martes, 17 de junio de 2014

Gila - idem


Los últimos años de la década del sesenta y la primera mitad de la siguiente en Alemania, deben haber sido los años más fructíferos y creativos en la historia de la música popular del siglo veinte. Se podía hacer cualquier cosa y prácticamente todo lo que se intentaba tenía un envidiable nivel de calidad, considerable apuesta en cuanto a originalidad e indudable estándar en cuanto a identidad. Eran los pibes que querían borrar de un plumazo lo que había hecho la generación anterior y el vehículo era hacer una música que no tuviera nada que ver con lo hecho hasta entonces.

Gila se fundó en el ’69 y este, el LP homónimo debut, también conocido como Free Electric Sounds es del ’71 y, si bien puede agruparse dentro de la inmensa bolsa del krautrock, poco tiene que ver con Faust, Can o incluso Amon Düül II, por citar algunos de los grupos emblema del género. Si hay algo que los emparenta es la capacidad para improvisar, la habilidad técnica siempre puesta al servicio de las composiciones y cierta tendencia a la oscuridad, a los acordes menores en busca de un sonido tétrico o tenebroso, en ese último apartado los Gila son maestros, en generar climas asfixiantes y hasta terroríficos.

Con quienes más se los puede llegar a emparentar o comparar son con los Amon Düül II de Phallus Dei, temas larguísimos, prácticamente improvisados, sin una estructura determinada y cuando hay voces están utilizadas para acentuar los climas y no para cantar letras o comunicar ideas líricas. Un buen ejemplo para enteder lo que pasa en Gila son los primeros minutos de “Individualität”, el último tema del disco; una percusión rapidísima, desenfrenada y el resto de los instrumentos saliendo y entrando de la mezcla fantasmagóricamente, esta no es música que vas a escuchar en una fiesta o en un boliche, esto lo tenés que escuchar sólo, en el estado que prefieras pero buscando el momento justo, esto requiere de tu atención, no es para escuchar de fondo. “Kollaps” es otro ejemplo de música funesta, ideal para asustar vecinos (ese… ¿bebé? llorando es escalofriante) y es la tónica dominante a lo largo del LP. Pero ojo, no todas son espinas en el camino de Gila, también hay momentos en donde se puede salir a respirar y ahí está lo que diferencia a un grupo bueno de uno malo en esto de “meter miedo”. Estos tipos también saben llevarte a la campiña a planear en un estado de relajación casi absoluta.

Los Gila sacaron un disco en el mismo año que este, Bury My Heart at Wounded Knee, con una formación un poco diferente y se separaron sin pena ni gloria, hasta el ’99 no hubo novedades, cuando salió un disco en vivo de aquella época, Night Works. Pero la posta está acá, en el primero, el del monstruo en la tapa.





Escuchalo entero en YouTube.





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1 comentario:

JUAN CARLOS RUSTARAZO VICENTE dijo...

Hola amigo,

Coincido contigo, y me veo reflejado en tu blog en la forma de mostrar una crítica de un disco. Te invito también al mío que trata sobre progresivo de los 70 incluyendo krautrock, psicodelia, etc. pero por encima de todo progresivo.
www.elsarcofagodelos70.blogspot.com

Un saludo y felicidades!

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