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miércoles, 11 de octubre de 2017

Kubero Díaz y La Pesada - ídem [1er. LP - 1973]


Una teoría paranoide: hoy en dia, tipos como Alejando Medina y Miguel Cantilo serían enemigos, o se mirarían con desprecio. En épocas de desunir ante la menor desigualdad, el bajista de Manal y el capo de Pedro y Pablo, estarían distanciados y se criticarían mutuamente. Acá estaban juntos y unían fuerzas para hacer un disco. Alguna vez Claudio Gabis contó que los discos de La Pesada los hacían de manera totalmente informal, para generar algún que otro dinerillo extra y “parar la olla”, con los derechos de autor. Las ventas que pueden haber llegado a tener estos discos plantean un interrogante, pero no deben haber sido muchas porque es muy difícil encontrarlos en las bateas de discos usados. Y en buen estado, prácticamente imposible.

El de Kubero Díaz es uno de esos discos que impresionan, en más de un sentido. La asombrosa variedad musical, la calidad de las interpretaciones, el nivel de vuelo creativo… incluso la calidad de grabación es más que aceptable, en una época en que en Argentina había un cierto desfasaje en cuanto a equipamiento y conocimiento de técnicas de audio.

“Colgado de las nubes”, el tema que cierra el LP es uno de los picos altos y un buen ejemplo para definirlo. Pasa por varios estadíos, hay un puñado de ideas musicales muy acomodadas, está bien cantado y arreglado, incluye una furibunda zapada psicodélica e incluso aparece el gran Jorge Pinchevsky con su violín mágico, un toque extra que aporta y mucho. Otra cosa que llama la atención de los discos de La Pesada en general, es que había cierto atrevimiento que en los trabajos de las respectivas bandas “oficiales” no siempre aparecía. Tenían más espíritu de aventura, menos miedo al error, quizás por tratarse de música que no iba destinada a consumo masivo, por las drogas que tenían encima... vaya uno a saber. “Todo es todo” es un rock duro y podrido que bien podría haber estado en los discos de Hawkwind de la era Lemmy y los temas más acústicos no tienen nada que envidiarle al Pink Floyd pre-Dark Side of the Moon, los de la banda sonora de More o Obscured By Clouds.

Si pudieron llevar el pan a la mesa no lo sabremos. Tampoco importa demasiado, lo cierto es que los discos de La Pesada se buscan mucho hoy en día, incluso en países que no son de habla hispana y están siendo de a poco reeditados tanto en CD como en LP. Tienen méritos de sobra.







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miércoles, 5 de noviembre de 2025

Manal - ídem [conocido como 'Manal 73']


Mucho en muy poco tiempo. Poquísimo. Nada. Los dos discos de estudio que llegaron a grabar en su apogeo salen en el mismo año. 1970. Se habían formado hacía relativamente poco y se hicieron la fama rápido, con el boca a boca. En Argentina, vale decirlo. Cuando pocos habían visto siquiera una guitarra eléctrica y ni hablemos de un amplificador. 

Inventan una cosa nueva, única, pavimentan un camino que no quedó del todo claro si fué retomado, si hubo continuadores de la idea, del concepto de banda que tan claro estaba en Manal. Era blues pero tenía tango, tenía arrabal, mucha calle, lisergia, anfetas, escuchaban a Cream pero no los copiaban, apenas si tomaban prestado el hecho de agarrar una música tradicional y deformarla. Apropiación total. Porque ¿qué tiene en común "Avenida Rivadavia" con Son House, Muddy Waters o cualquier prócer del delta del Mississippi? ¿Una manera de toca quizás? Una forma de sentir con intensidad a lo mejor, de retratar el paisaje y la época con un grado de crudeza que otros géneros no rozaban siquiera.
"Amanece, la avenida desierta pronto se agitará. Y los obreros, fumando impacientes, a su trabajo van. Sur, un trozo de este siglo, barrio industrial" dice la última estrofa de "Avellaneda Blues", patentando una poesía descarnada, nostálgica y muy vívida. Es discutible pero es muy probable que esta haya sido la primera vez en la historia de la música popular en que alguien haya abordado este tipo de temáticas. El suburbio, el destrozo moral y espiritual de la vida en la urbe, la pobreza indigna de los que quedan afuera... ese tipo de cuestiones no se abordaban todos los días. Y ellos lo hicieron con una altura impresionante, sin juicios de valor, sin hacerse los superados, incluso puede que haya sido sin planearlo, sin pensarlo dos veces, les salía eso. No importa. Lo hicieron.

