domingo, 25 de abril de 2010
My Bloody Valentine - Loveless
Es difícil continuar algo que rompe moldes. Al menos para Kevin Shields, el cerebro de My Bloody Valentine, ha sido imposible. Continuadores de una línea que se puede trazar desde Velvet Underground, Eno, Sonic Youth y Jesus and Mary Chain, se encargaron de llevar la posta del ruido utilizado de manera creativa un poco más lejos. Después de dos larga duración y unos cuantos EP's, se encerraron en el estudio a parir la que sería su obra maestra: Loveless. Después de una odisea de sellos discográficos y locaciones, se asentaron en Inglaterra y firmaron para el sello Creation de Alan McGuee.
Sus conciertos en vivo, en donde casi no se movían y prácticamente no interactuaban con la audiencia les hizo ganarse el apodo / etiqueta de Shoegazer, algo así como “los que se miran los zapatos”.
Desde los primeros acordes, el riff de dos notas de "Shallow" ya sabemos que estamos inmersos en un mundo diferente, distante y cálido. Son millones de capas de guitarras apiladas después de infinitas horas de sobregrabaciones en el estudio. Es un ruido envolvente y etéreo, como si los Cocteau Twins pusieran en once las guitarras eléctricas. Pero no solo de ruido se trata todo; sepultadas bajo las capas de sonido aparecen unas melodías accesibles, un poco aniñadas, dejando en claro que la sensibilidad pop a la hora de componer estaba ahí, latente.
Las voces son de Shields y Belinda Butcher, siempre sugiriendo, susurrando. ¿Las letras? Bueno, son prácticamente indescifrables. El propio Shields se ha encargado más de una vez de aclarar que lo suyo es la melodía, que prefería subordinar los textos a la música en uno de sus típicos actos de perfeccionismo obsesivo. "Come in Alone" es otra de esas canciones propiamente dichas, hay un estribillo, hay versos, pero sí, también aparecen las características mencionadas, los loops de teclados y esos armónicos que surgen cuando se escucha esto al volumen correspondiente. No es otra cosa que el resultado de la acumulación, la distorsión al borde de la saturación, la suma de las partes. Loveless es uno de esos tantos discos en donde mencionar las canciones y hablar de ellas por separado no tiene demasiado sentido, en todo caso, son partes que forman una totalidad, para dejarse llevar, para sumergirse. Pero hay algo que aumenta la curiosidad, que contribuye a cimentar el mito de Loveless. Y son esos separadores que aparecen entre algunas de las canciones o en algunos finales. Son ruidos, inexplicables, seguramente consecuencia de la experimentación en el estudio. Pero no son ruidos “porque sí”, al contrario, combinan, tienen una belleza particular, como el momento después de "Loomer" en donde fácilmente podría confundirse con un canto de ballenas, un sonido celestial. Después del descanso, vuelven las descargas eléctricas.
Kevin Shields estuvo a punto de dejar en bancarrota al sello Creation, por la cantidad de horas invertidas, en donde matizaban la ansiedad del público y la prensa sacando EP's que dejaban vislumbrar lo que estaba por venir. A pesar de que fue un éxito casi unánime de críticas y ventas, McGuee recién pudo recuperarse del cimbronazo económico un par de años después con el boom de Oasis, pero Shields, a pesar de haber sido invitado a participar de varios proyectos interesantes y a tocar con unos cuantos grupos prestigiosos nunca pudo -hasta ahora- dar con una secuela acorde a Loveless. Son los riesgos de las obras maestras.
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Sonic Youth - Confusion Is Sex
My Bloody Valentine - Isn't Anything
Lush - Spooky
lunes, 11 de noviembre de 2019
5 Canciones 5: Cuarteto Cedrón, Sands, My Bloody Valentine, Waylon Jennings y 10cc
Cuarteto Cedrón
El "Tata" Cedrón y su cuarteto hicieron que el tango tradicional, gardeliano si se quiere, siguiera vigente en una época en que el tango "moderno" se asociaba automáticamente con Piazzolla. "Cuando no importa" es una balada melancólica -más bien triste en realidad- de impecable factura. La letra es de una belleza incomparable, una de las características que hacían que el Cuarteto Cedrón no fuera una banda anclada a un pasado nostálgico, más bien lo contrario.
