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martes, 25 de marzo de 2025

Death - ...For the Whole World to See


Acá hay gato encerrado, no me jodan. ¿Vieron cuando se comenta que el acceso que tenemos los mortales (o bien "los normales") a la Inteligencia Artficial es apenas la punta del iceberg de las posibilidades completas del asunto? Cualquiera hoy sabe que, con un par de indicaciones bien colocadas, podés obtener una canción completa, con arreglos, letra y todo.

Completa.

Sí señor. Si te lo decían diez o veinte años atrás no te lo creías. No te lo creías cuando salió a la calle este disco, cuando todavía importaban las reediciones y había venta -magra- de unidades físicas. De discos hermano, digamosló con todas las letras.

¿Se acuerdan lo de Rodríguez? La historia era increíble, de novela, casi inverosímil. Me atrevo a decir que sin dicha historia, la música (que estaba bien y no mucho más) hubiese pasado de largo, sin pena y mucho menos gloria. Y así había varios, sobre todo en el mercado de las reediciones... Euphoria, uno de los integrantes fué el primero en hacerse un cambio de sexo, Arzachel, el disco que se grabó en una cueva prehistórica en Rusia. Y acá hay algo parecido, la historia es de no creer. La vamos a resumir bien breve. Cuatro pibes negros de Detroit se juntan para hacer una música por lo menos diez años adelantada a la época, a medidados de los setenta el noventa y nueve por ciento de los veinteañeros de esa clase social estaba enloquecida con los Temptations, James Brown, Motown y el R&B que no paraba de brillar. El otro uno por ciento jugaba en la NBA. Estos se juntaban en una sala de ensayo a apretar los dientes, poner los instrumentos a todo volumen y armar unos temas demenciales, tocados a toda velocidad y con no poca detreza.

Y acá pasa al revés, podés ignorar la historia o no conocerla en absoluto porque la música está buenísima. Esto vendría a ser algo así como unos descendientes de High Time de MC5, con Love It to Death de Alice Cooper, sumando a los Bad Brains... que en el '74... ¡no existían! Precursor cien por ciento. Agresividad, velocidad, agallas, actitud. ¿Punk rock? Podría ser. Tocan demasiado bien para entrar ahí pero sí, dale ¿por qué no? O podría ser el Little Richard que regresa a fines de los sesenta (King of Rock and Roll, Second Coming) con un poco más de LSD en las venas, como confirma un tema como "Let the World Turn". 

El mundo no cambió en lo más mínimo y menos para Death, quienes rebotaron en Columbia por negarse a cambiar el nombre (supuestamente) con siete canciones grabadas. Es lo que sale en el 2009, con el título de ...For the Whole World to See. Tarde pero seguro.






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viernes, 17 de junio de 2022

Bad Religion - All Ages


OK, tiene sentido, si tenías más de veinticinco y ya conocías a los Damned o a los Circle Jerks, es entendible que no te terminaran de cerrar. Pero si andabas entre quince y veintipico, esto te agarraba de la solapa y no te soltaba. La velocidad era vertiginosa. ¿Cómo hacían para tocar así? Todavía hoy, en un mundo en donde salieron diez mil bandas imitando -mal- esto, es claro que replicarlo no era tan fácil como podría llegar a parecer.

Sería como un lavado de cara lo que habían hecho bandas como Adolescents, Bad Brains, hardcore punk o como le quieras llamar. Con una vuelta de tuerca, una prolijidad inédita, estribillos pegadizos al máximo y unas letras que, podían gustarte o no, nunca se habían visto. All Ages sale en el momento justo, en el '95, en el pico de éxito mundial de este estilo de música, tiene temas que van desde el primer LP de estudio de la banda, omite olímpicamente el malogrado Into the Unknown y llega hasta Generator. Justo antes del que para muchos sería la obra maestra de Bad Religion; Recipe for Hate, el que tenía “American Jesus”, “Kerosene” y “Skyscraper”, entre otros.

