martes, 9 de octubre de 2018

The Eric Burdon Band - Sun Secrets

Horacio "Bombacha" Embón, el cronista exaltado


NOTA: los datos que aqui se pueden obtener sobre la obra y vida de Eric Burdon, no sólo no están chequeados sino que han sido pasados por el tamiz de un cronista en completo estado de exaltación. Dicho y aclarado esto, prosigo:

Dentre las bateas del flaco Acosta asomó y a precio regalado.

Uno de esos que sabes, no pueden fallar, la talla es grande y el año: 1974.

No solo eso, los ecos de WAR y cantar (muchas veces gilada) arriba de una base tocada por los afroamericanos mas negros y mejores músicos de su tan querida California, se hacen presentes en un nuevo formato, dejando atrás la golosina funky, optando por un terreno más bien muy rockeado y tocado con solvencia por unos negros menos negros que se juntaron con el petiso, grabaron esta obra maestra y se vieron destinados a perecer en el más puro e indiferente anonimato debido a la negativa del enano a lanzar Sun Secrets al mercado discográfico del momento.

Salió a posteriori en el '75, año en el que es sabido Eric Burdon abandonó sus intentos en solitario para años luego volver a robar con The Animals, antes de que sean tan malvadamente interrumpidos en el '77. Durante esos dos años, Eric Burdon se dedicó al fly-fishing por un tiempo instalándose en San Miguel del Monte para luego hacer definitivo su destino en Bahía Blanca, lugar en el que luego bautizó un Ford Falcon de un militar muy jodido de la época. Luego regresó a L.A. y "nunca más volvió" comenta Matildo, un lugarteniente de la zona de Pergamino.

Para empezar, voy a decirles que el lado A de esta reliquia no tiene parangón alguno en relación a las canciones que compone, ya que si bien son clásicos de la era de The Animals junto a Mickie Most, aqui suenan versionadas, sólamente cayendo en algunos clichés básicos de las composiciones originales. Todo el alegrón adolescente británico que acaecía por esos primitivos años de comienzo de la década de los '60, aqui se enroca por el más podrido conjunto típico de componentes de rock valvular, algún que otro eco de ácido lisérgico de la era solista junto a The New Animals y con el foco absoluto puesto en distorsión, delay, feedback y un sinfín de yobur roñoso que hacen que las canciones sean prácticamente maltratadas (para bien) de forma que Eric pueda chillar como una oveja toda empapada de Fritolín. Vamos a los bifes: la placa arranca con el clásico inoxidable: "It's My Life". En ella Eric canta la posta de que va hacer lo que se le venga en absoluta gana y ya de por si nos da un indicio de las intenciones de este árgun. Una versión muy rockeada de entrada, en la que podemos notar una banda totalmente ajustada a los caprichos del susodicho.

El segundo track, un tema del disco Love Is: "Ring of Fire" (traducido como anillo de cuero en algunos países), se caga tremendamente en su formato original, para resultar en un chicle nuevo que nunca, pero nunca dejará de tener gusto. Un verdadero highlight en la discografía integra del petiso. Para el tercer tema, la cosa se va bien pero bien a la mierda: un medley de esos a los que nos acostumbró Burdon en los discos con WAR que consta de 2 temas, uno medio tapado de The Animals: "When I Was Young" para terminar con "War Child", canción que funciona como coda resultando en un experimento de puro ruido, chillidos, gritos alucinantes y locura infernal. Luego, el 4to y último tema de la cara A: "The Real Me". Un tema nuevo que rockea derecho y parejo, y del cual saco algunas similitudes con The Who de la era Quadrophenia (y no solo por el tema de igual nombre que contiene dicha placa). Un tema para montar en pelo a sol y sombra, con un Eric Burdon que da cuenta de su enojo cuando tuvo que disfrazarse de la pantera rosa en el trencito de la alegría y no lo dejaron hacer su famosa doble mortal por temor a que rompa la parte superior del traje, que ya bastante descocida estaba.

