lunes, 23 de enero de 2012

Nirvana - All of Us


"Rainbow Chaser". Cazador de arco iris. Así se llama el primer tema del segundo disco de Nirvana. El título no podría ser más apropiado para el estilo de música. Tiene todas las características de cierta psicodelia inglesa aniñada y barroca típica del período. Encima en este mismo tema supuestamente se registró el primer phasing, que vendría a ser algo así como el sonido envolvente que se produce al alterar las cintas de grabación de manera manual. Recurso utilizado hasta el hartazgo también por los practicantes del género y que hoy en día es muchísimo más fácil de conseguir, gracias a las computadoras. En este caso se produjo por error, por accidente. Gustó y quedó.
Nirvana es escencialmente un dúo formado por el irlandés Patrick Campbell-Lyons y el griego Alex Spyropoulos, grababan para el mítico sello Island y eran producidos por el mismísimo capo, el gran Chris Blackwell, que quizás algún día reciba el reconocimiento que merece. También ostentan el discutible título de ser los primeros en hacer un disco completamente conceptual, el excelente The Story of Simon Simopath, otro de la legendaria “cosecha ‘67”.

La tapa generó cierta incomodidad en su momento porque es un fotograma de una película del director favorito de Hitler, Leni Rifenstahl, mostrando un desfile de líderes de guerra (¡Ahí clarito está Napoleón!) pasando entre medio de una inmensa fila de cadáveres. En este caso particular… no tiene absolutamente nada que ver con la música que contiene. Nirvana es uno de esos grupos que tomaron la posta de lo que plantearon los Bee Gees en su primer disco inglés; un pop recargado, de cámara podría decirse, muy arreglado, melodioso, bien cantado y mejor compuesto. Ellos dominan el género de manera magistral y si bien All of Us dista bastante de ser un disco perfecto, en sus mejores momentos es sublime y cuando renguea un poco lo hace con un nivel mucho más que aceptable. Como la inmensa mayoría de los discos, en realidad. Escuchen la delicadeza frágil del instrumental "The Show Must Go On", era una época en que los tipos que sabían música clásica estaban colaborando con los jóvenes de veinte y tantos cabeza a cabeza, creando la música clásica de nuestros tiempos, de la modernidad. O sino "Tiny Goddess", un joya que también había sido lanzada en formato de simple, derrota a "Whiter Shade of Pale" de Procol Harum en su mismo territorio, lenta, majestuosa. "The Touchables (All of Us)" fue hecha para una película hoy en día olvidada, pero es tan bueno que lo volvieron a poner también en este disco. Blackwell levantaba el teléfono y movía sus contactos para ayudar a sus protegidos. Durante la grabación fueron invitados a tocar en vivo en una especie de instalación estrafalaria protagonizada por el mismísimo Salvador Dalí, que se encargó de llenarlos de pintura. Campbell-Lyons jura que todavía conserva el saco que le manchó el maestro. Atención también con el último tema del disco, "St. John's Wood Affair", una especie de suite en donde hay una interesante cantidad de ideas bien puestas en sus menos de cinco minutos de duración.

Una serie de infortunios que no vale la pena enumerar (son siempre los mismos) hicieron que Nirvana no llegara a satisfacer las altísimas expectativas que había depositado en ellos Blackwell pero aún así se las arreglaron para hacer otro disco, Markus III, también reeditado recientemente. Unos cuantos años más tarde se volvió a oír de ellos cuando le hicieron juicio a la banda que todos conocemos. Por suerte se llegó a un arreglo y los ingleses terminaron grabando una versión de "Lithium". Linda forma de hacer las paces.






Chequear también:

The Bee Gees - Horizontal
Fairfield Parlour - From Home to Home
Golden Earrings - Miracle Mirror



martes, 17 de enero de 2012

Comets On Fire - Avatar


Los Comets On Fire vienen de California y son exactamente lo que hubieran sido los Jefferson Airplane, Quicksilver Messenger Service o Blue Cheer hoy en día. Si no se hubieran puesto viejos y achacosos, por supuesto. Son fieles continuadores de una tradición psicodélica que viene de cuatro o cinco generaciones. Pero de ninguna manera son una banda retro, anclada en el pasado. Todo lo contrario; conocen la historia de su disciplina pero casi no hay guiños al pasado, los tipos miran para adelante y se nota en seguida, apenas escuchar la música que hacen.

