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jueves, 3 de marzo de 2011

Linton Kwesi Johnson - Forces of Victory


Todos sabemos de qué se trata el reggae de manera que no hace falta explicarlo. Es un poco como todos los géneros; una cuestión de amor u odio. Si le encontraste la vuelta lo vas a adorar, de lo contrario no habrá forma de hacerlo entrar. Lo que a priori parece una música rudimentaria y limitada es en realidad más difícil y tiene sus secretos que separan por millas al buen reggae de la imitación berreta, del refrito sin alma. No hace falta más que prestar un poco de atención a cualquiera de las innumerables bandas que fracasan en el intento y que pululan hoy en día hasta debajo de las alfombras. Cualquiera de esas bandas comparada con “la cosa real”… sale muy maltrecha.

Casi no hace falta decir que lo que hace Linton Kwesi Johnson pertenece al grupo de los indiscutidos, acá no hay vueltas, no hay trucos, esto es cien por ciento creíble. Por empezar viene de Jamaica, un factor de credibilidad determinante. Es en los detalles en donde reside la magia de esta música, esos ritmos de bajo viscosos, zumbones, casi se puede oler el patchuli. Son pocas notas y los silencios están utilizados de una forma difícil de describir con palabras. Donde no hay música es tan -o más- importante como cuando sí hay sonidos. No es algo que se aprende, simplemente se lleva en la sangre. A diferencia de otros grupos del género, los músicos de Johnson, con Dennis “Blackbeard” Bovell en la guitarra y la Dub Band, tienen más habilidad que el promedio y se nota. Hay “condimentos extra” en Forces of Victory, toques jazzy, muchos solos de guitarra y una sección rítmica diferente, hipnótica. Kwesi Johnson era periodista y escritor aficionado antes de grabar su primer disco. A pesar de que hay rebeldía y sus letras son contestatarias, se aleja del panfletarismo habitual en que suelen caer este tipo de líricas. Tomemos por ejemplo "Sonny's Lettah (Anti-Sus Poem)". Es la historia de un preso encarcelado injustamente que le escribe a su madre. En unas pocas líneas se da el gusto de tocar varios temas candentes y de bajar línea de manera inteligente: racismo, brutalidad policial y desamparo social. Si a eso le sumamos el acento cerradísimo de Johnson y su voz grave y cautivante… el cóctel es perfecto.

El solo de guitarra de "Reality Poem" parece salido de un disco de space rock, el ritmo lento y oscuro de "It Noh Funny" o el tempo dub de "Time Come", el encargado de cerrar, son sólo algunos de los grandes momentos de Forces of Victory, que como todo gran disco, tiende a trascender las fronteras (muchas veces autoimpuestas) del género en cuestión.

No es el único gran disco en la carrera de Johnson pero es uno de los más reconocidos, una sola pasada basta para dar por tierra con un buen puñado de imitadores y -de paso- para saber bien de qué se trata realmente todo este asunto.







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jueves, 15 de julio de 2021

Los Fabulosos Cadillacs - Réy Azucar


Mucha gente no soporta a los Cadillacs. En cierta forma es entendible. A nadie le gusta que un tema suene en todos lados, cuando doblás la esquina, cuando entrás a un negocio y hasta cuando levantás una piedra. A ellos les pasó eso. Cansaron. Pero no fue culpa de ellos, era otra época, pasaron más de veinte años desde aquellos días de apogeo. Pasaron rápido, vale decirlo. Era la era en que, cuando un grupo que trabajaba duro y tenía talento, la pegaba y a lo grande. Cuando la compañía les pide un tema nuevo para redondear una compilación de grandes éxitos (hablamos de Vasos vacíos, claro) ellos les dieron “Matador” y ahí sí que explotó todo.

Eran los años de apogeo de lo que llamaban “rock latino”, con muchas bandas del hemisferio sur entrando en los hogares de millones a través del canal de música MTV, que de a poco se iba metiendo en todos lados. Los tipos para aquel entonces ya tenían varios años de carrera, seis discos de estudio y de a poco se iban haciendo masivos. Atrás habían quedado los años de “morir tocando ska”, siempre mostraron una apertura mental que a muchos les molestaba. Todavía hoy es algo que irrita a muchos. Ellos siempre fueron fanáticos de The Clash, recogieron el legado y lo interpretaron muy bien. No le hacían asco a nada. En Réy Azucar, el que sale en pleno éxito de LFC, en el ’95, esa impronta clashera está más presente que nunca, este es el Sandinista de Flavio, Vicentico y compañía, hoy suena mejor que nunca.