Lado B:
Como era de esperarse al tema: "Don't Let Me Be Misunderstood" se le ha faltado el respeto de forma cruel: básicamente solo el icónico riff queda de su versión original y la melodía del estribillo está cambiada de forma tal que si quisiéramos cantarla vamos a quedar con los dientes desparramados por el piso. De todas formas, amé con toda mi bombacha este intento irrespetuoso de cambiar un viejo clásico en favor de rockearlo y hacerlo más misterioso. Podemos decir que hasta acá llegamos, pero nos quedan dos temas que tranquilamente podrían haber sido editados en discos como Every One of Us o Winds of Change. "Letter from the County Farm" resulta en un relato de trece minutos en el que el enano tira absolutamente cualquiera, fiel a su estilo, con su vozarrón del cual él mismo se nota enamorado, y que funciona como un canto apaciguado en cuatro secciones, que cae en mismas cantidades, y de forma intempestiva, en un estribillo tremendamente inesperado y memorable. Para cerrar la obra maestra: "Sun Secrets", tema que da nombre al disco: el único que podríamos fácilmente ignorar dentro de este maremagnum de intensidades, se trata de una rola instrumental cálida y que sirve para cerrar un disco realmente fenomenal y poco conocido de nuestro héroe.

Eric Burdon, petiso bravo y caprichoso que nos ha regalado una obra musical inconmensurable y que será recordado como una de las voces fundamentales del rock y que ha inspirado a miles, hoy vive una vida tranquila en Balcarce, provincia de Buenos Aires y es acérrimo seguidor del TC 2000 teniendo entre sus laureles obtenidos por su carrera musical, una pequeña malaquita que perteneciera a Don Juan Manuel Fangio.

Sin otro cantar, aqui se despide:
Horacio "Bombacha" Embón.







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Chequear tambien:

Eric Burdon & WAR - The Black Man's Burdon
Billy Bond y la Pesada  - Vol. 2
Cream - Wheels of Fire



lunes, 8 de octubre de 2018

Troilo / Fiorentino - El bulín de la calle Ayacucho


No hay que olvidar que Buenos Aires, entre los años cuarenta y fines de los sesenta fue Meca cultural a nivel mundial. Al menos en lo que a música se refiere. Se estaba gestando algo nuevo, que iba a dejar una huella en la historia de la música popular para siempre. Eran los años de oro del tango, ni más ni menos. Si Manchester tuvo un auge a fines de los ochenta, si Nueva York y San Francisco hicieron su aporte y Kingston marcó a fuego la historia del reggae. Si hoy en día el desierto del Sahara parece ser el norte de músicos de todo tipo de origen, Buenos Aires, al sur, en el culo del mundo, hizo su gran milagro. Los que lo vieron no se olvidaron nunca. En la misma noche podías ver a la orquesta de Troilo y a dos cuadras a la de Pugliese, los dos lugares atiborrados de gente, con orquestas de cuarenta músicos que cobraban y se iban a su casa contentos. ¿Hasta qué punto sabían que estaban haciendo historia?

Los que no vivimos esa época, por obvias razones, todavía podemos revivirla y tenemos la ventaja de poder imaginar lo que queremos, hacer nuestra propia película. Quien no ha escuchado alguna vez aquello de “pero si esta no es la música de tu época” o alguna acusación semejante. Con ese criterio no se puede ver una película de Chaplin o leer a Alejandro Dumas. Patrañas. La gran música es la que no envejece, la que pasan los años y sigue teniendo sentido y vigencia. La música moderna, actual o como se la quiera llamar no tiene el aval que viene de la mano del paso del tiempo, que dicho sea de paso, es el juez más estricto.

¿Qué decir de Troilo? No es mucho lo que se puede agregar a su leyenda. Que tuvo a los grandes cantores a su lado, que con el bandoneón hacía magia… no vale la pena repetir todo eso. Sí vale recordar que Francisco Fiorentino, mendocino el hombre, cantó con el “Gordo” durante seis años, desde fines de los treinta a mediados de la década siguiente. Este disco lleva el título de una de las grandes canciones del género, con letra y música de Caledonio Flores y los hermanos Servidio, respectivamente. En “Uruguaya” y “El desafío” canta también Alberto Marino y si con eso no es suficiente, al final hay una versión preciosa de “Los mareados”.

