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martes, 17 de enero de 2012

Comets On Fire - Avatar


Los Comets On Fire vienen de California y son exactamente lo que hubieran sido los Jefferson Airplane, Quicksilver Messenger Service o Blue Cheer hoy en día. Si no se hubieran puesto viejos y achacosos. Son continuadores de una tradición psicodélica que viene de cuatro o cinco generaciones. Pero de ninguna manera son una banda retro, anclada en el pasado. Al contrario; conocen la historia de su disciplina pero casi no hay guiños al pasado, los tipos miran para adelante y se nota en seguida.

Esto es lo que hay en "Dogwood Rust", el primer tema del disco, rock de guitarras, tremendo baterista-pulpo, muchas voces sobre grabadas, riff malvado, una guitarra solista perdida en la mezcla haciendo dibujos. Efectos sonoros y demás chillidos que ayudan a generar una atmósfera pesada, asfixiante. Y al baterista lo dejan brillar, en un momento el tema cae en una especie de zapada cósmica que parece un excusa para que el tipo se luzca. En seguida entra la primera guitarra con un solo bien enfermo. Se nota que la composición tiene mucho de improvisado, reproducir esto en vivo tal y como está grabado… imposible. Demás está decir que esa no es la idea. En "Jaybird" hay jazz, con mucho rock, claro. Pero la atmósfera cambia, sin dejar de ser bien incómoda, de esas que nos hacen cambiar de posición en la silla. Son expertos en generar climas. En un momento frena y vuelve a arrancar al borde del desquicio, con gritos de ultratumba, bien demoníacos. El cantante, Ethan Miller, aúlla y se retuerce como un poseso. Puro placer, masoquismo auditivo. "Lucifer Memory" no parece ser lo que su título indica, hasta ahora el tema más tranquilo del disco, suena a medio camino entre Pink Floyd y los Flaming Lips modernos, los de Yoshimi… o Soft Bulletin y tiene unos de arreglos de piano muy finos a cargo de Utrillo Kushner. Al final hay un subidón de energía como para recordarnos que esto no es Phil Collins. En seguida viene "The Swallow's Eye" y es de esas con comienzo a puro misterio, suspenso que en seguida se encarga de destruir el pulpo Sir Noel VonHarmonson repartiendo redobles para todos lados. Este está lleno de ruiditos y efectos ideales para consumir bajo los efectos de la sustancia que prefieras. "Holy Teeth" es violencia. Violencia total. Tiene más que ver con Blue Cathedral, el disco anterior; hay menos estructura pero más salvajismo, con la garganta de Miller a punto de estallar en mil pedazos. Si prestamos atención al orden en que decidieron ubicar las canciones, "Holy Teeth" tiene sentido, perfectamente. Eso habla a las claras de un grupo queriendo hacer un disco, con mayúsculas, prestando atención a la fluidez y a la dinámica. "Sour Smoke" es la tour de force de Avatar; casi diez minutos de riffs lentos y espesos, algo así como un Black Sabbath mezclado con Primal Scream, pesado, hipnótico y… ¡bailable! A veces aparecen unas voces etéreas, más como coro que como letra en sí. Uno de los temas más densos y climáticos del disco. Avatar cierra con "Hatched Upon the Age" en donde queda claro que las influencias de los Comets On Fire no son pocas. Esto no tiene nada que ver con lo que habíamos escuchado pero tiene relación con el conjunto.

Avatar
es un disco moderno, más centrado en las canciones que los trabajos anteriores, cierra por donde se lo mire, es moderno sin pretenderlo y encima suena diez puntos. Así que ajustensé los cinturones que este vuelo vale la pena.