Aparece originalmente en: Canciones de amor de Occitania y otros casos (1976)
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Sands
Es impresionante la cantidad de bandas que había en Inglaterra en la segunda mitad de los sesenta. Los Sands grabaron apenas un simple, con una versión de un tema semi-olvidado de los Bee Gees en la cara A. Pero en la cara B estaba "Listen to the Sky", una joya de pop psicodélico por el que serán recordados para siempre por el coleccionista meticuloso y ávido. A los dos minutos y medio las cosas se ponen raras en serio. Ruidos, un riff al estilo Black Sabbath, batería marcial, como para ir a la batalla y así termina, en medio de una atmósfera siniestra y sorpresiva.
Aparece originalmente en: Lado B del single de 7'' Mr. Gillespie's Refrigerator (1967)
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My Bloody Valentine
La banda de Kevin Shields y compañía tiene el mérito de haber hecho Loveless, uno de los discos más influyentes de la década del noventa, pero no faltan los que creen que ya eran brillantes desde aquellos primeros EPs como You Made Me Realise. El ruido ya estaba, eso seguro, la influencia de los primeros Sonic Youth también, la melodía -casi sepultada en la mezcla- ni hablar. Isn't Anything es el primer gran disco de ellos y "Nothing Much..." uno de sus puntos altos.
Aparece originalmente en: Isn't Anything (1988)
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Waylon Jennings
¡Qué buena voz! Una personalidad arrolladora, uno de los grandes de lo que algunos llaman outlaw country (Willie Nelson, Johnny Cash, etc.) Las penurias de siempre; la chica que se hace extrañar demasiado, las largas horas en la ruta, los placeres culposos que se encuentran al costado del camino. Cómo hacen para sonar creíbles y relevantes es un verdadero misterio. Pasa como en cualquier obra, película, libro, disco... te lo crees o no. O reventás.
Aparece originalmente en: Lonesome, On'ry & Mean (1973)
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10cc
Empieza con un riff de guitarras sucias que te toma por sorpresa y en seguida aparece una melodía que podría haber sido de la era de oro de Badfinger. Al final rockean como demonios, con un piano poseído. Los 10cc tenían raíces beatle pero lo llevaban un poco más allá al asunto, con unos temas irónicos, inteligentes y musicalmente ambiciosos. Cambios de ritmo, secciones diferentes adentro de las canciones y juegos de voces de una complejidad no menor. Sin embargo no se puede decir que esto sea rock progresivo/sinfónico. El costado pop está demasiado presente como para pasarlo por alto. Además en este mismo disco estaba "I'm Not In Love"...
Aparece originalmente en: The Original Soundtrack (1975)
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jueves, 23 de abril de 2020
Slowdive - ídem [4to. LP - 2017]
Slowdive es una de las bandas insignia de lo que en su momento se llamó shoegazer, bandas que tocaban melodías sencillas, sin demasiados conocimientos técnicos, pero con mucho volumen y actitud. Con mucha onda, digamos. Catherine Wheel, los extraordinarios Swervedriver, por supuesto My Bloody Valentine y los ultra-melódicos Ride, son algunas de las bandas más recordadas, de un subgénero que experimentó cierto revival en los últimos años, con reuniones impensadas como la de esta banda, que no hacían un disco hacía más de veinte años. De hecho, el que se podría considerar el compositor y alma máter de la banda, Neil Halstead, había armado Mojave 3, quienes dejaron cuatro hermosos LPs de estudio, siguiendo la línea trazada, con un ligero cambio en la dirección.
Tiene sentido que el cuarto disco sea homónimo, esto es impensado, novedoso, a la vez es una continuación directa de Pygmalion del ’95, el hasta ahora último trabajo y a la vez deja abierta una incógnita con respecto al futuro. Si este es el último disco de Slowdive… ¡qué buena forma de cerrar una carrera! Y si es el primero de una nueva serie… ¡qué auspicioso primer paso! ¿Por qué funciona? Te transporta, sin demasiado esfuerzo. El efecto narcótico de las canciones es inmediato, intoxicante al máximo, han hecho una suma muy interesante entre el sonido clásico de la banda y las lecciones que debe haber aprendido Halstead con su banda anterior. “Sugar for the Pill” -¡qué título!- es el ejemplo perfecto de esta alianza o combinación de sonidos. También es verdad que la chica de la banda suena cada día más cerca a Liz Fraser, de los Cocteau Twins, contribuyendo al cóctel, ayudando a que la levitación sea a varios centímetros del suelo. "Falling Ashes", el último tema, con su introducción de piano cien por ciento cinematográfica, otro gran hallazgo.