El bulín de la calle Ayacucho no es el disco definitivo del tango, ni marcó un antes y después, pero sí es un excelente registro de un género en apogeo, una muestra definitiva de una época de oro de una ciudad y un país. Después la música le pertenece al mundo pero esa ya es otra historia, otra discusión. 







Escuchar en YouTube o en Spotify.







Escuchar también:

Troilo / Marino - Café de los angelitos
Carlos Di Sarli - Mañana zarpa un barco
Aníbal Troilo - Tango for Export, Vol. 2



viernes, 5 de octubre de 2018

5 Tapas 5: la anti-dieta



Con: Rare Earth, Buffalo, Fat Matress, Birth Control y Fat Music for Fat People



miércoles, 3 de octubre de 2018

XTC - Skylarking


¿El Sgt. Pepper de los ochenta? Alguna que otra vez se ha escuchado esa comparación y la verdad es que tiene sentido. Tienen una deuda evidente con la banda de Liverpool, pero a la vez son un producto cien por ciento de su época, son revolucionarios, amantes de la melodía, escribían letras inteligentes, unas canciones caprichosas, pensadas, retorcidas a veces, siempre interesantes. Como los Beatles, tenían dos compositores que se sacaban chispas. A pesar de que Andy Partridge siempre dominó, Colin Moulding, también bajista y cantante, siempre aportaba cosas valiosas y más de una vez los singles de éxito eran de su pluma.

Para la época de Skylarking, noveno disco de estudio de XTC, la banda ya las había vivido a todas, habían formado parte del envíon inicial del punk, con el que nunca tuvieron demasiado que ver, habían girado por Estados Unidos con relativo éxito, más que nada de crítica, no tanto de ventas. Partridge había tenido una crisis nerviosa que lo alejó de los escenarios y los convirtió prácticamente en una banda de estudio (otra similitud beatlesca) y eran algo así como una “banda para músicos”, esos grupos apreciados más por sus colegas que por el público en general, estatus que se podría decir que es el mismo que tienen hoy en día. Demasiado excéntricos para consumo masivo. Venían de hacer el proyecto paralelo de los Dukes of the Stratosphear, un gran chiste / homenaje a la psicodelia de los sesenta.

Este disco lo produce Todd Rundgren y, según cuentan, las sesiones fueron cualquier cosa menos pacíficas, con agarradas de los pelos y discusiones de todo tipo. A pesar de eso, el disco es un triunfo gigante. Son las canciones. El concepto, sobre un ciclo en una vida, desde el principio al final, queda medio relegado ante la belleza y la inmensa cantidad de decisiones acertadas que tienen los temas de Skylarking. Esto es pop brillante en el mejor sentido de la palabra, sencillo en apariencia, pero complejo y retorcido en realidad, melodías y armonías intrincadas, sin dejar de ser música agradable al oído, un balance difícil, delicado. De ahí quizás venga la comparación, siempre odiosa, con los Beatles; ésta es música aventurera, arriesgada y bien inglesa, pero se puede escuchar, tararear y, si le prestás la atención adecuada, queda para siempre dando vueltas en la cabeza.

Al parecer los XTC están otra vez en boca de músicos y periodistas, por un documental recién estrenado, si eso sirve para que alguien descubra a una banda magnífica, con una discografía vasta y llena de recovecos, bienvenido sea.







Escuchar entero en YouTube o Spotify.







Chequear también:

XTC - Beeswax: Some B-Sides 1977-1982
XTC - English Settlement
XTC - Wasp Star (Apple Venus, Pt. 2)




lunes, 1 de octubre de 2018

Video de la Semana: XTC - Generals and Majors



Parece que ahora vuelven a hablar de ellos por un documental que acaba de salir o algo por el estilo. Bueno... nunca es tarde. Original de Black Sea (de 1980) y otra vez Moulding le roba el single a Andy Partridge.