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Chequear también:

Grateful Dead - Anthem from the Sun
Comets On Fire - Field Recordings from the Sun
Howling Rain - Magnificent Fiend


jueves, 15 de diciembre de 2022

Vox Dei - Vox Dei para Vox Dei


Un juego de arpegios interesante es lo primero que se escucha, el cantante ahí, calentando motores, tira unos 'oh yeah' y ahí nomás empieza a solear la guitarra líder. Meten un cambio, siguen los gritos de fondo y recién al minuto y monedas entra la base rítmica, a puro músculo. Las voces son muy características, te das cuenta de que es Vox Dei al instante, acá sobraba personalidad. Si querés buscar parecidos podés relacionarlo con miles de bandas de USA, UK o el resto de Europa. Es lo que muchos hoy llaman heavy psych, con gente como Blue Cheer, Groundhogs o Atomic Rooster. Es probable que Basoalto, Soulé y Quiroga ni siquiera hayan sentido esos nombres, este es un estilo que evolucionó para este lado a nivel mundial, para un costado pesado, con cierta impronta blusera.

De la mano de “Es necesario salirte a buscar” empieza Vox Dei para Vox Dei, el sexto trabajo de estudio de la banda de Quilmes, en el gran Buenos Aires. Séptimo si contamos el malogrado LP en vivo conocido como La nave infernal. Para la altura de este disco, que sale a mediados de la década del setenta, la banda ya era veterana, las habían hecho a todas. Hacía unos años habían registrado La Biblia, el álbum por el que serán recordados siempre (para bien y para mal) y hasta dejaron una para los fogones argentinos de hoy y ayer; “Presente”. Originalmente cerraba el debut, Caliente, es un tema de esos que a nadie la hace falta recordar, pero que tiene una letra filosófica de altísimo vuelo, más si se considera la edad que tenían en ese entonces.

Me la juego y si tengo que elegir uno sólo de Vox Dei me quedo con este. Tiene todo lo que tiene que tener un disco de ellos. ¿Querés un tema medio melancólico? Acá está “La luz que crea”, con un solo de guitarra hermoso. Quizás no sea el conjunto de canciones más inspiradas, ni hay grandes hallazgos en cuanto a originalidad. No importa. A los muchachos les sobraba oficio e incluso de taquito, las cosas les salían. Lo único un poco parecido a un tema de relleno es “No, ni por equivocación”, que igual sale adelante porque es medio en joda, tiene una buena letra, con una temática cien por ciento vigente. Además tiene uno de esos títulos que sólo ellos se animaban a poner. Vale recordar algunos ejemplos; “Debes conocer las cosas que andan mal”, “Loco, hacela callar” o “Por aquí se te echó de menos”, de Jeremías Pies de Plomo.

En “Mago de los cuatro vientos” incluso hay arreglos de cuerdas, con el bajo de Quiroga bien al frente, uno de esos temas que bien podrían haber sonado en las radios de todo el mundo, si no fuese por el karma de vivir al sur. Vox Dei para Vox Dei es uno de los pocos discos argentinos de esa época que se puede encontrar con relativa facilidad, en buen estado y a un precio accesible. Se ve que en el hemisferio norte todavía no lo descubrieron.







Escuchar online en YouTube o en Spotify.






Chequear también:
Vox Dei - Gata de noche
Varios - MOJO Presents Heavy Nuggets, Vol. II
Ricardo Soulé - Vuelta a casa




miércoles, 19 de marzo de 2014

Arzachel - ídem [1er. LP - 1969]


Esta es otra de esas perlas de rock psicodélico tardío, justo cuando el movimiento empezaba a transformarse indefectiblemente en rock progresivo, sinfónico o como se lo quiera llamar. Época que dio millones de bandas que nunca pasaron de un LP, etapa de aventura y búsqueda. La simple idea de pensar en cuatro hippies barbudos, escuchando la pre-mezcla de un disco como este, frente a tipos de saco y corbata, que eventualmente pondrían la plata para que llegue a las bateas, resulta tan ridícula como interesante.

La banda se llamaba Uriel, deciden a último momento cambiarse el nombre y sacar un disco -homónimo- como Arzachel. El más “famoso” de los integrantes es el
guitarrista y cantante Steve Hillage, que después formó parte de Gong y produjo discos de Simple Minds y Robyn Hitchcock y los Charlatans. El resto de los integrantes formaron los mítics Egg, protagonistas de la escena de Canterbury.

