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miércoles, 15 de noviembre de 2023

The Sonics - Boom


Banda mítica, de culto. Oriundos de Tacoma, Washington, en la costa oeste de Estados Unidos. Hacían este rock crudo, básico y a lo bestia cuando el mundo estaba a punto de cambiar para siempre. De Dylan, los Beatles y el folk rock parecen no haberse ni siquiera enterado. Ellos recogen directamente el guante de los dos primeros discos de Little Richard, que para este entonces ya tenían diez años.

Algunos los llaman los primeros punks. Debatible. Otros le ponen ese mote a Jerry Lee Lewis, si te ponés muy exigente puede ser Beethoven. No importa. Sí es cierto que esta gente iba al hueso, dejando de lado cualquier tipo de sutileza. Haber presenciado un concierto de ellos debe haber sido una experiencia única. La gente… ¿bailaría? Los gritos del cantante deben haber asustado a más de uno. Sonaban como tipos duros, probablemente lo eran o mejor imaginarlos así. No te los querrías cruzar en un callejón desolado.

Boom es el segundo disco de estudio y sale al año siguiente de Here Are the Sonics, el inolvidable debut. Por decirlo en pocas palabras es exactamente lo mismo, es un calco, una reproducción. El mismo tipo de canciones, idéntica dinámica, producción, etcétera. ¿Le quita algún mérito? En este caso se podría decir que no, si lo hubiesen hecho cinco veces ahí sí, el chiste pasa de divertido a pesado, sin escalas.

Hay una diferencia grande entre los originales y las versiones. Es otra cosa. Los temas de ellos son algo incomparable. En el primero eran “The Witch”, “Psycho” y el inoxidable “Strychnine” ('a algunos les gusta el agua, a otros el vino, a mi me gusta el sabor de la estricnina sin hielo') y acá salen con cuatro propios. Uno más que en el anterior. En esos temas hay una cuota de maldad, sadismo, es difícil describirlo. Ya desde la estructura y los cambios de acordes. No tienen mucho que ver con los covers que hacían, esos con los que llenaban los álbumes. Que también están buenísimos, hay que decirlo. Acá agarran “Hitch Hike” de Marvin Gaye y lo llevan al tren fantasma, lo mismo pasa con el inmortal “Let the Good Times Roll”, el imperecedero de Louis Jordan, interpretado por… medio mundo.

Acá arrancan con “Cinderella”, equivalente en más de un sentido a “The Witch”, que abría el juego en el primero, para seguir con “Don't Be Afraid of the Dark”, relativamente liviano a pesar de su título. ¿Querés violencia? Poné “He's Waiting”, con un riff medio parecido a “You Really Got Me” de los Kinks, que había salido un poco antes. Aunque acá la onda no es amable, todo lo contrario. Esto anticipa el rock que se haría diez años más tarde y que algunos creen que salió con The Hives, a principios de este siglo. Lo habían inventado los Sonics, probablemente sin planteárselo.







Escuchar online en YouTube o en Spotify.







Chequear también:

The Fabulous Wailers featuring Rockin' Robin and Gail Harris - At the Castle
The Cynics - Living Is the Best Revenge
The Sonics - This Is the Sonics




martes, 13 de octubre de 2020

Baby Woodrose - Third Eye Surgery


¿Se puede hacer rock psicodélico genuino en pleno siglo veintiuno? Una buena respuesta sería escuchar “Waiting for the War”. Esto no es joda, no es imitación. Acá hay conocimiento de causa y una música actual, contemporánea, hasta tiene algo de música electrónica bailable ahí, dando vueltas, sugerido. Otro ejemplo sería “It's Just a Ride”, en donde protestan contra los day trippers, los que se toman un ácido para “divertirse”, sin saber que esto se trata de iluminación espiritual, de expansión de la mente. “Algunas personas desperdician su tiempo en algo que es sólo un paseo”. Mas claro imposible. La música es una montaña rusa de guitarras y teclados como para que el mensaje sea más redondo y quede bien claro.