miércoles, 26 de septiembre de 2018

Disco del Mes: Ray Charles - The Great Ray Charles


Ray Charles
The Great Ray Charles
1957










Atlantic










lunes, 24 de septiembre de 2018

Lee "Scratch" Perry & the Upsetters - Return of the Super Ape


Si Troilo es Argentina, Hank Williams es Estados Unidos y los Kinks son Inglaterra, entonces Lee Perry es Jamaica. Bob Marley, con todo su enorme mérito, era un producto for export, como varios sabrán, preparado -en el buen sentido de la palabra- para consumo masivo, o blanco mejor dicho. Lee “Scratch” Perry tiene a sus ancestros en el cuerpo y se nota. De acá podés escuchar por ejemplo “Crab Yars” y sentir el peso de una historia en la música, de la historia de un pueblo y de una raza, con un nivel de autenticidad y espontaneidad que raramente se ha alcanzado. Tiene algo de la música nyahbinghi, percusivo, con unas armonías vocales medio diabólicas.

En una revista hace un tiempo votaron a Lee “Scratch” Perry como el artista más influyente del siglo veinte. Puede sonar exagerado, pero también tiene sentido, sobre todo si se tiene en cuenta el impresionante nivel de productividad que tuvo en sus años dorados; toda la década del setenta y gran parte de la siguiente. Además de hacer sus propios discos y los de los Upsetters, produjo y arregló a una infinidad de artistas jamaiquinos, cuando dejó de vivir en Jamaica siguió colaborando con gente más joven y enseñando su oficio y todavía hoy sigue sacando discos valiosos como el doble Back On the Controls, del 2014. También hay que decir que es un hábil publicista de su propia obra, cuando supuestamente prendió fuego su mítico estudio de grabación para “alejar a espíritus malignos”, no faltaron los que dijeron que fue para cobrar un seguro o algo por el estilo, mucho más terrenal y lógico.

Dicen que segundas partes nunca fueron buenas, pero siempre hay excepciones para toda regla y esta es una de esas. Return of the Super Ape sale en el ’78, dos años después que Super Ape, uno de los discos indispensables de cualquier discoteca que se precie de tal. ¿Más de lo mismo? Sí y no. No despega de lo anterior, no es un cambio drástico, pero tiene que ver y eso ya es mucho, hay que pensar esas bases, hay que usar esos efectos, cantar y grabar de esa forma. Acá cada tema tiene una identidad, dentro de un género que podría sonar o parecer acotado.

El gran chiste de Lee Perry es haberle hecho creer a muchos que estaba loco. En realidad el manejo de la delgada línea entre delirio y cordura es su marca registrada, uno de los sonidos más imitados de la historia de la música popular de la era moderna. A poner los graves al máximo y encender la pipa de la paz.







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Chequear también:

Max Romeo & the Upsetters - War Ina Babylon
The Congos - Heart of the Congos
Mad Professor & Lee "Scratch" Perry - Dub take the Voodoo out of Reggae



martes, 18 de septiembre de 2018

Savoy Brown - Looking In


Otra era, otros tiempos, otra historia. Vamos a remitirnos a los números. Mientras un grupo activo y exitoso hoy en día saca un disco cada tres o cuatro años, los Savoy Brown, en lo que se puede considerar "etapa clásica", sacaron diez discos en cinco años. Impresionante. Otra vez; eran otros tiempos. Está bien, se entiende, hoy nadie quiere escuchar canciones nuevas, es tal el grado de saturación, que el manotazo de ahogado de la industria musical ahora es promover artistas (muy entre comillas esto último) que no hacen discos y se limitan al temita de YouTube o las plataformas online.

En el dorado ’67 sale Shake Down, el disco debut de los ingleses y en el ’72 aparece Lion's Share, que muchos consideran el último LP de estudio de la formación más emblemática que tuvo la banda. Una formación con más idas y venidas que un equipo de futbol europeo, que todavía hoy se mantiene en pié, a los tropezones, pero en pié. En el medio hay grandes discos como este, Looking In, del ’70, uno de los indispensables de Savoy Brown, del blues rock en su período dorado y del rock and roll de principios de la década del setenta en general, la etapa pre-punk se podría decir.