Y con una música de acero. Escuchas todo lo que grabó Manal en esos dos o tres años de actividad inicial y no se parecen a nada. ¿Con qué podés comparar "Porque hoy nací"? La estructura, la psicodelia porteña y deforme, la voz gravísima de Javier Martínez, justo cuando se empezaban a poner de moda los cantantes chillones en el rock pesado. Iban a contramano de todo. Así de rápido explotaron, como la bomba de la tapa del primer disco. 

Este compilado doble es indispensable. Se edita unos años después de la separación y tiene Manal entero en el primer LP, con la lista de temas alterada, en un intento de vender algo "nuevo" posiblemente y en el segundo los singles. Sin respetar la cronología, mezclados caprichosamente, con la adición de dos o tres perlitas, como la versión de el "Blues de la amenaza nocturna" y "El leoncito". Si vas a tener un sólo disco de Manal tendría que ser este. No comprarte también el segundo, El león, sería un desperdicio. También hay que tenerlo.






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lunes, 5 de octubre de 2020

Cladio Gabis - ídem [2do. LP - 1974]


“Musicalmente está inspirado en el ágil estilo de R&B propio de Ray Charles, pero la letra, compuesta durante uno de los numerosos conflictos bélicos que enfrentaron a Israel y los países árabes, tiene un tono pesado y apocalíptico”. Eso dice su autor sobre la primera canción de su segundo LP como solista. Suerte que terminaban haciendo algo propio con la música que escuchaban, porque no se nota para nada la influencia de Ray Charles, ni queda claro a qué conflicto bélico se refería, la letra es oblicua, cosa que termina jugando a favor de la inmortalidad de esta música. Esta gente vivía en un planeta propio.

Tema dos; “Blues de la Tierra Supernova”. Impresionante. Psicodélico al máximo, la guitarra de Gabis es un vehículo para el despegue a la estratósfera, si lo escuchás con auriculares es música para levitar. Son siete minutos de un blues rock marciano. El final podría haber estado en cualquiera de los grandes discos de Amon Düül II, Agitation Free, o cualquier banda similar de aquella época. Led Zeppelin era muy popular en la primera mitad de la década del setenta y la onda del tercer disco de estudio de Page, Plant y compañía (Led Zeppelin III, del ’70) parece evidente en “Danza del mago”, que se fusiona al final del lado A con “Tema de Sonia”; vayamos al campo, aflojemos un poco con la electricidad y agarremos las acústicas, a ver qué sale. Precioso, definitivo.

Estos son más o menos los mismos músicos que habían acompañado a Gabis en su primer aventura solista, después de la separación de Manal, los que conformaban La Pesada y grabaron varios de los grandes discos de rock de aquel lustro. De hecho, en “Bajando a Buenos Aires” canta Claudio Medina, cuya voz puede reconocerse de inmediato, en un blues podrido que podría haber sido parte del repertorio de la banda que compartían. En esa vena también está “Blues de un Domingo lluvioso”, mostrando que la relectura del blues que hacían estos tipos era válida, tenía fuerza y sangre, al nivel de Savoy Brown, Fleetwood Mac o cualquier grupo de blues rock contemporáneo del hemisferio norte.

Para el final, hay sorpresa y el postre viene de la mano de “Me voy lejos de la ciudad”. A pesar de que la parte lírica es cien por ciento hippie, atada a su momento en más de un sentido, la música es impresionante. Rock. Fuerte. Rápido, palo y a la bolsa, una especie de proto-punk con mucha melodía, como si los MC5 se hubieran dado una vuelta por la city porteña, se hubieran puesto a chillar en el micrófono con Charly, Lebón y todos los que deben haber metido coros para la ocasión. Claudio Gabis y su segundo LP -homónimo- de estudio. Vale la pena redescubrirlo.