Como suele suceder con este tipo de música, no es fácil describirla o “venderla”. Funciona o no. Depende del estado de ánimo o la composición química de la sangre. Mi segunda escucha fue un Jueves a la mañana, con apenas un café y dos tostadas encima. Funcionó. Vaya si funcionó.
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My Bloody Valentine - mbv
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martes, 19 de julio de 2022
5 Canciones 5: Beach Boys, Primal Scream, NRBQ, Tyrannosaurus Rex y John Mellencamp
The Beach Boys
Primer dato llamativo; Brian Wilson NO ESTÁ en la tapa. Para el momento de la grabación de este disco, el LP de estudio número quince de los californianos, se había internado en una clínica psiquiátrica. El resto se tuvo que hacer cargo, así es como Dennis firma tres temas en 20/20, "Be With Me", "Never Learn Not to Love" y este. Ya había encontrado esa cosa medio mística que terminaría de explorar en su obra maestra como solista, el impresionante Pacific Ocean Blue.
Aparece originalmente en: 20/20 (1969)
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Primal Scream
Haciendo un poco de punk rock, como para no olvidarse de los orígenes, después de haberlas hecho a todas. Esto es post-Screamadelica, después de dispararse en el pié varias veces, todavía con los ecos del revolucionario XTRMNTR, que había salido dos años antes. Guitarras recontra podridas, a cargo de Kevin Shields, el capo de My Bloody Valentine, quien siempre anduvo cerca de los Primal Scream.
Aparece originalmente en: Evil Heat (2002)
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NRBQ
Uno de los grandes chistes auto-paródicos de NRBQ es la tapa y el título de este disco, que no está grabado en vivo y mucho menos en el estadio de los Yankees. Ellos no podrían llenar ningún estadio, aparecen sentados en la tribuna, en la tapa, muy chiquitos, apenas se ven. Este temazo, que no podría ser de otro que del gran Terry Adams, tiene la forma de un estándar de jazz, esos temas de Cole Porter o Gershwin que versiona todo el mundo. Ellos se toman el trabajo de componerlo.
Aparece originalmente en: At Yankee Stadium (1978)
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Tyrannosaurus Rex
En este disco ya asomaba el super-astro glam que iba a aparecer de la mano de Electric Warrior, sobre todo en temas como "By the Light of the Magical Moon" o "Woodland Bop", con esas letras sin sentido geniales. Este es el Marc Bolan en plan duende acústico, con su tecito de hongos alucinógenos. Un ritmo medio Bo Diddley, guitarra acústica y percusión y mucho delirio. Más tarde lo versionaría Ty Segall para abrir su disco tributo, llamado de manera muy adecuada, Ty Rex.
Aparece originalmente en: A Beard of Stars (1970)
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John Mellencamp
Este tema tiene una onda medio Waterboys o The Pogues, sobre todo por el acordeón que anda por ahí, jugueteando. Hay gente que no quiere saber nada con Mellencamp, para mí se debe a que siempre anduvo cerca del pueblo y tiene un poco de tufo a demagogia. Nunca me molestaron ese tipo de cuestiones, siempre y cuando la canción -en sí- me diga algo. Y acá hay gancho, el título me cae bien (sería "tiempos duros para el hombre honesto) y está bien armado, con buen uso de la dinámica y los matices. Algo fundamental cuando se trata de los tres o cuatro acordes de siempre.
Aparece originalmente en: The Lonesome Jubilee (1987)
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viernes, 4 de marzo de 2016
Violent Femmes - Gone Daddy Gone
Hasta teníamos una banda en la que hacíamos algunas versiones con cierto nivel de decencia.
Mi tema favorito de ellos fué y será "Never Tell" del segundo disco (Hallowed Ground) pero este me llegó primero y siempre me sorprendieron la cantidad de cosas que pasan en menos de cuatro minutos, que es lo que dura el tema.
Video promocional del tema en YouTube.
