viernes, 30 de octubre de 2009
Brian Jonestown Massacre - Take it from the Man!
Otra vez el tema de la credibilidad. Si, para hablar de Brian Jonestown Massacre tenemos que creer. Creer o reventar. O mejor dicho; escucharlos (o dejarlos pasar de manera indiferente). También es importante saber que a pesar de que no son innovadores, no han “dado un paso más allá” ni corrido las fronteras de lo posible, logran transmitir una seguridad que contagia en serio. Es simple; aquellos que deseen “novedades sonoras” probablemente tengan que buscar en otro lado. Pero para quienes aprecian el fervor, el fanatismo rockero y la adopción del género como una especie de doctrina religiosa, bien… esos oyentes estarán de parabienes. Felices de ver y oir una banda que se preocupa por hacer discos sin dobleces, sin mezquindades y con una convicción francamente envidiable.
Brian Jonestown Massacre se formó en San Francisco a mediados de la década del noventa. Pero el grupo siempre estuvo ligado a los vaivenes de ánimo, energía y predisposición de su líder, el controvertido Anton Newcombe, un verdadero personaje de esos que ya no abundan. Con sólo saber el dato de que por su banda han pasado más de cuarenta integrantes ya podemos darnos una idea aproximada de cómo funciona la química interna.
Obsesionados con los Rolling Stones de la época comprendida entre Out of Our Heads y Beggars' Banquet (la era “dorada” de Brian Jones, claro), las películas de segunda categoría y las sustancias de todo tipo. Etiquetarlos como meros “recicladores” de sonidos del pasado sería una simplificación. En su música encontraremos elementos de todo lo bueno que se ha hecho hasta hoy en día. Los mantras guitarreros de la última época de The Church, el Bowie más accesible, la psicodelia y el space-rock de Hawkwind, Nektar y el primer Be Bop Deluxe. Sumado al fanatismo por Lennon, Jesus and Mary Chain y el krautrock alemán de principios de los 70's. Es simple, semejante bagaje de influencias… no puede fallar. En Take it from the Man!, cuarto trabajo de studio, parecen despegar un poco del molde. Esta vez el abanico de posibilidades se abre considerablemente. Hablar de las canciones a nivel individual no tiene demasiado justificativo. En general, los discos de Brian Jonestown Massacre están armados como un todo, como una entidad. Transcurren en una especie de sopor narcótico, sin demasiados sobresaltos. Jamás dejan de ser canciones, con sus introducciones, estribillos y finales a la orden del día. Algún que otro pasaje épico, un tema largo y claramente improvisado puede que aparezca, de hecho el tema final, "Straight Up and Down", supera los diez minutos.
Cada oyente elegirá su perlita, su joya oculta, pero es poco probable que quienes se metan en el mundo de Newcombe y cia. o aquellos que ya conocen a la banda, tengan algo que reprochar a Take if from the Man!
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Brian Jonestown Massacre - And This Is Our Music
Dandy Warhols - Thirteen Tales of Urban Bohemia
Love & Rockets - Earth, Sun, Moon
jueves, 15 de octubre de 2009
The Who - A Quick One
Cuando The Who grabó su segundo LP todavía faltaba mucho para que la banda se metiera al podio de titanes. Faltaba para las óperas rock intelectualizadas e híper-analizadas de Townshend, para las giras interminables a lo largo y ancho de los Estados Unidos y para los excesos de la década siguiente. No había llegado el éxito mundial que alcanzarían en tres o cuatro años.Pero ya se podía ver que algo grande se estaba gestando. Después de cambiarse el nombre (antes eran The Detours y The High Numbers), publicaron una seguidilla de singles brillantes, definitivos. "My Generation", "I Can't Explain", "Pictures of Lily" o "The Kids Are Alright" son retratos sociólogicos perfectos. Así es como sentía, vivía y sufría una nueva generación de jóvenes dispuestos a hacerse oir a toda costa, a hacer valer su juventud y a diferenciarse de sus mayores. Las finanzas de The Who a mediados de los 60's dejaban mucho que desear. Kit Lambert, manager de la banda, instó a los músicos a proveer material nuevo de manera urgente. Esta vez iban a compartir los créditos, esto podía ser una manera de revertir la precaria economía de sus muchachos.
El momento cumbre de A Quick One es la mini-ópera que cierra el disco; "A Quick One (While He's Away)" una especie de culebrón costumbrista lleno de ironía y sarcasmo. Es la historia de Ivor, el camionero y su amante, la mujer infiel, el affaire atraviesa los vaivenes habituales; el momento en que se conocen, consuman el asunto, se separan, se redimen y a otra cosa. Pero la música es increíble, cada una de las secciones musicales tiene que ver con la historia, condimentando, adquiriendo protagonismo y cediendo. Claro, "A Quick One…" fue un anticipo de lo que se venía, les abrió varias puertas y ayudó a cimentar la fama de banda para ver en vivo con la que fueron ingresando lentamente al mercado yanqui. En el resto de las canciones continúa esa línea iniciada en los singles anteriores; el humor negro del gran John Entwistle para "Whiskey Man" y el que se convertiría en un estándar; "Boris the Spider". Ahí está también "I Need You" de Moon, mostrando claramente su fanatismo por los primeros Beach Boys y "Cobwebs and Strange", una extravagancia de aires circenses que lo pinta de pies a cabeza. Es cierto, no es una gran canción, pero a modo de retrato de un lunático es ideal. Towshend se despacha con el tema que abre el disco "Run, Run, Run", divertido, alegre y saltarín, con unos coros en falsetto bien agudos, pero es en "So Sad About Us" que su maestría como compositor de canciones se pone en evidencia quizás por primera vez. Es pop perfecto, con una historia de desamor agridulce y reflexiva, un estribillo memorable y melancólico a la vez. De más está decir que es la canción de A Quick One de la que más versiones se han hecho.
La reedición en CD es de esas que realmente valen la pena. "I've Been Away", "Doctor, Doctor" y "In the City" de Enwistle permiten apreciar su sentido del humor macabro y ácido. "Barbara Ann" de los Beach Boys, el cover de "Batman" de Neil Hefti, y sobre todo "Happy Jack", otra viñeta cómica y algo infantil para la que se llegó incluso a filmar un video promocional en el que los Who aparecían disfrazados de ladrones y terminaban envueltos en una guerra de tortas.
A Quick One puede no ser el disco indispensable de The Who, pero tengamos en cuenta esto; cualquier disco de los británicos es preferible a la mayoría de las producciones de otros artistas. Por si fuera poco, es una radiografía, un excelente registro de lo que la banda de Daltrey, Enwistle, Townshend y Moon estaba atravesando a mediados de la década del sesenta.