Vale decir que salvo dos temas, todos están compuestos por Kim Simmonds, el guitarrista de la banda y miembro fundador, el que se las bancó a todas y mantuvo la banda a flote a lo largo de su historia. Los restantes llevan la firma del bajista Tony Stevens y en “Leavin' Again” comparte créditos con Dave Everett, más conocido como Lonesome Dave y parece predecir el futuro porque el dúo haría las valijas para formar Foghat y cansarse de vender, sobre todo en Estados Unidos. ¿Y de qué va la cosa? Muy simple; blues rock del bueno y viejo, sin vueltas ni rebusques, palo y a la bolsa, cero pretensiones, esta música se contraponía de forma natural a las nubes de pedos en las que parecían vivir los músicos de rock progresivo, cantando sobre mundos imaginarios y viajes interestelares. Acá hay menos intelectualidad y más calle, más mugre, como el blues digamos, para hacerla corta. Se puede asociar a la etapa de Fleetwood Mac antes del disco homónimo y Rumours, a los primeros discos solistas de Clapton o los Groundhogs de Tony McPhee en la etapa de Blues Obituary. Pero los Savoy Brown tienen personalidad propia y la variedad musical indispensable para sostener un LP completo dentro de este estilo.

Los álbumes de la etapa ya mencionada son intercambiables en el mejor sentido de la palabra; son todos buenos, cualquiera de esos te sirve de introducción perfecta. Después, seguro… vas a querer más.








Escuchar online en YouTube o en Spotify.







Chequear también:

Savoy Brown - Raw Sienna
Ten Years After - Cricklewood Green
Derek & the Dominos - In Concert



lunes, 17 de septiembre de 2018

Video de la Semana: The Cure - A Letter to Elise



Tercer y último single de Wish, del '92, la última obra maestra de The Cure.




miércoles, 12 de septiembre de 2018

Iceage - Beyondless


“No estoy peleando por un país, estoy peleando para trascender, porque no podemos parar de matar y nunca vamos a parar” canta Elias Bender Rønnenfelt en “Hurrah”, el tema que abre el cuarto disco de estudio de los daneses Iceage, al borde del desbarranco, tanto musical como emocional. Los pibes nórdicos no son una banda para tomar a la ligera y lo demuestran, sin vueltas ni dobleces.

En “Painkiller” aparece la primera muestra de las novedades con respecto a los discos anteriores, que habían sido discos de post-punk retorcido, gélido, sucio y de dientes afilados. No te daban descanso en ningún sentido. Acá sí. Las letras y las preocupaciones líricas siguen siendo más o menos las mismas, pero la paleta sonora aumenta considerablemente, con bronces, cuerdas y arreglos inesperados. Tenían que hacer un cambio para no hacer por cuarta vez el mismo disco, lo hicieron y les salió bien. Puntos a favor. “Under the Sun” también se permite bajar un cambio, respirar un poco, al menos en cuanto a velocidad, parece que Birthday Party y Nick Cave solista están entre los discos que estos pibes atesoran con devoción, lo tienen como referencia, es la que salta más rápido, pero de ninguna manera es evidente, no es calcado. “Voy a reproducirme como una rata y esparcirme por todo el mapa, llegará el día en que todos lleguen arrastrándose, una procesión completa al borde de quebrarse”… se puede decir que no son gente “liviana” los muchachos.

Hay densidad por todos lados, atmósfera pesada. “Voy a hacer un exorcismo conmigo mismo” cantan en “The Day the Music Stopped”, uno de los grandes temas del disco, en medio de una tormenta de instrumentos de viento, mientras el cantante se retuerce y quiebra la garganta, para reforzar la idea de opresión de alma, de tortura mental. Iceage no cambió en este apartado, siguen siendo ideales para espantar vecinos, sin ser una banda inescuchable, hay cierto nivel de musicalidad que los separa de grupos similares. “Plead the Fifth” bien podría ser un tema de Echo & the Bunnymen de la época más inaccesible, de Porcupine o Heaven Up Here, pero hay algo que hace que esta sea música del siglo veintiuno, inequívocamente moderna, actual. Si quieren un pico de intensidad, no hace falta más que escuchar la parte instrumental de “Catch It”, hay violencia contenida, habilidad a la hora de interpretar y la voz suena a medio camino entre Robert Smith de The Cure y el Iggy de la primera época, con los Stooges.

