Mostrando las entradas para la consulta pugliese ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta pugliese ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

jueves, 27 de enero de 2022

Disco del Mes: Osvaldo Pugliese - Caminito


Osvaldo Pugliese y su Orquesta Típica
Caminito
1967








Phillips










jueves, 8 de enero de 2026

Atahualpa Yupanqui - El canto del viento


Algo curioso que pasa en Argentina y no tanto en otros países productores de música. Se suele dar una importancia considerable a lo extra-musical. Cualquier argentino va a saber más o menos quién es el prócer del que se habla. No tantos se habrán detenido a meterse dentro de la obra en cuestión. Ejemplos; Troilo, Pugliese, Falú, Mercedes Sosa o Charly García son famosísimos, todo el mundo puede recordar una entrevista en la tele, alguna nota periodística, un concierto presenciado y hasta citar frases célebres. Habría que ver cuántos pueden nombrar diez temas o tres o cuatro discos. Son artistas con discografías inmensas, carreras de tres o cuatro décadas. Por ende, conocer dicha obra, incluso superficialmente, ya implica algo parecido a un estudio, a una tarea. Y eso a nosotros nunca nos gustó. 

Eso sí, todos los viejos, cuando éramos pibes rockeros -y ortodoxos- nos bajaban el pulgar. Nos forreaban con cosas del tipo "andá vos... escuchá a Larralde, ESO es música" y en realidad no hacían más que regurgitar un gestito chauvinista. A lo mejor alguno sí se había tomado el trabajo, tampoco les robemos todo el crédito. 

La pregunta podría ser: ¿vale la pena tomarse el tiempo que requiere digerir ese sánguche enorme? Depende de cuáles son las expectativas. Quienes disfrutan ser testigos de cómo se desarrolló una trayectoria, siempre van a sacar algo valioso. También los que gozan cuando la música tiene el peso de historia, algo que se nota y en seguida. Si pretendés una epifanía que te deje ciego, que te conmueva y te sacuda, mejor no. Sí, no faltan los que le piden ese tipo de cosas a la música, como si les hubiese dado poco, le siguen mangueando, exigiendo. Eso te pasa una vez en la vida. Dos, tres a lo sumo. 

El canto del viento de Atahualpa es su millonésimo LP de estudio, sale en 1980 y es más conocido porque anteriormente, con ese mismo nombre, salió una colección de poemas. Pecando a lo mejor de hereje, a mí los poemas de Yupanqui no me interesan sin su voz, sin su guitarra. Lo mismo con Dylan, Nick Cave o cualquier letrista "con aspiraciones". ¿Por qué? Simple, porque en esta música hay magia, fenómeno que se manifiesta con los grandes autores e intérpretes de manera inmediata y hasta palpable. Deben ser veinte o treinta, no más.
Y la magia dicen que no hay que explicarla. 






Escuchar online en YouTube o en Spotify.






Chequear también:
Atahualpa Yupanqui - Una voz y una guitarra
Atahualpa Yupanqui - El payador perseguido (relato por milonga)
Atahualpa Yupanqui - Pasaban los cantores


domingo, 11 de octubre de 2026

Miles Davis - Black Satin / The Theme



Esta va con "aneda". En un verano fuimos de vacaciones a la costa y alquilamos la casa de un amigo de mi tío, hijo de un tanguero más o menos famoso. Aclaro que para mí el tango actual no me interesa para nada así que ni me acuerdo quién era.

La sorpresa fué encontrar, en una especie de ático / estudio / piecita, una colección de discos de tango impresionante. Más de mil ejemplares, una pared de cuatro metros -maso- llena, todos originales, lógicamente y en perfecto estado de conservación. 

Dediqué el día entero a mirarlos uno por uno, con la avidez del coleccionista enfermo que supe ser casi toda mi vida. Ni siquiera fuí a almorzar. Era impresionante. Estaban desordenados pero la colección era completísima. Para poner un ejemplo, de Troilo, Pugliese, Goyeneche... los grandes, los titanes del arrabal, estaban TODOS los discos, incluso los difíciles. Como muchos saben, los discos de tango nunca fueron caros, pero en todas las discografías extensas hay cuatro o cinco de esos que no se ven nunca. 

Acá estaban todos. 

