¿Cuántos niños que hoy son adultos habrán sido concebidos al compás de la música de Al Green? Seguramente miles. Es que el soul sugerente y arropador de El Reverendo era extremadamente popular en la primera mitad de la década del 70.Nacido en el seno de una familia humilde y muy religiosa, tuvo que dejar su hogar cuando todavía era un niño luego de ser sorprendido por su padre escuchando música “pagana”, non-sancta. Se las arregló como pudo, lidiando con mujeres de vida licenciosa y llegando incluso a ser una especie de tratante de blancas, un proxeneta.
Luego de varios intentos infructuosos en la música, su suerte cambiaría al conocer a Willie Mitchell, dueño, productor, arreglador y compositor de Hi Records. Ahí fue cuando los éxitos empezaron a sucederse.
I'm Still in Love with You forma parte de una sucesión de discos francamente envidiable, hay quienes lo señalan como su pico creativo, otros se quedan con Call Me, el disco siguiente y están los que optan por Let's Stay Together, pero nadie en su sano juicio discutiría que este es un trabajo clave, definitivo.
La clave está en la síntesis hallada por Green y Mitchell; al encanto sureño del sello Stax se le suma la fuerza y la energía de Motown y si a eso le agregamos la pizca de agresividad de la música urbana de aquel entonces… bueno, el cóctel es irresistible. Por eso el tema que da título a la placa fue un super-hit a nivel ventas, es que la sección rítmica trabaja con precisión y buen gusto, con dos baterías sincopadas y por encima de todo, la voz de Green susurrando, gimiendo y pasando del falsetto al barítono sin el menor esfuerzo aparente.
Más adelante aparece también "Love and Happiness", sin duda alguna una de las canciones más memorables de todas las que compuso, en este caso de la mano de Mabon “Teenie” Hodges, el guitarrista de su banda de acompañamiento. Extrañamente no fue un disco simple hasta pasados unos cuantos años de la aparición de I'm Still in Love with You. Al parecer la compañía disquera no quería desviar la atención del primer simple extraído del álbum (el tema que da título al LP) y así fue como una de sus más reconocidas composiciones quedo algo opacada en su momento.
Un momento de transición en la placa, pero que fluye extraordinariamente, es el que aporta "Simply Beautiful", lentísimo y aletargado, con unos arreglos al borde de lo imperceptible, pero en donde Green puede permitirse el lujo de lucirse con su sutileza a la hora de sugerir en vez de mostrar.
La calidad de intérprete queda en evidencia ante la original relectura que hace de "Oh, Pretty Woman" del gran Roy Orbison, casi irreconocible, pero también es una muestra evidente de que las canciones gigantes (como en este caso) son elásticas, flexibles y permiten acercamientos diferentes conservando intacta su eficacia primeriza.
También están presentes las versiones de temas country que no pueden faltar en los discos clásicos de Al Green, en este caso el tema es "For the Good Times" de Kris Kristofferson. Recibe un tratamiento similar al de "I'm So Lonesome I Could Cry" de Hank Williams y "Funny How Time Slips Away" de Willie Nelson de Call Me. Lo de siempre, si algo sale bien, sigamos haciéndolo.
Casi inmediatamente después de la aparición en el mercado de I'm Still in Love with You (dos años despúes para ser precisos) sucedió el episodio que hizo que Al Green abrazara la religión, se comprara una iglesia y se dedique a los sermones dominicales. De todas maneras su carrera estaba lejos de finalizar, luego de algunos coqueteos con el góspel -logicamente- volvería a la música “profana”, se harían muchas versiones de sus temas más famosos y se canonizaría su imagen para siempre. Merecidamente, claro está.
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