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martes, 23 de agosto de 2016

Muddy Waters - The London Muddy Waters Sessions


La idea del sello Chess era simple; llevar a los tipos que lo habían inventado todo a Londres y juntarlos con los super astros del rock que les habían choreado… bueno, casi todo. En los papeles la idea sonaba diez puntos y era relativamente fácil de llevar a cabo. Era cuestión de levantar el teléfono y preguntar. ¿Quién podía negarse a tocar en una grabación con Chuck Berry o Howlin’ Wolf? Ellos tuvieron sus London Sessions, de manera que Muddy Waters también tendría la suya.

A diferencia de los otros discos, lo de Muddy fue un tanto más discreto, se optó por no atiborrar el estudio de músicos y hacer una cosa más íntima, más cercana a lo que era Muddy a principios de los sesenta, cuando tocaba con Willie Dixon y Buddy Guy en discazos insuperables como Folk Singer o el mítico At Newport.

En The London Muddy Waters Sessions hay un pequeño gran detalle que hace que el disco se eleve a otra categoría; está Rory Gallagher. El as de las seis cuerdas venía de separar Taste y daba sus primeros pasos como solista, cuando lo invitaron a las sesiones no lo dudó un instante, se le estaba haciendo realidad un sueño. El irlandés siempre fue sinónimo de buen gusto, sangre, economía de recursos y eso es lo que despliega a lo largo y ancho de este disco, tocando al lado de su héroe, admirándolo y respetándolo, pero sin excesio de reverencia. En el bajo está Rick Grech, bajista de Traffic y Blind Faith, Steve Winwood toca unos discretos teclados en varios temas y el baterista de la Jimi Hendrix Experiencie, Mitch Mitchell aparece en dos tercios de las canciones. El repertorio consiste en cuatro temas del enorme Dixon, de los cuales destaca una sensacional interpretación del clásico “I’m Ready”. De los originales vale la pena repasar “Sad Sad Day”, en donde Muddy da una clase de guitarra slide, para dar paso a un solo de teclados medio raro y dubitativo de Winwood, que muestra que la improvisación en estas sesiones estuvo a la orden del día. El reposado “I’m Gonna Move to the Outskirts of Town” tiene unos vistosos arreglos de bronces.

Lo valioso de este disco es escuchar a los alumnos reverenciando al maestro y, a diferencia del disco equivalente de Howlin’ Wolf, en donde el viejo parece estar un poco incómodo, apreciar a un gigante disfrutando de hacer lo que sabe; tocar blues. Y hacerlo como nadie.







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miércoles, 2 de marzo de 2016

Muddy Waters - Fathers and Sons


Otra demostración de que el blues, el verdadero blues, no necesita de artificios para levantar vuelo, de que depende mucho del clima generado a la hora de su cocción y de que, en los papeles, no es mucha la distancia que separa a los genios del género de los meros ejecutantes, aficionados o imitadores. Pero esa distancia, en la práctica, es abismal. No hace falta más que escuchar un disco como este y después uno que no sea hecho por los verdaderos padres del asunto, para notar la diferencia, más que evidente.

Y hablando de padres e hijos, era esa la intención original de este coloso doble, de fines de los sesenta; juntar a la primera camada con los continuadores, con los hijos que empezaban a aparecer por todos lados y ver qué pasaba con esa fusión, con esa mezcla. ¿Lo lograron? No del todo se podría decir. Las grandes estrellas de la nueva generación reverenciaban a Muddy Waters y esa es la actitud que parecen elegir a lo largo y ancho de este disco. Reverencia, admiración... tanto Paul Butterfield como Mike Bloomfield parecen contentarse con dejar que quien figura en letras de molde en la tapa sea el protagonista. Más allá de si está bien o mal, la verdad es que Muddy se luce y si la fusión en realidad no existe, no importa porque los beneficiados somos nosotros, como oyentes. Fathers and Sons tiene todo lo que un gran disco de blues tiene que tener; frescura, espontaneidad, cierto nivel de suciedad y mugre, barro en las pistas, confianza y solos, muchos solos. En este último apartado sí que hay lugar para todos, el eterno Otis Spann se luce (y acompaña con maestría en todo el resto) en las teclas en “Twenty-Four Hours”, el clásico de Eddie Boyd y Bloomfield hace lo propio en “Walkin’ Thru the Park” para después dejar que Butterfield levante vuelo en “All Aboard”, encargado de abrir el fuego en el LP original.

En la batería está Sam Lay y el bajista es Donald “Duck” Dunn, mítico cuatro cuerdas de Booker T. & the MG’s, de recordada participación en la película The Blues Brothers. Es el mismo personal el que aparece a lo largo del segundo disco, registrado en vivo, más o menos en la misma época que las grabaciones de estudio. Acá la calidad de audio es un poco inferior, pero el nivel de exitación está por encima y se nota. Blues del clásico, del viejo y del bueno. Infalible.








