jueves, 8 de enero de 2026

Atahualpa Yupanqui - El canto del viento


Algo curioso que pasa en Argentina y no tanto en otros países productores de música. Se suele dar una importancia considerable a lo extra-musical. Cualquier argentino va a saber más o menos quién es el prócer del que se habla. No tantos se habrán detenido a meterse dentro de la obra en cuestión. Ejemplos; Troilo, Pugliese, Falú, Mercedes Sosa o Charly García son famosísimos, todo el mundo puede recordar una entrevista en la tele, alguna nota periodística, un concierto presenciado y hasta citar frases célebres. Habría que ver cuántos pueden nombrar diez temas o tres o cuatro discos. Son artistas con discografías inmensas, carreras de tres o cuatro décadas. Por ende, conocer dicha obra, incluso superficialmente, ya implica algo parecido a un estudio, a una tarea. Y eso a nosotros nunca nos gustó. 

Eso sí, todos los viejos, cuando éramos pibes rockeros -y ortodoxos- nos bajaban el pulgar. Nos forreaban con cosas del tipo "andá vos... escuchá a Larralde, ESO es música" y en realidad no hacían más que regurgitar un gestito chauvinista. A lo mejor alguno sí se había tomado el trabajo, tampoco les robemos todo el crédito. 

La pregunta podría ser: ¿vale la pena tomarse el tiempo que requiere digerir ese sánguche enorme? Depende de cuáles son las expectativas. Quienes disfrutan ser testigos de cómo se desarrolló una trayectoria, siempre van a sacar algo valioso. También los que gozan cuando la música tiene el peso de historia, algo que se nota y en seguida. Si pretendés una epifanía que te deje ciego, que te conmueva y te sacuda, mejor no. Sí, no faltan los que le piden ese tipo de cosas a la música, como si les hubiese dado poco, le siguen mangueando, exigiendo. Eso te pasa una vez en la vida. Dos, tres a lo sumo. 

El canto del viento de Atahualpa es su millonésimo LP de estudio, sale en 1980 y es más conocido porque anteriormente, con ese mismo nombre, salió una colección de poemas. Pecando a lo mejor de hereje, a mí los poemas de Yupanqui no me interesan sin su voz, sin su guitarra. Lo mismo con Dylan, Nick Cave o cualquier letrista "con aspiraciones". ¿Por qué? Simple, porque en esta música hay magia, fenómeno que se manifiesta con los grandes autores e intérpretes de manera inmediata y hasta palpable. Deben ser veinte o treinta, no más.
Y la magia dicen que no hay que explicarla. 






Escuchar online en YouTube o en Spotify.






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lunes, 5 de enero de 2026

5 Canciones 5: Cracker, Divine Comedy, Neil Young & Crazy Horse, Ian McCulloch y Roky Erickson


Big Dipper
Cracker

Esto es Cracker, por si alguno no se acuerda: la banda que armó Dave Lowery cuando se separó Camper Van Beethoven. Se trató de un proyecto de corte más clásico. Nadie esperaba que alguien que hasta entonces había hecho canciones medio en joda entregara, de repente, algo con el sentimiento tan a flor de piel. Es impresionante la lentitud que tiene esta canción y, sin embargo, cómo funciona: cómo te lleva, sin apuro, a la profundidad exacta a la que quiere llegar. 


Aparece originalmente en: The Golden Age (1994)

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Generation Sex
The Divine Comedy

Originalmente aparece en Fin de Siècle, de la primera época, cuando todavía estaban terminando de hacerse conocidos, aunque Neil Hannon ya tenía una identidad muy clara. "Generation Sex" tiene algo tan canchero que termina ganándote por su propio peso. Lo que esta canción tiene —y que quizá otras no— es una serie de arreglos instrumentales increíbles. Hay un momento, una especie de giro musical, una subida de tono que hace que la canción se eleve de golpe, a la estratosfera. No por nada es considerado uno de los grandes temas de The Divine Comedy.


Aparece originalmente en: Fin de Siècle
 (1994)

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Days That Used to Be
Neil Young & Crazy Horse

Ragged Glory es, fue y será el disco por excelencia de guitarras para tocar arriba. Es increíble lo entretenido que resulta: sencillo, directo, rockero... lo tiene todo. ¿Qué hace que algunas canciones queden más que otras? Al final del día, la melodía. "Days That Used to Be" tiene una increíble, capaz de hacer olvidar —o dejar pasar— que la letra es un poco sensiblera y quizá podría haber sido más contenida. Pero Neil Young es así: no va a ocultar lo que siente para que alguien piense una cosa u otra sobre su obra.


Aparece originalmente en: Hard Line (1985)


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Playground and City Parks
Ian McCulloch

Todos los que lo conocemos Echo & the Bunnymen sabíamos que había un costado sensible en Ian McCulloch. Basta recordar canciones como "Rust" o, se me ocurre, "Nothing Lasts Forever". Pero nadie imaginaba que pudiera tener el corazón tan roto como para hacer un disco entero en esta vena, es lo que llena de soledad Slideling. Transmite un nivel de tristeza tan grande que es imposible no caer en el embrujo, que no te afecte de un modo u otro.


Aparece originalmente en: Slideling (2000)


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Be and Bring Me Home
Roky Erickson

Me atrevo a decir que solo de alguien como Roky Erickson se puede editar algo así: una colección de demos acústicos de canciones que no aparecieron en otros discos, grabadas con un nivel de precariedad asombroso. Pero el corazón de este hombre es tan inmenso, que en su caso vale la pena escucharlas. De otro artista, quizá, no nos tomaríamos la molestia; viniendo de Roky, sí. Esta canción la volvería a grabar más adelante, en el disco que hizo con Okkervil River, pero acá aparece en su forma más cruda: pura tristeza descarnada, sin filtro.


Aparece originalmente en: Never Say Goodbye (1999)


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Video de la Semana: Radio Birdman - Live at the Marryatville Hotel







Los Birdman en vivo, en '77, nada menos.







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