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The Who - The Who Sell Out
The Hollies - King Midas In Reverse / Dear Eloise
The Beach Boys - The Beach Boys Today!
domingo, 4 de octubre de 2009
Wilco - Being There
Discos “conceptuales”, esos que tienen un hilo conductor que relaciona el contenido, hay muchos, muchísimos en realidad. Ahora, discos de este tipo que funcionan, que cumplen con su promesa inicial, hay menos; son pocos, en proporción con los discos “normales”, por supuesto. También hay que decir que no abundan los grupos como Wilco. Ellos representan a ese Estados Unidos que no se mira al ombligo, que no mira de costado a las minorías y que de ningún modo aplaude las bestialidades que comenten sus gobernantes. Es la gente que piensa, y que -por ende- también escucha.
El eje temático de Being There, el segundo trabajo de estudio de uno de los baluartes del llamado Nuevo Rock Norteamericano, es el rock y la manera en que nos relacionamos con él. Como oyentes, como fanáticos, como estilo de vida e incluso como creyentes a ultranza. Consigue transmitir su cometido, vaya si lo consigue. Jeff Tweedy, el líder indiscutido, hace un recorrido por todo lo que significa para él ser un fanático del rock, cómo nos puede elevar como individuos, cómo puede hacer que nos evite -y acompañe- situaciones de pobreza espiritual y qué se siente cuando la música es simplemente un bálsamo que nos hace olvidar todo lo que nos rodea. Puede parecer algo tedioso en los papeles pero Tweedy es demasiado avispado para dejar pase eso y se encarga de que la música sea lo sufientemente ecléctica, divertida e interesante.
Being There es una montaña rusa, a lo largo de dos discos (¡Encima es doble!) vamos a encontrar citas a los Stones de la época de oro, a Neil Young en sus dos vertientes más celebradas (acústica y furiosa), al power-pop de fines de los 70's (atención con "I Got You (At the End of the Century") e incluso a los Replacements más descontrolados y etílicos en el tema que cierra la placa; "Dreamer In My Dreams" un derroche de optimismo guitarrero al borde del desbarranco. Pero por suerte Wilco no se contenta con la mera y aburrida recreación de estilos de antaño, al contrario, se las arreglan para sonar actuales y reciclar para innovar. Así es como "Misunderstood" con su estallido instumental sólo podría haberse dado en esta época y lo mismo sucede con "Outtasite (Outta Mind)". Como muchos grandes discos este último aparece más adelante a modo de reprise, con el título levemente modificado: "Outta Mind (Outta Sight)". “Fui domesticado por el rock & roll. Fui salvado por el Rock & Roll” canta Tweedy con voz quejumbrosa en "Sunken Tresure" con un acompañamiento de folk destartalado, en uno de los varios picos emotivos que aparecen desperdigados a lo largo de Being There. Claro, uno tiende a verse reflejado en ese contexto.
Being There le roba el título a aquella genial comedia en que Peter Sellers le ponía el cuerpo a un jardinero simpáticamente idiota que de un día para el otro pasa a ser una especie de filósofo contemporáneo sin quererlo. El film se burla de las costumbres snobs, del papel que juegan los medios de comunicación alienantes y de la tilinguería intelectual de cierta clase social. Being There, el segundo disco de Wilco, a su modo, hace exactamente lo mismo.
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Wilco - Summerteeth
The Jayhawks - The Sound of Lies
The Replacements - All Shook Down
miércoles, 30 de septiembre de 2009
Brinsley Schwarz - Fifteen Thoughts of Brinsley Schwarz
Excelente puerta de entrada a una de las mejores bandas de culto de todos los tiempos. Se trata de una compilación que retrata el recorrido de la banda que prácticamente inventó el pub rock. Pero como todas las grandes bandas, Brinsley Schwarz excede los límites del género en cuestión. Se formaron cuando se disuelve Kippington Lodge, en donde ya militaban algunos de los miembros. Una vez decidido el cambio de nombre, protagonizaron un hecho que cambiaría para siempre la manera de encarar el negocio de los integrantes. Un extraña maniobra publicitaria los “vendió” como grandes estrellas en los Estados Unidos y se les arregló un show a toda pompa en la Gran Manzana, con periodistas de los medios más importantes. Como suele pasar en estos casos de premeditación extrema, todo lo que podía salir mal… salió mal.
De los errores se aprende. Una vez de vuelta en Londres, deciden alquilar una casa en las afueras de la ciudad y encerrarse a componer y tocar música. Influídos por The Band, que por aquel entonces habían tenido mucho éxito con Music from Big Pink y sus paisajes rurales despojados de artificios. Despite It All fue la consecuencia de este nuevo acercamiento, el primer gran disco de la banda, que sigue a un LP homónimo algo errático, que tiene sus momentos (en 15 Thoughts... es representado por "Shining Brightly", con clarísima influencia de Crosby, Stills & Nash). "Country Girl" y "Funk Angel" son los temas de este segundo trabajo y ya se puede ver el conocimiento enciclopédico de la música que tenían los miembros de Brinsley Schwarz, tenemos rhythm & blues, country, jazz, rockabilly, surf, baladas y toda la música hecha hasta aquel momento, interpretados con solvencia, elegancia y sin ninguna floritura innecesaria.
El festín empieza con "(What’s So Funny 'Bout) Peace, Love & Understanding", probablemente la canción por excelencia de Nick Lowe. Una orgía de guitarras arpegiadas a la manera de los clásicos Byrds y unos acordes alla Townsend para un mensaje anti-cinismo, lleno de candidez y optimismo: “cada vez que siento que se me escapa de las manos, hay algo que necesito saber: qué tienen de gracioso, la paz, el amor y la comprensión”. Es Lowe de pies a cabeza, un romántico de los que ya no quedan. Como detalle se puede mencionar que, a pesar de que Costello había grabado una versión exitosa, gracias a una nueva interpretación de esta perla, que aparecía en la banda sonora de El Guardaespaldas (aquella de Whitney Houston y sus aullidos), Lowe se volvió millonario de la noche a la mañana gracias a las regalías... ¡A más de veinte años de la aparición original de la canción! Silver Pistol, el disco más despojado e intimista del grupo, es representado por "Nightingale", una balada hermosa y "Rockin' Chair" un instrumental meláncolico y reflexivo con gusto a Hank Marvin y sus Shadows. "Surrender to the Rhythm", "Don’t Lose Your Grip on Love", "Nervous on the Road" y "Home in My Hand" son extractos del disco más celebrado de la banda: Nervous On the Road, un derroche de calidad sin desperdicio. Vale la pena aclarar que Brinsley Schwarz era uno de los integrantes del grupo, guitarrista, cantante y productor. Junto con Ian Gomm, también guitarrista y vocalista, firmaban algunas de las composiciones pero Nick Lowe empezó a ganar terreno en este campo y en seguida se convirtió en el compositor principal.