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martes, 15 de septiembre de 2026

Black Sabbath - Sabotage


Lo primero que llama la atención al darle play a este frankenstein es lo alto que canta Ozzy. Está altísimo, tan high como estaría a la hora de calzarse los auriculares para registrar para la posteridad esto, un hito en la historia de la música pesada. Es "Hole In the Sky", el tema que abre Sabotage, sexto larga duración de Black Sabbath, aparecido en Julio del '75 y el que viene después del fundamental Sabbath Bloody Sabbath.

En una de las tantas decisiones extrañas que vamos a escuchar si nos tomamos el valioso tiempo que hace falta para escucharlo entero, "Hole..." corta de repente en medio de la tormenta, en plena explosión del volcán y va a parar a un interludio de guitarra que no tiene absolutamente nada que ver, "Don't Start (Too Late)" con una cosa medio española, Juan Manuel De Falla, "Malagueña", Joaquín Rodrigo, viene por ahí. Ya lo habían hecho muchas veces, "FX" y "Laguna Sunrise" en Vol. 4, "Embryo" y "Orchid" en Master of Reality e incluso "Rat Salad", ya en Paranoid. Los tipos estaban pensando en el formato álbum, en hacer una escucha entretenida y con vaivenes, evitar la chatura. Sobre todo teniendo en cuenta que acá iba a venir "Symptom of the Universe", uno de los temas más violentos de la historia de los de Birmingham, que así y todo, incluye una parte rarísima en donde la banda baja y va a parar a una sección mucho mas calma. Hablemoslé del uso de la dinámica al gran Tony Iommi... la tenía clarísima. 

Muchos creen que Sabotage es el disco más jugado, más arriesgado de la etapa con Ozzy, podría ser, sí. Aunque los dos que vienen después no tienen nada que envidiarle en cuanto a búsqueda y eclecticismo, más allá del resultado final. Esa premisa ya estaba clara pero, si querés una confirmación, acá tenés "Megalomanía", haciendolé honor a su título en más de un sentido. Venían recuperándose del agujero que les había hecho el manager y de una etapa de excesos, supuestamente las sesiones fueron más limpias. Más allá del contexto, acá hay algo que nunca se había hecho y, al menos de esta manera, no se volvió a hacer. Es una monstruosidad deforme y sin embargo hay belleza, hay luz en el medio de semejante sordidez y este es el gran hallazgo de Black Sabbath en este período. Que podríamos decir que empieza en Vol. 4 y termina con la patada en el culo a Ozzy. Fué cuando hicieron experimentos de todo tipo, estiraron las posibilidades de la música pesada a un extremo inédito, acertando muchas veces, sin red abajo, temerarios. Y esto recién empieza, todavía faltan "Thrill of It All", "Supertzar"... los últimos cuatro temas son impresionantes, con el mismo concepto y acercamiento, volumen fuertísimo, guitarras e ideas, probemos todo... si sale o no se verá. 

El paso del tiempo parece haberles dado la razón, hoy Black Sabbath tiene muchos más seguidores que cualquier otra banda pesada que en su momento pudo haber llegado a competir con ellos. Merecidamente. En los setenta los periodistas los odiaban y no dudaban a la hora de sacudirles una crítica con más mala leche que otra cosa. Hoy, quedó claro, se cumplió aquel viejo adagio; el que ríe último...





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viernes, 17 de marzo de 2017

5 Canciones 5: Dennis Brown, La Pesada, Luna, Radiohead y The Move


Created by the Father
Dennis Brown

Uno de los próceres del reggae de raíces y lo que se conoce como lovers rock, Dennis Brown no siempre es mencionado en el podio de los grandes de la música jamaiquina, a pesar de su carrera larguísima y voz dorada. Discos clásicos como Visions of Dennis Brown o Deep Down, del '74 garantizan su estadía en el paraíso de la música. Esta es una de las tantas grandes canciones de otro disco de esos que no tienen rellenos.

Aparece originalmente en: Wolf & Leopards (1977)

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Linda ciudad
La Pesada

El segundo tema del disco más recóndito y experimental de esta suerte de seleccionado del rock del hemisferio sur. La data que manejaba Billy Bond en esta época está a la altura de cualquier vanguardista de aquel entonces, ya sea Zappa, Robert Fripp o cualquiera de las bandas del krautrock alemán. Esto es un crescendo lento y lleno de ruiditos fantasmales, no cantan, hay una orquesta ayudando a crear un clima de tensión y tiene todo lo que tiene que tener tu música favorita para las pesadillas.