Encontrala originalmente en:
El primer LP que sacaron, en el año que salió dió un cierto sacudón a nivel muy minoritario, pero ciertos "enteradillos" hablaban muy bien de ellos e incluso varios músicos. Hay una historia que cuenta que se ponían a tocar en las colas de los conciertos y así fué como empezó el boca a boca.
Violent Femmes (1982)
lunes, 11 de junio de 2018
Gustavo Cerati - Bocanada
Otra grande que tiene a favor es que nunca se cansa de escuchar, asimilar e investigar, no le tiene miedo a lo que es nuevo y en Bocanada estuvo completamente al día con lo que pasaba a nivel mundial. Algo que en Argentina nunca fue fácil, más de una vez se encontró con el conservadurismo de la prensa local tildandoló de “moderno”, de seguir demasiado las tendencias, como si eso tuviera algo de malo. Si hay algo que se le puede cuestionar a Cerati son sus preocupaciones temáticas, siempre está más o menos en la línea hedonista de ver a quién se lleva a la cama, cómo le aplica su Kamasutra personal a su modelo de turno, cómo obtendrá placer de la nueva droga que está probando y demás vicisitudes de su vida en el jet-set porteño. Alguna vez se le ha señalado que es un letrista más musical que otra cosa y la definición aplica; no hay mucho para decir, pero lo disimula bastante bien, nunca llega a molestar a nivel lírico, lo podés ignorar y dejar las palabras como simples sonidos, el tipo canta bien y usa las melodías y las métricas con la habilidad de un artesano.
¿Y qué pasa con Bocanada? Tiene todo lo que tiene que tener un gran disco. Sonidos de todo tipo, ideas al por mayor, muy bien aplicadas y está grabado y producido como los dioses (si no graba y suena bien Cerati entonces… ¿Quién?). Tiene los cuatro o cinco temazos históricos que todo gran disco tiene que tener. También están los cuatro o cinco “tapados” que se pueden rescatar, esos que no sonaron en radios por capricho o elección. Una última para pensar… ¿Se dieron cuenta que la última vez que temas nuevos o actuales se convirtieron en clásicos, esos temas fueron de Cerati?
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Soda Stereo - Dynamo
Gustavo Cerati - Amor amarillo
Deniel Melero - X
viernes, 22 de diciembre de 2023
Mojave 3 - Excuses for Travellers
Acá hay un cambio de rumbo, un golpe de timón. En realidad no es tan grande como parece, mejor expliquemos un poco. Neil Halstead era un poco el capo de Slowdive, una de las bandas insignia del movimiento que algunos llamaron shoegaze, en la década del noventa. Eran bandas que tocaban con mucho volumen, temas sencillos, sin demasiadas vueltas, con miles y miles de capas de guitarras, ruido, voces y la mar en coche. El disco emblema bien podría ser Loveless, de My Bloody Valentine. Cualquiera de los tres primeros de Slowdive le podría pelear el puesto en realidad, con Souvlaki a la cabeza, que fue el que quedó como clásico con el paso del tiempo.
Slowdive hace un parate en el ’95, después de la salida de Pygmalion y ahí nomás Halstead sale al ruedo con Mojave 3 y Ask Me Tomorrow, el LP debut, en ese mismo año. El cambio en realidad tiene que ver con la ropa, con la forma en que se presentan las canciones. Capaz que se había cansado del volumen atronador y decide colgarse la acústica. Si a esto le agregas lo que tenían las de Slowdive, en realidad te quedaría una cosa muy parecida. Acá es una onda folkie, más relajada, unos porros y sentarse al lado del arroyo, con la ramita de junco colgando de la boca, para dar un lugar común más que una imagen.
Por ejemplo “Trying to Reach You” bien podría ser un tema de Harvest, de Neil Young o (y esto lo digo como un elogio) de cualquiera de los cuatro primeros de James Taylor. Es el tipo solo con la guitarra llorando, amando, pensando… viviendo en definitiva. Las canciones se toman su tiempo, acá no hay urgencias de ningún tipo, en mi “Life In Art”, una canción hermosa por donde se la mire -u oiga- los instrumentos van apareciendo de a poco, el tempo es un caracol de jardín, lentísimo, casi un bostezo. Hay gente que saldría corriendo a toda velocidad al ser expuesta a música como la de Excuses for Travellers, el tercero de Mojave 3. Sirve para un montón de cosas; los arrumacos, dejarlo bajito y leer, irte a dormir arropado, como cuando tu mamá te ponía la frazada como a vos te gustaba, una mañana soleada con mate y amigos, en el auto, lo que sea. Y también podés escucharlo sin hacer ninguna otra cosa porque está lleno de pequeños detalles sonoros y guiños de producción. No es poca cosa.
