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martes, 13 de septiembre de 2016

Paul Roland - Bates Motel


¿Vendría a ser un clásico ejemplo de niño eterno atrapado en el cuerpo de un adulto? ¿Un Peter Pan moderno? Por un lado sí y por otro no tanto. Hijo de escritores, Paul Roland creció estimulado, desde muy chico se apasionaba con las historias inmortales de piratas, degollados, hechizados y malditos. Sus discos como solista hacen referencia a la literatura que uno consume de niño y pre-adolescente; Dr. Jeckyll y Mr. Hyde de Stevenson, Sandokan, el ocultismo y lo que deja de interesarnos cuando aparearse pasa a ser prioridad. De todas manera uno se acuerda el resto de su vida con mucho cariño de todas esas cosas, que te ponían los pelos de punta y te hacían agarrar un libro sin poder dejarlo hasta el final.

Ahí está la parte adulta de Paul Roland; es muy difícil hacer lo que él logra sin -aparentemente- demasiado esfuerzo. Transportarnos a una suerte de nebulosa fantasmagórica sin edad, a un mundo que ya no existe y que poco tiene que ver con el de hoy, a una zona de confort relativamente incómoda en donde nos sentimos a gusto, sabiendo que en cualquier momento se puede venir abajo el castillo de naipes. ¿Cómo lo logra? Con un puñado de referencias literarias bien elegidas, sin pecar de intelectualoide pagado de sí mismo y haciendo uso de recursos musicales hábilmente seleccionados. Está lejos de ser un gran cantante pero, lo que no le dio la naturaleza, lo suple con un tono de voz amenazador, una expresividad e histrionismo admirables, una personalidad avasallante.

La música varía en cada disco (
es asombrosamente prolífico) pero no se aparta demasiado de lo que hacía en sus primeros LP de estudio, aquellas joyas de rock británico excéntrico como Danse Macabre o A Cabinet of Curiosities, lo que podría llamarse ‘su período clásico’. Sería algo así como una mezcla entre Syd Barrett sin acordes pifiados, con el Robyn Hitchcock más psicodélico, a eso le tenemos que sumar el punk menos panfletario de bandas como The Adverts o X-Ray Spex. De ahí se obtiene la alquimia musical de Mr. Roland.

Bates Motel es un disco relativamente actual, que lo muestra en excelente forma, saludando a Alfred Hitchcock y Psicosis desde el título, apelando a lo que ya sabe pero llevándolo a un extremo más depurado, al borde de la caricatura, sin cruzar la frontera del ridículo. Empieza rockeando (de manera no muy convincente hay que decirlo) pero la cosa recién toma color de la mano de “Kali”. A partir de ahí nos enfrentamos al caleidoscópico Paul Roland en uno de sus mejores momentos musicales. Dejemos que la música hable por sí misma de ahora en más…







Escuchar en Spotify o en YouTube.







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Paul Roland - Gargoyles
Paul Roland - Pavane


jueves, 28 de julio de 2016

Disco del Mes: Paul Roland - Re-Animator


Paul Roland
Re-Animator
2007










Black Widow










martes, 17 de septiembre de 2024

Fortunate Sons - Karezza


La primera vez que escuché esto me gustó de inmediato. Tiene muchas de las cosas que me gustan; guitarras Rickenbacker de doce cuerdas (con sus correspondientes arpegios), armonías vocales beatlescas, estribillos gancheros y cierta energía deudora del punk, que había sacudido la escena musical hacía unos diez años.
Ciertos amantes de la música, a la hora de aceptar o incorporar algo que no conocen, ponen requisitos. Tiene que ser original, novedoso, tiene que llevar más allá la frontera de lo hecho hasta el momento. Mi favorito es “me tiene que emocionar”. Eso sí que es exigente. 
No digo que esté mal, solo lamento que con ese criterio te tenés que limitar a J.S. Bach, Spinetta, Brian Wilson y diez o quince más. 

En mí caso hay un par de variables que pueden despertar el interés. Ser divertido, que esté tocado con evidente oficio, que haya una complejidad inalcanzable y también que la sencillez musical bordee el ridículo. Puede haber combinaciones de estos factores. Si suena bien o hay instrumentos no habituales… así podríamos seguir un buen rato.

Además creo que si las canciones ostentan la nobleza que tienen las de Fortunate Sons, las barreras desaparecen al instante. Acá no hay ningún tipo de pretensión artística, saben de movida que no van a cambiar el mundo, pero van a hacer lo imposible para que esos tres minutos te los lleves a la tumba. Hicieron dos discos en lo poco que duraron en actividad y no le deben haber vendido una copia ni a los parientes. O sea, trascendencia CERO. Me la juego y opino que no tienen nada que envidiarle a Tom Petty, Mellencamp, Long Ryders o cualquier grupo heredero de los enormes The Byrds, que en aquellos años gozaban de un merecido revival. La banda está formada por miembros de Barracudas y el cantante acá es Chris Wilson, quien se calzó las botas del gran Roy Loney, nada menos que en los Flamin’ Groovies. Y exactamente por ahí viene la mano en Karezza.

¿Se acuerdan del sello Bam-Caruso? Reunía a un montón de bandas de escasa repercusión y altísima calidad. Quizás algunos eran demasiado respetuosos del pasado. Pero de ahí salieron grupos increíbles como Plasticland, varios de Paul Roland o los extraordinarios The Steppes. Además de reeditar material de Left Banke, The Walker Brothers o los héroes de culto eternos, los Pretty Things. Una verdadera tarea de rescate, en un momento en el que esto era subterráneo en todo sentido. Hace falta mucho amor para llevar a cabo semejante empresa. Eso es lo que destilan todas y cada una de las canciones de Karezza, el segundo de Fortunate Sons.






Escuchar online en YouTube o en Spotify.






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Fortunate Sons - Rising
The Stems - At First Sight (Violets Are Blue)
Varios - The Rubble Collection, Vol. 8