sábado, 19 de noviembre de 2011

5 Canciones 5: Badfinger


Crimson Ship

Para la época de Magic Christian Music, todavía estaban muy asociados con los Beatles, incluso en esta película, en la que pusieron música, actuaba Ringo. Todavía se molestaban por ser metáforicos y tenían muchos temas con ese estilo medio pop, medio lisérgico de fines de los sesenta, a la manera de Odessa o Abbey Road. Los arreglos de guitarra que responden a las voces (perfectamente armonizadas, claro) en el estribillo y la coda psicódelica ya pagan el precio de la entrada.

Aparece originalmente en: Magic Christian Music (1970)

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It Had to Be

¡Si señores! ¡Mike Gibbins -el baterista- también componía! ¡Y cómo! Se movía comodamente dentro de varios estilos pero en "It Had to Be" se nota que es un pez en el agua. Tiene mucho que ver con esos temas medio balada que tan bien les salían a los otros miembros del grupo. Una canción de desamor, de ruptura, con la resignación que implica asumir el fracaso. Eso sí; la canta, como los dioses, Pete Ham.

Aparece originalmente en: No Dice
(1970)

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Name of the Game

Bueno, de Straight Up... ¡Qué díficil elegir solo una!. Hay cuatro o cinco canciones de esas bien lacrimógenas (en el buen sentido de la palabra), de esas que mueven una fibra sensible hasta al más rudo y "Name of the Game" es una de esas. La letra derrota a "Let It Be" en su propio terreno, con tintes algo místicos y algunas frases tremendamente acertadas, con la melancolía a flor de piel, es imposible no conmoverse. Esto es Badfinger cien por ciento.

Aparece originalmente en: Straight Up (1971)


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Why Don't We Talk?

Empieza con unos pasos que se escuchan de fondo, se mueven unos muebles, una cosa un poco extraña. Pero en seguida viene lo mejor, un fade-in lento introduce unos coritos y directo al plato fuerte; una secuencia repetitiva de tres acordes que suenan bien pesados, una cruza entre Who's Next y Mott the Hoople, guitarras gordas. Este temazo lleva la firma de los dos compositores principales; Tom Evans y Pete Ham, que comparten también la voz líder. Atención al precioso solo de guitarra de Joey Molland.

Aparece originalmente en: Badfinger (1974)


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Keep Believing

Después del que quizás sea el GRAN DISCO de Badfinger, el fantástico Wish You Were Here, los tipos tenían material para... un disco doble! Grabaron este, Head First, que fue rechazado por Warner, la compañía grabadora. Es increíble... ¿Cuántos discos se han editado con canciones que no llegan ni a los tobillos de una preciosura como "Keep Believing"? Ham canta este himno a la esperanza con un nudo en la garganta, "éramos peones en el juego de otra persona". Le quedaban unos pocos meses de vida.

Aparece originalmente en: Head First (2000 [Grabado originalmente en 1975])


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miércoles, 16 de noviembre de 2011

Echo & the Bunnymen - Porcupine


En Head On, la autobiografía de los primeros años de carrera de Julian Cope, hay algunas anécdotas que hablan de la personalidad y la ambición musical de Ian McCulloch, quien todavía hoy lidera a Echo & the Bunnymen. Cuenta cómo se conocieron, en la incipiente escena post-punk de Liverpool, cuando Mac (tal su apodo) era un clon lleno de granos de Joey Ramone, a la defensiva atrás de inamovibles anteojos oscuros. Relata cómo compartían gustos musicales, con el esnobismo que se necesita para poder hacer algo en la vida, cómo detestaban ciertas bandas y glorificaban a otras que en realidad no estaban tan distanciadas. También competían salvajemente y Cope confiesa, sin el menor arrepentimiento, el ataque de envidia que sintió cuando salió Crocodiles, antes incluso que Kilimanjaro, el debut de los Teardrop Explodes.

Hoy parece imposible pero en un momento, a principios de la década del ochenta, los Bunnymen eran serios candidatos al título de Banda Más Grande del Mundo, batalla que perderían irremediablemente a manos de U2, con Bono a la cabeza. La prensa los adoraba, el público respondía pero no… no iba a poder ser.

