído para ser precisos) es el sonido, completamente renovado, más “radial” y depurado. Atrás quedaron las baterías llenas de cámara, las guitarras “pegadas” en la mezcla y las voces saturadas de reverb. El acento está puesto en las composiciones, no hay tanta urgencia sino sutilezas, arpegios narcóticos y cambios de dirección inesperados. Siempre dentro del espectro en el que se mueven William y Jim Reid, claro. No esperen arreglos sinfónicos ni tiempos musicales ajenos al 4/4 tradicional, ellos son expertos en el dominio de la canción pop, y dentro de ese esquema se mueven como peces en el agua. Empiezan con "Darklands" un mid-tempo relajado que va creciendo lentamente pero sin llegar a estallar en ningún momento. "Deep One Perfect Morning" es lenta y reflexiva, uno no puede menos dejarse arrullar por las voces aún detectando la ironía que subyace en los textos, nada es tan simple en las “tierras oscuras”. “Hablando rápido / sin poder decir nada / yo me afeitaría la piel por vos / hablando rápido al borde de la nada / me rompería la espalda por vos” dice "Happy When It Rains", un verdadero himno a la soledad, al estar en contra de todo “porque sí”, siempre conservando un costado romántico, soñador. "Down On Me" y "Fall" son sacudones eléctricos violentos, para no desentonar del todo con lo que nos habían acostumbrado pero una joya como "Cherry Came Too"… eso no lo esperábamos. Es en esa canción que se entiende perfectamente de que se trata Jesus & Mary Chain; son los Beach Boys, los Ramones y los grupos de chicas de los primeros 60's, todo tamizado -lógicamente- con el sarcasmo de los 80's: “Cherry me lleva a ese lugar ahí arriba / con besos de cables pelados y su amor / Cherry y yo somos tan extremos / haciendo el amor al son de un grito”.

Después de Darklands el camino fue un constante “cuesta arriba”, cada uno de sus discos era comparado (un poco injustamente) con sus dos primeros álbumes. Pero también hay que decir que en todos sus discos hay buenos momentos y a lo largo de más de una década siempre han sabido meter un respetable puñado de canciones geniales. No es poco.





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Jesus and Mary Chain - Honey's Dead
Teenage Fanclub - Bandwagonesque
The Raveonettes - Pretty In Black


sábado, 26 de septiembre de 2009

Virus - Agujero interior


Formados en La Plata, a fines de los setenta, en los últimos estertores de la dictadura mas cruenta de la historia argentina. En vez de cargar las tintas y seguir machacando con consignas panfletarias en un clima político completamente enrarecido, Virus proponía precisamente lo contrario; diversión, desparpajo y liberación del cuerpo y la mente. Muchos de los eternos talibanes y fundamentalistas reaccionaron con furia, por supuesto. Es famosa la anécdota del día en que fueron abucheados en un famoso recital al aire libre e incluso han llegado a ser apedreados en escena. Pero es entendible, en un país anclado en el tiempo, una banda como Virus era como un plato volador aterrizando en un jardín de infantes. Completamente a tono con lo que pasaba en el resto del mundo (en una época en que no era tan fácil “estar al día”), la banda liderada por el gran Federico Moura -un frontman único, desbordante de personalidad y carisma- tenía convicciones demasiado firmes como para dejarse vencer. ¡Ah! Y canciones, muchísimas canciones brillantes, el argumento irrevocable por excelencia.