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domingo, 21 de agosto de 2016

5 Canciones 5: versiones de Muddy Waters


Stuff You Gotta Watch
Levon Helm

¿A alguien se le ocurre otro baterista que cante, toque, interprete y escriba con la pasión que lo hace el ex-The Band? Pocas personas transmiten la pasión de juntarse a tocar como el. Viejo conocido de Muddy, el viejo bluesman aparecía como invitado en la mítica El Último Vals de Scorsese y Levon había producido el magnífico The Muddy Waters Woodstock Album a mediados de los setenta, en su estudio de Arkansas. El mismo lugar en donde se grabó Electric Dirt. El círculo se cierra.

Aparece originalmente en: Electric Dirt (2009)

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Little Geneva
David Johansen and the Harry Smiths

O la vida de excesos en realidad hace bien o el cantante de los New York Dolls en realidad es más sano que Gandhi. Aparentando al menos veinte años menos de los que en realidad tiene y habiendo cambiado de disfraz musical varias veces (¿Alguien se acuerda de Buster Poindexter?) con su banda The Harry Smiths homenajea, ya desde el nombre, la música de raíces, particularmente el blues clásico de la era de oro del género. Acá hace temas de Lightnin' Hopkins, Sonny Boy Williamson y Mississippi John Hurt con un nivel de autenticidad y solvencia que sorprende.

Aparece originalmente en: David Johansen & the Harry Smiths (2000)


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Rock Me
Hound Dog Taylor & the House Rockers

Otro que ha sido revalorizado ultimamente por su actitud punk de grabar como sea, sin calentarse demasiado en pulir los errores y dejar todo librado a la espontaneidad del momento, sacrificando prolijidad por frescura. Uno de los grandes discos en vivo de un sello discográfico emblema de la segunda oleada de blues clásico; Alligator Records.

Aparece originalmente en: Beware of the Dog (1975)


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Baby Please Don't Go
U.K. Subs

El inagotable Charlie Harper saca un disco mitad covers / mitad originales con sus inagotables U.K. Subs, haciendo versiones increíblemente roñosas de Roky Erickson, Chuck Berry, The Doors, etc. Decir que "Baby Please Don't Go" es de Muddy Waters es casi un eufemismo a esta altura (en realidad fue el primero que la grabó en formato eléctrico), la han hecho los MC5, Them, AC/DC y la lista podría seguir. Acá la cosa se pone rápida y furiosa, con los dientes apretados, a pura mugre, como debe ser.

Aparece originalmente en: Mad Cow Fever (1991)


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It's All Over
Chris Cacavas

Probablemente la reinterpretación más original e inspirada de las cinco que aparecen en esta humilde lista, a cargo de Chris Cacavas, ex-Green On Red, Giant Sand, Dan Stuart... esos eternos colaboradores que cada vez que juntan unos mangos se los gastan en hacer sus pequeños / grandes discos solistas. El original de Muddy es un verdadero "tapado" y el tratamiento que recibe en este disco del 2002 es una verdadera sorpresa, con un hermoso solo de guitarra disonante y podrida en medio de una suerte de balada desértica. A escucharla se ha dicho.

Aparece originalmente en: Bumbling Home from the Star (2002)


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domingo, 23 de marzo de 2025

5 Canciones 5: Coni Cibils, Miles Davis, Muddy Waters, Fairport Convention y House of Love


Dejarte ir
Coni Cibils

Si hubiese nacido en USA estaría seguro en el sello Jagjaguwar y la nombrarían en las mismas revistas (¿revistas?!?!?) en las que salen Marissa Nadler, Angel Olsen o Jessica Pratt. Chicas con mucho talento y un costadito oscuro, que al mezclarse con la ternura y delicadeza de la voz femenina logra un contraste extraordinario. Me gusta la sencillez y falta de pretensiones con que retrata uno de los momentos más dolorosos en la vida de los humanos, ese en que uno no sabe bien qué hacer y decide en pos de la supervivencia, de salir lo menos herido posible de la rotura de corazón.

Aparece originalmente en: Un lugar (2011)

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Saeta
Miles Davis

Hay un tema de Serrat en el disco Dedicado a Antonio Machado que se llama igual que este, que aparece en una de las primeras obras maestras de Miles Davis. Cerca de Kind of Blue y mucho antes de Bitches Brew, On the Corner y esos discos que reventaron en mil pedazos la historia de la música popular. Hay algo muy sórdido en cierta música española y en estos surcos está en su esplendor, con los arreglos que hicieron con Gill Evans de El Concierto de Aranjuéz, del gran Joaquín Rodrigo. Acá hay sangre, sudor y Arabia, es decir; España.