Para los amantes de las perlitas (o aquellos que ya tengan los cinco discos de estudio) también hay hallazgos dentro de 15 Thoughts… porque "Hooked On Love", un tema de neto corte soul, sólo había aparecido como lado “B” de un sencillo y el proto-reggae "Hypocrite", que originalmente venía incluido en la compilación de rarezas Please, Don’t Ever Change, es una versión radicalmente diferente. Garantizado; 15 Thoughts… es una puerta de entrada, una zambullida en realidad porque una vez que nos dejamos tentar por los encantos de Brinsley Schwarz, es poco probable que los abandonemos.
No está en YouTube pero está casi toda la discografía en Spotify.
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Brinsley Schwarz - The New Favourites of Brinsley Schwarz
The Band - Cahoots
Nick Lowe - The Convincer
De los errores se aprende. Una vez de vuelta en Londres, deciden alquilar una casa en las afueras de la ciudad y encerrarse a componer y tocar música. Influídos por The Band, que por aquel entonces habían tenido mucho éxito con Music from Big Pink y sus paisajes rurales despojados de artificios. Despite It All fue la consecuencia de este nuevo acercamiento, el primer gran disco de la banda, que sigue a un LP homónimo algo errático, que tiene sus momentos (en 15 Thoughts... es representado por "Shining Brightly", con clarísima influencia de Crosby, Stills & Nash). "Country Girl" y "Funk Angel" son los temas de este segundo trabajo y ya se puede ver el conocimiento enciclopédico de la música que tenían los miembros de Brinsley Schwarz, tenemos rhythm & blues, country, jazz, rockabilly, surf, baladas y toda la música hecha hasta aquel momento, interpretados con solvencia, elegancia y sin ninguna floritura innecesaria.
El festín empieza con "(What’s So Funny 'Bout) Peace, Love & Understanding", probablemente la canción por excelencia de Nick Lowe. Una orgía de guitarras arpegiadas a la manera de los clásicos Byrds y unos acordes alla Townsend para un mensaje anti-cinismo, lleno de candidez y optimismo: “cada vez que siento que se me escapa de las manos, hay algo que necesito saber: qué tienen de gracioso, la paz, el amor y la comprensión”. Es Lowe de pies a cabeza, un romántico de los que ya no quedan. Como detalle se puede mencionar que, a pesar de que Costello había grabado una versión exitosa, gracias a una nueva interpretación de esta perla, que aparecía en la banda sonora de El Guardaespaldas (aquella de Whitney Houston y sus aullidos), Lowe se volvió millonario de la noche a la mañana gracias a las regalías... ¡A más de veinte años de la aparición original de la canción! Silver Pistol, el disco más despojado e intimista del grupo, es representado por "Nightingale", una balada hermosa y "Rockin' Chair" un instrumental meláncolico y reflexivo con gusto a Hank Marvin y sus Shadows. "Surrender to the Rhythm", "Don’t Lose Your Grip on Love", "Nervous on the Road" y "Home in My Hand" son extractos del disco más celebrado de la banda: Nervous On the Road, un derroche de calidad sin desperdicio. Vale la pena aclarar que Brinsley Schwarz era uno de los integrantes del grupo, guitarrista, cantante y productor. Junto con Ian Gomm, también guitarrista y vocalista, firmaban algunas de las composiciones pero Nick Lowe empezó a ganar terreno en este campo y en seguida se convirtió en el compositor principal.
Para los amantes de las perlitas (o aquellos que ya tengan los cinco discos de estudio) también hay hallazgos dentro de 15 Thoughts… porque "Hooked On Love", un tema de neto corte soul, sólo había aparecido como lado “B” de un sencillo y el proto-reggae "Hypocrite", que originalmente venía incluido en la compilación de rarezas Please, Don’t Ever Change, es una versión radicalmente diferente. Garantizado; 15 Thoughts… es una puerta de entrada, una zambullida en realidad porque una vez que nos dejamos tentar por los encantos de Brinsley Schwarz, es poco probable que los abandonemos.
No está en YouTube pero está casi toda la discografía en Spotify.
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Brinsley Schwarz - The New Favourites of Brinsley Schwarz
The Band - Cahoots
Nick Lowe - The Convincer
The Green Pajamas - Poison in the Russian Room
Es increíble lo que se puede hacer combinando elementos con astucia. Una colección de discos de una magnitud considerable, una destreza más que aceptable la hora de ejecutar los instrumentos y un oficio para hacer canciones que combinan talento, olfato y mucho de trabajo artesanal.
Los Green Pajamas vienen batallando en un injusto semi-anonimato desde mediados de los ochenta. Formados en Seattle por Jeff Kelly y Erich Lichter, pasaron los primeros años de la banda grabando canciones propias en casettes. Unidos por una admiración mutua por el pop sicodélico de los 60's y el Paisley Underground de los Los Angeles, practicado por The Three O' Clock, Dream Syndicate o Plasticland. En la década siguiente, la personalidad de los Green Pajamas ya estaba completamente delineada, tuvieron algún que otro hit a nivel local y discos tan humildes como hermosos; Strung Behind the Sun, All Clues Lead to Megan’s Bed, Seven Fathoms Down and Falling, entre otros.
Quizás el hecho de no haber sido exitosos a nivel masivo sea de ayuda para Kelly y cia. porque la música que hacen no está pensada para sonar en todas las radios y mucho menos en grandes estadios, es ideal para la soledad de un cuarto, un par de auriculares y mucha atención a los detalles, que están presentes en todos lados.
Poison in the Russian Room los encuentra más ambiciosos que nunca, desplegando un abanico de recursos sorprendente y ampliando la paleta sonora de manera notable. Además de las referencias habituales (Beatles, Majestades Satánicas, early Bee Gees, Kinks) vamos a encontrar influencias de bandas sonoras, guiños a la música clásica e incluso pinceladas de jazz. Está estructurado en dos partes, como Ogden's Nuts Gone Flake de los Small Faces; una cara con canciones sin relación aparente (todas excelentes, por cierto) y la segunda parte con una especie de suite temático / conceptual. "In Search of the Elusive Fairy Queen and Some Pleasure Unknown" es una historia para niños, una fairytale que poco tiene de infantil, más bien lo contrario, hay morbo, muerte y sordidez.
Lo de los Pajamas es muy ecléctico a nivel musical, menos “cancionero” y más aventurero a nivel formal. Fluye sin inconvenientes y es otra muestra cabal de las posibilidades de una hábil combinación de elementos conocidos para obtener algo novedoso y fresco.
Esto último es -precisamente- lo que diferencia a los Green Pajamas del resto de las bandas de la actualidad, esa capacidad de auto-superación y esa magia para sonar contemporáneos, haciendo uso de un impresionante cúmulo de influencias para sacar otro conejo de la vieja galera.