Arzachel es uno de esos que podés usar para vaciar una fiesta, para espantar ciertos vecinos y atraer amigos fanáticos de los psicotrópicos. Tiene todo lo que hay que tener; desde pasajes improvisados interminables (el disco fue grabado en una sola sesión, con los músicos tocando en vivo), a huracanes guitarreros como el violento “Leg”, que sería algo así como Eddie Cochran totalmente pasado de LSD, algo parecido a lo que hacía Blue Cheer al otro lado del charco pero más dramático, más psicodélico y con más volumen, si es que esto último es posible.

Los puntos de partida o referencias son más o menos los mismos que tenían todos los veinteañeros en esta época: Hendrix, Cream, The Nice y todos esos grupos que tocaban fuerte y se compraban los primeros amplificadores que podían ensordecer un lugar más o menos chico. Si la cara A del disco te parece accesible, preparate y agarrate fuerte para lo que en el LP original era la cara B, dos temazos de hard-rock psicodélico, con el maridaje adecuado te pueden hacer levitar, en serio. La cosa arranca con “Clean Innocent Fun”, título capcioso si los hay, punto álgido indiscutido de Arzachel como propuesta, como momento e interpretación. Estos tipos eran psicodélicos las veinticuatro horas del día y se nota, la banda toca con violencia, desparpajo y precisión. Los diálogos entre la guitarra de Hillage y el órgano de iglesia, característica clave del sonido del grupo, es digno de atención. No hay muchos pasajes como este en la historia del rock del siglo veinte. Lo mismo pasa en “Metempsychosis”, una bestialidad deforme de casi veinte minutos, la encargada de dar por terminada esta odisea. Oir para creer.

Arzachel pasó completamente desapercibido al momento de su aparición en el mercado, salió por un sello chico (Evolution) y en seguida paso a ser un disco de culto, un objeto de colección. Hasta la reedición en CD, es difícil de conseguir. Sino siempre está el oráculo post-moderno: Internet.








Escuchar online en YouTube o en Spotify.







Chequear también:

Gong - Flying Teapot (Radio Gnome Invisible, Vol. 1)
Raw Material - ídem [1er. LP - 1970]
Gravy Train - (A Ballad of) A Peaceful Man



lunes, 5 de enero de 2015

Brain Donor - Love, Peace & Fuck


Un poco de sabiduría made in Julian, cuando le preguntaron si el disco debut de Brain Donor, su power-trio con dos músicos de Spiritualized, era su versión irónica del heavy metal:

“Nada de lo que hago es irónico. Soy post-irónico. La ironía es la forma más cobarde y acabada de convertir algo que no quisiste decir en lo contrario. Como esas bandas que ponen tetas grandes en las tapas de los discos y dicen que es un comentario irónico sobre el sexismo. O esas que ponen mierdas relacionadas con autos y dicen que es anti-autos. Boludeces. Si glorifica entonces es mentira. La ironía es el último recurso del canalla”.

Con ese nivel de seguridad y confianza en sí mismo se manejaba Julian H. Cope para fines de los noventa, época en la que, con maquillaje, guitarras de doble cuello y botas con plataforma, salió a tocar este disco a volúmenes ensordecedores. La prensa, como ya le había pasado, no lo entendió y lo destrozaron. Hoy en día este disco es considerado una suerte de joya perdida del rock sucio y violento derivado de Blue Cheer, Stooges y Sir Lord Baltimore. Cope es demasiado inteligente para hacer una simple copia berreta y todo pasa por el filtro de su enorme personalidad. “Get Off Your Pretty Face” recuerda ya desde el título a Raw Power de Iggy y compañía. (“You Pretty Face Is Going to Hell” era el de Stooges) pero una simple escucha es suficiente para notar que esto es Julian Cope cien por ciento, haciendo gala de sus influencias y convirtiéndolas en algo único; él mismo.