Aparece originalmente en: Sketches of Spain
 (1960)

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Ramblin' Mind
Muddy Waters

Al igual que lo que pasó con Howlin' Wolf (su disco decía "A él no le gusta" en la tapa) Muddy Waters había grabado Electric Mud el año anterior, acompañado por una banda de pibes blancos mucho más jovenes. Y tampoco estaba muy conforme con el resultado. Supuestamente Leonard Chess quería que sus estrellas se acercaran a otro público y aprovecharan el revival del blues que estaba en pleno apogeo. Y en "Ramblin'..." los pibes van en el aire, con algun que otro porrito encima y mucha psicodelia. Vale decir que Muddy suena endiablado, se ve que acá lo compraron y se puso las pilas.

Aparece originalmente en: After the Rain (1969)

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The Lobster
Fairport Convention

El primero de la que quizás sea la banda emblema del folk inglés está lleno de covers (Emmitt Rhodes, Joni Mitchell, Dylan) que contradicen la flema británica de Fairport Convention. Pero la otra mitad son temas propios y este ostenta un nivel de vuelo y delirio que puede hacer levitar a un luchador de sumo. Acá todavía no estaba Sandy Denny y Richard Thompson era apenas un adolescente tardío. Igualmente la tenían clarísima, tocando, componiendo y arreglando. Produce Joe Boyd, quien acá se luce, haciendo un trabajo admirable, misterio, oscuridad y originalidad. No cualquiera. ¿Tradición? Sí, sí, pero innovando a la pasada.


Aparece originalmente en: Fairport Convention (1st LP -.1968)


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Sulphur
The House of Love

A diferencia de casi todas las bandas de la llamada C86 (McCarthy, los primeros Primal Scream, etcétera) en House of Love había groove, te hacían bailar sin que lo puedas controlar y este tema sería un ejemplo. Además dominaban -y hacían facha- con la dinámica en las canciones. Acá las estrofas van en un plan tranquilo y super canchero, hasta que se produce un estallido guitarrero que bien podría considerarse un estribillo. Dato de color: Guy Chadwick, el guitarrista cantante y compositor, mentía con la edad, restándose un lustro para acomodarse a lo que pedían las discográficas en aquel entonces.

Aparece originalmente en: The House of Love (1er. LP - 1988)

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jueves, 7 de septiembre de 2017

Willie Dixon - I Am the Blues


Pocos han hecho tanto para el desarrollo de la música moderna como este hombre. Como parte del equipo estable del sello Chess de Chicago, produjo, compuso, arregló y tocó en más canciones que las que se han podido documentar. Una buena porción fueron temas compuestos por él mismo y se cree que es autor de unas quinientas piezas, aproximadamente.

A pesar de que venía trabajando activamente y a esta altura era sinónimo de calidad, I Am the Blues, aparecido en 1970, es recién el sexto disco de estudio de Willie Dixon como solista, con su nombre en la tapa, por extraño que parezca. Lo suyo no era el estrellato, de hecho llegó a la gran ciudad para triunfar como boxeador, en donde no le fue del todo mal, pero lo suyo, claramente, estaba en otro lado. A fines de la década del sesenta debe haber sentido la necesidad de reclamar lo que era suyo. El blues que ya tenía unos cuantos años, estaba otra vez de moda. Se habían grabado infinidad de versiones de sus temas y era el momento perfecto para mostrar cómo era que se hacían las cosas.

Un vistazo a la contratapa de I Am the Blues, a la lista de temas, sobra para ver que estos son los temas que forman parte del canon imprescindible del género. Varios fueron grabados por primera vez por el gigante Howlin’ Wolf (en este disco toca su fiel guitarrista, Hubert Sumlin), otros tantos por Muddy Waters y no faltan las versiones de bandas más actuales, como The Doors, Rolling Stones y Led Zeppelin. La banda de Page, Plant y compañía incluso tuvo un pequeño deslíz, al no darle el crédito correspondiente al bluesman por “You Shook Me”, del primer LP homónimo de los ingleses, cosa que se corrigió con los años, después de no pocos litigios legales. El disco abre con una poderosa versión de “Back Door Man”, uno de sus grandes temas, con un sonido moderno, adaptado a la época y con un Dixon en muy buena forma como cantante. ¿Por qué será que una música en apariencia sencilla y sin demasiados rebusques suena tan bien en manos de sus intérpretes originales y no tan bien (por no decir pésimo) en manos de gente que se acerca al género de manera irrespetuosa o despreocupada? Están quienes creen que esta música es puro sentimiento, que se lleva en la sangre y demás explicaciones de tipo metafísico y, a la hora de escuchar y hacer comparaciones, puede ser que algo de eso haya.

En vez de preocuparnos y hacernos preguntas sin respuesta mejor escuchar el solo de piano de “I Ain’t Superstitious”, uno de los temas enormes de la música popular del siglo veinte. También de la pluma de Willie Dixon, por supuesto.