Para hacer la tapa de Porcupine, el tercero de estudio depués de Heaven Up Here, decidieron seguir la tradición de plantar la banda en algún paisaje insólito. Si en Crocodiles aparecían en una especie de bosque encantado y en Heaven… en una playa desierta, esta vez iban a ir más lejos todavía. Pusieron proa con rumbo a Islandia y armaron la sesión de fotos, en ese glaciar que tanto tiene que ver con la música. Ahí también filmaron el video de "Back of Love" ese temazo que les ayudó a llegar alto por primera vez en los rankings, dándole un significativo envión a las ventas de Porcupine, para el que se filmaron nada menos que seis videos promocionales. Ya lo dijimos; las ambiciones de los muchachos eran serias.

Porcupine
tiene fama de “disco difícil” pero no es tan así. En realidad es mucho menos árido que sus dos predecesores; a pesar de que Echo & the Bunnymen refinaba la técnica y mejoraban las orquestaciones, sus discos se fueron volviendo menos aventureros, más convencionales, más “cancioneros” si se quiere. Cada uno sabrá con qué etapa del grupo quedarse, ninguna de las dos es mejor que la otra, simplemente son diferentes y en las dos se mueven con total naturalidad. Porcupine es quizás ese momento a mitad del camino, no es ni una cosa ni la otra; sí… hay estribillos y muy buenos, pero también oscuridad y experimentación para todos los gustos y ahí reside su mayor encanto. Pero en todos los discos aparecen los elementos que hacen de ellos una banda con personalidad; la guitarra psicodélica de Will Sergeant, una especie de Tom Verlaine inglés, un héroe anónimo de las seis cuerdas y la voz de Sinatra en ácido de McCulloch. Y las letras, por supuesto. Son un reflejo perfecto de una época, de una generación desencantada y claustrofóbica con sus obsesiones a la orden del día.

Después del éxito de Ocean Rain, el siguiente trabajo y continuación casi natural, vinieron unos cuantos problemas, la devastadora muerte del baterista Pete de Freitas, las carreras solistas y las peleas que nunca faltan. Pero se las arreglaron para sobreponerse a todo y hoy en día siguen, con la cabeza bien alta. Lejos quedaban los días de gloria de Porcupine.








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Wah! - Nah=Poo - The Art of Bluff
Siouxsie & the Banshees - Tinderbox
Echo & the Bunnymen - Evergreen



miércoles, 9 de noviembre de 2011

Video de la Semana: Elephant Stone - I Am Blind



Dos ex-High Dials (una de las mejores bandas de la década del '00) armaron Elephant Stone. Esta canción pertenece a The Seven Seas.





lunes, 7 de noviembre de 2011

Aphrodite's Child - 666

Algo llama la atención en los créditos de este mastodonte sonoro que es 666, el tercer y último trabajo de estudio de los griegos Aphrodite's Child. Los nombres. Está Vangelis Papathanassiou, quien más adelante sería famosísimo (sin el apellido) como tecladista y autor del himno new-age "Chariots of Fire" y Demis Roussos, el super astro de la música pop mediterránea, con millones de discos vendidos en todo el mundo. Otro detalle no menor; en el sobre interno también dice “este trabajo fue grabado bajo la influencia del Saleph”, una especie de absenta antiquísima, un poderoso estimulante que hizo que Mercury Records se enojara mucho y demorase la salida casi dos años. A la compañía tampoco le entusiasmaba la idea de tener que vender un disco doble, ambicioso y con una temática controvertida ya que las letras se basaban en un texto bíblico; nada menos que en El Apocalipsis según San Juan.

Quien no lo conoce pero ha leído este primer párrafo puede no estar entusiasmado y es entendible; comerse un disco doble, con esos nombres en juego, con esas pretensiones… lo más probable es que sea un rompecabezas auditivo imposible de llevar a cabo. No es tan así la cosa, por suerte. Si bien 666 no es “fácil”, de esos que entran a primera escucha, tampoco es tan críptico como podría suponerse, con un balance casi perfecto entre experimentación y canciones accesibles. Está la psicodelia retorcida y deforme de "The Lamb" pero en el mismo lado, un poco antes aparece "The Four Horsemen", un hit menor, el último de la carrera del grupo. Hay que decir que el concepto se difumina un poco a lo largo del disco y se debe a que hay demasiadas distracciones musicales, en 666 hay para todos los gustos. Está el clima siniestro de "Aegian Sea", que es rock progresivo de principios de los setenta, sin excesos ni florituras, tiene más que ver con la búsqueda del Pink Floyd de Meddle que con la pirotecnia instrumental. "The Marching Beast" y "The Battle of the Locusts", que son dos temas que están juntos, son el ejemplo típico de este eclecticismo, de este ir y venir entre canción más o menos “convencional” y disparate psicodélico, de caos controlado. La nota de color es el tema llamado "∞" (infinito), casi al final, en donde la actriz Irene Papas finge un orgasmo mientras recita el siguiente mantra “yo era, yo voy, yo voy a acabar” sobre una base de percusión rarísima a cargo del propio Vangelis, algo así como el equivalente musical a El Exorcista. Según la leyenda, esto duraba casi media hora (en el disco, por suerte, son cinco minutos) y los gritos no eran fingidos. Tanto este fragmento como "All the Seats Were Occupied", que originalmente ocupaba casi toda la cara D en el LP y en donde, claramente, el nivel de Sahlep en la sangre iba contra todas las leyes, son los momentos más demoníacos, los que le hacen honor al título.