¿Tiene la variedad suficiente? Algo que un disco de más de veinte temas necesita. Sí y no. Esto, si sos ajeno al asunto es como el reggae, todo te va a sonar más o menos igual. Pero si estás familiarizado, podés incluso llegar a apreciar algo bastante parecido a una evolución. No es lo mismo “Fuck Armageddon... This Is Hell”, que acá aparece en una versión en vivo al borde del descarrilamiento (cosa que no sucede, claro está) que “21st Century (Digital Boy)”, temazo indispensable en la carrera de los californianos, originalmente de Against the Grain y más tarde regrabado para el impecable Stranger Than Fiction, el último con el guitarrista histórico Brett Gurewitz, dueño hasta hoy del sello Epitaph. “Ey, hacé lo que quieras, la holgazanería y la disipación llevan a la apatía” cantaba Greg Graffin en “Do What You Want”, en All Ages hay una versión en vivo a toda velocidad, te puede quebrar el cuello si no te pones el cinturón de seguridad. “No Control”, “Atomic Garden”, “Modern Man”, los temas van pasando sin dar tregua, en muchos casos terminando a los dos minutos y poco más, una síntesis muy característica en el género. Tómalo o déjalo, como suele decirse, en este caso más que nunca.

Bien, mal o a pedazos, Bad Religion es una de las pocas bandas que sobreviven, las que compartían escenario con ellos en aquellos años dorados han quedado semi-olvidadas, ellos tenían más que el promedio, eran un poco a su manera, diferentes al resto y eso siempre se valora con los años. Como toda banda relativamente grande, tienen sus detractores. Tendrán sus motivos.







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lunes, 6 de septiembre de 2010

The Cars - Panorama


No sería descabellado decir que los Cars no son reconocidos al nivel que merecen. Uno de los motivos puede ser que vendían miles de discos, millones en realidad. Por ejemplo Heartbeat City, el quinto disco de estudio, ubicó cinco (sí… ¡cinco!) simples en el Top 20 y vendío tres millones de ejemplares, convirtiéndose en triple platino. A veces pasa, el éxito genera enemigos, desde que el mundo es mundo.

Como sea, los Cars tienen unas cuantas virtudes, son la quintaescencia de lo que todavía hoy se conoce como New Wave, que no es otra cosa que el punk, con su simpleza y efectividad, más un poco de barniz auditivo, todo listo y empaquetado para sonar en todas las radios. Pero claro, no sería tan simple el asunto si Ric Ocasek no fuera un excelente compositor de canciones. Canciones simples, breves, efectivas, con ganchos administrados a diestra y siniestra y un licuado de influencias interesante: Velvet Underground, Roxy Music, Kraftwerk... Impecable.

Panorama, tercer trabajo en menos de dos años, iba a ser el “disco diferente”, la vuelta de tuerca. Al momento de su aparición fue despedazado por los críticos de la gran mayoría de los medios. Pero una escucha atenta revela que en realidad esos cambios no son tales. O al menos no son tan pronunciados. Sí, quizás en el tema que da el título al disco (y que se encarga también de abrir el juego) hay un giro hacia un pop electrónico hasta entonces inédito, pero no es más que un truco sonoro. Debajo de la producción están todos los elementos que caracterizan a la banda de Boston. Vale la pena el video dirigido por Jerry Casale, de Devo. "Touch and Go" fue el hit esta vez. Merecidamente. El chiste está en la letra, el usado para el “toco y me voy” es esta vez el protagonista, el tipo está desesperado por revertir la situación pero sabe que no tiene demasiadas chances. Tiene un excelente solo de guitarra a cargo de quien, en varias oportunidades, hacía la voz líder; Benjamin Orr. "Gimme Some Slack" también es de esos temas que se recuerdan para siempre, incluso con una sola escucha, "Don't Tell Me No" también tiene un parentesco con "Panorama", con una producción bien de la época, típica. En "Getting Trough", una especie de rockabilly futurista, también es fácil detectar que los Cars estaban atentos a lo que pasaba a su alrededor, en un momento hay unos acordes que podrían haber estado en Freedom of Choice o en cualquier disco de los Talking Heads de la primera época. También, como en casi cualquier disco, hay composiciones que pueden ser consideradas “de relleno” como "Misfit Kid" o "Down Boys" pero es cuestión de darles una oportunidad. Además en The Cars jamás se jactaron de ser una banda “con sustancia”. La conclusión es simple; si eso es relleno… ¿Qué queda para el resto? También está "You Wear Those Eyes" una… ¿Balada? medio tétrica en donde Ocasek se luce como cantante.