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lunes, 26 de julio de 2021

5 Canciones 5: Giant Sand, Edgar Broughton Band, Red Hot Chili Peppers, Edwyn Collins y Jean-Luc Ponty


Love Comes Over You
Giant Giant Sand

Que preciosura ese arreglo de piano que aparece en el lugar del solo, contestado por pedal steel, guitarras, cuerdas... una belleza absoluta. Tucson es quizás la obra maestra de Howe Gelb, el capo de Giant Sand, el tipo que más discos debe haber hecho en los último veinte años. Este es su Tommy, su ópera rock, un disco doble con un concepto y una historia. Tiene la particularidad de que se puede sacar las canciones de contexto y siguen teniendo peso. Como en el caso de este temazo, en donde canta Brian Lopez, uno de los miembros de la banda.

Aparece originalmente en: Tucson (2012)

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Momma's Reward (Keep Them Freak's a Rollin')
Edgar Broughton Band

Nunca más evidente el fanatismo por Captain Beefheart que en este temazo del segundo disco de estudio de los ingleses Edgar Broughton Band. La voz es casi igual, podrida, histriónica a más no poder, con los malabares caricaturescos a la orden del día. Esto es como ver It o alguna de esas películas con payasos en que no sabes si la idea es reirse o tener miedo. Mucho miedo. Homenaje a Muddy Waters tanto en la música como en el título.

Aparece originalmente en: Sing Brother Sing (1970)


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Tearjerker
Red Hot Chili Peppers

Cuando los Peppers aflojaban un poco con las acrobacias, dejaban de lado cierto costado medio bobo que tenían y pelaban una balada, como en este caso, la rompían. Hay algunas que ya no se puede escuchar, fueron gastadas y achicharradas, se les sacó todo el jugo que tenían. Hay que ver qué pasa de acá a diez años. Este por suerte no sonó en casi ningún lado, no fue corte de difusión y tiene algo de magia. Melodía interesante, cambios de acordes inesperados, buenos arreglos y hasta una cosa medio beatle, si se quiere.

Aparece originalmente en: One Hot Minute (1995)

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I Still Believe In You
Edwyn Collins

En una época, si te subías a un taxi en Buenos Aires, era muy probable que sonora en la radio aquel "A Girl Like You" con que la recontra pegó, a mediados de los noventa. Era un temazo. Pero el amigo Edwyn ya tenía un pasado, como líder y alma máter de Orange Juice. Este gol de media cancha pertenece a su primer disco post-operación (tuvo un ACV) aunque el accidente fué mientras grababa el disco anterior. Un riff medio Stooges, la voz sigue ahí, presente, única e inigualable. Más grave y curtida que nunca.

Aparece originalmente en: Losing Sleep (2010)


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Mystical Adventures, part III
Jean-Luc Ponty

Siete minutos que forman parte de una suite dividida en cinco partes. De movida te mete en un viaje futurista, con una base rítmica medio krautrocker, bien constante, que deja lugar a que la guitarra se luzca, al principio. Esto puede haberse intentado varias veces y está muy relacionado a una época, pero si le ponés lo que hace falta, te puede llevar lejos, muy lejos. Recién en la segunda mitad entra el violín mágico de Ponty.

Aparece originalmente en: Mystical Adventures (1982)

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lunes, 4 de marzo de 2024

Taj Mahal - The Natch'l Blues


Hay una diferencia entre lo que grabó al principio, el material con el que se forjó un nombre y la música del resto de su carrera. En sus años siguientes hizo de todo, siempre con cierto criterio y con una dirección clara, definida. Hasta grabó discos de reggae, como el extraordinario Mo’ Roots, del ’74, un poco antes de que Marley pasara a ser una super estrella mundial, cuando era apenas un secreto entre músicos y enterados.

Al principio era una suerte de curador del blues, un archivista. Parecido a lo que hizo con el folk y el country Ry Cooder, también en sus primeros LP de estudio, cuando todavía no componía temas propios. Hablando de Cooder, los dos tenían una banda que se llamaba Rising Sons, con apenas veinti-pocos, unos años antes de la fiebre del acid-rock y el flower power, a contramano de todos. Grabaron un disco para Columbia Records que quedó archivado (en los noventa se editó) a pesar de su evidente calidad y la banda se separó.

Hacían más o menos lo que practicó Taj Mahal al principio, algo así como un estudio del blues clásico, una relectura que evitaba la obviedad. Digamos que no es que hacían temas de Muddy Waters, sin que eso significase que no apreciaran el trabajo de los grandes pioneros. Lo de ellos tenía más que ver con un rescate del olvido de héroes de culto. Tenían un conocimiento enciclopédico de cierto espectro de la música de raíces yanqui. ¿De dónde sacarían esa data recóndita? ¿Bibliotecas? Bueno, vivían en California por empezar, un lugar en donde el menor atisbo de cultura era estimulado, bien visto, recompensado incluso. Si estabas interesado y eras curioso, ese material estaba ahí, al alcance. Sólo había que saber a dónde ir a buscarlo. Y el que es buen pescador sabe muy bien en qué lugar del río está el meollo de la cuestión.