Los discos de Mojave 3 son intercambiables en el mejor
sentido de la palabra, si te gustan este tipo de canciones y querés más, no
querés escuchar siempre las mismas te viene bárbaro, no creo que sea
indispensable tener toda la discografía, con uno o dos medio que estás bien. Son
cinco álbumes de estudio. Empezá con cualquiera. Está todo bien.
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Hope Sandoval & the Warm Inventions - Bavarian Fruit Bread
Mojave 3 - Spoon and Rafter
Belle and Sebastian - If You're Feeling Sinister
miércoles, 8 de febrero de 2023
5 Canciones 5: Nada Surf, Wire, Freddie King, Ray LaMontagne y Eddie and the Hot Rods
Nada Surf
El principio es un homenaje a The Who, a Keith Moon. Después va a parar a otro terreno, a uno más propio. La voz del cantante tiene algo único, es femenino y tiene un tono agudo, alto. La estrofa arranca suave, con unos acordes de guitarra apenas sugeridos, cosa que hace que el estribillo realmente estalle. Llegando al final el baterista se aferra al ride (la campana o como prefieras) con firmeza, como para ir tirandosé de un edificio, manejando por una autopista en contramano o robar un banco.
Aparece originalmente en: The Weight Is a Gift (2005)
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Wire
Tercer disco de Wire, obra maestra, al igual que los dos anteriores. En 154 hay momentos de una oscuridad impresionante, pocas han llegado a lo que hicieron estos tipos, tanto antes como después. Este tema es rarísimo, es nervioso, para nada amable, pero sin embargo tiene un costado pop innegable. Desde el título ya es una genialidad, son coordenadas. Párrafo aparte para la letra: "Interrumpiendo mi fluído de pensamiento, líneas de longitud y latitud definen y refinan mi altitud". Maestros. YouTube me acaba de notificar que hay una versión muy buena de My Bloody Valentine.
Aparece originalmente en: 154 (1979)
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Freddie King
¿Se acuerdan de "El Tropezón" en aquel disco de Pappo? La original era de este muchacho, "The Stumble". ¡Qué mal envejeció Blues Local, por cierto. Nos vamos por las ramas. De los reyes, Freddie es quizás el menos famoso. Están B.B. King y Albert King, no se si son parientes, no creo ni importa. Otro instrumental, con una onda medio James Brown, trompetas respondiendo como latigazos a la guitarra. Funky, marchoso, bailable... como gustes.
Aparece originalmente en: Freddie King Is a Blues Master (1969)
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Ray LaMontagne
El Van Morrison de la generación iPhone. No. Eso suena feo y un poco injusto para con el pobre Ray. Este tema tiene un costado cósmico, como suele pasar en la obra del cantautor de Nashua, en New Hampshire. Canta en una especie de susurro, como si te estuviera hablando al oído, a veces en falsetto. Los arreglos están pensandos, producidos, cuándo cantar de tal forma, cuándo cambia la batería y aparecen las cuerdas o teclados (sintetizadores) para marcar un acento o cierta sección del tema.
Aparece originalmente en: Supernova (2014)
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Eddie and the Hot Rods
¿Quién es el que aparece en la tapa? ¿El baterista? Nevermind... Estos tenían más que ver con Dr. Feelgood que con el punk rock con el que se los terminó identificando. En realidad estaban todos más o menos en la misma. Querían vértigo, tenían las pupilas dilatadísimas y tocaban con cierto nivel de destreza. En este temazo hay que hacerle un monumento al baterista, por quedarse quieto, por entender a la perfección la canción, por subir y bajar cuando hace falta. Y a ESE ritmo. Ocho minutos y fracción. Épico.