Para cuando salió al mercado, la banda ya no existía y aún así vendió una respetable cantidad de ejemplares. Roussos estaba a punto de convertirse en algo así como el Rey de la Balada Lacrimógena y Vangelis sería invitado a formar parte de Yes al momento de la partida de Rick Wakeman, oferta que declinó para concentrarse en su carrera solista. Nunca llegaron a hacer algo ni remotamente parecido a 666, un disco que todavía hoy sigue despertando fanatismos, una obra de culto.







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Aphrodite's Child - It's Five O'Clock
Dr. Z - Three Parts to My Soul
Comus - First Utterance



jueves, 3 de noviembre de 2011

Wilco - The Whole Love


Los grandes autores tienen un tema recurrente. Una idea a la que vuelven, que los obsesiona, a veces de modo inconsciente y otras de forma planificada. Así es como Nick Cave insiste con la muerte y el amor enfermizo, Federico Moura con el desenfreno y la burla a los prejuicios o Roy Orbison con el sufrimiento romántico. Jeff Tweedy además de músico, letrista y compositor principal de Wilco, es ante todo un fan. Un fan del rock. Y de ahí viene su principal fuente de inspiración; de lo que significa e implica ser un fan de la música, de cómo puede modificar nuestras vidas, cómo puede salvarlas, actuar como fuerza motriz, deprimirnos y alegrarnos. Es lógico que con esos puntos de vista despierte adhesiones, le habla muchas veces al fan, de igual a igual y ahí reside el truco o el secreto de Wilco. También hacen unas canciones buenísimas, pero de esto nos vamos a ocupar más adelante.

No viene mal recordar que Wilco renace de las cenizas de Uncle Tupelo, aquella agrupación que, con el fundamental No Depression, supieron sentar las bases de lo que hoy se conoce como alt-country o Nuevo Rock Americano; más allá de las etiquetas, se trataba de pibes punks que no le hacían asco a la música de raíces, logrando una fusión hasta entonces inédita. Todavía resulta difícil caer en la cuenta de que ya llevan más de quince años juntos. Quince años y casi diez discos. En esos discos han hecho de todo. Con algún que otro cambio de formación han sido los Stones y Neil Young en Being There, Gram Parsons en A.M., power-poperos en Summerteeth, experimentaron con un rock artista y retorcido en A Ghost Is Born y finalmente encontraron una personalidad en una mezcla de todo eso en los dos últimos trabajos de estudio; el magnífico Sky Blue Sky y, más recientemente, con Wilco (The Album), el del camello en la tapa.

The Whole Love viene a cerrar esa especie de trilogía, en donde la banda experimenta y juega, siempre con la canción a modo de marco sagrado, intocable. Al principio engaña, nos hace parar la oreja de la mano de "Art of Almost". ¿Qué es? ¿Autreche? ¿Radiohead? Arrancan con una exploración sonora, rara e interesante, después la cosa vuelve a terrenos familiares. En general The Whole Love es un disco plácido, clásico, tranquilo, sin mayores sobresaltos y salvo en "I Might" y en "Standing O", los temas tienen esa extraña calidez que ya habíamos escuchado, esas baladas con varias lecturas entre líneas que tanto nos gustan. Algún escéptico puede decir que se trata de un cómodo “más de lo mismo” pero no. Tweedy se deprime como nunca en "Black Moon", en uno de esos temas que hablan de darse cuenta de algo que uno ya esperaba, pero que igual pasó, algo tan estúpido como humano a la vez, tan nuestro. Los arreglos de violonchelo son excelentes, por cierto.