Aparece originalmente en: Buenos Aires Blus (1972)


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No Regrets
Luna

Una de las canciones más versionadas del siglo veinte, con grandes interpretaciones a cargo de Lee Hazlewood, Ed Kuepper o la elegantísima versión que grabaron los Walker Brothers cuando se reunieron, a mediados de los 70's. No hay que olvidar que la original pertenece al gran Tom Rush, un cantautor de los buenos. La versión de Luna aparece en un EP del '96 y la verdad es que, a su manera, se apropian de la canción, con esos intercambios de voces temblorosas. Otra prueba de la elasticidad infinita de las canciones gigantes.

Aparece originalmente en: EP [EP] (1996)


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Desert Island Disk
Radiohead

Siempre concienzudos, conceptuales, hiper-intelectualizados, muchas veces atentando contra lo que realmente importa que es la música, Radiohead es una banda con varios motivos para ser odiada. Pero te gusten o no, les creas o no, siempre, en todos los discos hay algo interesante, algún hallazgo, algo que no lo escuchaste antes. Esto sería algo así como folk inglés de principios de los setenta pero con un pié firme en el siglo XXI.

Aparece originalmente en: A Moon Shaped Pool (2016)


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It Wasn't My Idea to Dance
The Move

A pesar de que en su momento fueron relativamente exitosos, hoy en día, son pocos los que se acuerdan de The Move y aquí va una teoría; eran demasiado eclécticos para los oídos modernos, en donde todo debe tener un nombre, una etiqueta, un "lugar" en la biblioteca babilónica de ceros y unos. Roy Wood está acreditado con al menos diez instrumentos en el último disco de estudio de la banda antes de las inevitables carreras solistas... y de Electric Light Orchestra, por supuesto.

Aparece originalmente en: Message from the Country (1971)


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miércoles, 8 de julio de 2026

5 Canciones 5: Deep Purple


No One Came

El pobre Fireball tuvo la culpa de caer justo entre los discos que toda persona de bien debería tener (o al menos conocer) de Deep Purple; In Rock y Machine Head. ¿Fuera de discusión eso, no? Acá les salían todas, bien podría ser el más variado, al borde de la esquizofrenia estilística. Prueba clara son los temas agregados a la reedición que salió hace unos años, todos golazos de media cancha que quedaron afuera originalmente. "No One Came" vendría a ser el antecesor a "Pictures of Home", con Ian Gillan casi rapeando, a toda velocidad. Otra evidencia de que Ian Paice es uno de los cinco o seis grandes bateros de la historia del rock and roll. O el hard-rock, rock duro, proto-metal... como prefieras. 


Aparece originalmente en: Fireball (1972)

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This Time Around / Owed to 'G'

Enorme influencia de alguien que, a mediados de los setenta, estaba arriba, volando altísimo. Se trata de Stevie Wonder, a quien rinden un lindo tributo, Glenn Hughes imitando las inflexiones vocales típicas y Jon Lord usando los sonidos de sintetizador patentados por el autor de Innervisions. La segunda parte del medley, un tributo a George Gershwin instrumental, tiene a toda la banda generando un clima entre macabro y blusero. De alguna manera tiene que ver con lo anterior, está bien armadito el doble homenaje. Aparece en Come Taste the Band, el primer disco -y último, por desgracia- que grabó la Mark IV y es el único de Purple en que no aparecen ni Blackmore ni Gilllan. 


Aparece originalmente en: Come Taste the Band (1975)

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Mean Streak

La esperadísima reunión de la Mark II no defraudó. Lástima que no iba a durar, en seguida volvieron las peleítas de prima donna y las batallas de egos. "Mean Streak", al igual que todo el material de Perfect Strangers, es una actualización del Purple clásico de principios de los setenta sumando el sonido y la tecnología que estaba disponible a mediados de los ochenta. Tiene el gran acierto de ser clásico y a la vez moderno y, a diferencia de mucha música pesada de aquellos años, envejeció bien. Impecable se podría decir.