Yo en ese época tenía una listita de discos que quería conseguir, en esta casa, los de tango, faltaban dos o tres. Me separé unos veinte y, aún sabiendo que jamás se hubiera notado la ausencia, le pedí a mi tío el teléfono del dueño. Le conté que los había visto, le mandé fotos y le pregunté si me los vendía, en una charla amigable, buena onda, supe que eran de su padre. Al notar que no tenía la menor idea del valor y probablemente tampoco del contenido de esos surcos, ofrecí una suma que era mas o menos el doble o triple de lo que le hubiesen dado en cualquier disquería. Digamos que me apiadé, era lo que valían. "Bueno, dale, sí... me parece bien". A los dos días me llamó pidiendo el doble. Accedí, a regañadientes, pero ya eran míos, ustedes saben cómo es eso. Su tono era otro y no me había gustado, soberbio y altanero, haciendomé sentir que estaba profanando la herencia familiar o algo por el estilo. Al día siguiente me mandó un mensaje muy cortante, algo del tipo "Mirá, decidí no venderlos... dejalos donde estaban". Le iba a proponer visitar urgente la concha de su madre. Me aguanté. Seguí en plan pelotudamente noble y los dejé en un escritorio. No me llevé NI UNO SOLO. 

Eso sí, los últimos días, en otra pieza, descubrí dos cajas de zapatillas con CDs. Cualquiera sabe que a ese tipo de contenedor van a parar los que nunca más volverán a cumplir su función. También los miré a todos, no me interesaba nada, cuando de repente asomó Miles Davis In Concert, que lo buscaba hacía rato y nunca lo había visto, en ningún formato. 
Se lo robé, no pude resistirme. 
No sentí ni el menor atisbo de culpa o remordimiento. Por sorete. La verdad, todavía al día de hoy, ni lo escuché. Suele pasar. Hubo un poco de justicia, eso sí.





Podés escucharla en YouTube.






Encontrala originalmente en:
Este viene inmediatamente despues del pesadillesco On the Corner, en su momento vilependiado y hoy reivindicado. Es doble, aunque podría entrar en un sólo CD, probablemente para respetar la edición en LP original. De hecho el dibujante es el mismo, un tal Corky McCoy. 

Miles Davis In Concert 
(1973)







lunes, 8 de octubre de 2018

Troilo / Fiorentino - El bulín de la calle Ayacucho


No hay que olvidar que Buenos Aires, entre los años cuarenta y fines de los sesenta fue Meca cultural a nivel mundial. Al menos en lo que a música se refiere. Se estaba gestando algo nuevo, que iba a dejar una huella en la historia de la música popular para siempre. Eran los años de oro del tango, ni más ni menos. Si Manchester tuvo un auge a fines de los ochenta, si Nueva York y San Francisco hicieron su aporte y Kingston marcó a fuego la historia del reggae. Si hoy en día el desierto del Sahara parece ser el norte de músicos de todo tipo de origen, Buenos Aires, al sur, en el culo del mundo, hizo su gran milagro. Los que lo vieron no se olvidaron nunca. En la misma noche podías ver a la orquesta de Troilo y a dos cuadras a la de Pugliese, los dos lugares atiborrados de gente, con orquestas de cuarenta músicos que cobraban y se iban a su casa contentos. ¿Hasta qué punto sabían que estaban haciendo historia?

Los que no vivimos esa época, por obvias razones, todavía podemos revivirla y tenemos la ventaja de poder imaginar lo que queremos, hacer nuestra propia película. Quien no ha escuchado alguna vez aquello de “pero si esta no es la música de tu época” o alguna acusación semejante. Con ese criterio no se puede ver una película de Chaplin o leer a Alejandro Dumas. Patrañas. La gran música es la que no envejece, la que pasan los años y sigue teniendo sentido y vigencia. La música moderna, actual o como se la quiera llamar no tiene el aval que viene de la mano del paso del tiempo, que dicho sea de paso, es el juez más estricto.

¿Qué decir de Troilo? No es mucho lo que se puede agregar a su leyenda. Que tuvo a los grandes cantores a su lado, que con el bandoneón hacía magia… no vale la pena repetir todo eso. Sí vale recordar que Francisco Fiorentino, mendocino el hombre, cantó con el “Gordo” durante seis años, desde fines de los treinta a mediados de la década siguiente. Este disco lleva el título de una de las grandes canciones del género, con letra y música de Caledonio Flores y los hermanos Servidio, respectivamente. En “Uruguaya” y “El desafío” canta también Alberto Marino y si con eso no es suficiente, al final hay una versión preciosa de “Los mareados”.

El bulín de la calle Ayacucho no es el disco definitivo del tango, ni marcó un antes y después, pero sí es un excelente registro de un género en apogeo, una muestra definitiva de una época de oro de una ciudad y un país. Después la música le pertenece al mundo pero esa ya es otra historia, otra discusión. 







Escuchar en YouTube o en Spotify.







Escuchar también:

Troilo / Marino - Café de los angelitos
Carlos Di Sarli - Mañana zarpa un barco
Aníbal Troilo - Tango for Export, Vol. 2