Puede que las referencias y los puntos en común que uno encuentra al escucharlos sean erróneos porque los integrantes de la banda andan por los veinticinco de años y no tendrían porque conocer ese pasado. Lo que hacen suena a nuevo y con eso basta.








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Chequear también:

The Beasts of Bourbon - The Axeman's Jazz
Editors - The Back Room
Iceage - Plowing Into the Field of Love



lunes, 10 de septiembre de 2018

Sombrero - El calor de Purmamarca



De acá me gusta todo. El título, el desarrollo del tema, la letra, los arreglos. Está a la altura de cualquiera de los grandes discos de Calexico o Giant Sand. Los conocí en la disquería en que trabajaba hace unos años, apenas había salido el disco. Los pibes de la disquería no sabían bien qué pensar, si era una genialidad o una ridiculez, siempre a la espera de que una revista o un sitio banana les indique qué opinar.

Yo lo supe de inmediato y me llevé el disco a mi casa muy contento. Lo gasté.

Después tuve la suerte de tocar con ellos en mi ciudad natal, eran gente accesible, las estrellas de rock ya no existen por suerte, los grandes hacedores de música de la era moderna son gente de carne y hueso. Pero cuando ví que se acercaban, siluetas recortadas caminando a lo lejos por la avenidad principal, para mí era una escena de Los Siete Magníficos y en la prueba de sonido lloré -disimuladamente- de la emoción.





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Encontrala originalmente en:
Este es el último disco que me cambió la vida. Antes el folclore era música de fachos, de chauvinistas y patrioteros. Después de escuchar el debut de Sombrero supe que estaba equivocadísimo. Lo considero uno de los grandes discos en lo que va de este siglo. El día que las revistas y medios dejen de hablar de los Beatles, Stones y todo lo que tiene más de treinta años por ahi van a reparar el error que están cometiendo.
Sombrero (2014)





jueves, 6 de septiembre de 2018

Roky Erickson & the Explosives - Halloween: Live 1979-1981

Horacio "Bombacha" Embón, el cronista exaltado

Conocí a Roky Erickson allá por el 2009, fue sentir algo muy fuerte y novedoso que antaño podía encontrar tal vez en una vieja historieta, o en una horror movie clase B.

Materiales que generaban en mí esa clase de pasión, muy propia y difícil de transmitir o explicar: te pasa o no te pasa, y si asi lo fuera, no deja de ser algo muy personal, aun a pesar de su carácter de placer compartido... Estaba frente a música que tenía que ver con absolutamente todo lo que mi cabeza era ávida de procesar: gore, psicodelia y culto a lo oscuro y místico.

Nada fue casual, pararme frente al demonio de fuego era algo que a mis veintitantos, ya mi inquieto y experimental ser se venía preparando de antes, cosa de estrolarme de tetas y hacia el frente, chocarme derecho contra lo más oscuro posible. Y me entregué, entero, sabiendo que el cobijo de Lucifer y los aliens, era mi lugar propio, ganado y merecido. Caminar con el zombie, el viento y mas, una noche de vampiros siempre fue mi destino, lo sentía y terminé de comprender a primera escucha de ese disco de 1980. Criaturas cerebrales atómicas y perros de dos cabezas sacaron a pasear mi mente por el más corrosivo ácido que lejos de ser alcalino, profundizaron mis pensamientos hacia allí donde la oscuridad era mas latente, más palpable, sensible a cualquier destello de lumínica magia negra.

Como un Sputnik pronto a colapsar el domo, allí me desplazaba entregado pleno a la cosmovision de un incomprendido, un paria al que sometieron a los más sórdidos experimentos del MK Ultra. Y asi y todo, se superó a si mismo ahondando más y más en su propia ilusoria forma de existencia regalando el más puro e iridiscente rock 'n roll cuando todo era establishment de máquinas y samples. Como si hubiera un abismo entre los "elevadores" y el largo y pronunciado encierro de una mente que aún en ese momento jamás dejó de respirar ondas electromagnéticas y de conectarse con otros planos de existencia.