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The Green Pajamas - Northern Gothic
The Green Pajamas - 21st Century Séance
The Green Pajamas - Narcotic Kisses
martes, 29 de septiembre de 2009
C.A. Quintet - Trip Thru Hell
Es poco lo que se sabe sobre el C.A. Quintet pero lo que sí se sabe es que grabaron este increíble disco a fines de la década del 60. Oriundos de Minneapolis, jamás salieron del medio-oeste norteamericano en el breve período en que estuvieron juntos como banda. De hecho, de Trip Thru Hell, el único LP que grabaron, se hicieron sólo unas 700 copias que se vendieron rápido pero jamás se hicieron más ejemplares. Después del disco, la historia de siempre; drogas, peleas, managers corruptos... nada nuevo bajo el sol. Desaparecieron sin dejar pista, en busca de una vida “normal”.
A principios de la década del 80, a más de diez años de la edición original, Trip Thru Hell se reeditó sin autorización al otro lado del Atlántico, en Inglaterra, y ahí la cosa fue diferente. Tampoco tan diferente, pero adquirió un merecedísimo estatus de Disco de Culto, algo que probablemente jamás exceda, porque Trip Thru Hell no está hecho para todos los paladares. Incluso se destaca en su contexto original; nadie hacía esta música en el año '69, y para ser sinceros, nadie la ha vuelto a hacer. Tiene un título (sería Viaje a través del Infierno) completamente adecuado a la música que contiene, un desfile de paisajes oscuros, comparables a La Divina Comedia o a los cuadros de El Bosco, es más, la ilustración de la tapa es similar a lo que mostraba el gran pintor holandés.
El viaje arranca con unas notas macabras. Este motivo va a volver varias veces a lo largo de la obra con ligeras variantes, a la manera de las sinfonías, los conciertos y las estructuras de la música académica. Unas voces femeninas de ultratumba condimentan el menú antes de un riff de garage-rock bien maléfico, como unos Electric Prunes bajo los efectos de un mal ácido. De repente aparece… ¡un solo de batería! Sí, así es, pero este tiene sentido, tiene que ver con el lugar en donde ha sido puesto. Después del solo, vuelve el tema principal y ya estamos inmersos de lleno en el submundo de C.A. Quintet. ¡Ah! Por si fuera poco, hay unos ruidos (porque no se puede decir que se trate de un solo) de guitarra fuzz que anticipan a The Fall en diez años. "Colorado Morning" es una cabalgata infernal con sus trompetas ad hoc, otro clima escalofriante. "Cold Spider" sigue en esta vena terrorífica, un vals satánico por el que Paganini hubiera arqueado las cejas. Antes de que explote todo llega "Underground Music", el descanso necesario, con un uso interesante de los instrumentos de bronce. ¡Ojo! Tampoco es que desaparecen las sombras, el clima sigue nublado, la tormenta está al acecho y el estallido de funk malvado del final es uno de los highlights indiscutidos del disco. “Nada crece jamás, nada nunca es lo que parece” en "Sleepy Hollow Lane" “las sombras se vienen encima, nunca sabés del todo dónde estás” cantado magistralmente por Ken Erwin, alma máter del grupo. Retorno breve del tema principal, fade-out y a otra cosa. A "Smooth as Silk" en realidad, otra joyita que trasciende ampliamente su género, lleno de arreglos y cambios de tiempo, entre otras delicias auditivas. En "Trip Thru Hell, Pt. 2" se cierra este paseo por el lado oscuro, reaparecen las voces femeninas, el tema principal y otra sorpresa; una sección de jazz que demuestra claramente la versatilidad de esta banda. El final apoteósico, lleno de gritos y ruidos varios está a tono con el resto de lo que habíamos escuchado.
Los singles que aparecen como bonus track de la versión en CD sirven para demostrar la increíble evolución del grupo desde sus primeros intentos, mucho más convencionales tanto a nivel lírico como musical. Pero atentos con "I Shot the King" y la espeluznante versión del super-clásico de Screamin' Jay Hawkins "I Put a Spell On You" que permite intuir que, después de todo, solo continuaron una línea que ya estaba trazada. Ellos sólo tomaron la posta y la llevaron un poco más lejos.
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H. P. Lovecraft - This Is H.P. Lovecraft
Arthur Brown - Galactic Zoo Dossier
Ramases - Ramases
The Jesus and Mary Chain - Darklands
El truco era prácticamente infalible. Una banda con una actitud escénica belicosa, tocando de espaldas al público, dando entrevistas con un acento incomprensible y unas canciones de pop efervescente sepultadas bajo toneladas de guitarras sucias, distorsionadas. Los críticos compraron casi sin vacilar, el público… también.
Después de Psychocandy, aquel debut que más de uno llevó a su disquería amiga al son de “me parece que está mal, me lo vendieron fallado”, los hermanos Reid se tomaron un descanso y se dedicaron a escribir canciones. En ese interín Bobby Gillespie dejo su puesto de baterista “de parado”, formó Primal Scream. Por esa época apareció una compilación de rarezas y caras B llamada Barbed Wire Kisses para matizar la espera de un sucesor propiamente dicho.
Lo primero que salta a la vista (o al oído para ser precisos) es el sonido, completamente renovado, más radial y depurado. Atrás quedaron las baterías llenas de cámara, las guitarras “pegadas” en la mezcla y las voces saturadas de reverb. El acento está puesto en las composiciones, no hay tanta mugre, hay sutilezas, arpegios narcóticos y cambios de dirección inesperados. Siempre dentro del espectro en el que se mueven William y Jim Reid, claro. No esperen arreglos sinfónicos ni tiempos musicales ajenos al 4/4 tradicional, ellos son expertos en el dominio de la canción pop, y dentro de ese esquema se mueven como peces en el agua.
Empiezan con "Darklands" un medio tempo relajado que va creciendo lentamente pero sin llegar a estallar en ningún momento. "Deep One Perfect Morning" es lenta y reflexiva, uno no puede menos dejarse arrullar por las voces aún detectando la ironía que subyace en los textos, nada es tan simple en las “tierras oscuras”. “Hablando rápido sin poder decir nada, yo me afeitaría la piel por vos. Hablando rápido al borde de la nada, me rompería la espalda por vos” dice "Happy When It Rains", un verdadero himno a la soledad, al estar en contra de todo “porque sí”, siempre conservando un costado romántico, soñador. "Down On Me" y "Fall" son sacudones eléctricos violentos, para no desentonar del todo con lo que nos habían acostumbrado pero una joya como "Cherry Came Too"… ¡eso no lo esperábamos! Es en esa canción que se entiende perfectamente de qué se trata Jesus and Mary Chain; son los Beach Boys, los Ramones y los grupos de chicas de los primeros 60's, todo tamizado por el sarcasmo de los 80's: “Cherry me lleva a ese lugar ahí arriba, con besos de cables pelados y su amor, Cherry y yo somos tan extremos, haciendo el amor al son de un grito”.