En Love, Peace & Fuck casi no hay canciones en el sentido estricto, se trata de riffs repetitivos y violentos, llevados al extremo, a la exageración, es entendible que se le haya hecho esa acusación, pero Julian Cope no es alguien que va a quedar a medio camino, todo lo que hace lo hace creyendo ciegamente. Si no cree al menos nos lo hace creer a nosotros, con discursos tan bien articulados que uno no puedo menos que admitir que el tipo la tiene clara. “Hairy Music” es lo más parecido a una canción convencional de todo el disco, pero es seguida por “U-Know!/You Take The Credit”, una zapada instrumental de casi diez minutos, que parece que cuando está al borde de caerse de jeta al piso, se vuelve a levantar para darte otro sacudón sensorial.

Como casi todos los discos a partir de Skellington, los que graba Julian Cope requieren de una interpretación, de un tiempo de digestión, jamás es música “de fondo” y en Brain Donor esto último es más extremo. Si lo agarrás en el momento preciso… te puede llevar muy lejos.








Escuchalo entero en Spotify o algunos temas (no está entero) en YouTube.







Chequear también:

The Velvet Underground - White Light / White Heat
Brain Donor - Too Jung to Rock 'n' Roll, Too Freud to Die
Julian Cope - Citizen Cain'd





martes, 13 de julio de 2010

Black Mountain - ídem [1er. LP - 2005]


Con un pie firme en el pasado pero con la mirada fija en el futuro. Esa parece ser la tónica de varios grupos actuales. Los Black Mountain son de Canadá y también obedecen a esa premisa. Son el grupo de Stephen McBean y, a pesar de que suenan actuales, tienen un fuerte vínculo con varios grupos importantes de la historia del rock; Blue Cheer, Stooges o Pussy Galore son solo algunos de los grandes nombres que parecen haber sido influencia. Black Mountain también se llama el disco debut editado en el sello Jagjawugar, en el año 2005.

Otra influencia clarísima es Velvet Underground en "Modern Music", con una sección de bronces de free-jazz, totalmente descontracturada. En "Don't Run Our Hearts Around" aparecen las intenciones de los Black Angels, un rock violento, con guitarras fuertes, varios cambios de ritmo, coros góspel, a medio camino entre Spiritualized y Kyuss. Las voces femeninas suman al todo, y mucho. "Druganaut" bien podría ser un guiño al mejor Black Sabbath, aquel de la primera época (recordar "Supernaut" de Vol. 4). Hay riffs a diestra y siniestra y un pasaje instrumental ominoso, como para cerrar el círculo. Después… "No Satisfaction" y si… podrían ser los Stones pero pasados por un filtro posmoderno, más cínico. El sonido ayuda a establecer la analogía. Con "Set Us Free" dibujan un paisaje árido y desolado, poca instrumentación, poco volumen, si la idea era lograr una especie de mantra hipnótico, lo lograron. Es una pancarta antibélica en un formato no habitual, en vez de gritar el odio a los cuatro vientos, optan por la calma engañosa, por la violencia latente. Puntos por eso.

Si hablamos de nombres lógicos, nada mejor que "No Hits", la sección experimental del disco, la banda sonora de una película ciencia ficción, ideal para una escena de persecución vertiginosa. "Heart of Stone" empieza como un folk depresivo y va a parar a unos motivos de guitarras diabólicos para volver a ese valle de pastillas en donde había empezado originalmente. Después vuelve a subir, esta vez con más intensidad. Uno de los picos emotivos del disco. Para cerrar, "Faulty Times", parece esos temas de Sonic Youth que solía cantar Kim Gordon, también es lento, narcotizado y tiene unos buenos arreglos de teclados que ayudan a generar el clima.

Después vendría el "Everest guitarrístico", de la mano de In the Future, pero ya en el primer trabajo dejaron claro que la cosa iba en serio. Black Mountain, otro de los excelentes grupos que batallan en el semi-anonimato, consecuecia de la crisis actual de la industria discográfica. ¡Menos mal que hay varios que no se dejan amedrentar!