Esto es lo que hay en "Dogwood Rust" el primer tema del disco; rock de guitarras, tremendo baterista-pulpo, muchas voces sobre grabadas, riff malvado, una guitarra solista perdida en la mezcla haciendo dibujos. Efectos sonoros y demás chillidos que ayudan a generar una atmósfera pesada, asfixiante. Y al baterista lo dejan lucirse, en un momento el tema cae en una especie de zapada cósmica que parece un excusa para que el tipo se luzca un poco. Pero en seguida entra la primera guitarra con un solo bien enfermo. Se nota que la composición tiene mucho de improvisado, reproducir esto en vivo tal y como está grabado… imposible. Demás está decir que esa no es la idea. En "Jaybird" hay jazz, con mucho -pero mucho- rock, claro. Pero la atmósfera cambia, sin dejar de ser de esas bien incómodas, de esas que nos hacen cambiar de posición en la silla. Los tipos son expertos en generar climas por lo visto. En un momento frena y vuelve a arrancar al borde del desquicio, con gritos de ultratumba, bien demoníacos. El cantante, Ethan Miller, aúlla y se retuerce como un poseso. Puro placer, puro masoquismo auditivo. "Lucifer Memory" no parece ser lo que su título indica, hasta ahora el tema más tranquilo del disco, suena a medio camino entre Pink Floyd y los Flaming Lips modernos, los de Yoshimi… o Soft Bulletin y tiene unos de arreglos de piano muy finos a cargo de Utrillo Kushner. Al final hay un subidón de energía como para recordarnos que esto no es Phil Collins. En seguida viene "The Swallow's Eye" y es de esas con comienzo a puro misterio, suspenso que en seguida se encarga de destruir el pulpo Sir Noel VonHarmonson repartiendo redobles para todos lados. Este está lleno de ruiditos y efectos ideales para consumir bajo los efectos de la sustancia que prefieras. "Holy Teeth" es violencia. Violencia total. Tiene más que ver con Blue Cathedral, el disco anterior; hay menos estructura pero más salvajismo, con la garganta de Miller a punto de estallar en mil pedazos. Si prestamos atención al orden en que decidieron ubicar las canciones, "Holy Teeth" tiene sentido, perfectamente. Eso habla a las claras de un grupo queriendo hacer un disco, con mayúsculas, prestando atención a la fluidez y a la dinámica del que escucha. "Sour Smoke" es la tour de force de Avatar; casi diez minutos de riffs lentos y espesos, algo así como un Black Sabbath mezclado con Primal Scream, pesado, hipnótico y… bailable! A veces aparecen unas voces etéreas más como coro que como letra en sí. Uno de los temas más densos y climáticos del disco, sin dudas. Avatar cierra con "Hatched Upon the Age" en donde queda clarísimo que las influencias de los Comets On Fire no son pocas. Esto no tiene nada que ver con lo que habíamos escuchado pero a la vez sí, cierra y magistralmente.

Avatar
es un disco moderno, más centrado en las canciones que los trabajos anteriores, cierra por donde se lo mire, es moderno sin pretenderlo y encima suena diez puntos. Así que… ajustensé los cinturones que este vuelo realmente vale la pena.






Chequear también:

Grateful Dead - Anthem from the Sun
Comets On Fire - Field Recordings from the Sun
Howling Rain - Magnificent Fiend


domingo, 15 de enero de 2012

Video de la Semana: The Cruel Sea - This Is Not the Way Home



La canción que le da el título al segundo disco de esta excelente banda australiana, también con el legendario Tex Perkins al frente.

jueves, 12 de enero de 2012

5 Canciones 5: Love, Birth Control, Ramones, Sonic Youth y Soulsavers

She Comes In Colors
Love
¡Que grande Arthur Lee! En Da Capo ya se puede ver que el tipo era un genio y que se encaminaba de a poco a la gran obra maestra que después sería Forever Changes. Una flauta dialoga con un clave entre las estrofas (si, si, en serio) y la voz de Lee con todas sus cualidades: misterio, entonación y ese acento tan particular. El hecho de que fueron una de las primeras bandas multiraciales no es un dato menor.

Apare
ce originalmente en: Da Capo (1967)

Get Down to Your Fate
Birth Control
Unas explosiones son lo primero que se escucha en Hoodoo Man, el quinto LP de estudio de los alemanes hard-roqueros/progresivos Birth Control y son un verdadero anuncio de lo que nos espera a lo largo de la placa. Pero la cereza de la torta es esta joya épica de casi diez minutos de duración. Para fanáticos de Purple, ELP, Uriah Heep, etc. Tremendo solo de guitarra, por cierto.