Después de Darklands el camino fue un constante “cuesta arriba”, cada uno de sus discos era comparado (un poco injustamente) con sus dos primeros álbumes. Pero también hay que decir que en todos hay buenos momentos y a lo largo de más de una década siempre han sabido meter un respetable puñado de canciones geniales. No es poco.
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Jesus and Mary Chain - Honey's Dead
Teenage Fanclub - Bandwagonesque
The Raveonettes - Pretty In Black
sábado, 26 de septiembre de 2009
Virus - Agujero interior
Formados en La Plata, a fines de los setenta, en los últimos estertores de la dictadura más cruel de la historia argentina. En vez de cargar las tintas y seguir machacando con consignas panfletarias, en un clima político completamente enrarecido, Virus proponía precisamente lo contrario. Diversión, desparpajo, liberación del cuerpo y la mente. Los eternos talibanes reaccionaron con furia. Es entendible; en un país anclado en el tiempo, una banda como Virus era como un plato volador aterrizando en un jardín de infantes. Completamente a tono con lo que pasaba en el resto del mundo (en una época en que no era tan fácil “estar al día”), la banda liderada por el gran Federico Moura -un frontman único, desbordante de personalidad y carisma- tenía convicciones demasiado firmes como para dejarse vencer. ¡Ah! Y canciones, muchas, el argumento irrevocable por excelencia.
Para el momento de Agujero interior ya eran mucho más aceptados que en los comienzos y gozaban de cierto éxito a nivel popularidad, ventas y críticas. Optaron por la dupla Danny / Michel Peyronel (sí, el de Riff) para la producción y se nota un viraje importante a nivel sonoro, más crudo y a la vez compacto. Con "En mi garage", el tema que abre el disco, está todo claro; guitarras fuertes, ritmo acelerado y un teclado bien al frente, que no estaría fuera de lugar en cualquier trabajo de Devo o los Talking Heads de la misma época. "El probador" es un fiel reflejo de aquellos años; desenfreno sexual, negación de cualquier tipo de compromiso, una mujer tomando decisiones, un hombre en una situación pasiva y en un lugar semi-público. En una sociedad acartonada… iba a levantar polvo. ¿La música? New Wave bien entendida y asimilada, al nivel de cualquiera de los hits de The Cars. El manifiesto del disco es el tema que dá título, “Hay que salir del agujero interior, largar la piña en otra dirección, poner el cuerpo y el bocho en acción” es sintético, poderoso e irónico al máximo. "¿Qué hago en Manila?" es una de esas baladas que tan bien le salían a Federico, a medio camino entre el Brian Ferry de Avalon y el Bowie de "China Girl".
Como en toda banda grande, las perlas, las gemas ocultas, son esas canciones que no pasaban en las radios, no tenían videos ni formaban parte del repertorio habitual. Ahí aparece entonces "Buenos Aires smog" con su ritmo frenético y sus dentelladas guitarreras bien filosas. Es en un retrato de alienación urbana conciso y bien definido: “A vivir todo ya como me gusta. A vivir todo ya nada me asusta” propone como salida al tedio, al sofocón de la ciudad. Otro de esos hits-que-nunca-fueron es "Los sueños de Drácula", describe una pesadilla de esas que son muy vívidas, en donde uno se ve rodeado, perdido y asfixiado. Nuestro héroe encuentra la salida, se da cuenta de que son “sus miedos y no los de afuera” los que lo tienen a mal traer. La música es perfecta, cambiando a medida que la historia se desarrolla y, por si fuera poco, tiene un solo de guitarra melódico, pensado, de esos que se pueden cantar.
Agujero interior fue otro paso hacia la masividad que la banda tanto quería, vendrían los teclados “modernos” de Relax y las infaltables peleas y cambios de integrantes, pero en el año '83, nadie sonaba con la fuerza, convicción y espontaneidad de Virus, la banda de los hermanos Moura.
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Virus - Recrudece
Soda Stereo - Nada personal
Devo - New Traditionalists
jueves, 17 de septiembre de 2009
Arcade Fire - Neon Bible
Cuando alguien consigue digerir, retratar y resignificar los tiempos en que vivimos con la eficacia de Arcade Fire en Neon Bible, hay que sacarse el sombrero. Porque todos sabemos que estamos en una época de miseria espiritual, de consumismo exacerbado, de exceso de comunicación y adoración notable por el “Dios Dinero”. Pero no todos somos capaces de hacer algo al respecto.
Y si ese algo es una obra como Neon Bible, no hay argumentos para derribarlo.
Arcade Fire se formó a principios de la década del nuevo siglo en Canadá, en Montreal mas precisamente, la zona franco-parlante del país del norte. Los integrantes de la banda tienen un promedio de edad de 25 años y con sólo un disco en su haber (el laureado Funeral) se habían granjeado al respeto y admiración de prensa, público y varios nombres notables del mundo del rock.
Si tenemos que describir a Neon Bible con un solo adjetivo, ese sería valentía. Porque para ser épico, grandiocuente y hacerse cargo de las pretensiones hacen falta agallas y a Arcade Fire le sobran por donde se los mire. "Black Mirror" es un introducción breve pero concisa pero ya en "Keep the Car Running" están los elementos que hacen de Neon Bible una cosa seria; un ritmo rápido y nervioso y un cantante que suena a medio camino del Bono sediento de gloria de los primeros discos y el Bruce Springsteen más heroico; aquel de Born to Run y The River. No son influencias que se citan habitualmente. Por desgracia, porque si se sabe que hacer con ellas… Nadie se acordaría de Tommy sino fuera por "Pinball Wizard", "Amazing Journey" o "See Me, Feel Me" o de The Wall sin "Comfortably Numb" o "Another Brick in the Wall" y a Neon Bible tampoco le faltan esos himnos que se pegan a la retina de la memoria. La mencionada "Keep the Car…" entraría dentro de ese grupo hipotético. Otra muestra de coraje es "Intervention" con su majestuoso órgano tubular de iglesia, que ayuda a crear un clima religioso, casi místico y la voz de Win Butler al borde del llanto, uno no puede menos que creerle, rendirse ante el dramatismo conseguido en cinco minutos de música vibrante e intensa. “Trabajando para la iglesia donde mi familia muere. Tu pequeña babysitter se volverá loca. Cada pequeña chispa de amistad y amor morirá sin hogar. Escucha al soldado gruñir, lo intentaremos a solas”. Como muestra sobra un botón. Otro punto álgido es "Black Wave/Bad Vibrations" que empieza con una mezcla entre Siouxsie & the Banshees, los Cocteau Twins y Kraftwerk, con voces femeninas a coro, en una clara atmósfera de sobrecogimiento. Después vuelve la voz líder para que no olvidemos que se trata de Arcade Fire y otorgar un “cierre” mas familiar a la canción.