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Chequear también:

Pink Fairies - Kings of Oblivion
Black Mountain - In the Future
The Warlocks - Heavy Deavy Skull Lover




martes, 23 de febrero de 2016

5 Canciones 5: Third World, NRBQ, Cuero, Damon Albarn y Spirogyra


Talk to Me
Third World

Una suerte de "grupo no ortodoxo" de reggae jamaiquino, jamás se preocuparon por seguir los ultra rígidos preceptos del rastafarismo y siempre apuntaron al mundo, tratando de condimentar la música con otros géneros no tan habituales para las bandas de reggae roots. "Talk to Me" abre el tercer LP de estudio a puro funk, mucho groove y las voces de Stephen "Cat" Coore y Richard Daley (los únicos miembros que se han mantenido a lo largo de los años) intercambiando fraseos. ¡Atención al finísimo solo de guitarra!.

Aparece originalmente en: The Story's Been Told (1979)

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Me and the Boys
NRBQ

Los NRBQ nunca fueron tenidos en cuenta en Argentina, puede ser debido a que se toman todo absolutamente en joda, algo que acá está terminantemente prohibido, en la tierra en donde los próceres jamás se rien. Tienen un millón de discos y están dando vueltas desde que el mundo es mundo. Acá suenan como unos Replacements no tan borrachos, y la firma la pone Terry Adams, uno de los tres compositores que tienen. Sí, todavía andan por ahí.

Aparece originalmente en: Tiddlywinks (1980)


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No sé si voy a enloquecer
Cuero

En el primer disco del power trío formado por Smillari, Masllorens y Calabró está esta pequeña / gran joya de rock espacial vernáculo. Claramente compuesto a partir de una zapada es claro que los tipos tocaban muy bien pero no dejaban que el virtuosismo esté por encima de los temas. Casi al final corta y cambia de tempo para despegar sin escalas a la estratósfera. Nada que envidiarle a los primeros tres discos de UFO o unos Blue Cheer con mejor sonido (y seguramente SIN haber escuchado los discos).

Aparece originalmente en: Tiempo después (1973)


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Lonely Press Play
Damon Albarn

"Las cosas que dejás de lado cuando viajás, cuando estés solo apretá PLAY". El ex-príncipe del pop inglés está más triste y alienado que nunca. Por suerte no se deja atropellar y no para de hacer discos. Discos desafiantes, diferentes entre sí, con o sin su nombre en la tapa, alejados de Blur (y también de Gorillaz). Al parecer ve este mundo idiotizado en el que vivimos con una extraña mezcla de resignación e ironía. Por suerte -para nosotros- siempre tiene algo para decir al respecto.

Aparece originalmente en: Everyday Robots (2014)


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The Duke of Beaufoot
Spirogyra

La cantidad de ideas musicales que hay desparramadas en el último tema del primer LP de estudio de Spirogyra son dignas de asombro. Una de las bandas olvidadas del movimiento hoy en día conocido como acid-folk, se los podría relacionar con Comus, los primeros Fairport Convention o incluso los míticos Incredible String Band. Te das cuenta que están cantando sobre algo jodido. Qué exactamente no importa, pero asustan, bastante.

Aparece originalmente en: St. Radigunds (1971)


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jueves, 13 de diciembre de 2012

5 Canciones 5: Savage Resurrection, The Droogs, Mad Professor, The Cramps y Erland & the Carnival


A Bit of Ready Made Sauce
Yellowman & Mad Professor

Mad Professor es uno de los pocos capos del reggae que logró trascender relativamente intacto la "edad de oro" del género. En este disco colabora con Yellowman, otro colorido personaje jamaiquino (mas bien descolorido en realidad) y en "A Bit of Ready, Made Sauce" lo deja pasar al frente mucho más que en el resto del LP. Yellowman hace lo que mejor sabe hacer y brilla. La producción, como siempre, es un lujo para los amantes del groove dulzón y espeso.

Aparece originalmente en: A Feast of Yellow Dub (1990)

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Let's Get Fucked Up 
The Cramps

Podría traducirse como "vamos a reventarnos" y la letra es exactamente lo que el título promete. Para bailar a go-go desquiciadamente. Lux Interior (que en paz descanse) también nos advierte de las consecuencias de una noche de excesos: "mañana nos vamos a sentir como atropellados por un camión" o "vamos a necesitar un psicólogo para volver a la realidad". El "solo" de Posion Ivy es ridículamente genial. ¿O genialmente ridículo?