Aparece originalmente en: Life On the Line (1977)
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martes, 5 de febrero de 2013
Richard Hawley - Standing at the Sky's Edge
Richard
Hawley ya tiene en su haber siete LPs de estudio como solista y siempre,
cada vez que saca uno nuevo la comparación -más odiosa que nunca- es la misma: no
llega al nivel de Coles Corner. Son las desventajas de haber hecho un disco
magnífico, una especie de Blood on the Tracks moderno y clásico a la vez. Standing on the Sky’s Edge no se compara con Coles Corner. No porque no tiene
el mismo nivel, no se compara porque no tiene nada que ver. O casi.El disco anterior reducía la misma fórmula hasta dejarla flaca, esquelética, era Hawley más desnudo que nunca y lo que acaba de hacer es ir al otro extremo, un disco de guitarras. De guitarras rabiosas, fuertes y psicodélicas, palabra que nuestro héroe se resiste a usar. De movida en “She Brings the Sunlight” las intenciones quedan claras, pone las cartas arriba de la mesa. Tarda en empezar, hay un acople y va creciendo de a poco, como una tormenta que empieza con nubarrones y termina en un viento huracanado, la voz de Hawley aparece perdida en la mezcla y recuerda a los discos olvidados de The Verve (¿los dos primeros?) y ahí apuntaron algunas críticas venenosas, sin darse cuenta que este era diferente a los anteriores. Son los que siempre protestan, no existen.
Claro, Standing at the Sky’s Edge exije de nosotros como oyentes, no lo vas a poner de fondo para limpiar la cocina un sábado a la mañana ni para mostrarle a tu pareja que todavía creés en el romanticismo. Quizás sí, pero no te va a funcionar. Esto requiere atención plena, tampoco tiene tantos ganchos, la cosa pasa por otro lado, se puede decir que al fin y al cabo termina siendo una cuestión de gustos. Tampoco es un viraje tan brusco, están los temas para bajar a tierra después de una noche agitada, para eso están “Seek It” o “The Wood Collier's Grave” que podrían haber estado en los anteriores. Es un disco enojado. Enojado con la situación política y social, con un gobierno que ya no representa a nadie (bueno, sí, a los ricos) y para eso Hawley propone una salida escapista, netamente roquera, para eso están “Time Will Bring You Winter”, el tema que dá título al LP o “Down in the Woods”. Incluso hay una clara referencia a los 13th Floor Elevators en "Leave Your Body Behind You".
Si sos fanático del Hawley despechado y cantándole a la luna, este disco te va a sorprender e incluso incomodar. Pero si no tenés problemas con que te sacudan un poco la modorra y te agarren de las solapas, ahí sí, lo tenés que escuchar urgente.
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My Bloody Valentine - Isn't Anything
The Verve - A Storm in Heaven
Richard Hawley - Lady's Bridge
viernes, 28 de febrero de 2025
Mark Knopfler - Privateering
Si me preguntan quién es mi guitarrista favorito no lo dudo (a pesar de que en realidad creo que no me lo preguntaron nunca) un segundo; es Mark Knopfler. ¿Y mis credenciales punk? No existen, mejor dicho no le importan a nadie. Algo que uno cuidó con recelo durante años, un día te despertás y te das cuenta que no tenía ningún tipo de importancia. Y menos todavía en el mundo de hoy, en donde nadie te va a cuestionar absolutamente nada. Podés poner la peor barrabasada en Facebook y el peor castigo a recibir puede ser que dos o tres indignados intenten ponerte en tu lugar, ubicarte, que seas buen ciudadano. Sí, algunos todavía hoy asumen esos papeles (atacante y defensor) y encuentran cierto regocijo en ese rinconcito.
Claro, Dire Straits debe ser la banda menos cool de la historia. Nombrás a My Bloody Valentine, Spacemen 3, cualquier banda krautrock o algún brasileño ignoto y te rodea una especie de halo de santidad beatífico. ¿En que momento podés ponerte a escuchar Faust IV, por ejemplo? Drogado con benzedrina y sabiendo que el mundo explota en quince minutos. Ahí puede ser, sí.
En cambio la banda de Marquitos siempre fué mirada con desdén por los supuestos connoisseurs, se vestían pésimo, tenían los peores peinados posibles y (detalle no menor) vendían discos de a toneladas. Algo de envidia siempre hay en estas cuestiones, vamos a admitirlo. Encima Knopfler siempre fué viejo, incluso cuando era muy joven, nunca se alteró demasiado o se lo vió preocupado por tendencias, como toda concesión usaba el sonido de batería que le gustaba a todos.
