martes, 2 de junio de 2015

Amon Düül II - Tanz Der Lemminge


Lo primero que viene a la mente después de exponerse a cualquiera de los tres primeros discos de Amon Düül II es… ¿cómo? ¿Cómo fue posible grabar una monstruosidad semejante? ¿Cómo fue que estos freaks convencieron a una compañía discográfica para que editaran un material como este? ¿Cómo surgieron estas ideas? ¿Bajo la influencia de qué drogas? ¿Cómo hacían? Sabemos que vivían en comunidad en la Alemania de fines de los sesenta, que esa comunidad se separó en dos bandas diferentes y no mucho más. Tampoco es que todo ese bagaje de datos aporte significativamente a la hora de la escucha, a decir verdad.

Pensar que estos pibes eran hijos -la mayoría- de gente que había tenido que ver con el nazismo es reafirmar la identidad de una música y un género que hizo lo posible por renegar de un pasado de espanto para reafirmar una nueva identidad nacional exenta de atrocidades. Cualquiera sea el contexto, la música del kraut-rock en general y la de Amon Düül II sobre todo, ha sobrepasado el exigente test del paso del tiempo e incluso lo ha superado. Nunca se volvió a hacer música con este nivel de desfachatez y vuelvo creativo.

Tanz Der Lemminge, que podría traducirse como “la danza de los Lemmings”, es el tercer disco de estudio de la banda, apareció en formato doble en 1971 y fue editado originalmente por el sello Liberty en Alemania y por United Artists en países como Estados Unidos, el resto de Europa (en Italia se llamó ‘viaje a través de un sueño’) y hasta Nueva Zelanda. Estaba dividido claramente por cada una de sus cuatro caras; la primera “Syntelman’s March of the Roaring Seventies”, una suerte de suite demoníaca, un descenso a los infiernos mentales y musicales, con guitarras acústicas y eléctricas peleando por alterarte los sentidos, teclados y sintetizadores macabros y voces de ultratumba que más que cantar parecen invocar a quién sabe qué demonios. Más o menos lo mismo sucede con “Restless Skylight – Transistor-Child” y con, la tercera y última parte, “Chamsin’s Soundtrack”, cuya primer sección (“The Marilyn Monroe-Memorial Church”) ocupaba originalmente la totalidad de la cara tres del disco. Los últimos tres temas, relativamente cortos, que forman parte de esa supuesta banda sonora se despegan un poco del resto de lo que veníamos escuchando, un poco a modo de alivio para el oyente que soportó los embates sonoros estoicamente. Tampoco son canciones que podrían sonar en cualquier FM, eso seguro.

Que el disco haya sido relativamente exitoso al momento de su aparición nos habla a las claras de otros tiempos, de otra época. Por suerte para nosotros todavía podemos conseguirlo en varios formatos.





Podés escucharlo entero en YouTube.





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