Aparece origin
almente en: Hoodoo Man (1974)

Roots of Hatred
The Ramones
Con las reediciones expandidas de la década pasada nos encontramos con una buena cantidad de canciones que habían quedado afuera de los discos que bien podrían haber regrabado o editado de alguna otra forma. Tarde pero seguro. Cantada de manera sublime por Joey y sin el maquillaje que empañó algunos de los temas de Subterranean... uno no puede menos que preguntarse como "Roots of Hatred" pudo haber quedado afuera.

Aparece
originalmente en: Subterranean Jungle [version expandida] (1983)

Total Trash
Sonic Youth
Si te bancaste los sacudones de Daydream Nation sin descomponerte, en "Total Trash" vas a tener un momento de alivio. Hasta por ahí nomás en realidad, también hay ruido -hermoso- acá. Pero es la voz de Thurston Moore, lo que dice la letra y la melodía totalmente canchera lo que hacen de este un temazo memorable. Sí, es "basura total", te bajo el pulgar a lo bestia, soy bien snob, lo admito y lo hago canción. Una puertita de entrada para entender a estos neoyorquinos arrogantes.

Aparece or
iginalmente en: Daydream Nation (1988)

Spiritual
Soulsavers
Para cantar esta joya de Josh Haden tenés que haber vivido, luchado y sufrido. Si sos Justin Biever no te va a salir ni en pedo. Si sos Johnny Cash sí, seguro que sí, de hecho se la puso al hombro en Unchained, el segundo de su famosa serie American Recordings. Y si sos Mark Lanegan te va a venir como anillo al dedo, logicamente, algo así como el Rey de Midas de los torturados, se luce como invitado en el disco de Soulsavers.

Aparece originalmente en: It's Not How Far You Fall, It's the Way You Land (2007)




miércoles, 11 de enero de 2012

Sonic Youth - Goo


Hace poco salió una nota, en una revista que no viene al caso recordar, en donde criticaban a Thurston Moore por recomendar continuamente discos imposibles. ¿No era eso un punto a favor? ¿No es bueno eso? ¿Hay algo mejor que alguien de confianza te recomiende algo? Además no hay nada tan gratificante como conseguir un disco difícil, uno de esos que no se ven nunca en las disquerías, jamás va a estar en las ofertas y cuando un día lo ves parecen sonar campanas celestiales. Encima el que lo criticaba era un fanático. Claro, lógico, no nos saquen de nuestra cómoda quintita, hasta acá llegué yo, “sé de música” y a mí nadie me viene a decir qué escuchar.

Y si, esta defensa viene al caso porque si sos fan de Sonic Youth y no te gusta rastrear de donde viene todo el asunto te estás perdiendo una parte muy importante de la banda. Los tipos lo han escuchado todo, han tenido acceso a todo y encima… vienen y te la cuentan! ¡Mejor imposible!
Aparentemente en las giras, los muchachos (que ya no son tan muchachos) tienen -o tenían- por costumbre ir a saquear disquerías de usados en cuanto pueblucho aterricen, en busca de tesoros ocultos y, así como se deben haber llevado varios chascos, también deben haber encontrado cosas invaluables. Es indudable que gran parte del atractivo de Sonic Youth, es el impresionante licuado de influencias que da como resultado la música que hacen y que gran parte de ese resultado tienen que ver con que esas influencias no son las mismas de siempre. No es Beatles + Ramones o soul con un toque de Blondie. No, acá te tiran un cúmulo de referencias tanto musicales, como líricas y gráficas que es impresionante. Es The Fall, Kerouac, el kraut-rock, el hardcore, Warhol, Marilyn Monroe, Neil Young, Borroughs y la lista podría seguir por siempre. Y si esas influencias las podés detectar la cosa se vuelve directamente adictiva. Pero claro, también es entendible quien prefiere hacer una escucha “ingenua” o, por decirlo de un modo más feliz, más “libre”. También es válido, por supuesto.

Ya bastante entrado el siglo veintiuno, en un mundo en donde todo está al alcance, al menos en modo teórico, inmaterial o como prefieran llamarle, es difícil entender la importancia de Sonic Youth, pero a mediados de los ochenta o a principios de la década siguiente que es cuando salió Goo, eran totalmente oportunos, indispensables, geniales. Y no sólo por la música, que es muy buena, era la actitud, la ropa, las fotos, la chica linda con el bajo (Kim Gordon; un modelo imitado hasta el cansancio), los videos, los shows en vivo y hasta las entrevistas que daban. El set completo, digamos.