Aparece originalmente en: Perfect Strangers (1985)

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Kentucky Woman

Esto puede considerarse el nacimiento de la música pesada. Y sí... ANTES que Black Sabbath y Led Zeppelin. Ese momento a fines de los sesenta en que empezaron a aparecer amplificadores más poderosos y el mundo se iba acostumbrando al rock, en todo sentido. Con Rod Evans como cantante y Nick Simper en el bajo. Este fue el single y no se lo vendieron a nadie. Pulgares a favor por elegir un tema de alguien que poco tenía que ver con ellos; Neil Diamond. Y hacer una versión como la que aparece en The Book of Taliesyn, segundo y anteúltimo larga duración de la ninguneada Mark I. Injusto, como mínimo.  


Aparece originalmente en: The Book of Taliesyn (1968)

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Smooth Dancer

La tapa es horrible, sí, todo lo que quieras. La de Machine Head igual es más fea todavía. Acá la cosa estaba tirante, iban a pasar más de diez años hasta la reuníón de la gloriosa Mark II. Igual Quién nos creemos que somos (¿podría ser así?) está criminalmente infravalorado. No creo que tenga ni un solo tema choto, todo es cómo mínimo decente y de ahí para arriba, con tres o cuatro momentos de brillantez purpleana clásica. Y este temazo sería un ejemplo, pura velocidad, nervio, gancho... todos los miembros luciéndose y un INFERNAL solo de Lord. Resumiendo, todo lo que hace de Deep Purple una banda grande, histórica, fundamental.


Aparece originalmente en: Who Do We Think We Are (1973)

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martes, 1 de junio de 2021

Moris - Ciudad de guitarras callejeras


¿A qué se parece el primer tema del disco, “Mi querido amigo Pipo”? Vamos a arriesgar una respuesta: a nada. Acá había algo nuevo. La canción es melancólica a más no poder, nostálgica, porteña hasta la médula y tiene algo de tanguero, sobre todo a nivel idiosincrasia. “Cuando quiero recordarte, entro a un bar de esos de antes y miro el mundo pasar”. De todo el rock hecho en la capital argentina antes de la llegada de la dictadura, Moris es, probablemente, el menos celebrado de los pioneros. También es cierto que su producción es más escasa, pero ese es otro asunto. Incluso en los temas más convencionales, como por ejemplo “Rock de Campana”, que por supuesto hace referencia a la localidad de la provincia de Buenos Aires, hay algo cien por ciento sudamericano en lo que hace y no sólo se trata de nombrar lugares y puntos de referencia.

Para cerrar el lado tenemos una de sus obras maestras, “Muchacho del taller y la oficina”, que podría considerarse una secuela de “De nada sirve”, uno de los grandes temas del disco debut y que tiene mucho en común con el tema épico de Ciudad de guitarras callejeras. Hay protesta, reflexiones, anfetaminas, acelere, lo que hace que muchos consideren a Moris como el primer punk de nuestro país. Para discutirlo, no vamos a entrar en esa. Acá hay una diferencia importante con respecto a 30 minutos de vida; habían pasado casi cinco años. Los tipos tocaban mucho mejor acá y se nota, los que lo acompañan son casi todos los miembros de Los Gatos, por momentos la banda va en el aire, tocando a varios centímetros del suelo. “Estoy viendo campos de concentración forzada, muchachos de veinte años siguiendo a la casta armada”. En un momento se vuelve loco, pierde cualquier tipo de interés por seguir la métrica y deja que la música se adueñe de su cuerpo y abandone su intelecto. Al final hay una sección diferente, más reflexiva, pero cuando el vuelo es en caída libre, no tiene nada que envidiarle a los grandes discos de La Pesada. Otra vez, la banda que lo acompaña dá cátedra durante los casi diez minutos de duración. Ya con eso nos podríamos dar por satisfechos. Pero el disco recíen va por la mitad.

Para empezar la segunda parte nada menos que “El mendigo del Dock Sud”. La clásica fantasía escapista del poeta que anhela la libertad a través de la salida del sistema, de dejar de lado las posesiones materiales. Esto se hizo de diez mil maneras diferentes. Pero como lo hace Moris en su segundo disco… así no lo hizo nadie. Al final, el último gran tema del disco “De aquí, adónde iré”, con esa calidad que tiene el tipo para ser elocuente y poético a la vez, para sonar bien sin dejar de lado el lenguaje de la calle, cotidiano. De acá despegaba para España, en donde supuestamente le fue bastante bien, representando -otra vez- a un buen puñado de argentinos que ponían proa hacia la vieja Europa. Continuará…