Hoy podés volver a escuchar “Mal bicho” sin que te haga querer salir corriendo y comprobar que envejeció bien, que la letra era buena, yo ni me había dado cuenta que ahí sale rapeando el mismísimo Mick Jones. En la versión de "Strawberry Fields for Ever", me acuerdo en su momento que varios la consideraban un sacrilegio, cuentan con la voz de Debbie Harry y en “Queen from the Ghetto” aparece el gran Big Youth como invitado. Digamos que se daban sus gustos. Qué bien que tocaban reggae, con un nivel pocas veces escuchado en una banda de Argentina, “Ciego de amor” bien podría haberse grabado veinte años antes, un reggae-roots de una pureza admirable. “Estoy perdido en Miami, bajo el terrible cielo del Caribe, soy como una sombra de mí mismo, celebrando la caída del Imperio, un lugar donde acampar en este infierno, gente flotando en el mar de la vergüenza” dice “Miami”, otro de los grandes temas del disco, bien en la onda London Calling, con explosión punk rocker ad hoc. El disco funciona muy bien como una totalidad y, a pesar de la gran cantidad de hits que tiene, sorprende volver a escuchar la calidad que tenían los temas menos conocidos, los que no sonaron en las radios.

Después de Réy Azucar los tipos salen a la calle con Fabulosos Calavera, otro golpe de timón arriesgado que salió bien, mezclando Piazzolla con King Crimson en un disco que desafió a varios. Sobre todo a ellos mismos.







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lunes, 22 de febrero de 2010

Max Romeo & the Upsetters - War Ina Babylon


Max Romeo ya tenía varios años de carrera para la época de su contrato con el sello Island de Chris Blackwell y War Ina Babylon. Había estado varios años al frente de los Emotions en la segunda mitad de la década del 60, obteniendo varios hits a nivel regional, es decir; en la isla de Jamaica. Después, ya como solista, consiguió un éxito enorme, incluso en Inglaterra, de la mano de "Wet Dream", un tema de connotaciones sexuales evidentes. De más está decir que sufrió roces con la censura, pero a pesar de eso logró encaramarse en lo alto de los rankings. A todo éxito rotundo lo suelen acompañar secuelas y esta no fue la excepción; "Wine Her Goosie", "Mini Skirt Version" o "Pussy Watch Man" entre otros títulos de innecesaria traducción.

En medio del turbulento momento político que se vivía en la isla a principios de la década siguiente, Romeo hizo un lento pero notorio viraje hacia una música con más contenido social, con letras que tomaban partido por causas justas, siempre teñidas por la óptica del rastafarismo. Fue a mediados de los 70's que la colaboración con el genial y excéntrico Lee “Scratch” Perry daría los frutos que hoy podemos degustar en la forma de War Ina Babylon. Según cuenta la leyenda, Perry utilizaba métodos de producción de lo más inusuales, grabando elementos de percusión hasta entonces impensados, protagonizaba interminables sesiones cannabicas en pleno proceso de trabajo y practicaba magia Voodoo. Nunca sabremos si este mito que rodea lo que pasaba en los estudios Black Ark de Kingston es cierto pero sin dudas a nivel musical hay diferencia, y se nota. La mezcla es extraña, con instrumentos que aparecen y desaparecen súbitamente, el bajo bien al fondo, haciendo un uso ejemplar de los silencios, colocando las notas en los lugares precisos.

Es en este disco que aparece por primera vez "I Chase the Devil" uno de sus temas más recordados, que ha sido sampleado miles de veces; The Prodigy, Jay-Z y la agradable versión de Madness, más reciente. En este tema hay un elemento que se repite para aquellos que gustan de leer las letras chiquitas de los discos; Romeo comparte los créditos de composición con Perry en la gran mayoría de los temas. "One Step Forward" es uno de esos típicos ejemplos de la lírica rastafari en general y de Max Romeo en particular, la letra dice “Estás comercializado, agarrando el dinero. Es un momento de decisión, decime cuál es tu plan porque es un paso adelante y dos hacia atrás, apartate de Babylon”, un mensaje claro y conciso que pretende tener llegada masiva, alcanzar su objetivo, concientizar. La presencia de los Upsetters en la sección rítmica es clave en temas como "Smokey Room" o "Norman" en donde suenan ajustadísimos y aportan arreglos interesantes.

A pesar del éxito de críticas y ventas de War Ina Babylon, la sociedad creativa junto a Lee Perry terminaría prácticamente en seguida, después de una pelea. El disco sería recordado por siempre como uno de los puntos más altos en las carreras de ambos, uno de esos trabajos que se tienen como referencia para hablar de un sonido, un ritmo e incluso una ideología.








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domingo, 20 de septiembre de 2020

Barrington Levy - Robin Hood


Fue un niño prodigio, tenía apenas quince años y ya estaba subiéndose a los escenarios. A principios de los setenta conoce al productor Henry “Junjo” Lawes y juntos se ponen a hacer singles bajo el nombre Roots Radics. También grabó junto al gran Jah Thomas, sencillos más que nada, en esta época los álbumes todavía no eran importantes en Jamaica. Él igual los hacía y, antes de Robin Hood, ya había sacado discos importantes como Shaolin Temple y Bounty Hunter.