Dos por tres aparece la guitarra vanguardista de Nels Cline, algo así como un Richard Lloyd y Tom Verlaine en un mismo cuerpo, capaz de roquear con desenfreno y de llevar su instrumento a lugares sombríos y lúgubres, es notable lo que hace al final de "Whole Love" o en el tema que cierra el disco, el larguísimo "One Sunday Morning", que es el equivalente posmoderno a "Sad Eyed Lady of the Lowlands" de Blonde On Blonde.
Es Wilco. Los conversos, que ya saben que esperar de la banda, van a estar felices con The Whole Love y si de paso suman algún nuevo fiel con este nuevo trabajo, quedamos todos contentos.








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The Who - The Who By Numbers
Wilco - Yankee Hotel Foxtrot
Beachwood Sparks - Beachwood Sparks




viernes, 28 de octubre de 2011

Disco del Mes: Peter Case - Sings Like Hell


Peter Case
Sings Like Hell
1993










Vanguard Records










martes, 25 de octubre de 2011

Kevin Ayers - Yes, We Have No Mañanas


Hace poco salió una preciosa cajita de cuatro CD's, Songs for Insane Times, compilando la era de oro de Kevin Ayers, incluyendo material desde Joy of a Toy, su primer disco solista después de su paso por los fundamentales Soft Machine, hasta That's What You Get, Babe del '80. No alcanzó. No fue suficiente para despertar el revival, para situarlo en el lugar que merece. El tema es… ¿Qué lugar merece? ¡Ni él lo sabe! Y seguro que tampoco le interesa. Inclasificable, eterno holgazán, borrachín, lector voraz, divertido, irónico, retorcido… Como siempre; nada mejor que escuchar los discos para entenderlo.

Kevin Ayers
hacía escapadas frecuentes a Mallorca, en las islas Baleares, por eso el bronceado de la foto de tapa y el título de este disco; Yes, We Have No Mañanas. La palabra “mañanas” para hacer referencia a otra palabra que Ayers usaba mucho para describir algo así como “delirios” o “extravagancias”: bananas. Recordar el disco Bananamour en donde las frutas amarillas aparecían hasta en la portada. Este es el disco en que regresa al sello Harvest, después de un breve flirteo con Island, en donde intentaron venderlo como una especie de astro glam, algo que no cerraba por ningún lado.
¡En esas condiciones hizo el espectacular Confessions of Dr. Dream and Other Stories!

Tal era su desencanto con la industria discográfica en este período que si hay una temática que predomina en …Mañanas es precisamente esa. En "Star", al principio, ya lo deja bien claro: “Si querés ser una estrella empezá a brillar, brillá de una vez”. El solo de guitarra de su fiel ladero Ollie Halsall también es digno de mención. También hay palos repartidos para los buitres en "Mr. Cool" y en "Ballad of Mr. Snake" y de manera no tan explícita en "The Owl". Es importante remarcar que, quienes esperen bizarreadas sonoras como "Song from the Bottom of a Well" de Whatevershebringswesing o cualquiera de las suites sinfónicas de Shooting at the Moon, no se van a encontrar con lo mismo. Esta vez el tono elegido es un rock suave, muy personal, divertido y hasta jocoso, tocado con muchísima onda y personalidad, no es el mismo Ayers de "The Lady Rachel", para bien y para mal. Pero por supuesto que hay lugar para la experimentación y la locura, incluso en temas en apariencia convencionales como "Love's Gonna Turn You Around", hay arreglos geniales, de esos que son su marca registrada. Escuchen sino "Help Me", en donde Ayers deja claro que fue uno de los pocos de su generación que no miró con desdén el punk y la new wave que ya pisaban fuerte para este entonces.
Sobre todo con discos como Rainbow Takeaway o Diamond Jack and the Queen of Pain. “¿Quieren un tema new wave? Ok, tengo este”. Incluso a media máquina le sobra para demostrar su talento. "Ballad of Mr. Snake" directamente empieza con un claro bostezo. ¿Aburrido? De ninguna manera, pero muy irónico, eso seguro. Siempre desafiante, el último tema es la joya del disco; "Blue" es una de esas composiciones que ya para esta época no hacía Bowie, con una producción a todo trapo (a cargo de Halsall y el mismo Ayers) y un verdadero caleidoscopio de ideas musicales. Tema portador de un magnífico solo de guitarra, por cierto.

