martes, 20 de marzo de 2018

Lou Reed - Sally Can't Dance


Hay casi tantos motivos para amarlo como para odiarlo. En las entrevistas siempre se comportó como un bastardo, maltratando siempre a todo el mundo y es el rey de el auto-elogio. Siempre supo venderse de manera muy hábil y no pocas veces ha estado al borde de la parodia de sí mismo, de ser fagocitado por su propio personaje. Muchas veces ha hecho movimientos inesperados que son para masoquistas; el disco doble de acoples Metal Machine Music, que increíblemente tiene sus defensores, la bazofia indescriptible con Metallica o instrascendencias como Mistrial o The Raven. Pero es un héroe y lo queremos por sus aciertos, que son muchos y superan con creces a sus deslices.

Sally Can’t Dance es uno de esos discos que podrían entrar en la categoría de “discutibles”, es de la época en que Lou Reed hacía un simulacro de inyectarse heroína en el escenario, muy al borde del bochorno, tenía que hacer algo distinto a Berlin, una obra maestra que había vendido muchísimo menos que Transformer, el disco que lo transformó en una estrella, con el toque de Midas de Bowie, no hay que olvidarse. Es discutible porque no hay un concepto claro que unifique las canciones, no hay un sonido distintivo y Lou Reed más de una vez se encargó de negarlo, aclarando que lo único que había hecho fue grabar las canciones sin demasiado interés y dejar todo el resto al productor.

Y es defendible por que lo que hizo Steve Katz fue hacer un disco moderno en todo sentido, hacer más o menos lo que sonaba en aquel entonces, a mediados de los setenta y lo que hizo es muy decente. Puede cuestionarse desde el lugar de pseudo-panquito al que le molesta que está super bien tocado y arreglado como ningún otro disco de Lou Reed. Escuchar el final de “N.Y. Stars” con ese torbellino de guitarras al mejor estilo Mott the Hoople es escuchar un disco de rock and roll hecho y derecho anterior al punk, con todo lo bueno y lo malo que eso implica. Cualquier disco que tenga “Kill Your Sons” no puede fallar, una de esas canciones inmortales, la canta con cierto desgano pero este es el exorcismo de Lou Reed, quien supuestamente fue sometido a terapia de electro-shock por sus padres para “curarlo” de su sospechada homosexualidad. Un tema enorme, desde donde se lo mire u oiga. “Ennui” es una balada de piano al estilo de lo que hacía Elton John antes de perder cualquier tipo de credibilidad y es por estas cosas que el disco no les gusta a los naricitas paradas de siempre.

Desde el punto de vista estrictamente musical y a nivel sonido Sally Can’t Dance es uno de los grandes discos de Lou Reed, un poco a la sombra de otras obras maestras con más “chapa” alternativa. Algo que a cierta edad a uno deja de importarle, por suerte.





Escuchar entero en YouTube o en Spotify.




Chequear también:
The Velvet Underground - Loaded
Lou Reed - Legendary Hearts
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