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Sandro - Quiero llenarme de tí (vibración y ritmo)
Moris - Fiebre de vivir
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jueves, 3 de mayo de 2012

Kaleidoscope [US] - A Beacon from Mars


Una miradita rápida a los créditos siempre ayuda a tener un pantallazo de lo que vamos a encontrar a la hora de poner “play”, bajar la púa o hacer click con el ratón. Además de las guitarras habituales encontramos la siguiente lista de instrumentos: órgano, harmonio, dobro, violín, arpa, mandolina, timpani, gong y clavicémbalo. Y los más frecuentes, como piano o armónica, por supuesto. Es que el principal argumento de venta de los Kaleidoscope californianos (porque hay otros ingleses y encima contemporáneos) es ese; la banda está llena de multi-instrumentistas y los géneros que tocan son unos cuantos. Los puristas no teman; es una banda de rock, con todas las de la ley.

A Beacon from Mars es el segundo disco de estudio, el que le sigue a Side Trips, uno de los grandes debuts olvidados del rock en general y de la psicodelia en particular. Además de la música de la Mesopotamia asiática, de los ritmos africanos y de las excursiones por la música celta, lo de Kaleidoscope, en realidad, viene por el lado del folk. Es, a la hora de los bifes, el tamiz por el que pasan todos los estilos que abordan. Dylan dice presente, como casi siempre, los Byrds otro poco, Hank Williams podría ser, pero sí, son eclécticos pero tampoco se crean que esto es algo imposible de escuchar, parten de una base que todos conocemos de memoria. A Beacon… está estructurado de una manera bien definida; son ocho canciones, a priori podría parecer poco, pero al final de cada uno de los lados (en el LP original) están los verdaderos motores del disco, en donde le dan rienda suelta a sus indulgencias, se permiten mostrar lo que saben y de paso confirmar que se puede ser ambicioso, tocar bien y no ser un bodrio intragable. Al final del lado “A” está "Taxim" y es… ¿Cómo decirlo? Mientras que la psicodelia mayormente no hizo mucho más que mojar el dedito gordo en la inmensa pileta de la música hindú (sí, gracias Harrison), los Kaleidoscope se zambullen de cabeza y hacen malabares sin red. Son casi doce minutos de la música más hipnótica que se pueda imaginar, en manos de una banda occidental. Supuestamente grabado en vivo y a una sola toma, con el correspondiente tufillo a pachuli a la orden del día.

Después los tienen haciendo ragtime con total soltura en "Louisiana Man" o tocando blues rock con unas guitarras podridas, bien de la época, en "You Don't Love Me", sonando a la altura de Cream o cualquier grupo más famoso de fines de los sesenta. En realidad todo termina pareciendo una suerte de aperitivo para lo que se viene al final, el otro tema épico que se llama casi como el disco; "Beacon from Mars", algo así como “un faro desde Marte”. El título es perfecto para describir la música (y el estado de ánimo) de esta última composición. Ni más ni menos que quince minutos de música intergaláctica, lisérgica, improvisada. Son pocos los que pueden salir bien parados de semejante empresa. Los Kaleidoscope entran en el selecto grupo.

Como pasa muchas veces, algo que para muchos es una gran virtud, para otros es una pesada carga y, la misma esquizofrenia musical que hoy nos hace sacarnos el sombrero, fue la causante de la falta de éxito -a nivel ventas- de estos californianos somnolientos, para ponerlo simple; no sabían cómo venderlos.
Pero cuidado, así y todo hicieron dos discos más en un nivel similar y otros menos valorados, estos últimos casi sin integrantes originales. Kaleidoscope, una banda que sí que le hace honor al nombre.








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Kaleidoscope [US] - Pulsating Dream: The Epic Recordings (incluye los primeros cuatro LPs + simples)
Ry Cooder - ídem [1er. LP - 1970]
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martes, 9 de octubre de 2018

The Eric Burdon Band - Sun Secrets

Horacio "Bombacha" Embón, el cronista exaltado


NOTA: los datos que aqui se pueden obtener sobre la obra y vida de Eric Burdon, no sólo no están chequeados sino que han sido pasados por el tamiz de un cronista en completo estado de exaltación. Dicho y aclarado esto, prosigo:

Dentre las bateas del flaco Acosta asomó y a precio regalado.