Despues de …Mañanas siguió, casi en seguida, Rainbow Takeaway, pero Ayers, cada vez más frustrado con el panorama musical, se fue desvaneciendo en un mundo que ya no tenía lugar para tipos como él, sacando discos a medio terminar cada dos, tres y hasta cuatro años. En los noventa, con todo lo que fue el movimiento neo-piscodélico, muchos lo nombraban en entrevistas y decidió volver al ruedo con el excelente The Unfairground. El círculo se cierra otra vez.








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Kevin Ayers, John Cale, Eno & Nico – June 1, 1974
Lady June – Lady June's Linguistic Leprosy
Kevin Ayers – The Unfairground



viernes, 21 de octubre de 2011

Video de la Semana: Love Battery - Fuzz Factory



Este temazo era el encargado de abrir Straight Freak Ticket, el cuarto y anteúltimo disco de Love Battery, del '95.





lunes, 17 de octubre de 2011

The Feelies - Only Life


“¿Qué significa? ¿Qué podés hacer al respecto? ¿Qué podés decir? Si no sabés de qué se trata, nadie habla, nadie escucha. Es todo negativo, no importa nada".
Con esas líneas empieza la canción que le da el título a Only Life, el tercer disco de estudio de los Feelies de Nueva Jersey. Preguntas, preguntas sin respuesta, indicio de que nos encontramos con algo que vale la pena, porque si te dicen todo, te explican todo, te dan todo servido, no tiene demasiado sentido todo esto y los Feelies lo sabían.

Habían empezado hacía ya casi una década para la altura de este trabajo, con el fundamental Crazy Rhythms, una conjunción de nervios, paranoia, velocidad post-punk y un toque de intelectualidad no exagerada. Una mezcla que puede sonar forzada en los papeles pero que en realidad funcionaba a la perfección. Incluso tenían varios acólitos en el mundillo del naciente rock universitario de la década del ochenta, de hecho, Peter Buck de R.E.M., un fan de la primera hora, les produjo el segundo disco, que por varios problemas internos (y externos) tardó unos años en aparecer. Para Only Life habían firmado para el sello A&M y parecía que la iban a pegar. No pudo ser pero no importa; la música acá está, al pié del cañón para quien quiera oír, como siempre.

Y la música es una continuación de lo que habían empezado en el disco anterior, menos nerviosa, un poco más relajada pero sin perder la tensión latente que los caracteriza, ya no están esos ritmos hiperquinéticos a toda máquina de la primer etapa (¡Que gran versión la de "Everybody's Got Something to Hide…" de los Beatles!) y en su lugar hay un grupo con mas “cancha”, más confianza y la voz de Glenn Mercer ya no se parece tanto a la de Lou Reed, tiene más carácter, más personalidad.

Se puede decir que tienen que ver con ciertos grupos como Green On Red o Dream Syndicate en esa mezcla tan especial entre punk y folk-rock y como prueba están "Too Much" o "Higher Ground" que no hubiera desentonado en Fables of the Reconstruction o en cualquiera de los primeros de Thin White Rope. Se ve que los muchachos se escuchaban mutuamente. "The Undertow" tiene una atmósfera un poco oscura, con un uso inteligente de los acordes menores y está al borde de la explosión, cosa que no sucede y que termina siendo uno de los atractivos de la canción. "For Awhile" suena a Television, con los tics vocales de Verlaine incluídos, son gente que tenía en su casa los discos adecuados, se nota. Al final, a modo de “si, está bien, tienen razón” hay una versión del tercero de Velvet Underground, de "What Goes On", los periodistas se cansaban de hacer esa comparación y ellos les daban tela para cortar. La versión, más rápida y punkie, es excelente.

Después de Only Life la diáspora de los Feelies se dio en forma de proyectos individuales de variada (más bien escasa para ser sinceros) trascendencia pero hace poco, estos tres primeros discos fueron reeditados y tuvieron otro breve pero interesante revival, con una reunión, llegando a telonear a Sonic Youth y haciendo un disco de canciones nuevas. Si no los conocés… ¡Todavía estás a tiempo!