Además los tipos les daban una vuelta de tuerca. Y manejaban un balance interesantísimo entre reverencia y desfachatez. Si agarraban un tema de Woodie Guthrie, lo hacían de una forma que sólo podría haber sido perteneciente a esa época. Si hoy hacés un disco como The Natch’ Blues, el segundo LP de estudio de Taj Mahal, quedás como un ridículo, no tiene ningún tipo de sentido. Seguramente hay varios que lo hacen. El aire purista que se respira en estos surcos ya no corresponde a esta era. Pero en Diciembre del ’68 la historia era otra, muy distinta. Acá, a diferencia del debut -homónimo- empiezan a aparecer los temas propios. En plan “homenaje a___” (rellene con el blusero extinto y desconocido de su preferencia) y con un conocimiento de causa admirable. No era algo que iba a servir para una carrera. Por suerte no se limitó a eso. 






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jueves, 26 de agosto de 2021

The Zombies - Begin Here


Empieza con una versión de “Road Runner” de Bo Diddley, uno de los referentes obligados de los pibes que formaron parte de lo que se llamó Invasión Británica. Los Zombies tenían mucho que ver con sus congéneres pero también tenían su personalidad, sus características únicas. Cuando viene el segundo tema ya te das cuenta de que esto no es cualquier banda. “Summertime” de Gershwin aparece en una versión muy... The Zombies. La voz líder de Colin Blunstone es especial, el arreglo con el que tocan el clásico de Porgy & Bess parece no tocar el suelo, liviano al máximo, en el buen sentido de la palabra. Cuando aparece el tercer tema, “I Can’t Make Up My Mind”, de la pluma del bajista Chris White uno puede preguntar qué era lo que evitaba que llenaran el disco con temas propios. Y ni hablar del que viene después, uno de los grandes temas de la breve carrera de la banda; “The Way I Feel Inside” en donde el cantante va a capella hasta más de la mitad de la canción, perfectamente afinado, supuestamente en una sola toma, hasta la entrada de un organito apenas audible.

Lo de las versiones era una costumbre de la época, ni los Beatles quedaban afuera de esto, aunque para este entonces ya habían hecho A Hard Day's Night, el primer disco compuesto enteramente de temas propios, en seguida retomaron la costumbre. Además es claro que los Zombies no tenían problemas para salir con material nuevo y valioso. Si te tomás la molestia de conseguir la edición de Begin Here que salió por el sello Repertoire en 2010, vas a encontrarte con todo lo que grabaron entre el '64 y el '67. Un CD doble con muy poco desperdicio.

Retomando el tema, cuando llega “She’s Not There” te das cuenta de que los tipos eran buenos en serio. La introducción está muy bien pensada, la composición maneja una dinámica interesante, el estribillo explota en mil pedazos y tiene un solo de teclados medio jazzy de Rod Argent, que fue quien lo compuso. Una bomba. Y sí, fue un éxito. Que no pudieron mantener pero ese es otro asunto. A priori los Zombies no tendrían nada que hacer con “You’ve Really Got a Hold on Me” de los Miracles o “Sticks and Stones” que ya había tenido versión definitiva de la mano de Ray Charles, y ni hablemos de “Got My Mojo Working” de Muddy Waters, en manos de una de las bandas más… blancas de todas las que surgieron en esta época. De alguna manera se encargan de sacarlas adelante, porque tocaban bien, tenían oficio y, a la hora de grabar, las tenían bien digeridas de tanto tocar en vivo.

Al igual que lo que pasaba con Animals, Beatles y Hollies, Begin Here salió en USA con otra tapa, título cambiado (se llamó The Zombies) y diferente lista de temas. En el disco dos de esta edición está todo, hay joyas increíbles como “I Love You”, el siguiente single exitoso, que fue “Tell Her No”, y otras maravillas como “Just Out of Reach” o el precioso “Gotta Get a Hold of Myself”. Conseguir esto en LP o en formato single, como salieron originalmente, hoy sería casi imposible. Esta edición termina siendo definitiva.







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The Zombies - Odessey and Oracle
Colin Blunstone - One Year
Billy Nichols - Would You Believe




lunes, 10 de diciembre de 2018

The Devil Makes Three - Chains Are Broken


“Veo la tormenta tomando fuerza y el viento que va aumentando, puedo ver el agua abriéndose, su boca tan grande, como para que te trague entero” cantan al principio de “All Is Quiet”, al final del lado A. Uno de los grandes temas del disco, una balada a medio tiempo, oscura, como si Johnny Cash se diera una vuelta por el barrio de The Coral, al otro lado del Atlántico.