La influencia de “El Jefe” se hace presente de manera muy evidente en "(Antichrist Television Blues)", uno de esos himnos épicos de redención en donde el personaje del relato logra huir de su cotidianeidad agobiante por medio del viaje. Claro, en los papeles suena artificial y hasta trillado pero la banda se encarga de que esto no suceda. Apelando a simbolismos continuamente, nada está dicho de una manera simplona, sino por medio de metáforas muy cuidadas, de alusiones indirectas pero a la vez inequívocas.
La importancia de Neon Bible será valorada en su justa medida por el juez más implacable; el paso del tiempo, que dicho sea de paso, también suele ser el más certero. Pero es claro desde cualquier punto de vista que los Arcade Fire no están escasos de ambiciones y saben qué caminos recorrer para satisfacerlas.
Escuchar online en YouTube o en Spotify.
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Arcade Fire - Funeral
U2 - The Unforgettable Fire
Nick Cave & the Bad Seeds - Abattoir Blues / The Lyre of Orpheus
Y si ese algo es una obra como Neon Bible, no hay argumentos para derribarlo.
Arcade Fire se formó a principios de la década del nuevo siglo en Canadá, en Montreal mas precisamente, la zona franco-parlante del país del norte. Los integrantes de la banda tienen un promedio de edad de 25 años y con sólo un disco en su haber (el laureado Funeral) se habían granjeado al respeto y admiración de prensa, público y varios nombres notables del mundo del rock.
Si tenemos que describir a Neon Bible con un solo adjetivo, ese sería valentía. Porque para ser épico, grandiocuente y hacerse cargo de las pretensiones hacen falta agallas y a Arcade Fire le sobran por donde se los mire. "Black Mirror" es un introducción breve pero concisa pero ya en "Keep the Car Running" están los elementos que hacen de Neon Bible una cosa seria; un ritmo rápido y nervioso y un cantante que suena a medio camino del Bono sediento de gloria de los primeros discos y el Bruce Springsteen más heroico; aquel de Born to Run y The River. No son influencias que se citan habitualmente. Por desgracia, porque si se sabe que hacer con ellas… Nadie se acordaría de Tommy sino fuera por "Pinball Wizard", "Amazing Journey" o "See Me, Feel Me" o de The Wall sin "Comfortably Numb" o "Another Brick in the Wall" y a Neon Bible tampoco le faltan esos himnos que se pegan a la retina de la memoria. La mencionada "Keep the Car…" entraría dentro de ese grupo hipotético. Otra muestra de coraje es "Intervention" con su majestuoso órgano tubular de iglesia, que ayuda a crear un clima religioso, casi místico y la voz de Win Butler al borde del llanto, uno no puede menos que creerle, rendirse ante el dramatismo conseguido en cinco minutos de música vibrante e intensa. “Trabajando para la iglesia donde mi familia muere. Tu pequeña babysitter se volverá loca. Cada pequeña chispa de amistad y amor morirá sin hogar. Escucha al soldado gruñir, lo intentaremos a solas”. Como muestra sobra un botón. Otro punto álgido es "Black Wave/Bad Vibrations" que empieza con una mezcla entre Siouxsie & the Banshees, los Cocteau Twins y Kraftwerk, con voces femeninas a coro, en una clara atmósfera de sobrecogimiento. Después vuelve la voz líder para que no olvidemos que se trata de Arcade Fire y otorgar un “cierre” mas familiar a la canción.
La influencia de “El Jefe” se hace presente de manera muy evidente en "(Antichrist Television Blues)", uno de esos himnos épicos de redención en donde el personaje del relato logra huir de su cotidianeidad agobiante por medio del viaje. Claro, en los papeles suena artificial y hasta trillado pero la banda se encarga de que esto no suceda. Apelando a simbolismos continuamente, nada está dicho de una manera simplona, sino por medio de metáforas muy cuidadas, de alusiones indirectas pero a la vez inequívocas.
La importancia de Neon Bible será valorada en su justa medida por el juez más implacable; el paso del tiempo, que dicho sea de paso, también suele ser el más certero. Pero es claro desde cualquier punto de vista que los Arcade Fire no están escasos de ambiciones y saben qué caminos recorrer para satisfacerlas.
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jueves, 3 de septiembre de 2009
Neil Young & Crazy Horse - Zuma
Es así de simple: todos los discos que sacó Neil Young en la década del setenta son imprescindibles. Quienes admiren al domador de tormentas eléctricas, al cantautor rural de aire folkie o al combatiente de demonios internos, los lenguajes que usó el canadiense a lo largo de aquella década, tienen mucho material para disfrutar. Incluso sus escarceos con Crosby, Stills y Nash tienen aportes interesantes.
Siguiendo la trilogía compuesta por Time Fades Away, Tonight's the Night y On the Beach, un periplo teñido de tristeza y música utilizada como vehículo para exorcizar los dolores de alma, apareció Zuma, un trabajo menos torturado, más liviano si se quiere, con sus momentos de oscuridad, como de costumbre.
Con Frank “Poncho” Sampedro reemplazando al fallecido Danny Whitten en guitarra, Neil Young reagrupó a los Crazy Horse y grabó Zuma en condiciones más saludables que en sus trabajos inmediatamente anteriores, el resultado, como suele ser, se nota en los surcos.
"Don't Cry No Tears" es el tema elegido para empezar y es un perfecto ejemplo del tipo de canción y el sonido que predominaría en el resto del disco. Es una base simple, con el típico sonido rockero de Crazy Horse, se emparenta directamente con lo que habíamos escuchado en Everybody Knows This Is Nowhere, donde detrás de una alegría aparente se esconde una melancolía que siempre dice presente cuando hablamos de Neil Young: “Cuando toda el agua se ha ido hay una sensación que persiste, viejo amor sincero, no es tan difícil de ver”. Cuando empieza "Danger Bird" la atmósfera es amenazante, pero no hay fantasmas acechando en este caso, es un juego con las típicas baladas de asesinatos y un amor que ha dejado de ser. Las guitarras se trenzan en verdaderos duelos, como para dejar claro que la banda era un todo y que estaban de vuelta en su mejor forma. El momento de reposo llega de la mano de "Pardon my Heart" y es también el lugar para la reflexión por el amor perdido y el agradecimiento por lo vivido. El recurso elegido para condimentar son los instrumentos acústicos, el clima gentil y apacible con un resabio de gospel en el estribillo, con sus coros femeninos. "Looking for a Love" es un country rock típico, con excelentes armonías vocales, tiene un aire a diversión, a “juntémonos a tocar” sin mayores prolegómenos y es fácil revivir la atmósfera distendida de los músicos en el estudio, riéndose al final de la toma. En la misma línea está "Barstool Blues" una de esas canciones a medio camino entre la amargura y la sonrisa a medias, con un dejo de borrachera trasnochada, el protagonista está casi obsesionado con su objeto de deseo; “Te vi en una pesadilla y te veo en mis sueños. Y pueden pasar mil años hasta que sepa lo que eso significa”.