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The Feelies - The Good Earth
Guadalcanal Diary - 2x4
The Feelies - Here Before



domingo, 16 de octubre de 2011

5 Canciones 5: The Misunderstood, Patti Smith, The Boys, Julian Cope y Cave Singers


I Can Take You to the Sun
The Misunderstood

Los Misunderstood nunca llegaron a grabar un disco entero pero se lo merecían y mucho. Esto es psicodelia en su máximo grado de pureza. Empieza medio Yardbirds, un poco oscuro y después va a parar a una sección oriental, muy mística, con un coro de monjes repitiendo "te puedo llevar al sol pero vos no querés ir". Termina con un solo de guitarra acústica estilo Zorba el Griego. Brillante..  

Aparece originalmente en: Cara A de single de 7" (1966)

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Rock 'n' Roll Nigger
Patti Smith Group

En una de las más efectivas alianzas de rock y cine de todos los tiempos, esta canción aparece en una violentísima escena de escape de una cárcel en Asesinos por naturaleza de Oliver Stone. Patti Smith se valía del mismo término que había usado Lennon (esa forma tan despectiva de llamar a los negros) para revolver un poco las tripas de una sociedad condescendiente y pacata. ¿La música? No hace falta aclararlo...

Aparece originalmente en: Easter (1978)


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Schoolgirls
The Boys

¿Por qué a los Boys no se las da el crédito que merecen? Es un verdadero misterio. Sus cuatro discos de estudio están llenos de hits en potencia y son cultores de un power-pop/punk brillante y encima lo hicieron primero que nadie. "Schoolgirls" es una de esas tantas canciones que podrían haber estado en A Hard Day's Night, pero claro, con las guitarras bien fuerte... Como corresponde.


Aparece originalmente en: Cara B de "You Better Move On", single de 7" (1980)

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Fear Loves This Place
Julian Cope

El gran Julian Cope se juega como nunca por el paganismo y carga las tintas a fondo contra la religión organizada. En esta obra maestra de su magnífico Jehovahkill. Arranca calmo, con Cope exponiendo sus ideas con claridad y elocuencia pero para el momento de la explosión (que era inminente) ya lo tenemos al Druida parado encima de un monolito antiguo dando rienda suelta a las guitarras. El rock como religión. Religión pagana, por supuesto.

Aparece originalmente en: Jehovakill (1992)

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Hen of the Woods
The Cave Singers

Increíblemente algunos se las arreglan para seguir sonando originales. El "truco" de los Cave Singers consiste en hacer canciones utilizando un solo acorde (o a lo sumo dos) y armar una textura alrededor de esa nota, con poca instrumentación pero muy bien administrada. Con esa voz que es queja, celebración y lamento a cargo de Peter Quirck. "Hen of the Woods", del segundo disco es especialmente efectiva; va creciendo de a poco y una vez que alcanza su pico... termina!

Aparece originalmente en: Welcome Joy (2009)

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lunes, 10 de octubre de 2011

The Pink Fairies - Never Neverland


¿Por qué será que los Pink Fairies han soportado el paso del tiempo mejor que otros grupos similares? Puede ser que porque dentro del género, que vendría a ser rock duro de principios de los setenta, entran ahí, medio de refilón. La etiqueta les queda chica, son agitadores sociales, proto-punks, rebeldes, drogones y por momentos muy psicodélicos. Descienden de los Deviants de Mick Farren, banda inclasificable si las hay, y en tres años hicieron tres discos fundamentales que todavía no tienen el reconocimiento que merecen. Para responder a la pregunta inicial, nada como pegarle una escuchada al primero de la trilogía; Never Neverland.

Empieza con la canción emblema del grupo, "Do It", que casi de manera lógica fuera versionada por Henry Rollins. Un verdadero manifiesto a puro machaque guitarrero. “No pienses, todo lo que tenés que hacer, hacelo. Vos escribilo cariño, después venimos nosotros y simplemente… lo hacemos” aúlla la letra y en el estribillo repite el título una y otra vez, como para redondear la idea. Temazo. Después nos llevan a dar un paseo por un valle de hongos alucinógenos de la mano de "Heavenly Man". ¿A que suena? Al primer Pink Floyd, a Family… ¡suena a puro Pink Fairies en realidad! Sigue con otro festival de riffs, con "Say You Love Me", quizás el tema más “genérico” del disco, pero tienen tanta onda para tocar y está tan bien cantado que termina siendo uno de los puntos clave, con un estallido en el puente de esos que nos dejan con la lengua afuera. Para seguir agregando variedad viene "War Girl" con un ritmo entre jazzero y latino y unos solos de guitarra fuzz. Del tema que le da el título al disco es poco lo que se puede explicar con palabras. ¿Qué es? ¿Cómo lo podemos definir? ¿Rock espacial? No sería una definición desacertada. Tiene de todo; dinámica, efectos de sonido, buena letra. Perfecto.