Un poco de repaso viene bien. Uffe Lorenzen nació en Dinamarca y viene agitando las banderas desde hace rato, tenía una banda que se llamaba On Trial en donde hacían más o menos lo mismo, con discos como New Day Rising o Blinded by the Sun. A principios de este milenio formó Baby Woodrose en honor a su apodo -Lorenzo Woodrose- y sacaron Blows Your Mind en el 2001, una brisa de aire fresco en su momento, entre tanto rock de garage e imitadores de The Hives, Strokes y compañía. Antes que este hay discos extraordinarios en el medio, Love Comes Down del ’06 y Chasing Raindows del año siguiente, sobre todo. Clásicos de la psicodelia moderna que han pasado relativamente desapercibidos, ante el aluvión de posibilidades que nos ofreció de repente Internet, que se expandía y masificaba al mismo tiempo que Baby Woodrose iba desplegando su magia.

Third Eye Surgery sería el disco número siete y salió en el 2012. Es la culminación perfecta de un legado, una idea y una discografía impecable. Es la evolución y es una forma de pensar y hacer rock en la era moderna. Un intento de descripción sería decir que esto es el equivalente a los 13th Floor Elevators de Easter Everywhere para la Nueva Era. No se les haría justicia con esas palabras. Esto tiene identidad propia. Sí, tienen que ver con las bandas oscuras de fines de los sesenta, pero se le plantan firme a nuestros días. A pesar de que anteriormente eran más retro si se quiere, en Third Eye Surgery (uno de los mejores títulos de los últimos veinte años, hay que decirlo) suenan futuristas. Es escuchar “Nothing Is Real” para comprobarlo. Es música con raíces fuertes pero no podría haber sido hecha en otro momento que no sea este.

Lorenzen ya sacó tres discos en su idioma y bajo su verdadero nombre después de Freedom, el último con Baby Woodrose. Habrá que detenerse a chequearlo.







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Chequear también:

The Grateful Dead - Anthem of the Sun
The Soundtrack of Our Lives - Extended Revelations
Uffe Lorenzen - Galmandsværk




lunes, 6 de noviembre de 2023

The Strokes - Is This It


Imposible olvidarlo. Quienes les bajaban el pulgar tenían cierta cantidad de años. Los que aceptaban la propuesta eran menores, no hace falta aclararlo. Como suele pasar cada vez que una banda o solista traza una línea, marca un quiebre y divide aguas. Los escépticos decían cosas como “esto ya lo escuché” o “para escuchar esto prefiero escuchar Ramones”, cosas de ese estilo. Al gran público no pareció importarle y la banda la pegó. No es que rompieron todo, fueron un antes y después, nada de eso; les fue bien. De hecho fue una de las últimas bandas en hacerse grandes en lo que podríamos llamar Era Moderna, hablando de tiempos post-masificación de Internet. Con ellos vinieron los White Stripes, The Hives y sí… también The Vines.

Era la vuelta del rock de guitarras, algo parecido a lo que pasó con Nirvana una década antes, en menor escala quizás. El regreso de las guitarras a las radios. Vale decir que en aquel entonces las radios todavía eran influyentes. Lo que quedaba de los sellos discográficos, en lo que fueron los últimos coletazos de la industria tal y como la conocíamos, salía a buscas con desesperación bandas parecidas. ¿Había alguna novedad?

Sí y no.

Sí era cierto que escuchar a Television o Blondie estaba bien visto otra vez. De estos grupos no se acordaba nadie. O sí. Se acordaban los freaks musicales como decían en Alta Fidelidad. Hoy en día, que alguien a quien le gusta el rock, no sepa qué es Marquee Moon es infrecuente, medio insólito. Y si es así… a cambiarlo urgente. En las entrevistas hablaban de Velvet Underground, por ejemplo. Ellos trajeron esa música de nuevo, la rescataron y no es un mérito menor.