La canción, la vieja y querida canción, la que se arma con un par de estrofas, algún que otro solo del instrumento que se tenga a mano y un par de estribillos, parece estar más vigente que nunca. Está bien; nadie hoy en día te va a poner una doble página con la foto super-producida en el diario matutino, obligándote -metafórica y literalmente- a escuchar a la supuesta banda del momento, pero vos la podés encontrar, con un poco de criterio y separación de paja y trigo, está ahí, sigue vigente y ardiendo. The Devil Makes Three lo sabe y muy bien, siguien rezando en el altar de los cuatro acordes bien puestos, un corazón roto y un poco de participación y complicidad por parte del que se ubica al otro lado del parlante.

En la página de Internet se declaran seguidores de la literatura de Baldwing, la desilusión de Hemingway y los nubarrones gótico / sureños de Flannery O’Connor. Si le pegás una mirada a la lista de temas del disco de covers que sacaron hace un par de años (el anterior a este) podés entender de dónde vienen musicalmente hablando; Muddy Waters convive alegremente con Tom Waits y Robert Johnson se da la mano con Hank Williams, Willie Nelson y Kris Kristofferson. A priori puede sonar a viejazo pero no, nada de eso.

Chains Are Broken es el sexto y último disco de estudio a la fecha y es otro golazo. Ya me habían llamado la atención con I'm a Stranger Here, del ’14 y la cosa sigue por buen camino. Como novedad salta en seguida la presencia de un baterista en todas las canciones, dejando un poco atrás el formato de trío de dos guitarras y contrabajo con el que venían trabajando. Para hacer un resumen concreto se trata de un disco de guitarras y canciones, afirmado en cierta tradición milenaria pero con un pié firme en el presente, esto nunca suena a herrumbre y no necesitás de ningún bagaje para disfrutarlo. ¿Alguien dijo moderno al fin y al cabo? Puede ser… ¿Por qué no?







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The Devil Makes Three - Do Wrong Right
Chris Stapleton - Traveller
The Zutons - Who Killed... the Zutons?



martes, 6 de marzo de 2018

5 Canciones 5: John Lee Hooker


Five Long Years

Un piano de música clásica, arreglos de flauta, Joe Cocker entonando un par de estrofas... olor a zapada que alguien tuvo el buen tino de grabar. Esto es Free Beer and Chicken, caos controlado, uno de esos discos medios raros, con no pocos toques de funk y R&B. Para el segundo tema del LP retoma el tema de Eddie Boyd que ya había registrado en The Folk Lore of John Lee Hooker y se lo presta a sus amigos del momento.

Aparece originalmente en: Free Beer and Chicken (1974)

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Boogie Chillen, No. 2

Disco doble, mitad acústico, mitad eléctrico, a dúo con una de las bandas insignia del revival blusero de la década del sesenta; Canned Heat. El último registro grabado de Alan Wilson, quien murió de sobredosis y aparece en el cuadrito atrás de los músicos, en la tapa. Esta bestia de más de diez minutos era originalmente el último tema de aquella mítica alianza, es Hooker mostrando sus armas ante una banda que claramente lo reverencia y no se mete en el camino en ningún momento.

Aparece originalmente en: Hooker 'n Heat
(1971)

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Crawlin' King Snake

Acá es donde empieza todo, mucho antes de la versión de "That's Alright" de Elvis, "Rocket 88", Fats Domino o "Johnny B. Goode" de Chuck Berry. Es acá, no hay vuelta que darle. Están todos los elementos, la mugre, el barro, el sufrimiento, la lujuria, la alegría, el pecado y la redención. Esta es de cuando grababa con todos los seudónimos que se le ocurrían (Johnny Lee, Texas Slim, etc.) y ante quien prendiera las máquinas.

Aparece originalmente en: single del sello Modern Records [cara B de "Hobo Blues"]
(1948)

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Mean Woman Blues

La década del sesenta y los primeros años de la década siguiente son impecables, Hooker finalmente disfrutaba de lo que había cosechado, era recibido como lo merecía en todos lados y no paraba de grabar cada vez que la oportunidad se presentaba. No tenía problemas en robar títulos de otras canciones, de cambiar de sello según su conveniencia... hacía lo que le cantaba y todo le salía de bien para arriba. Un blues lento y levemente psicodélico gracias a ese hammond de ultratumba que aparece a partir de la mitad. Muy a tono con la época.

Aparece originalmente en:
Simply the Truth (1969)

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The Motor City Is Burning

Blues cien por ciento electrificado al igual que lo hacían sus compañeros de generación para este entonces, Muddy Waters con Electric Mud, Howlin' Wolf con las sesiones en Londres y The Howlin' Wolf Album y B.B. King sonando actualizado en -p.ej.- Completely Well. Acá hay una banda de primera, una base de acero inoxidable, un bajista dibujando en el diapasón y John Lee Hooker cantando una oda a la ciudad de los motores, Detroit. Sí, es el mismo tema que hacían los MC5.