Para abrir la cara B era obligatorio titular el tema de la siguiente forma: "Track One, Side Two". La sorpresa esta vez viene del lado de la música. Una especie de R&B narcotizado, un Otis Redding pasado de ácido, transcurre en un sopor contagioso, muy hipnótico. "Thor" es un instrumental corto, raro y sirve más que nada para calentar motores porque en seguida llega otra de las joyitas; "Teenage Rebel". Roñoso y garagero, esto es un anticipo del primer disco de los Ramones, corta va y viene y te sacude bien la cabeza, siempre y cuando el volumen sea el adecuado. Y para terminar ponemos toda la carne al asador: "Uncle Harry's Last Freakout" cumple con todo lo que su título promete y más. Arranca a puro hard-rock pero la guinda de la torta viene al final. Son casi diez minutos de experimentación bien entendida, piscodelia pura, retorcida hasta su punto máximo.

Hace poco se remasterizó el catálogo de los Pink Fairies y a los tres discos les agregaron unos bonus tracks que, en este caso, realmente valen la pena (¡"The Snake"!). Junto con este también salieron los que le siguen; Kings of Oblivion y What a Bunch of Sweeties y ahí tuvieron un breve momento de revalorización. Así, que esta vez más que nunca, el mensaje es claro: Hacelo.







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Chequear también:

The Deviants - Ptooff!
Hawkwind - Quark, Strangeness & Charm
Melvins - Bullhead



miércoles, 5 de octubre de 2011

Video de la Semana: Wilco - I Love My Label



Wilco tiene disco nuevo, se llama The Whole Love y lo festejaron con este video de una versión del gran Nick Lowe que... también tiene disco nuevo!!! Se llama The Old Magic y acaba de salir.





domingo, 2 de octubre de 2011

Papercuts - Can't Go Back


Es un gusto, un verdadero placer. Saber que todavía hay gente que se molesta en escribir nuevas canciones. En armar discos pensados. Redondos, con sentido, con una unidad conceptual y sonora. Gente que mira para el costado ante la nostalgia con olor a rancio y decide ignorar el hecho de que ya casi nadie escucha discos y decide destruirlos para escucharlos en aparatitos del tamaño de la uña de un dedo gordo. Uno no puede menos que sacarse el sombrero ante gente como Jason Quever, el hombre detrás de Papercuts, uno de los que todavía deciden mantener viva la llamita de una tradición que se niega a desaparecer, de manera casi quijotesca.

Quever
, que por lo visto todavía no tiene el ímpetu o el interés como para que su nombre aparezca en la tapa, viene de la soleada California y se nota que ha hecho los deberes, que ha estudiado su métier. A la hora de definirlo, se puede apelar a términos un poco odiosos como pop de cámara, folk moderno, o alguna de esas etiquetas pero con Papercuts se da maña para desmarcarse de las etiquetas y encontrar un sonido propio. Que tiene que ver con el pop ensoñado de los Zombies o, más acá, con los arreglos barrocos de Camera Obscura, con un aura de melancolía que se encarga de teñir las canciones de un barniz que nunca llega a ser agobiante, al contrario, la tristeza y el aire reflexivo es reconfortante en este caso. Escuchen sino los arreglos de "John Brown" la segunda canción de Can't Go Back, cuando parecía que iba a transcurrir sin mayores sobresaltos, al final termina en un remolino de violines y chelos que son una verdadera mermelada auditiva.

Quever
se deja ver como un fanático empedernido de Dylan, de aquel perído de las Basement Tapes con The Band y eso queda claro en canciones como la preciosa "Just Another Thing to Dust" o la muy jocosa "Take the 227th Exit", que podría verse como el equivalente a "Just Like Tom Thumb's Blues" de Highway 61, agregando la necesaria cuota de sentido del humor. Pero nada de reverencias, esto es una pinceleda apenas detectable, sólo uno de los tantos tonos de una paleta muy rica, que nunca llega a la saturación. Todo lo contrario; cuando hay instrumentos de color (un fagot por acá, un glockenspiel por allá) están sabiamente dosificados y muy pocas veces hay más de uno en la misma canción. Inteligencia a la hora de la toma de decisiones, que le dicen… De manera un poco perversa, las canciones más notables de Can't Go Back aparecen sobre el final; "Found Bird" es una delicia, tres minutos de derroche de buen gusto, con la voz de alma herida de Quever, con la emoción a flor de piel y preparensé para el final a toda orquesta de "The World I Love" que, como su título bien lo indica, es un manifiesto.