Para el momento de Agujero interior ya eran mucho más aceptados que en los comienzos y gozaban de cierto éxito a nivel popularidad, ventas y críticas. Optaron por la dupla Dani / Michel Peyronel (si, el de Riff) para la producción y se nota un viraje importante a nivel sonoro, más crudo y a la vez compacto. Ya con "En mi garage", el tema que abre el disco, está todo claro; guitarras fuertes, ritmo acelerado y un teclado bien al frente que no estaría fuera de lugar en cualquier trabajo de Devo o los Talking Heads de la misma época. "El probador" es un fiel reflejo de aquellos años; desenfreno sexual, negación de todo tipo de compromiso, una mujer tomando decisiones y un hombre en una situación pasiva en un lugar semi-público. En una sociedad acartonada… iba a levantar bastante polvo. ¿La música? New Wave bien entendida y asimilada, al nivel de cualquiera de los hits de The Cars de la década del 80. El manifiesto del disco es el tema que también le otorga el título, “Hay que salir del agujero interior / largar la piña en otra dirección / poner el cuerpo y el bocho en acción” es sintético, es poderoso y es irónico al máximo. “¿Qué hago en Manila?” es una de esas baladas que tan bien le salían a Federico, a medio camino entre el Brian Ferry de Avalon y el Bowie de "China Girl", pero como en todo banda grande, las perlas, las gemas ocultas, son esas canciones que no pasaban en las radios, que no tenían videos y que no formaban parte del repertorio habitual. Ahí aparece entonces "Buenos Aires smog" con su ritmo frenético y sus dentelladas guitarreras bien filosas, en un retrato de alienación urbana conciso y breve pero bien definido: “A vivir todo ya / como me gusta / A vivir todo ya / nada me asusta” propone como salida al tedio, al sofocón de la ciudad. Otro de esos “hits perdidos” es sin dudas "Los sueños de Drácula" en donde el personaje de la canción describe una pesadilla de esas que son muy vívidas, en donde uno se ve rodeado, perdido y asfixiado. Finalmente nuestro héroe encuentra la salida, se da cuenta de que son “sus miedos y no los de afuera” los que lo tienen a mal traer. La música es perfecta, cambiando a medida que la historia se desarrolla y por si fuera poco, tiene un solo de guitarra melódico, rebosante de buen gusto.

Agujero interior fue otro paso hacia la masividad que la banda deseaba con ansias, luego vendrían los teclados “modernos” de Relax y las infaltables peleas y cambios de integrantes pero en el año 1983, nadie sonaba con la fuerza, convicción y espontaneidad de Virus, la banda de los hermanos Moura.






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Virus - Recrudece
Soda Stereo - Nada personal
Devo - New Traditionalists


jueves, 17 de septiembre de 2009

Arcade Fire - Neon Bible

Cuando alguien consigue digerir, retratar y resignificar los tiempos en que vivimos con la eficacia de Arcade Fire en Neon Bible, es prácticamente imposible no quitarse el sombrero ante semejante triunfo. Porque todos sabemos que estamos en una época de miseria espiritual, de consumismo exacerbado, de exceso de comunicación (que desemboca en desinformación) y adoración notable por el “Dios Dinero”. Pero no todos somos capaces de hacer algo con el peso de las circunstancias. Y si ese algo es una obra como Neon Bible, no hay argumentos para derribarlo.

Arcade Fire se formó a principios de la década del nuevo siglo en Canadá, en Montreal mas precisamente, la zona franco-parlante del país del norte. Los integrantes de la banda tienen un promedio de edad de 25 años y con sólo un disco en su haber (el laureado Funeral) se habían granjeado al respeto y admiración de prensa, público y varios nombres notables del mundo del rock.