Aparece originalmente en: Urban Blues
(1967)

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miércoles, 5 de noviembre de 2025

Manal - ídem [conocido como 'Manal 73']


Mucho en muy poco tiempo. Poquísimo. Nada. Los dos discos de estudio que llegaron a grabar en su apogeo salen en el mismo año. 1970. Se habían formado hacía relativamente poco y se hicieron la fama rápido, con el boca a boca. En Argentina, vale decirlo. Cuando pocos habían visto siquiera una guitarra eléctrica y ni hablemos de un amplificador. 

Inventan una cosa nueva, única, pavimentan un camino que no quedó del todo claro si fué retomado, si hubo continuadores de la idea, del concepto de banda que tan claro estaba en Manal. Era blues pero tenía tango, tenía arrabal, mucha calle, lisergia, anfetas, escuchaban a Cream pero no los copiaban, apenas si tomaban prestado el hecho de agarrar una música tradicional y deformarla. Apropiación total. Porque ¿qué tiene en común "Avenida Rivadavia" con Son House, Muddy Waters o cualquier prócer del delta del Mississippi? ¿Una manera de toca quizás? Una forma de sentir con intensidad a lo mejor, de retratar el paisaje y la época con un grado de crudeza que otros géneros no rozaban siquiera.
"Amanece, la avenida desierta pronto se agitará. Y los obreros, fumando impacientes, a su trabajo van. Sur, un trozo de este siglo, barrio industrial" dice la última estrofa de "Avellaneda Blues", patentando una poesía descarnada, nostálgica y muy vívida. Es discutible pero es muy probable que esta haya sido la primera vez en la historia de la música popular en que alguien haya abordado este tipo de temáticas. El suburbio, el destrozo moral y espiritual de la vida en la urbe, la pobreza indigna de los que quedan afuera... ese tipo de cuestiones no se abordaban todos los días. Y ellos lo hicieron con una altura impresionante, sin juicios de valor, sin hacerse los superados, incluso puede que haya sido sin planearlo, sin pensarlo dos veces, les salía eso. No importa. Lo hicieron.

Y con una música de acero. Escuchas todo lo que grabó Manal en esos dos o tres años de actividad inicial y no se parecen a nada. ¿Con qué podés comparar "Porque hoy nací"? La estructura, la psicodelia porteña y deforme, la voz gravísima de Javier Martínez, justo cuando se empezaban a poner de moda los cantantes chillones en el rock pesado. Iban a contramano de todo. Así de rápido explotaron, como la bomba de la tapa del primer disco. 

Este compilado doble es indispensable. Se edita unos años después de la separación y tiene Manal entero en el primer LP, con la lista de temas alterada, en un intento de vender algo "nuevo" posiblemente y en el segundo los singles. Sin respetar la cronología, mezclados caprichosamente, con la adición de dos o tres perlitas, como la versión de el "Blues de la amenaza nocturna" y "El leoncito". Si vas a tener un sólo disco de Manal tendría que ser este. No comprarte también el segundo, El león, sería un desperdicio. También hay que tenerlo.






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viernes, 27 de diciembre de 2024

The Rolling Stones - More Hot Rocks (Big Hits & Fazed Cookies)


Hay quinientas compilaciones de los Stones. La más famosa quizás sea la de la botita en la tapa -Jump Back- uno de esos que todo el mundo tenía en la época en que la clase media todavía se preocupaba por tener objetos culturales físicos. Esta en realidad es malísima, sólo tiene de Sticky Fingers en adelante, o sea desde el cambio de sello, cuando aparece por primera vez el logo de la lengua que todos identificamos al instante.

Después están los dos Hot Rocks, que llegan hasta el '71 ("Brown Sugar" y "Wild Horses") y no están nada mal, está la versión single de "Honky Tonk Woman", en donde Bill Wyman dá una clase magistral de bajo rockero y te encontrás con una selección decente de Las Majestades en los sesenta. Flowers y Metamorphosis hay que tenerlos por obvias razones, aunque casi se podría decir que son discos "de estudio" por el contenido y la selección. Si hay que elegir una sola compilación, no estaría nada mal ir con esta maravilla, More Hot Rocks (Big Hits & Fazed Cookies), disco doble que no se edita en UK y llega hasta Let It Bleed inclusive, el último LP que sale en el sello Decca.