Este el segundo disco de estudio de Papercuts, el que le sigue a Mockingbird, del 2004. Música hecha en el presente, anclada (pero no estancada) en el pasado y con claras miras al futuro. La que seguramente estaremos redescubriendo dentro de veinte años.








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Chequear también:

Nick Drake - Five Leaves Left
Skygreen Leopards - Life & Love in Sparrow's Meadow
Papercuts - Fading Parade




viernes, 30 de septiembre de 2011

Disco del Mes: Ry Cooder - I, Flathead


Ry Cooder
I, Flathead
2008










Nonesuch Records Inc.










lunes, 26 de septiembre de 2011

Donovan - A Gift from a Flower to a Garden


Hay tipos que son mucho más que músicos. Es el caso de Donovan. Gurú psicodélico, niño eterno, paradigma hippie, poeta ensoñado y heredero directo de la generación beatnik de Kerouac y Ginsberg. Donovan es un duende folk, un habitante secreto de los bosques que hizo carrera en la ciudad. Se lo puede ver rodeado de tules, hadas y flores para regocijo de sus detractores pero una vez que bajaste las barreras del prejuicio, la música de Donovan funciona a modo de hechizo, un encantamiento que, una vez que hace efecto, yo no te abandona.

Estuvo en el lugar adecuado y en el momento justo, hay que decirlo. Después de sacarse de encima aquello de “La Respuesta Inglesa a Dylan”, fue cuando su música despegó y se volvió trascendente, fundamental. A partir del glorioso Sunshine Superman podríamos decir. Un firme candidato al título de Primer Disco Psicodélico de Todos los Tiempos, la producción del gran Mickie Most hizo maravillas para colorear las ya de por sí excelentes composiciones.

Para esa época se codeaba con los Stones y los Bee Gees, era amigo de los Who y tenía mucho éxito en Estados Unidos, sobre todo gracias al simple "Sunshine Superman". Ahí es cuando irrumpe en su vida el legendario gurú indio, nada menos que el Maharishi Mahesh Yogi y el mítico viaje al ashram indio, para aprender a meditar con los Beatles y parte de su séquito. Ese viaje es importante por dos cosas; hizo que millones de jóvenes occidentales (y no tan jóvenes) se interesaran en las milenarias culturas de Oriente y porque -según dice la leyenda- Donovan, un guitarrista muy dúctil, les enseñó a los Beatles varias técnicas y afinaciones que pueden escucharse en varias de las canciones compuestas en ese período. Las que después formarían parte del inolvidable Álbum Blanco. Y las canciones que se trajo Donovan de aquel viaje son las que forman parte de este trabajo, el primer disco en formato box-set de la música popular: A Gift from a Flower to a Garden.

Está el relato autobiográfico de la mano de "The Mandolin Man and His Secret" o la psicodelia folkie y etérea de "The Enchanted Gypsy", pasando por "Oh Gosh" con un tempo de jazz y unos detalles de producción que son una delicia. Sin Donovan no hubiera existido Nick Drake, esa manera de tocar la guitarra, con precisión y haciendo uso de afinaciones no convencionales como en "Isle of Islay", un poema hermoso o "The Magpie" no hacen más que confirmarlo. Ni hablar de todo el folk inglés que apareció a fines de los sesenta, con Fairport Convention a la cabeza.
En realidad A Gift… que era doble, salió “partido en dos” en Estados Unidos y las canciones se repartieron entre Wear Your Love Like Heaven y For the Little Ones. Algo que tiene sentido ya que los dos discos son bastante diferentes; uno es más psicódelico y está más arreglado y el otro es más espartano, hipnótico e idiosincrático.

¡Atención! Aquellos que no se hayan acercado ya a Donovan, quizás no sea éste el disco ideal para iniciarse, requiere cierta complicidad, conocer el estado mental de Donovan y su mundo habitado por niños, hadas y animales mitológicos. Quienes buscan guitarras ardientes y estridencias mejor vayan buscando por otro lado. Pero quienes se pongan del lado de alguien que ofrece una vía de escape rápida y efectiva del agobio cotidiano, estarán felices. A Gift from a Flower to a Garden logra eso y mucho más.







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