Reaccionaron a las críticas negativas y con Shake it Up volvieron un poco al sonido que en realidad nunca habían dejado del todo de lado y siguieron las ventas millonarias, ayudados por una más que significativa rotación en MTV, que por entonces daba sus primeros pasos. Después de la inevitable disolución, Ocasek se consagró como productor de primerísimo nivel, abarcando un muy amplio espectro, desde Bad Brains hasta The Killers, pasando por los ultra-prolíficos Guided By Voices o el punk-pop de los Weezer de Rivers Cuomo. Nada mal.








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domingo, 24 de agosto de 2025

Los Violadores - Y ahora qué pasa, eh?


Nunca voy a olvidar la primera vez que escuché “Uno, Dos,  Ultraviolento”, en medio de un compilado horroroso de hits del verano o algo así. Lo ponía y lo ponía y lo ponía, una y otra vez, ad eternum. Mi amigo, que era de esos sordos musicales, no lo podía entender. Me preguntaba: “¿qué pasa?, ¿qué tiene de raro?”. Mientras yo le imploraba que se calle y me deje escuchar.
Así empezó mi relación con Los Violadores. Puede ser como con esas bandas que, si te entran en el momento adecuado (en mi caso, con menos de veinte años), te pegan un sacudón que te transforma el ADN para siempre. Se me ocurre que lo mismo puede pasar con Mission of Burma o con Bad Brains. Si los descubrís a esa edad, probablemente te cambien los parámetros de… todo. Si los conocés a los cuarenta, ya no va a ser lo mismo.

Tardé en escuchar los discos enteros de Los Violadores. Una, porque eran difíciles de conseguir donde yo vivía. Y otra, porque en esa época todavía no estábamos acostumbrados a escuchar un álbum de principio a fin: picoteábamos canciones sueltas. La sorpresa fue enorme, sobre todo con este: su segundo LP de estudio, Y ahora qué pasa, eh? (1984). Un disco aparecido en plena primavera alfonsinista, en un momento en que todo parecía que iba a funcionar en Argentina: se iban los militares, se respiraba libertad. Después supimos que no sería tan así, pero esa ya es otra historia. Algo parecido a lo que pasó en España con la caída de Franco.

Ese sentimiento ingenuo pero incuestionable se escucha en la mayoría de los temas. “Somos Latinoamericanos” (“…y estamos orgullosos de serlo” cantaba Pil Trafa sacando pecho), “Como la primera vez”, “Sin ataduras en el oeste”, con esas preguntas eternas: ¿Quién nos miente? ¿De qué lado me ubico? ¿Para quién lucho? ¿Vale la pena luchar? Ellos aclaraban que leían a Engels y Marx... pero brindando con vodka y caviar.
También pasa algo -por suerte- que distingue a los discos que “dicen cosas”: podés no tener la menor idea del trasfondo y, aun así, bailar como un poseso. “Comunicado 166” es un buen ejemplo: logran meter más palabras que en una sopa de letras, pero su onda jodona te arrastra igual. Te dan ganas de saltar como Shane MacGowan en un recital punk, atiborrado de píldoras y con acné juvenil a la orden del día.

Tiene cuatro o cinco grandes canciones. De “Ultraviolento” poco se puede agregar: cosechó la fama que merece. Pero a temazos como “Quiero ser yo, quiero ser libre” o “Nada ni nadie nos puede doblegar” todavía les falta formar parte de una película, sonar en un programa de TV, o recibir cualquiera de esos guiños que convierten a una canción en clásico universal. Ya llegará. Tiempo al tiempo.






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Pil y Los Violadores de la Ley - Último hombre