Esta va con "aneda". En un verano fuimos de vacaciones a la costa y alquilamos la casa de un amigo de mi tío, hijo de un tanguero más o menos famoso. Aclaro que para mí el tango actual no me interesa para nada así que ni me acuerdo quién era.
La sorpresa fué encontrar, en una especie de ático / estudio / piecita, una colección de discos de tango impresionante. Más de mil ejemplares, una pared de cuatro metros -maso- llena, todos originales, lógicamente y en perfecto estado de conservación.
Dediqué el día entero a mirarlos uno por uno, con la avidez del coleccionista enfermo que supe ser casi toda mi vida. Ni siquiera fuí a almorzar. Era impresionante. Estaban desordenados pero la colección era completísima. Para poner un ejemplo, de Troilo, Pugliese, Goyeneche... los grandes, los titanes del arrabal, estaban TODOS los discos, incluso los difíciles. Como muchos saben, los discos de tango nunca fueron caros, pero en todas las discografías extensas hay cuatro o cinco de esos que no se ven nunca.
Acá estaban todos.
Yo en ese época tenía una listita de discos que quería conseguir, en esta casa, los de tango, estaban casi todos. Me separé unos veinte y, aún sabiendo que jamás se hubiera notado la ausencia de esas maravillas, le pedí a mi tío el teléfono del dueño. Le conté que los había visto, le mandé fotos y le pregunté si me los vendía, en una charla amigable, buena onda. Al notar que no tenía la menor idea del valor y probablemente tampoco del contenido de esos surcos, ofrecí una suma que era mas o menos el doble o triple de lo que le hubiesen dado en cualquier disquería, digamos que me apiadé, era lo que valían. "Bueno, dale, sí... me parece bien". A los dos días me llamó pidiendo el doble. Accedí, a regañadientes pero ya eran míos, ustedes saben cómo es eso. ¿no? Ya su tono era otro y no me había gustado, soberbio y altanero, haciendomé sentir que estaba saqueando la herencia familiar o algo por el estilo. Al día siguiente me mandó un mensaje muy cortante, algo del tipo "Mirá, decidí no venderlos... dejalos donde estaban". Le iba a proponer visitar urgente la concha de su madre. Me aguanté. Seguí en plan pelotudamente noble y los dejé en un escritorio. No me llevé NI UNO SOLO.
Eso sí, los últimos días, en otra pieza, descubrí dos cajas de zapatillas con CDs. Cualquiera sabe que a ese tipo de contenedor van a parar los que nunca más volverán a cumplir su función. También los miré a todos y no me interesaba nada, cuando de repente asomó Miles Davis In Concert, que lo buscaba hacía rato y nunca lo había visto, en ningún formato.
Se lo robé, no pude resistirme.
No sentí ni el menor atisbo de culpa o remordimiento. Por sorete. La verdad, todavía al día de hoy, ni lo escuché. Suele pasar. Hubo un poco de justicia, eso sí.
Podés escucharla en YouTube.
Encontrala originalmente en:
Este viene inmediatamente despues del pesadillesco On the Corner, en su momento vilependiado y hoy reivindicado. Es doble, aunque podría entrar en un sólo CD, probablemente para respetar la edición en LP original. De hecho el dibujante es el mismo, un tal Corky McCoy.
Miles Davis In Concert (1973)

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