• Cuando lo ví en vivo en el balneario de Salto, yo tenía unos diez años y el llegó en una canoa, acústica en mano. Era la única forma de acceder al escenario por la inmensa cantidad de gente que había. Lo primero que pensé fué algo del tipo "alguien que es tan querido y popular no puede ser otra cosa que un tipazo".
• Mis viejos lo veneraban y lo escuchan mucho en mi casa, eso influía en mi apreciación. Además para mí siempre tuvo un carisma impresionante.
• Un amigo que fué de gira con León, como guitarrista, contó que casi todas las noches iba a la pieza de ellos a fumarse un porrito antes de irse a domir y que su forma de ser era... bueno... lo que transmite.
• Que siempre hablaba de Dylan en las entrevistas.
• Cuando de más grande me compré los discos y confirmé que su obra es grande, más de lo que todos conocemos, buscó en algunos lugares que no trascendieron, siempre fué congruente y es de los pocos que todavía esgrimen algo relativamente parecido a ideología, sin caer en panfletarismos o eslóganes. Esto último algo muy difícil de manejar siendo una persona pública.
• Y que con esta canción me reencontré después de los cuarenta años, con algunas palizas encima y me recordó que varias de mis elecciones, al fin y al cabo, no fueron tan equivocadas. O que al menos decidí con el corazón, como me enseño León, cuando era un pibito.
Podés escucharla en YouTube.
Encontrala originalmente en:
Epopeya. Así se puede llamar a lo que hizo León Gieco con De Ushuaia a La Quiaca. Además fué su manera de hacer patria sin levantar banderas. En realidad las levantó, siempre, como cualquiera que lo conozca podría notar. Lo hizo con una habilidad increíble. En cualquier lugar del país en que toque, va a estar lleno. No cualquiera.
De Ushuaia a La Quiaca, Vol. 1 (1985)





