Y Goo también es importantísimo porque coincidió con la época en que la cultura mainstream empezó a fagocitar finalmente al punk, a tamizarlo y a regurgitarlo en lo que luego se llamaría “alternativo”, un término que hoy en día no significa y no define absolutamente nada pero que en esa época eras o no eras. Sin término medio. A pesar de que los entendidos dirán siempre que Sonic Youth hizo concesiones para formar parte de esa nueva ola gigante, una escucha atenta a Goo demuestra en seguida lo contrario. Goo tiene sus estribillos, tienen sus partes fácilmente recordables pero también tiene unas tormentas eléctricas no aptas para cardíacos. Algo que sí es cierto es que con este disco dieron un paso más hacia la masividad, un poco gracias a estar en el momento justo y en el lugar adecuado pero esa es otra discusión que hoy no nos atañe.
Todavía siguen en pié con un nivel de decencia francamente envidiable. Todos los integrantes han tenido proyectos paralelos interesantes y los discos actuales siguen dando que hablar a muchos. Nada mal para una banda con más de treinta años encima.





Chequear también:
Sonic Youth - Sister
Sonic Youth - Daydream Nation
Sonic Youth - The Eternal


miércoles, 4 de enero de 2012

Townes Van Zandt - Townes Van Zandt


No todo el mundo está dispuesto a dejar de lado las comodidades del mundo material para seguir su musa. No es el caso de Townes Van Zandt. Criado en el seno de una familia texana acomodada, su padre era un importante abogado relacionado al petróleo y el pequeño Townes pasó su infancia mudándose casi continuamente. La epifanía llegaría al ver a Elvis en el aquel legendario show de Ed Sullivan y la decisión definitiva vendría de la mano de The Times They Are A-Changin' de Dylan; adiós estudios y a vivir por y para la música.

Después de unos cuantos años de idas y venidas, de pasar -literalmente- hambre, se fue afianzando como compositor y empezó a conseguir residencias en lugares chicos. También en esos años de búsqueda se hizo íntimo amigo del alcohol y las sustancias que lo acompañaría por el resto de su vida y lo definirían también como poeta y músico. Townes Van Zandt es su tercer disco de estudio, aparecido en el ’69, casi inmediatamente después de Our Mother the Mountain.

¿Qué mejor manera de empezar que con una de sus mejores canciones? "For the Sake of the Song" es brillante, simple, elegante y con todas las características de Van Zandt como escritor e intérprete. Juega mucho con las imágenes, haciendo uso de palabras completamente cercanas al lenguaje habitual, pero sin caer en obviedades. "For the Sake..." ya había aparecido en su primer LP, pero la versión en este caso es muy diferente; más despojada, más acústica. Cada cual sabrá con cual versión quedarse pero las dos valen la pena. Las otras tres regrabadas son "I'll Be There In the Morning", "Waiting Around to Die" y "Quicksilver Dreams of Maria". Es claro que Van Zandt sabía cuando tenía un as en la manga y dado que la distribución de aquel primer álbum fue escasa (por no decir nula) decidió jugar otra vez esas cartas fuertes. Confirmando la teoría de que todos los autores dejan huellas autobiográficas en sus trabajos, la melancolía inherente a toda la obra de Van Zandt es clarísima en estas canciones, con esa tristeza romántica tan característica, el imaginario surrealista del Dylan de mediados de los sesenta y la recurrencia de situaciones cotidianas. "Waiting Around to Die" es impresionante. La letra tiene que ver con la heroína (nombrada acá como “Codeína”), la temible droga que sería su inspiración pero también su cruz. La música conmueve y la voz, quejumbrosa pero firme, es un perfecto ejemplo de cómo hacer mucho con pocos elementos.

Los discos que grabó durante su carrera, que son varios y muy buenos, pasaron prácticamente desapercibidos excepto para unos pocos (sobre todo músicos) pero en los noventa, los hermanos Cohen incluyeron una extraña versión de "Dead Horses" de los Stones en la banda sonora de una de las grandes películas de los últimos veinte años: El Gran Lebowsky. El culto por Townes Van Zandt parecía crecer día a día. Si a eso sumamos el constante murmullo de músicos y amigos en vida como Steve Earle o Emmylou Harris
Lo de siempre; a la larga, el tiempo siempre les da la razón a los que la tienen.






Chequear también:

Townes Van Zandt - Flyin' Shoes
Hoyt Axton - My Griffin Is Gone
Mickey Newbury - Stories from the Silver Moon Cafe


martes, 3 de enero de 2012

Video de la Semana: INXS - Don't Change



Se veía venir que se iban a convertir en una banda de mierda. Pero... ¡Que temazo!

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