En 1980, cuando sale Robin Hood, ya era conocido y hasta le iba bien en Inglaterra. Acá también esta Lawes como productor y juega un papel fundamental. Como cualquiera que se haya metido en el género sabe, la producción puede ser fundamental en un disco de reggae y esta no es la excepción. Acá es un lujo. Este es un disco plagado de detalles sonoros, tiene mucho en común con los trabajos que venía haciendo Lee “Scratch” Perry en esta época. Un buen ejemplo es “You Come to Ask Me What Is Love”, que tiene de todo; eco, cámara, juegos de percusión, el bajo pegajoso característico, una base medio dub, cencerros, una delicia auditiva. ¿Lo mejor de todo? Nunca pasan al frente, todo está puesto en el lugar justo, para aquellos que adoran ponerse el auricular y disfrutar de las ideas y ocurrencias de tipos que eran creativos con muy poco al alcance. Quizás la virtud por excelencia del reggae; menos es más.

Abriendo lo que originalmente era la cara B hay otra obra maestra; “Why Did You Leave Me”, bien podría ser un tema de Super Ape o de cualquiera de los grandes discos de Mikey Dread. ¿Se acuerdan de Dread at the Controls o World War III? Y eso que Levy todavía no tenía veinte años acá. Increíble pero real. Errol 'Flabba' Holt, el bajista que grabó en Robin Hood, merece un poco de atención especial. Como suele suceder en el género, el dominio del instrumento que tienen estos tipos es notable. El uso de los silencios está manejado con maestría, lo más probable es que se trate de gente que no tiene la menor idea de teoría musical, puro instinto, buen gusto y onda. En “Na Broke No Fight Over No Woman” las líneas de bajo no se pueden creer y es más o menos lo que pasa a lo largo de todo el disco. Acá el tempo es rarísimo, la melodía vocal tiene una cosa medio árabe. Este no es cualquier LP, es algo especial.

Se lo podría poner al nivel de Heart of the Congos o cualquiera de los dos o tres inolvidables de Big Youth, hubo un verdadero aluvión de discos imprescindibles en esta época. Jamaica era un hervidero de actividad cultural y se dieron varias condiciones para que esto suceda. Las huellas que quedaron nos dejan imaginar lo que pudo haber sido vivir ahí. Hablo de los discos, claro.






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Clint Eastwood & General Saint - Two Bad D.J.





sábado, 24 de noviembre de 2012

M. Ward - A Wasteland Companion


Uno de los grandes cantautores de los últimos diez años. Sin embargo, en el apartado biográfico, lo de M. Ward tiene poco que ver con la extravagancia y los habituales detalles de color. Tocó en bandas de escasa -o ninguna- trascendencia hasta que decidió empezar como solista. Ahí es cuando tuvo un poco de suerte. Uno de sus discos cayó en manos de Howe Gelb, uno de los personajes más extraños y ermitaños de los últimos treinta años de la música popular. Gelb no es conocido por ser un tipo que anda en busca de las últimas tendencias, basta escuchar cualquier disco de Giant Sand para comprobarlo, pero lo que escuchó le gustó. Duet for Guitars #2 fue editado en Ow Om Recordings, el sello de Gelb y ahí la cosa empezó a cambiar, a crecer.

Hoy M. Ward es un músico de cierto prestigio, está lejos de ser un gran vendedor (¿quién lo es en estos días?) pero sus discos son consistentes y los comentan en las revistas que todavía se preocupan por bucear por debajo de lo que -supuestamente- todos tenemos que escuchar. Tiene un estilo propio que, sin ser novedoso, es reconocible y ya lleva grabados unos cuantos LP’s de estudio, sin preocuparse por hacer concesiones en pos de una masividad que quizás nunca llegue. A Wasteland Companion es su séptimo trabajo hasta la fecha y se nota que su fama viene en ascenso. Tiene una producción más nítida e incluye una lista de “semi-celebridades” que sería la envidia de un director de cine independiente. Está Steve Shelley de Sonic Youth, Zooey Deschanel (la actriz indie del momento y cantante de She & Him) y hasta el mismo Gelb en un par de canciones. Y lo mejor de todos es que ninguno de los invitados sobresale, en ningún momento este es uno de esos discos en que el invitado termina pasando al frente y opacando al tipo que pone su nombre en la tapa, todo lo contrario, casi pasan desapercibidos.

¿Y la música? Bueno, no se aparta demasiado de discos anteriores como Post-War o Transistor Radio, hay arreglos orquestales, sutiles, bien usados. Es un disco de folk moderno, en el amplio sentido del término, suena atemporal pero también es moderno a su manera. Se nota la influencia de Giant Sand en esa manera de hacer sonar todo como si estuviese improvisado pero, si prestás atención, todo está puesto en su lugar. Hay guiños al enorme Nick Drake, al blues clásico e incluso al Gene Clark solista más intimo y hasta una dedicatoria a Big Star en el primer tema, “Clean Slate (for Alex & El Goodoo)”.

A Matthew Stephen Ward (su verdadero nombre) su nuevo estatus de cantautor de culto no lo mareó; A Wasteland Companion es el testimonio evidente de que algunos saben bien que la fama… es puro cuento.








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