Si tenemos que describir a Neon Bible con un solo adjetivo, ese sería valentía. Porque para ser épico, grandiocuente y hacerse cargo de las pretensiones hacen falta agallas y a Arcade Fire le sobran por donde se los mire. "Black Mirror" es un introducción breve pero concisa pero ya en "Keep the Car Running" están los elementos que hacen de Neon Bible una cosa seria; un ritmo veloz y nervioso y un cantante que suena a medio camino del Bono sediento de gloria de los primeros discos y el Bruce Springsteen más heroico; aquel de Born to Run y The River. No son influencias que se citan habitualmente. Por desgracia, porque si se sabe que hacer con ellas… Nadie se acordaría de Tommy sino fuera por "Pinball Wizard", "Amazing Journey" o "See Me, Feel Me" o de The Wall sin "Comfortably Numb" o "Another Brick in the Wall" y a Neon Bible tampoco le faltan esos himnos que se pegan a la retina de la memoria. La mencionada "Keep the Car…" entraría sin dudas dentro de ese grupo hipotético. Otra muestra de coraje es "Intervention" con su majestuoso órgano tubular de iglesia, que ayuda a crear un clima de tintes religiosos, casi místicos y la voz de Win Butler al borde del paroxismo emocional, uno no puede menos que creerle, rendirse ante el dramatismo conseguido en cinco minutos de música vibrante e intensa. “Trabajando para la iglesia donde mi familia muere / Tu pequeña babysitter se volverá loca / Cada pequeña chispa de amistad y amor morirá sin hogar / Escucha al soldado gruñir, “Lo intentaremos a solas”. Como muestra sobra un botón se suele decir en estos casos. Otro punto álgido es "Black Wave/Bad Vibrations" que empieza con una extraña mezcla entre Siouxsie & the Banshees, los Cocteau Twins y Kraftwerk, con voces femeninas a coro, en una clara atmósfera de sobrecogimiento. Después vuelve la voz líder para que no olvidemos que se trata de Arcade Fire y otorgar un “cierre” mas familiar a la canción.
La influencia de “El Jefe” se hace presente de manera muy evidente en "(Antichrist Television Blues)", uno de esos himnos épicos de redención en donde el personaje del relato logra huir de su cotidianeidad agobiante por medio del viaje. Claro, en los papeles suena artificial y hasta trillado pero la banda se encarga de que esto no suceda. Apelando a simbolismos continuamente, nada está dicho de una manera “simplona”, sino por medio de metáforas muy cuidadas, de alusiones indirectas pero a la vez inequívocas.

La importancia de Neon Bible será valorada en su justa medida por el juez más implacable; el paso del tiempo, que dicho sea de paso, también suele ser el más certero. Pero es claro desde cualquier punto de vista que los Arcade Fire no están escasos de ambiciones y saben que caminos recorrer para satisfacerlas.





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Arcade Fire - Funeral
U2 - The Unforgettable Fire
Nick Cave & the Bad Seeds - Abattoir Blues / The Lyre of Orpheus


jueves, 3 de septiembre de 2009

Neil Young & Crazy Horse - Zuma


Es así de simple: todos los discos que sacó Neil Young en la década del 70 son imprescindibles. Quienes admiren al domador de tormentas eléctricas, al cantautor rural de aires folkies o al combatiente de demonios internos, los “disfraces” a los que echó mano el canadiense a lo largo de aquella prolífica década, tienen mucho material para disfrutar. Incluso sus escarceos con Crosby, Stills y Nash tienen aportes interesantes.

Luego de la trilogía compuesta por Time Fades Away, Tonight's the Night y On the Beach, un periplo teñido de tristeza y música utilizada como vehículo para exorcizar los dolores de alma, apareció Zuma, un trabajo menos torturado, bastante más “liviano” si se quiere, pero no exento de algunos puntos oscuros.

Con Frank “Poncho” Sampedro reemplazando al fallecido Danny Whitten en guitarra, Neil Young reagrupó a los Crazy Horse y grabó Zuma en condiciones más "saludables" con respecto a sus trabajos inmediatamente anteriores, el resultado, como suele ser, se nota en los surcos.