Uno de esos que sabes, no pueden fallar, la talla es grande y el año: 1974.

No solo eso, los ecos de WAR y cantar (muchas veces gilada) arriba de una base tocada por los afroamericanos mas negros y mejores músicos de su tan querida California, se hacen presentes en un nuevo formato, dejando atrás la golosina funky, optando por un terreno más bien muy rockeado y tocado con solvencia por unos negros menos negros que se juntaron con el petiso, grabaron esta obra maestra y se vieron destinados a perecer en el más puro e indiferente anonimato debido a la negativa del enano a lanzar Sun Secrets al mercado discográfico del momento.

Salió a posteriori en el '75, año en el que es sabido Eric Burdon abandonó sus intentos en solitario para años luego volver a robar con The Animals, antes de que sean tan malvadamente interrumpidos en el '77. Durante esos dos años, Eric Burdon se dedicó al fly-fishing por un tiempo instalándose en San Miguel del Monte para luego hacer definitivo su destino en Bahía Blanca, lugar en el que luego bautizó un Ford Falcon de un militar muy jodido de la época. Luego regresó a L.A. y "nunca más volvió" comenta Matildo, un lugarteniente de la zona de Pergamino.

Para empezar, voy a decirles que el lado A de esta reliquia no tiene parangón alguno en relación a las canciones que compone, ya que si bien son clásicos de la era de The Animals junto a Mickie Most, aqui suenan versionadas, sólamente cayendo en algunos clichés básicos de las composiciones originales. Todo el alegrón adolescente británico que acaecía por esos primitivos años de comienzo de la década de los '60, aqui se enroca por el más podrido conjunto típico de componentes de rock valvular, algún que otro eco de ácido lisérgico de la era solista junto a The New Animals y con el foco absoluto puesto en distorsión, delay, feedback y un sinfín de yobur roñoso que hacen que las canciones sean prácticamente maltratadas (para bien) de forma que Eric pueda chillar como una oveja toda empapada de Fritolín. Vamos a los bifes: la placa arranca con el clásico inoxidable: "It's My Life". En ella Eric canta la posta de que va hacer lo que se le venga en absoluta gana y ya de por si nos da un indicio de las intenciones de este árgun. Una versión muy rockeada de entrada, en la que podemos notar una banda totalmente ajustada a los caprichos del susodicho.

El segundo track, un tema del disco Love Is: "Ring of Fire" (traducido como anillo de cuero en algunos países), se caga tremendamente en su formato original, para resultar en un chicle nuevo que nunca, pero nunca dejará de tener gusto. Un verdadero highlight en la discografía integra del petiso. Para el tercer tema, la cosa se va bien pero bien a la mierda: un medley de esos a los que nos acostumbró Burdon en los discos con WAR que consta de 2 temas, uno medio tapado de The Animals: "When I Was Young" para terminar con "War Child", canción que funciona como coda resultando en un experimento de puro ruido, chillidos, gritos alucinantes y locura infernal. Luego, el 4to y último tema de la cara A: "The Real Me". Un tema nuevo que rockea derecho y parejo, y del cual saco algunas similitudes con The Who de la era Quadrophenia (y no solo por el tema de igual nombre que contiene dicha placa). Un tema para montar en pelo a sol y sombra, con un Eric Burdon que da cuenta de su enojo cuando tuvo que disfrazarse de la pantera rosa en el trencito de la alegría y no lo dejaron hacer su famosa doble mortal por temor a que rompa la parte superior del traje, que ya bastante descocida estaba.

Lado B:
Como era de esperarse al tema: "Don't Let Me Be Misunderstood" se le ha faltado el respeto de forma cruel: básicamente solo el icónico riff queda de su versión original y la melodía del estribillo está cambiada de forma tal que si quisiéramos cantarla vamos a quedar con los dientes desparramados por el piso. De todas formas, amé con toda mi bombacha este intento irrespetuoso de cambiar un viejo clásico en favor de rockearlo y hacerlo más misterioso. Podemos decir que hasta acá llegamos, pero nos quedan dos temas que tranquilamente podrían haber sido editados en discos como Every One of Us o Winds of Change. "Letter from the County Farm" resulta en un relato de trece minutos en el que el enano tira absolutamente cualquiera, fiel a su estilo, con su vozarrón del cual él mismo se nota enamorado, y que funciona como un canto apaciguado en cuatro secciones, que cae en mismas cantidades, y de forma intempestiva, en un estribillo tremendamente inesperado y memorable. Para cerrar la obra maestra: "Sun Secrets", tema que da nombre al disco: el único que podríamos fácilmente ignorar dentro de este maremagnum de intensidades, se trata de una rola instrumental cálida y que sirve para cerrar un disco realmente fenomenal y poco conocido de nuestro héroe.

