"¿Qué es esta mierda?" Así empezaba la reseña que escribió Greil Marcus para Rolling Stone, cuando salió este disco, en el año 1970.
Vamos con una breve recapitulación. ¿Dónde estaba Dylan en aquel entonces? Mientras el mundo se partía en dos de una vez y para siempre, el estaba aislado en el medio del campo criando hijos, lidiando con pañales cagados. ¿Qué había pasado en el medio? Hacía menos de dos años Bob Dylan era visto como un profeta, un Aladino de la poesía, un faro incuestionable. Se debe haber asustado ante semejante responsabilidad. ¿O se le fue de las manos lo que él mismo se había encargado de alimentar? Vino lo del accidente en moto, que nunca se supo si ocurrió o fue una excusa para aflojar un poco el ritmo. El costado mitológico ya tenía escritos unos cuantos capítulos.
No faltan quienes creen que Self Portrait fue otro intento de sacarse de encima esa mochila, pesadísima. Incluso, Nashville Skyline y New Morning (el siguiente) pueden ser vistos como medios para un mismo fin; desmarcarse, salir de un rol. Hacía rato que no tocaba y aún así seguía teniendo marcianos revolviendo su basura -literalmente- y tocandolé timbre, era hora de redoblar la apuesta. Saca un disco doble de una sencillez inédita, alejándose de cualquier simbolismo o resignificación poética. Nada de lectura entre líneas. Con versiones insólitas, sobreproducido, lleno de coros femeninos y con la voz que había usado en "Lay Lady Lay", que nunca nadie supo acomodar. Y nunca volvió a usar.
El que había firmado "My Back Pages" y "Visions of Johanna" grababa "Blue Moon", "Woogie Boogie", una lectura pobretona de "Like a Rolling Stones", "The Boxer" de Simon & Garfunkel. ¿Dylan versionando a uno de sus contemporáneos? "Take Me as I Am", "Take a Message to Mary" y "Let It Be Me" no eran precisamente llamados a las armas. Más bien lo contrario, eran mensajes reaccionarios y en más de un sentido.
Y justo cuando había que tomar partido, cuando eras parte del problema o de la solución, que salga a la calle un disco como Self Portrait... fue una traición para muchos, un suicidio artístico para varios y un acto de valentía para unos pocos. Ojo que acá también están "Copper Kettle", enorme en su modestia y "Early Mornin' Rain", de Gordon Lightfoot, imposible de arruinar, además se nota que a Dylan le encanta. "Days of 49" tiene algo del poder redentor que volvería a fines de los setenta y "All the Tired Horses" no se parece a nada, ni antes ni después.
Algo parecido a una reivindicación llegó cuando salió el Volumen 10 de las Bootleg Series. Se llamó Another Self Portrait y los comentarios fueron positivos a un extremo casi sospechoso. ¿Qué pasó? ¿Eran otras sesiones? ¿Algunos no sabían con qué lidiaban cuando les encargaron comentarlo en la redacción? ¿O no se animaron a bajarle el pulgar a Bob? Muy pocos se la juegan, nadie se anima a hacer eso, hoy. Robert Allen Zimmerman, el pibe de Duluth, Minnessotta... ¿lo habrá planeado?
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