"Don't Cry No Tears" es el tema elegido para el comienzo y es un perfecto ejemplo del tipo de canción y el sonido que predominaría en el resto del disco. Es una base simple, con el típico sonido rockero de Crazy Horse, se emparenta directamente con lo que habíamos escuchado en Everybody Knows This Is Nowhere, donde detrás de una alegría aparente se esconde una tristeza y una melancolía que siempre dice presente cuando hablamos de Neil Young: “Cuando toda el agua se ha ido / hay una sensación que persiste / viejo amor sincero / no es tan difícil de ver”. Cuando empieza "Danger Bird" la atmósfera es claramente amenazante, pero no hay “fantasmas” acechando en este caso, es un juego con las típicas “baladas de asesinatos” y un amor que ha dejado de ser. Las guitarras se trenzan en verdaderos duelos, como para dejar claro que la banda era nuevamente un todo y que estaban de vuelta en su mejor forma. El momento de reposo del disco llega de la mano de "Pardon my Heart" y es también el lugar para la reflexión por el amor perdido, y el agradecimiento por lo vivido. El recurso elegido para sazonarla son los instrumentos acústicos, el clima gentil y apacible con un cierto resabio de gospel en el estribillo con sus coros femeninos. "Looking for a Love" es un country rock prototípico, con excelentes armonías vocales, tiene un aire a diversión, a “juntémonos a tocar” sin mayores prolegómenos y es fácil revivir la atmósfera distendida de los músicos en el estudio, riéndose al final de la toma. En la misma línea está "Barstool Blues" una de esas canciones a medio camino entre la amargura y la sonrisa a medias, con un dejo de borrachera trasnochada, el protagonista está casi obsesionado con su objeto de deseo; “Te vi en una pesadilla / y te veo en mis sueños / y pueden pasar mil años / hasta que sepa lo que eso significa”.

En "Drive Back" aparecen esos riffs insistentes y corrosivos que tan bien le sientan a Crazy Horse, a la manera de "Cinnamon Girl", "When You Dance I Can Really Love" o el posterior "Hey Hey, My My" (aquella canción/manifiesto del legendario Rust Never Sleeps). La que quizás sea la pieza más memorable de Zuma está casi al final, antes del final “con los ojos a medio cerrar” de "Through My Sails" y es nada más y nada menos que "Cortez the Killer", en donde Young, como ha hecho varias veces, toma partido por una causa, de forma clara y directa. En este caso se pone en la piel de un indio que está viendo la llegada de los conquistadores al nuevo continente, destruyendo todo a su paso, los miembros de su familia han muerto y no es mucho lo que le queda por contar. El lenguaje esta vez es un mar de guitarras eléctricas que se entrecruzan en un tiempo lento, algo macabro. "Cortez…" se convirtió casi de inmediato en un clásico de las presentaciones en vivo de Neil Young y los Crazy Horse, extendiéndose por diez minutos (e incluso más), dando lugar a fogosas improvisaciones. Como nota de color se puede agregar que The Church grabó una excelente versión en su disco de versiones A Box of Birds.

Es importante recordar que, a principios de los 90's Neil Young no tenía la estutura que hoy ostenta. El advenimiento del CD como nueva tecnología trajo como consecuencia la disponibilidad de su catálogo que estaba -hay que decirlo- algo relegado. Fué coronado como "El Padrino del Grunge" al detectarse clarísimas influencias en la música de las bandas de aquel entonces, sobre todo de su faceta mas "eléctrica" por decirlo de algún modo. Así fué como recuperó público y prestigio luego de una década (los 80's, claro está) más bien errática. Volviendo a Zuma, se trata de un triunfo dentro de su humildad, la falta de “concepto unificador” o una idea rectora que unifique de algún modo las canciones termina jugándole a favor, es uno de los casos en que la ausencia de pretensiones hacen que el todo se beneficie notoriamente, es una colección de canciones muy buenas y punto, con eso basta y sobra. En este caso, por supuesto.

Neil Young seguiría dando golpes bruscos de timón a su carrera, mostrándose interesado en el movimiento punk que se asomaba a la vuelta de la esquina y jamás abandonaría su actitud curiosa, el espíritu de eterno adolescente, listo para la sorpresa, abierto a los cambios. En definitiva; las virtudes en las cuales se apoya su carisma inextinguible.





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Neil Young & Crazy Horse - Everybody Knows This Is Nowhere
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jueves, 20 de agosto de 2009

Ride - Going Blank Again


Formados en Oxford a fines de la década del ochenta, Ride es una de esas bandas que son catalogadas dentro de un movimiento o escena que logran trascender casi inmediatamente. La etiqueta en cuestión era la de “Shoegaze”, esa camada de bandas ruidosas y ariscas que tocaban sin hacer ninguna concesión para con el respetable, con un volumen cercano a lo insoportable. Pero Ride no sólo renegaba de aquel mote, lo traspasaban con cada uno de los pasos que daban. Exploraban rincones sonoros que aún estaban por descubrirse; el poder y alcance del ruido, las búsquedas con la distorsión de guitarras y el atractivo innegable de los decibeles compitiendo y reforzando las melodías.