Siento que todo eso sigue siendo evidente y totalmente vigente en las grabaciones piratas que el artista ha dejado para la posteridad. Pasaron los años y aún me hallo pensando en demonios y martillos sangrantes. Por la alegría de saber que podré seguir disfrutando de todo esto en lo que me quede de vida, loas al gran Roky Erickson, mi corazón y pensamientos estarán marcados por siempre por su obra. Por tanto creo, es momento de pasar la antorcha: los dejo con su obra en vivo, grabada con calidad suficiente como para poder, al menos, presentir de que va el legado de un hombre que se codeó, espadeó, y conectó con algo muy profundo... y gracias al diablo, volvió para contarlo. Agarrá lo que puedas.









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Chequear tambien:
The 13th Floor Elevators - Easter Everywhere
Roky Erickson & the Aliens - ídem [t.c.c. The Evil One]
Spacemen 3 - Sound of Confusion



lunes, 3 de septiembre de 2018

5 Canciones 5: José Larralde


Romance de una esperanza

En el mismo disco que también tiene el clásico "De los pagos del tiempo" está este poema musicalizado. Sí señores, el gaucho también se enamoraba y la poesía de El Pampa cala hondo en los huesos. Diferente al resto de los temas del disco, tanto desde la música como la letra y ubicado estratégicamente al final, en el lado B. "Pudo haber sido el embrujo de tu mate o tus palabras de seda, pero yo no soy el mismo".

Aparece originalmente en: Amigo (1970)

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Sartén de bagre

La cara A de este disco tiene la música de la película Santos Vega, el mismo Larralde se encargó de pedirle a sus seguidores que no vayan a verla al cine apenas vió como había quedado. Pero en la cara B está esta joya perdida de su inmenso catálogo. El nene pobre que va a pescar para comer queda retratado en esta chamarrita litoraleña que muestra el costado tierno del hombre de Huanguelén, Coronel Suarez.

Aparece originalmente en: Milonga de tiro largo
(1972)

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Asigún salga

La cantidad de reflexiones y verdades que tira antes de que empiece la música... admirable. "Un libro es como un cajón de mueble, si adentro hay cosas útiles, uno lo abre a cada rato" y eso es sólo el principio. La capacidad de Larralde para dejarte pensando con dos o tres versos lo pone al nivel de Confucio, Nietzche o cualquier pensador que se te venga a la mente. Después de la introducción cuenta una historia de un encuentro con un puma, a medio camino entre comedia, pintura de época y relato gauchesco. Único e inigualable.

Aparece originalmente en: De hablarle a la soledad
(1976)

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Milonga de los braceros

Una de las características que hacen de Larralde un tipo valioso es que siempre se puso del lado de los desprotegidos, de los explotados, que fueron, son y serán siempre los mismos. El patrón casi siempre es retratado como lo que es: un tirano. El señor de los deschalados, trabajando de sol a sol por dos mangos, con las manos a la miseria. Una cita definitiva: "al ver las trojas bien llenas pero vos no tenés nada".

Aparece originalmente en:
Permiso (1968)

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Grito de silencio

Segundo larga duración, acá podés encontrar uno de los poemas más sentidos de la primer etapa de Larralde, una canción de amor que no tiene nada que envidiarle a ninguno de los grandes exponentes del género. "Quisiera verte llegar confundida entre flores de un verano, quisiera darte la luz que va por el aliento de tu tallo, quisiera sentir tu celo ahogando mi pecho y en tu rubor". No es una de sus facetas más reconocidas pero acá también hay mucho y de gran calidad.

Aparece originalmente en: El sentir de José Larralde
(1968)

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sábado, 1 de septiembre de 2018

Video de la Semana: The Who - Join Together



¿El período de oro de The Who? La época de fines de los sesenta / principios de la década siguiente. Había salido Tommy, se habían vuelto super-estrellas de un día para el otro y podían hacer basicamente lo que querían. Townshend apareció con el concepto para Lifehouse, más ambicioso todavía pero más difícil de llevar a la práctica. Por suerte lo simplificaron y salió Who's Next, uno de los grandes discos de rock 'n' roll de todos los tiempos.

Todos y cada uno de los singles, sus respectivas caras B y los conciertos que dieron en esta etapa están marcados por el "toque de Midas" de una banda en la cumbre, en todo sentido.