¿A cuántos instrumentistas podés nombrar cuyo sonido puede detectarse al instante? Hendrix, B.B. King, Keith Moon... no surgen los nombres con facilidad. Y Knopfler es uno de esos, su guitarra es única, podés detectarlo en seguida en Slow Train Coming, musicalmente uno de los grandes disco de Dylan, quien no dudó en llamarlo para que decore con sus estocadas clásicas en las seis cuerdas.
Compone canciones, además. Y en Privateering hay muchas. Disco doble, en pleno siglo veintiuno, cuando nadie escucha más de tres o cuatro canciones sin chequear WhatsApp. Séptimo larga duración de estudio. ¿Qué tiene de nuevo? No mucho, es más o menos lo mismo que venía haciendo en Get Lucky o Kill to Get Crimson, los dos anteriores. Hay una cosa más folky, más Waterboys de la era Fisherman's Blues y vale decir que el traje le queda a medida. Tiene la variedad indispensable para sostener la atención durante sus veinte canciones. Hay algún que otro tema inocuo, algo que siempre le paso a Knopfler, le sobran dos o tres temitas, como a cualquier doble. A su favor, su musicalidad hace que nunca deje de ser algo totalmente escuchable. Cuestión que en cierto momento se vuelve muy importante. Más que cualquier otra cosa, yo diría.
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Dire Straits - Love Over Gold
Mark Knopfler & Emmylou Harris - All the Roadrunning
Mark Knopfler - One Deep River
viernes, 19 de junio de 2009
Black Rebel Motorcycle Club - Howl
Oriundos de San Francisco, los cimientos de Black Rebel Motorcycle Club se consolidaron cuando Robert Turner y Peter Hayes se concieron, cuando estaban en el colegio secundario. Al compartir un amor mutuo por bandas como My Bloody Valentine, Ride y los Stone Roses, el siguiente paso era el más lógico; armar una banda de rock. Mimados por la prensa desde la aparición de sus primeros discos sencillos, se encargaron de aportar una brisa de aire fresco en una escena alicaída, carente de sangre nueva, sin el vigor típico de los grupos jóvenes. A principios del siglo veintiuno, en medio de algunos tumultos en el seno interno de la banda, un ida y vuelta con el sello RCA y la partida -y posterior regreso- de su baterista, B.R.M.C. casi estuvo a punto de dejar de existir, Take Them On, On Your Own, el segundo y último disco de estudio se iba a quedar sin sucesor.
Un paseo por los surcos de Howl nos muestra una hazaña de tipo espiritual, sorprende, casi suena como el trabajo de un grupo nuevo, diferente. Atrás quedaron las guitarras sucias, los ritmos ruteros, las letras belicosas y la actitud patotera. En su lugar hay un grupo "maduro", afianzado, sin temor a empuñar las guitarras acústicas y sentarse en el suelo en ronda, a jugar a ser The Band en la legendaria casa Big Pink. El cambio también se refleja en las letras, donde antes había gente lista a llevarse el mundo por delante, de la mano de la velocidad, las sustancias y el peligro, ahora escuchamos a tipos haciéndose preguntas existenciales, rodeados de un aire de música de raíces. Responsable en parte de esto es sin dudas T-Bone Burnett, que hasta consigue un crédito como "radiador de buenas vibras" o algo por el estilo.
El apego que tenían por grupos ruidosos como Velvet Underground y The Jesus and Mary Chain está casi ausente en Howl, pero sí encontraremos ecos reiterados y guiños sinceros a la música tradicional, al blues y al country rural, las búsquedas redentoras del gospel y la música de ese Estados Unidos del costado de las autopistas.
El aplomo, las buenas intenciones y el aire a diversión real de adultos se transmite en las canciones y es difícil encontrar alguna que destaque del resto, pero "Devil's Waiting", "Weight of the World" o "Shuffle Your Feet" no hubieran sido posibles en una encarnación anterior de Black Rebel Motorcycle Club, porque este es el sonido de una banda renovada, en el mejor sentido de la palabra, una banda relativamente nueva, con una carrera breve que no esquiva los golpes de timón, los riesgos. En un momento en que muy pocos se atreven a asumirlos.