A la altura de Going Blank Again ya tenían en su haber tres EP’s y un larga duración, el magnífico Nowhere (aquel de la tapa con una ola en medio del mar), se habían granjeado el respeto de la prensa y el público por igual y hasta grababan para el emblemático sello Creation de Alan McGee. Era mucho lo que se esperaba de ellos y por suerte no defraudaron.

El loop de sintetizadores a la manera de "Baba O’ Riley" de the Who es el llamado de atención que propone Ride para su segundo trabajo. Inmediatamente aparecen las guitarras, entrelazándose, jugando y tejiendo un tramado armónico extremadamente rockero. Se detiene luego de un buen rato, vuelve el loop y ahí sí, están todas las velas desplegadas y listas para navegar. Las voces de Mark Gardener y Andy Bell cantan casi siempre en armonía, con sílabas largas y fantasmagóricas, que junto a las guitarras siempre en “volumen once” conforman la marca registrada de Ride. Son ocho minutos de intensidad pura, "Leave Them All Behind", por extraño que parezca (sobre todo teniendo en cuenta la duración excesiva) fue el simple que eligieron para cortar en Going Blank Again.
"Twisterella" es sin dudas el tema más pop e inmediatamente accesible del disco, el tempo es agitado pero sin ser demasiado veloz, las guitarras están mas limpias, tiene un estribillo de esos que se recuerdan al instante y los arreglos instrumentales están colocados en el momento y lugar preciso. Los “colchones” de teclados contribuyen a reforzar esta idea de “canción memorable”. Está claro que la música que acunó a los integrantes del grupo es una influencia indiscutida en el sonido general, es el rock que escuchaban sus padres y sus hermanos mayores, ese que pasa de generación en generación sin perder un ápice de su atractivo, son los ecos de Pink Floyd, los Moody Blues y el punk-rock que están -en mayor o menor medida- en el cóctel, filtrados y resignificados para tomar un nuevo e interesante cariz. "Chrome Waves" es otra demostración del nivel de sutileza que podía llegar a alcanzar Ride en sus momentos más inspirados. Un rasgueo de guitarras acústicas aparece antes de las voces, evocativas y atrayentes, con un fondo de teclados que parece una orquesta completa. Atención especial merece el solo de guitarra, breve, conciso, completamente subordinado a la canción. Se dan el lujo de terminar el álbum con la que probablemente sea la obra maestra de Ride, nada menos que "OX4", uno de esos temas épicos en donde no sobra absolutamente nada y en donde todas las decisiones que se pueden tomar para una composición han sido las acertadas. Empieza lenta, como queriendo plantear un despegue lento y algo perezoso para estallar en un feedback controlado de guitarras y voces que se cruzan. La relativa monotonía de los acordes que conforman la base rítmica del tema está contrarestado por unos arreglos melódicos de los teclados, que contestan y realzan la melodía vocal y ahí está la clave, el hallazgo que hace que funcione todo a la perfección.

Luego de las infaltables peleas entre sus integrantes, Ride fue disipándose con relativa rapidez, en pequeños escandaletes dignos de las vedettes más risibles, no sin antes grabar otra pequeña joya infravalorada al momento de su aparición, Carnival of Light con más de un rastro de psicodelia sixtie revisitada. Como nota de color, cabe recordar que Andy Bell es un integrante estable de la formación de Oasis desde Standing on the Shoulder of Giants.

A Going Blank Again le fué bastante bien a nivel comercial y excelente en lo que a críticas se refiere. Puede que todas las expectativas que se depositaron en ellos hayan sido un factor desecadenante para la crisis que experimentaron, pero sin dudas este fue el momento de gloria de Ride, superando con creces el desafío propuesto por el juez más despiadado: el paso del tiempo.





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Ride - Nowhere
My Bloody Valentine - Isn't Anything
The Boo Radleys - Giant Steps


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