Aparece originalmente en: Flamejob (1994)


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Reach the Dawn
The Droogs

Estos aparecen en la tercer caja Nuggets, vienen batallando en el anonimato hace miles de años y -aparentemente- todavía siguen en pié. Una banda que sacó muchos simples antes de llegar al primer disco. Esta joya de rock de raíces yanqui esta en el tercero, en Mad Dog Dreams. El cantante tiene una actitud tremenda, entre Jagger y Joey Ramone, buenos coros y un excelente riff -y sonido- de guitarras. Rock and roll. Clásico.

Aparece originalmente en: Mad Dog Dreams (1989)


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Emmeline
Erland & the Carnival

Excelente banda actual, ultra-psicodélicos y oníricos. Recuerdan a muchas cosas pero no imitan a nadie, tienen dos discos hasta la fecha y esta pequeña obra maestra aparece en el segundo LP de estudio. Entre los Easybeats y los primeros Pink Floyd, suenan un poco a lo más retorcido de The Coral. Como todas las bandas buenas modernas, tienen diez mil influencias y terminan haciendo algo que, si bien no es enteramente nuevo, es válido e interesante.

Aparece originalmente en: Nightingale (2011)


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Every Little Song
The Savage Resurrection

Otros psicodélicos provenientes de San Francisco (¿Serían todos "acid eaters"?). Arranca con un arpegio de acorde menor y ya de movida el clima es amenazante. Acá produce el guitarrista y capo de Blue Cheer. Las voces fantasmagóricas dan paso a una acelerada de tempo tipo Yardbirds, con ruidos de guitarras que se derriten. En menos de dos minutos dijo todo lo que tenía que decir. Quedó clarísimo. 

Aparece originalmente en: The Savage Resurrection (1968)


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jueves, 25 de agosto de 2022

Mad River - ídem [1er. LP - 1968]


Las drogas y la música. O la música y las drogas. Vaya uno a saber cuál era el orden de prioridades de esta gente, si es que había algún tipo de preferencia. Claramente hay una influencia. Esta no es música que se puede hacer estando sobrio. O quizás se puede haber grabado en sobriedad, pero compuesto bajo los efectos de algún estimulante. Nunca lo sabremos, tampoco es que importa. Sí vale destacar que los tipos sacaban algo de la experiencia, es cuestión de estuchar el primer LP de estudio de Mad River para comprobarlo. Se traían algo del viaje, además de los pedos mentales de siempre.

La banda es de Ohio, pero se mudan a San Francisco, en donde lo que hacían iba a tener un poco más de aceptación, de hecho, los dos discos que llegaron a terminar salieron por el sello Capitol, nada menos. Sacan un EP en el ’67, hoy en día muy apreciado y buscado por coleccionistas, el debut llega un año después. Coincide y representa un momento particular socio-cultural. El tan mentado Verano del Amor, el optimismo y el poder de las flores ya se notaba que no iban a aportar soluciones, más bien lo contrario. Acá está la otra cara, el miedo, la paranoia, esto anticipa a Altamont, el concierto caótico que algunos toman como símbolo del fin de una era.

La foto de la contratapa (porque en la de la tapa se ve poco y nada) muestra a unos hippies que de “buena onda” tenían muy poco, si querés una relación con otras bandas más famosas, la extraordinaria tipografía la hizo el gran Rick Griffin, quien trabajó mucho con los Grateful Dead, Man, Steppenwolf, etcétera. Como muestra cabal de este costado oscuro del asunto drogón, tenés el principio de “Amphetamine Gazelle”, con el típico speed-freak hablando a toda velocidad, con poco sentido y sin que se le entienda nada. Después hay una suerte de canto de monjes, antes de que la batería marque el pulso acelerado e hiperquinético de uno de los temas emblemáticos de Mad River. La voz de Lawrence Hammond ayuda a cerrar el concepto, a redondear el conjunto, una voz chillona, altísima, al borde del descarrilamiento, tiene poco que ver con los cantantes de las bandas con las que pudieron haber compartido escenarios. Y después están las guitarras, podría ser el lado salvaje de Quicksilver Messenger Service, con notable predilección por las disonancias, el ruido y la atonalidad, hay un parentesco, un enlace directo a Trout Mask Replica, de Captain Beefheart y su Banda Mágica.