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Black Rebel Motorcycle Club - Baby 81
The Band - Stage Fright
John Hiatt - Bring the Family
jueves, 20 de agosto de 2009
Ride - Going Blank Again
Formados en Oxford a fines de la década del ochenta, Ride es una de esas bandas que son catalogadas dentro de un movimiento o escena que logran trascender casi inmediatamente. La etiqueta en cuestión era la de shoegaze, esa camada de bandas ruidosas y ariscas que tocaban sin hacer ninguna concesión para con el respetable, con un volumen cercano a lo insoportable. Pero Ride no sólo renegaba de aquel mote, lo traspasaban con cada uno de los pasos que daban. Exploraban el poder y alcance del ruido, las búsquedas con la distorsión de guitarras y el atractivo innegable de los decibeles compitiendo y reforzando las melodías.
A la altura de Going Blank Again ya tenían en su haber tres EP’s y un larga duración, el magnífico Nowhere (aquel de la tapa con una ola en medio del mar), se habían ganado el respeto de la prensa y el público por igual y hasta grababan para el emblemático sello Creation de Alan McGee. Era mucho lo que se esperaba de ellos y por suerte no defraudaron.
El loop de sintetizadores, a la manera de "Baba O’ Riley" de the Who, es el llamado de atención que propone Ride para su segundo trabajo. Inmediatamente aparecen las guitarras, entrelazándose, jugando y tejiendo un tramado armónico. De repente para, vuelve el loop y ahí sí, están todas las velas desplegadas y listas para navegar. Las voces de Mark Gardener y Andy Bell cantan casi siempre en armonía, con sílabas largas y fantasmagóricas, que junto a las guitarras siempre en “volumen once” conforman la marca registrada de Ride. Son ocho minutos de intensidad pura, "Leave Them All Behind", por extraño que parezca (sobre todo teniendo en cuenta la duración) fue el simple que eligieron para cortar en Going Blank Again.
"Twisterella" es el tema más pop y accesible del disco, rápido, las guitarras están mas limpias, tiene un estribillo de esos que se recuerdan al instante y los arreglos instrumentales están puestos en el momento y lugar preciso. Los colchones de teclados contribuyen a reforzar la idea. Está claro que la música que acunó a los integrantes del grupo es una influencia en el sonido general, es el rock que escuchaban sus padres y sus hermanos mayores, ese que pasa de generación en generación sin perder atractivo, son los ecos de Pink Floyd, los Moody Blues y el punk-rock que están en el cóctel, filtrados y resignificados para tomar un nuevo e interesante cariz. "Chrome Waves" es otra demostración del nivel de sutileza que podía llegar a alcanzar Ride en sus momentos más inspirados. Un rasgueo de guitarras acústicas aparece antes de las voces, con un fondo de teclados que parece una orquesta completa. Atención especial merece el solo de guitarra, breve, conciso, completamente subordinado a la canción. Se dan el lujo de terminar el álbum con la que probablemente sea la obra maestra de Ride, nada menos que "OX4", uno de esos temas épicos en donde no sobra nada y en donde todas las decisiones que se pueden tomar para una composición han sido las acertadas. Empieza lenta, como queriendo plantear un despegue algo perezoso, para estallar en un feedback controlado de guitarras y voces que se cruzan. La relativa monotonía de los acordes que conforman la base rítmica del tema está contrarestado por unos arreglos melódicos de los teclados, que contestan y realzan la melodía vocal y ahí está la clave, el hallazgo que hace que funcione todo a la perfección.
No faltaron las infaltables peleas entre sus integrantes, Ride fue disipándose, en pequeños escandaletes muy poco dignos, no sin antes grabar otra pequeña joya infravalorada al momento de su aparición, Carnival of Light con más de un rastro de psicodelia sixtie revisitada. Como nota de color, cabe recordar que Andy Bell es un integrante estable de la formación de Oasis desde Standing on the Shoulder of Giants.
A Going Blank Again le fué bastante bien a nivel comercial y excelente en lo que a críticas se refiere. Puede que todas las expectativas que se depositaron en ellos hayan sido un factor desecadenante para la crisis que vivieron, pero sin dudas este fue el momento de gloria de Ride, superando el desafío propuesto por el juez más despiadado: el paso del tiempo.
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