En "Drive Back" aparecen esos riffs insistentes y corrosivos que tan bien le sientan a Crazy Horse, a la manera de "Cinnamon Girl", "When You Dance I Can Really Love" o el posterior "Hey Hey, My My" (aquella canción-manifiesto del legendario Rust Never Sleeps). La que quizás sea la pieza más memorable de Zuma está casi al final, antes de "Through My Sails" y es nada más y nada menos que "Cortez the Killer", en donde Young, como ha hecho varias veces, toma partido por una causa, de forma clara y directa. En este caso se pone en la piel de un indio que está viendo la llegada de los conquistadores al nuevo continente, destruyendo todo a su paso, los miembros de su familia han muerto y no es mucho lo que le queda por contar. Es un mar de guitarras eléctricas que se entrecruzan en un tiempo lento, algo macabro. "Cortez…" se convirtió casi de inmediato en un clásico de las presentaciones en vivo de Neil Young y los Crazy Horse, extendiéndose por diez minutos (e incluso más), dando lugar a fogosas improvisaciones. Como nota de color se puede agregar que The Church grabó una excelente versión en su disco de versiones A Box of Birds.
Es importante recordar que, a principios de los 90's Neil Young no tenía la estutura que hoy ostenta. La llegada del CD como nueva tecnología trajo como consecuencia la disponibilidad de su catálogo que estaba -hay que decirlo- algo relegado. Fué coronado como "El Padrino del Grunge" al detectarse clarísimas influencias en la música de las bandas de aquel entonces, sobre todo de su faceta más eléctrica. Así fué como recuperó público y prestigio tras una década -los 80's- más bien errática. Volviendo a Zuma, se trata de un triunfo dentro de su humildad, la falta de concepto unificador o idea rectora que unifique las canciones termina jugándole a favor, es uno de los casos en que la ausencia de pretensiones hacen que el todo se beneficie, es una colección de canciones muy buenas y punto, con eso basta y sobra. En este caso, por supuesto.
Neil Young seguiría dando golpes bruscos de timón a su carrera, mostrándose interesado en el movimiento punk que se asomaba a la vuelta de la esquina y jamás abandonaría su actitud curiosa, el espíritu de eterno adolescente, listo para la sorpresa, abierto a los cambios. En definitiva; las virtudes en las cuales se apoya su carisma inextinguible.
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Neil Young & Crazy Horse - Everybody Knows This Is Nowhere
Neil Young & Crazy Horse - Sleeps With Angels
Neil Young & Crazy Horse - Broken Arrow
jueves, 20 de agosto de 2009
Ride - Going Blank Again
Formados en Oxford a fines de la década del ochenta, Ride es una de esas bandas que son catalogadas dentro de un movimiento o escena que logran trascender casi inmediatamente. La etiqueta en cuestión era la de shoegaze, esa camada de bandas ruidosas y ariscas que tocaban sin hacer ninguna concesión para con el respetable, con un volumen cercano a lo insoportable. Pero Ride no sólo renegaba de aquel mote, lo traspasaban con cada uno de los pasos que daban. Exploraban el poder y alcance del ruido, las búsquedas con la distorsión de guitarras y el atractivo innegable de los decibeles compitiendo y reforzando las melodías.
A la altura de Going Blank Again ya tenían en su haber tres EP’s y un larga duración, el magnífico Nowhere (aquel de la tapa con una ola en medio del mar), se habían ganado el respeto de la prensa y el público por igual y hasta grababan para el emblemático sello Creation de Alan McGee. Era mucho lo que se esperaba de ellos y por suerte no defraudaron.
El loop de sintetizadores, a la manera de "Baba O’ Riley" de the Who, es el llamado de atención que propone Ride para su segundo trabajo. Inmediatamente aparecen las guitarras, entrelazándose, jugando y tejiendo un tramado armónico. De repente para, vuelve el loop y ahí sí, están todas las velas desplegadas y listas para navegar. Las voces de Mark Gardener y Andy Bell cantan casi siempre en armonía, con sílabas largas y fantasmagóricas, que junto a las guitarras siempre en “volumen once” conforman la marca registrada de Ride. Son ocho minutos de intensidad pura, "Leave Them All Behind", por extraño que parezca (sobre todo teniendo en cuenta la duración) fue el simple que eligieron para cortar en Going Blank Again.
"Twisterella" es el tema más pop y accesible del disco, rápido, las guitarras están mas limpias, tiene un estribillo de esos que se recuerdan al instante y los arreglos instrumentales están puestos en el momento y lugar preciso. Los colchones de teclados contribuyen a reforzar la idea. Está claro que la música que acunó a los integrantes del grupo es una influencia en el sonido general, es el rock que escuchaban sus padres y sus hermanos mayores, ese que pasa de generación en generación sin perder atractivo, son los ecos de Pink Floyd, los Moody Blues y el punk-rock que están en el cóctel, filtrados y resignificados para tomar un nuevo e interesante cariz. "Chrome Waves" es otra demostración del nivel de sutileza que podía llegar a alcanzar Ride en sus momentos más inspirados. Un rasgueo de guitarras acústicas aparece antes de las voces, con un fondo de teclados que parece una orquesta completa. Atención especial merece el solo de guitarra, breve, conciso, completamente subordinado a la canción. Se dan el lujo de terminar el álbum con la que probablemente sea la obra maestra de Ride, nada menos que "OX4", uno de esos temas épicos en donde no sobra nada y en donde todas las decisiones que se pueden tomar para una composición han sido las acertadas. Empieza lenta, como queriendo plantear un despegue algo perezoso, para estallar en un feedback controlado de guitarras y voces que se cruzan. La relativa monotonía de los acordes que conforman la base rítmica del tema está contrarestado por unos arreglos melódicos de los teclados, que contestan y realzan la melodía vocal y ahí está la clave, el hallazgo que hace que funcione todo a la perfección.
No faltaron las infaltables peleas entre sus integrantes, Ride fue disipándose, en pequeños escandaletes muy poco dignos, no sin antes grabar otra pequeña joya infravalorada al momento de su aparición, Carnival of Light con más de un rastro de psicodelia sixtie revisitada. Como nota de color, cabe recordar que Andy Bell es un integrante estable de la formación de Oasis desde Standing on the Shoulder of Giants.
A Going Blank Again le fué bastante bien a nivel comercial y excelente en lo que a críticas se refiere. Puede que todas las expectativas que se depositaron en ellos hayan sido un factor desecadenante para la crisis que vivieron, pero sin dudas este fue el momento de gloria de Ride, superando el desafío propuesto por el juez más despiadado: el paso del tiempo.