Al parecer, los Mad River no le vendieron un disco a nadie, no era una propuesta fácil de digerir, estaban al menos diez años adelantados a su época. Quizás por eso el segundo LP de estudio, Paradise Bar and Grill del ’69, es mucho más convencional y “bajado a tierra”. No pudo ser.







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Chequear también:
Kaleidoscope [US] - A Beacon from Mars
Blue Cheer - Outsideinside
The Collectors - Grass and Wild Strawberries




miércoles, 15 de febrero de 2012

High Tide - ídem [2do. LP - 1970]


Hay muchos debates con eso de quién inventó el heavy metal, la música pesada o como prefieran llamarle. Si fue Led Zeppelin, Blue Cheer o los Kinks con "You Really Got Me"... no vamos a ser nosotros quienes demos el veredicto. Es una discusión de nunca acabar. Pero los High Tide son precursores, estaban ahí en el momento justo. Pero nadie -o muy pocos- se enteraron. También vale decir que, mientras muchos de los grupos que se disputan ese cetro tenían temas “accesibles”, los High Tide no hacían el menor esfuerzo por parecerse a nadie, por repetir un riff un par de veces o meter un estribillo medianamente recordable. Digamos que no hacían concesiones de ningún tipo. Como siempre; lo que para muchos es un defecto para otros es una gran virtud.
 
Sea Shanties, el primer disco es una catarata interminable de riffs macabros, duelos de guitarra y violín, voces de ultratumba y letras indescifrables. Un discazo de esos a los que cuesta entrarle, pero si encontrás el momento y la situación que hace falta para desentrañarlo, ya no hay vuelta atrás. Este disco, homónimo, sufre del clásico síndrome de “segundo disco”. El único problema que tiene es ese, que es el segundo, algo así como Adventure de Television comparado con Marquee Moon, por citar un caso típico.

Pero en High Tide las cosas se vuelven más retorcidas, más intrincadas, más enfermas y, mientras que en Sea Shanties había alguna que otra balada, tenía esos temas que dan un respiro cuando la cosa se vuelve agobiante, acá no, al contrario. Son solamente tres temas en donde los músicos dan rienda suelta a todas sus indulgencias y experimentos. Uno de ocho minutos, otro de nueve y uno de… ¡quince! No es fácil el asunto. Pero los tipos son buenísimos tocando, en esos temas largos es imposible aburrirse, es una idea atrás de otra, todas relativamente interesantes, hay un espíritu de búsqueda insaciable y se nota. Escuchen como ejemplo el motivo del final del tema más largo, de "Saneonmymous", son unos tres o cuatro minutos de una idea musical admirable, extraña e hipnótica. Los integrantes son los mismos cuatro que en el debut, con el guitarrista y cantante Tony Hill (ex-Misunderstood) y Simon House (que después pasaría a Hawkwind), en violín y teclados, siendo los miembros con más renombre. Y se nota que ya se conocían más, pierden un poco de agresividad con respecto al primer disco, pero ganan mucho en musicalidad. Hay quienes dicen que este es algo así como el primer disco de metal progresivo y más allá de lo odioso de la etiqueta, puede servir para dar una pista del contenido. La cantidad de cosas que pasan en "The Joke", el último tema… es oir para creer. Explicar cuesta, pero hay pasajes de folk rock, por momentos suena a Black Sabbath sumergido en LSD, hay jazz, psicodelia a raudales… de todo y bien mezlclado.

No es el disco que vas a escuchar con amigos en una fiesta para que baile la monada, pero si le encontrás la vuelta, vas a descubrir que acá hay magia, en serio. Satisfacción garantizada.







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High Tide - Sea Shanties
Mad River - Mad River
The Mars Volta - The Bedlam In Goliath