En el disco uno tenés una representación extraordinaria de la evolución de los Rolling Stones en la década en que el mundo se parte al medio de una vez y para siempre, con Jagger, Richards, Brian Jones, Wyman y Charlie Watts como protagonistas de la revolución. Empieza con "Tell Me", que creo que es el primer tema que componen los Glimmer Twins cuando el infame Andrew Loog Oldham los encierra en una habitación, con la premisa de componer de una vez por todas y dejarse de joder con los covers.
Andy olfateaba la andanada de millones que estaba a la vuelta de la esquina y vaya si tenía razón. Como representantes de la era de las versiones están "Not Fade Away" de Buddy Holly y "It's All Over Now" que nadie se acuerda que, en realidad, es del gran Bobby Womack. Con "I'm Free" empieza a asomarse la influencia de Dylan y el gran cambio que fue darle un poco más de bola a las letras.
Ya con "Have You Seen Your Mother…" la inmersión en la lisergia es completa, en uno de los grandes singles, alrededor de Aftermath, disco bisagra si los hubo. Ahí nomás "Dandelion" y "We Love You", que a menos que tengas los singles originales, son temas tan buenos como difíciles de ubicar.

Disco dos y ya estamos en Their Satanic Majesties Request, uno de los discos más polémicos que se han grabado, Keith Richards dice odiarlo, puede que no se acuerde absolutamente nada del momento en que lo hicieron y es probable que no lo haya vuelto a escuchar en años. Tiene momentos de altísimo vuelo, como los dos temas que lo representan acá y el simple "Child of the Moon", una de las canciones más hermosas de la conocida como Era de Acuario, salió como cara B de "Jumpin' Jack Flash".
En este último se veía venir lo que iba a ser el resto de la carrera, la bajada a tierra después del viaje interestelar.
La sorpresa es la cara D o 4, en donde se vuelve atrás con joyitas semi-olvidadas como "Money", el excelente "Fortune Teller", el saludo a Chuck Berry con "Bye Bye Johnny" y el homenaje al inolvidable Muddy Waters, con "I Can't Be Satisfied".

Redoblamos la apuesta; si vas a tener un sólo disco de los Rolling Stones, si vas a entorpecer tu vida con semejante blasfemia, que sea este. ¿O se te ocurre algún otro?






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lunes, 21 de octubre de 2024

The Yardbirds - Little Games


Tenían todo para alcanzar la gloria y no pudo ser. Al final, el cartelito que les quedó para la posteridad, es algo así como La banda que tuvo a tres de los grandes guitarristas. Esto es vox populi; Eric Clapton, Jeff Beck y Jimmy Page. El tema es que, si uno le pregunta a un melómano promedio qué temas de ellos conoce, ahí van a aparecer las dudas. Hay un buen puñado de singles que pueden estar a la altura de cualquier gran tema de la década del sesenta: “For Your Love”, “Still I’m Sad”, “Shapes of Thing” o “Evil Hearted You”. Discutible: los Yardbirds no llegaron a hacer un disco definitivo, un PetSounds, un Face to Face o un Between the Buttons.
Having a Rave Up… y Roger the Engineer son decentes, pero están lejos de ser obras redondas, como sí lo fueron los ejemplos ya mencionados.

Vale decir que la mitad de los temas, en esos dos LP, tienen todos los requisitos para clasificar a lo grande; innovación, audacia, búsqueda, originalidad, buenas interpretaciones y personalidad. ¿Y el resto…? El resto no está a la altura.

Little Games es el cuarto larga duración y acá las grietas ya se empezaban a ver por todos lados. Que haya existido es poco menos que un milagro. Se podría decir que ninguno de sus temas está cerca de “Over, Under, Sideways, Down”. En su defensa tampoco hay nada tan flojo como “Jeff’s Boogie”, que es un riff como cualquiera de Elmore James y no mucho más. Acá Jeff Beck había hecho las valijas y Jimmy Page queda como único guitarrista, con Chris Dreja pasando al bajo. Como productor tienen a un histórico, nada menos que Mickie Most (Animals, Donovan, Herman's Hermits) quien dos por tres logra meter destellos de su magia, como Maradona en los noventa, cuando todavía podía correr durante veinte minutos.

El origen de los temas (y el resultado) es una verdadera ensalada, algunos llevan la firma de los integrantes de la banda, son en realidad reescrituras de blues clásico (Howlin’ Wolf y Muddy Waters) un tema proveniente de Brill Building (“No Excess Baggage”) y perlitas psicodélicas como “Glimpses” y “Only the Black Rose”. Después está la adaptación -porque decir “robo” es medio fuerte- que hizo Page para “White Summer”, en donde ya se puede escuchar a Led Zeppelin en sus principios.

Little Games no es un disco indispensable, ni por asomo. No esta mal como adición para quienes gustan de investigar en los recovecos del enorme arcón de la música inglesa de los sesenta. Y si no hubiesen sido los Yardbirds los que ponían el nombre en la tapa, hoy sería uno de esos reivindicados (*) por la posmodernidad interneteana.


(*) Ejemplos de esto último: Supernatural Fairytales, The Story of Simon Simopath, Would You Believe.









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