martes, 2 de febrero de 2016

The Saints - Prodigal Son


Los Saints de la época de Prodigal Son, el disco que viene inmediatamente después del gran All Fools Day, eran el vehículo para los caprichos y avatares del cantante y compositor Chris Bailey, una suerte de tesoro nacional de las Antípodas, y del mundo, claro está. Hacía rato que el guitarrista -y también compositor- Ed Kuepper había dejado la banda, precisamente, por choques de personalidad con Bailey. A mediados de los ochenta habían estado bastante cerca del éxito comercial, llegando a vender un buen puñado de discos en Estados Unidos de la mano de singles como “Just Like Fire Would” (que hace poco versionó Bruce Springsteen) y “Temple of the Lord”.

Musicalmente hay una clara evolución con respecto a los primeros LP de estudio, el histórico (I’m) Stranded, un disco importantísimo y oportuno en la historia del punk rock o A Little Madness to Be Free, del ’84. Una evolución que era obvia y se veía venir ya en el segundo disco, en Eternally Yours, en donde agregaron bronces en varios temas desafiando y dejando atrás a ciertos sectores conservadores de esos que nunca faltan en cada movimiento. Este disco sigue la línea clara trazada por el anterior; canciones atemporales, sin fecha de vencimiento, nobles, sólidas, con buenas letras… cabe recordar que en esta extraña década lo que más vendían eran grupos de hair metal (momento nefasto si los hubo) o los bailecitos supuestamente eróticos de Madonna y Michael Jackson. “Shipwreck” ubicado casi al final del disco es un ejemplo perfecto, una melodía inolvidable, teñido de una melancolía delicada, una actitud adecuada, cierto aire de folk celta en la melodía y arreglos y la voz nasal de Bailey cantando desde lo profundo de su corazón y sus entrañas. Los instrumentos de color son los encargados de aportar variedad musical a lo largo del disco y están seleccionados hábilmente y dosificados con sapiencia. “Grain of Sand” y “Ghost Ships” fueron los dos cortes elegidos para promocionar y de los dos se hicieron videos, una simple escucha revela el porqué de esta elección, son dos temazos de esos que no se olvidan fácilmente, que tienen una par de ideas fuertes bien acomodadas, en definitiva lo que tiene que tener una gran canción de música popular de cualquier género. Al final hay un homenaje que es también una reivindicación de orgullo nacional, se trata de “The Music Goes Round My Head” de The Easybeats, los legendarios Beatles australianos y en donde Bailey deja las amígdalas, cantando a puro sentimiento.

La banda sigue en pié, cada vez que su líder la necesita y la quiere resucitar, paralelamente a una carrera solista con no pocos desvíos y agradables sorpresas, como por ejemplo 54 Days at Sea, casi un álbum de la mal llamada world music (como si el resto de la música viniese de Saturno). Otra de esas historias que dejamos para otra ocasión.





Podés escucharlo en YouTube o en Spotify.





Chequear también:
The Saints - Casablanca
Chris Bailey & H. Burns - Stranger
Ed Kuepper - Starstruck

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