Y las canciones tenían algo… si estás buscando virtuosismo o buen sonido estás mal rumbeado. A pesar de que en cuanto a producción había un par de decisiones hábilmente tomadas, no es por ahí el asunto con The Strokes. No es por el lado en el que muchos músicos suelen apuntar su confusión, su represión sexual. Era frescura, desparpajo, juventud. Es lo que siempre reaparece cada diez o quince años. “Last Nite” no tenía prácticamente nada de novedoso, era muy difícil no bailar. Si no bailabas era porque lo estabas sobre-analizando, racionalizando. Eso y la música… no deberían ir juntos. “Barely Legal”, “Soma”, “Hard to Explain”, una colección de canciones coherente, sin pretensiones intelectuales, con un parentesco directo con Please Please Me de los Beatles o More Songs About Buildings and Food de Talking Heads. Es sólo rock and roll. Sin demasiadas vueltas. Y nos encanta.







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Chequear también:

The Strokes - Room On Fire
Cobra Verde - Easy Listening
Huevos Rancheros - Dig In




martes, 22 de marzo de 2016

Super Ratones - Mancha registrada


Deben ser una de las bandas más bastardeadas y prejuzgadas de la historia del rock hispano-parlante. De manera tan injusta como entendible. Aparecieron con El rock de la playa, eran de Mar del Plata, tenían todos alrededor de veinte años, imitaban a los Beach Boys y medio que “la pegaron” en seguida. Como todos los que salen mucho en esa máquina de triturar gente que es la TV, terminan hartando hasta al más paciente. A pesar de que lo que hacían les salía bien y nadie lo había hecho acá todavía, reírse, ser fiestero y divertirse siempre fue el peor pecado en las tierras de los profetas cara de orto. Después crecieron, se vienen a vivir a Buenos Aires (porque todos sabemos dónde es que Dios tiene sus oficinas) y evolucionaron mucho. Nadie se enteró, lamentablemente.

Encima en este disco les volvió a pasar algo parecido. ¿Mala suerte? ¿Ineptitud? ¿Malos managers? Justo cuando el país se prendía fuego salen con “Como estamos hoy…”, que fue usado por los programas sensacionalistas, para retratar a una Argentina que sangraba por todos sus poros. El tema era bueno, algo tenía evidentemente, los tipos estaban atentos a lo que pasaba afuera con el rock garagero y sucio de The Hives, White Stripes y toda esa camada. Pero nadie soporta que un tema suene hasta cuando levantás una piedra. Ya era el momento en que nadie escuchaba discos enteros y fue una lástima porque Mancha registrada está repleto de grandes canciones. Los tipos tiran toda la carne al asador en este disco, es algo así como el Álbum Blanco de los Super Ratones.

Lo que abunda es el power pop al estilo Teenage Fanclub, los temas más guitarreros de los Jayhawks y el pop de estribillos luminosos de Blur, antes de que se pusieran pretensiosos. Pero en todos esos temas hay alguna idea o instrumento de color que habla de ellos como grandes artesanos de la vieja, querida e inmortal canción. Hay gaitas en “Decime qué te hicieron”, bossa nova -pasada por el filtro de los Kinks- en “Cosas perdidas” y pastiches que harían la envidia de Jeff Lyne y su Electric Light Orchestra en “Yo sigo”. El admirable “El peso del mundo es amor”, atiborrado de ideas originales en sus más de siete minutos de duración. El golazo viene de la mano de “Más allá del sol”, uno de los grandes temas olvidados de la década anterior, estaría muy cómodo adentro de All Things Must Pass.

¿Quién sabe?… quizás cuando pase el tiempo y nadie se acuerde de la parte extra-musical, los Super Ratones puedan ser reconocidos como lo que son; una muy buena banda.







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Chequear también:
The High Llamas - Beet, Maize & Corn
Super Ratones - ¡Urgente!
The Posies - Frosting On the Beater