Bob Dylan, 1964
Si todos no guiásemos por este precepto, que suena casi como una sentencia, no habría que defender a un grupo como Gentle Giant hoy en día, bien inmersos en el siglo veintiuno. Pero como la inmensa mayoría de los periodistas y formadores de opinión que tienen que ver con el rock se guían por una especie de manual, al que hay que responder como si de leyes se tratase, la mayoría de los aficionados a la música sufre las consecuencias, de los estereotipos y las generalizaciones adolescentes.
Una máxima incuestionable para los hijos de la generación Pitchfork es que el rock progresivo / sinfónico es rídiculo, inválido, risible y el millar de adjetivos descalificadores que se te puedan llegar a ocurrir. Claro, eso conviene a los reyes en el arte de elevar cualquier bandita de mierda a la categoría de semidioses. Deidades que serán guillotinadas tan pronto aparezcan otros chicos que salgan bien en las fotos. Y si la cosa viene con rap, mejor todavía.
Hacer lo que hace Gentle Giant requiere de mucho. Mucho esfuerzo, habilidad, creatividad, vuelo mental, técnica y locura. Tiene muchos méritos, es entendible que pueda ser ridiculizada pero acá va una teoría; es pura envidia. Desde el punto del oyente requiere de no poco esfuerzo y concentración, hay que meterse en un mundo, hay que dejarse llevar, la satisfacción no va a ser inmediata, el enorme cáncer del entretenimiento en días de 'no sé lo que quiero, pero lo quiero ya'. In a Glass House es distinto también a otros discos de Gentle Giant, no tiene que ver ni con Octopus (para muchos la obra maestra de los hermanos Shulman) ni con otros discos de rock progresivo de la primera mitad de la década del setenta. “Way of Life” que podría ser un tema del Yes clásico, está perfectamente integrado al concepto sonoro del disco y, a pesar de que puede ser escuchado y disfrutado aparte, es dentro de la totalidad cuando se lo aprecia de verdad. Puede hacerle honor al título a la hora de describir la música (traducido sería “en una casa de vidrio"), todo es frágil, hay que andar en puntas de pie para no romper nada y prestar mucha atención a los detalles porque esto no lo vas a volver a ver con frecuencia. Es lo que parece decir “The Runaway”, el primer tema del disco y el que establece las pautas de lo que va a pasar de ahí en más.
Ya está, la defensa está hecha. Escuchando un monstruo imposible de comparar -la gente suele desesperarse cuando no puede comparar con lo que ya conoce- como In a Glass House, es lógico decir que los Sex Pistols fueron una revolución. Conservadora, pero revolución al fin.
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Chequear también:
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King Crimson - Larks' Tongues In Aspic
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