Eric Burdon, petiso bravo y caprichoso que nos ha regalado una obra musical inconmensurable y que será recordado como una de las voces fundamentales del rock y que ha inspirado a miles, hoy vive una vida tranquila en Balcarce, provincia de Buenos Aires y es acérrimo seguidor del TC 2000 teniendo entre sus laureles obtenidos por su carrera musical, una pequeña malaquita que perteneciera a Don Juan Manuel Fangio.

Sin otro cantar, aqui se despide:
Horacio "Bombacha" Embón.







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Eric Burdon & WAR - The Black Man's Burdon
Billy Bond y la Pesada  - Vol. 2
Cream - Wheels of Fire



lunes, 8 de noviembre de 2021

5 Canciones 5: Hawkwind, vol. II


Magnu

El último disco de Hawkwind con Lemmy, que fué echado de la banda un día antes del lanzamiento de este, quinto LP de estudio. Si querés un tema para mostrar, representativo, bien podría ser este, encargado de abrir la cara B. Ruiditos de todo tipo, percusión, maldad, clima siniestro... son casi diez minutos de psicodelia pesada. Como esas películas que advierten sobre el contenido ("esto puede ser perjudicial para cierta gente") para ir dejando afuera a los susceptibles, alejate de "Magnu" si no estás preparado para una experiencia fuerte.

Aparece originalmente en: Warrior On the Edge of Time (1975)

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Hassan I Sahba

Adaptándose con naturalidad a los tiempos que corrían. Hawkwind fué una influencia no menor en los pibes que formaron las bandas punk, a mediados de la década del setenta, muchos los habían visto en vivo y aprendieron un par de lecciones de los amos del rock espacial. En Quark... hay un lavado de cara en el sonido sin perder identidad. Y en este temazo hay un solo de violín de Simon House que despega hacia la estratósfera.

Aparece originalmente en: Quark, Strangeness and Charm (1977
)

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The Hills Have Ears

A pesar de que el único miembro original que queda es Dave Brock, el hecho de que sigan en pié ya es algo y, en la forma en que están, es poco menos que un milagro. Onward es un disco doble con mayoría de temas nuevos y algunas reversiones de viejos clásicos (una costumbre de los últimos veinte años) de la historia de la banda."The Hills..." empieza con los efectos espaciales habituales, pero cuando entra la banda es un vendaval sonoro arrasador. La voz fantasmágorica bien aguda es toda una novedad. Contundencia y vigencia. Hawkwind para hoy, mañana y siempre.

Aparece originalmente en: Onward (2012)


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Sleep of a Thousand Years

Las cosas se iban poniendo heavy metal para los Lores del Espacio. Por supuesto que si iban a hacerlo iba a ser a su manera. La cosa es sencilla; si NO te gusta Hawkwind, por más que te guste el heavy metal este disco NO va a "entrar". En cambio, si te gusta Hawkwind y NO te gusta la música pesada, The Chronicle... puede ser de tu agrado. Acá están todos los elementos para los conversos; el cuelgue, la dinámica, el ida y vuelta de las ideas musicales, etcétera. Con un cambio de sonido bien acorde a la época. TEMAZO.

Aparece originalmente en: The Chronicle of the Black Sword (1985)


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Dust of Time

Aparentemente el colorado Ginger Baker siempre había querido tocar en Hawkwind, duró un sólo disco, Levitation, pero es uno de los fundamentales. "Dust of Time" es otro lavado de cara en el sonido de la banda, una suerte de new wave mezclada con rock pesado. Con los efectos de sonido que siempre fueron marca registrada. La parte instrumental, con esos arpegios de piano, lo convierten en uno de esos temas diferentes, va volviendo de a poco y estalla, por supuesto.

Aparece originalmente en: Levitation (1980)


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