domingo, 4 de octubre de 2026

Judee Sill - ídem [1er. LP - 1971]


El primer disco editado por el sello Asylum. David Geffen lo arma para editar a Jackson Browne pero esto es lo que pone en la vidriera. Antes que Eagles, antes que Tom Waits e incluso antes que Browne mismo en el catálogo. Venía de la cárcel, de la heroína, de robar a mano armada y de escribir canciones para la editorial de los Turtles. 
No es el currículum que uno imagina para un disco de folk angelical.

Pero así fué. Angelical, barroco, con esas líneas de guitarra que se cruzan como si hubiera estudiado a Bach en vez de a Joan Baez. Lo estudió, de hecho: en rehabilitación tocaba órgano de iglesia. De ahí salen los contrapuntos, los coros que se pisan, la sensación de que cada tema está armado como una pequeña cantata y no como una canción de fogón.

"Crayon Angels" abre y ya está todo dicho. Voz alta, frágil, letra sobre un dios que no es el de la misa del domingo. "The Phantom Cowboy" dura un minuto cuarenta y se va. No sobra nada. "Lady-O" ya la habían grabado los Turtles un par de años antes; acá vuelve a casa, se le hace justicia. El hit lo produjo Graham Nash para que sonara en la radio, es "Jesus Was a Cross Maker". El ex-Hollies le mete el brillo de su banda actual -CS&N- y acierta, aunque el resto del álbum vive en otro registro, más seco, más de estudio chico. Los palazos son para el cantautor J.D. Souther, culpable de romperle el corazón. Judee no se andaba con vueltas ni cuando hablaba de amor. 
Del otro lado está lo que de verdad justifica este asunto. "Ridge Rider" es el tour de force, casi cuatro minutos y medio, con esos acordes jugados, que se parecen más a Nick Drake que a cualquier compañera de sello. "Lopin' Along Thru the Cosmos" tiene el título más ridículo del año y la melodía más linda del lado B. "Enchanted Sky Machines" es el desvío: piano stride, saxos, un gospel de ciencia ficción que no pega con nada y por eso se queda. "Abracadabra" cierra en menos de dos minutos, como si no hubiera querido despedirse del todo.

Bob Harris, otro ex, se encargó de las orquestaciones. Henry Lewy y Jim Pons (The Leaves y Turtles, respectivamente) produjeron el grueso. En los coros hay una suerte de dream team de las voces de sesión de Los Ángeles. No alcanza para tapar que el disco no vendió. Geffen apostó, la radio no mordió, y Sill se fue dando un portazo, peleada con medio sello.

Iban a entrar "The Pearl" y "The Phoenix". Las sacaron para hacerle lugar al que intentó ser hit. Aparecen en el segundo, Heart Food, del '73, que es el disco grande, el que tiene "The Kiss" y donde la cosa mística deja de ser promesa y se vuelve obra. Este debut es el borrador brillante: treinta y tres minutos, once temas, ni uno de relleno, y una biografía que el folleto no se anima a contar entera. Murió a fines de los setenta, sobredosis, cuarenta y tantos años, dos discos en vida. Con eso le alcanzó para quedar arriba de media docena de cantautoras que vendieron diez veces más y no escribieron nada parecido a "Crayon Angels".





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