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Ride - Nowhere
My Bloody Valentine - Isn't Anything
The Boo Radleys - Giant Steps
miércoles, 12 de agosto de 2009
The Pogues - Red Roses for Me
Puede que los Pogues suenen como muchos de sus imitadores pero, como ellos corren con la ventaja de haber inventado el sub-género que practican, deben ser reconocidos como mentores, como los auténticos, los que empezaron el asunto. ¿De qué estamos hablando? Hoy parece una obviedad, pero cuando los Pogues empezaron su carrera, la fusión entre música tradicional irlandesa (esas canciones de marineros borrachos y bares de mala muerte) con la energía y frescura del punk era una novedad, nadie lo había hecho hasta entonces. Aunque suenan irlandeses los Pogues se formaron en Londres, con músicos provenientes de escenas diferentes y telonearon a The Clash en una gira de principios de los 80's que ayudó a cimentar la fama del grupo y, por supuesto, a conseguir un contrato discográfico.
Red Roses for Me fue grabado en Londres en el año 1984 sin demasiados recursos a nivel económico pero nada de eso se evidencia al escucharlo. En cambio, lo que sí queda claro desde el vamos es la alegría, el clima festivo que transmiten cada una de las canciones, siempre tiznadas por la melancolía omnipresente de las letras de Shane MacGowan. Detrás de su fachada de juerguista y pendenciero se esconde un romántico empedernido, de esos que siempre dejan lugar para la reflexión triste, el verso meditabundo y la estrofa a corazón abierto. Hay varios clásicos diseminados en los surcos de Red Roses for Me, el nivel general es parejo y, a nivel musical, las canciones tienen una unidad digna de asombro. Ahí están los ritmos ligeros, para bailar en ronda y estrellar las jarras gigantes de cerveza, las mandolinas y los acordeones que incitan al baile con sabor añejo, en una taberna con olor a roble en compañía de amigos felices.
Cuando MacGowan entona las estrofas de "Dark Streets of London" es imposible no sentir algo de compasión por la tristeza existencial que transmite el protagonista de la historia, debajo de todo el bullicio hay una queja, un lamento: “Y ahora viene el invierno y no puedo soportar el frío que hace en las calles para la época de Navidad. Y estoy condenado al hartazgo por no tener un centavo para vagabundear en las oscuras calles de Londres”. O cuando ofrece un escape momentáneo ante el acoso de las circunstancias: “Cuando el mundo se torna demasiado oscuro y necesito luz en mi interior, entro en un bar y arraso con quince pintas de cerveza” en "Streams of Whiskey", otro futuro clásico. También "Boys from the County Hell", la relectura del tradicional tema escocés "Auld Lang Syne" (la version de los Pogues se llama "The Auld Triangle") o "Transmetropolitan" se convertirían en estándares para las presentaciones en vivo del grupo.
Concluyendo, es probable que Red Roses for Me no sea el clásico por excelencia de los Pogues, (ese privilegio correspondería mas bien a Rum, Sodomy & the Lash o If I Should Fall from Grace with God) pero sin dudas es un testamento efectivo en un momento que siempre es bueno recordar; los primeros pasos, que en este caso fueron mas que auspiciosos.
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The Pogues - Hell's Ditch
The Dubliners - Celebration
The Waterboys - Fisherman's Blues
Black Sabbath - Vol. 4
Cuando alguien se pregunte por qué Black Sabbath tiene el reconocimiento que ha cosechado, por qué hay una especie de aura mística a su alrededor y por qué músicos y fanáticos los tienen en lo más alto de un pedestal imaginario, será fácil responderles. Es cuestión de escuchar cualquiera de sus discos clásicos para obtener una respuesta inmediata. Y contundente.
Todos los integrantes aportan al sonido y lo hacen de manera original; Tony Iommi tiene en su poder los riffs más diabólicos, pesados y concisos. A esto le sumamos que cuando tiene que hacer solos y arreglos melódicos cumple sin problemas. Ozzy Osbourne, el gran “Oz”, es una montaña de carisma, un cantante imposible de opacar. Geezer Butler es el muro en donde se apoyan las catedrales sonoras del grupo, recorriendo el mástil de su bajo incansablemente, cuando la música lo requiere y apoyándose en las notas principales con aplomo, en los momentos más densos. Después está Bill Ward que es un pulpo, aporreando los parches incansablemente, firme y elástico a la vez, acelera y para, el resto del grupo sabe que puede confiar en el ciegamente, porque es imaginativo con sus arreglos y sabe tocar en función de las composiciones.
En Vol. 4 la energía joven del grupo es patente, el nivel compositivo es más parejo que nunca y el sonido valvular y humeante logra transmitir esa asfixia y urgencia que hacen de Black Sabbath un exponente único, irrepetible.
Repleto de clásicos inoxidables, Vol. 4 trajo por primera vez al mundo los deleites de "Wheels of Confusion", con su catarata de riffs mastodónticos, cambios de ritmos repentinos y pasajes instrumentales, una montaña rusa de sensaciones. También de este disco surgieron "Tomorrow's Dreams", "Cornucopia", "Supernaut" y el macabro "St. Vitus Dance", que ostenta un de los mejores riffs de la cantera inagotable de Mr. Iommi. En "Changes" Ozzy muestra su faceta tierna, un declarado fan de los Beatles, nunca tuvo miedo de ocultar su pasión adolescente por los cuatro de Liverpool, incluso en el seno de una banda que podría situarse en un extremo opuesto. Hasta los efectos con sintetizadores de Iommi funcionan dentro de Vol. 4, cuando separados de su contexto caerían en el olvido, intercalados con los sacudones eléctricos, "FX" y "Laguna Sunrise" se convierten en ejercicios experimentales con un fundamento; hacer que el disco fluya, que tenga vaivenes, en definitiva, que sea “escuchable” de principio a fin.
Vol. 4 fué la cúspide a nivel creativo de Black Sabbath, los problemas personales empezaron a hacer mella en los integrantes y eso se refleja en los trabajos posteriores del cuarteto de Birmingham. Que, si bien siempre tienen momentos de altísimo vuelo, no siempre se sostienen a lo largo de lo que dura un disco completo. De todos modos seguirían extendiendo su omnipotente influencia en miles de bandas que a diario se formaban alrededor del mundo con un único propósito; acercarse, al menos un poco, a las cimas escaladas por Black Sabbath.
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Black Sabbath - Sabotage
Mudhoney - Since We've Become Translucent
Dead Meadows - Shivering King and Others
martes, 11 de agosto de 2009
John Lennon - Rock 'n' Roll
Vilipendiado cruelmente al momento de su aparición, Rock ‘n’ Roll, el disco de versiones de clásicos de rock fifties de Lennon, ha recibido últimamente su justa reivindicación. Para colmo de males, cuando salió por primera vez a la venta, fue editado en las peores condiciones, con un pobre arte de tapa y a un precio irrisorio. Es de entenderse, se suponía que cada lanzamiento de los ex-Beatles tenía que expandir las fronteras de lo conocido, llevar el estado de las cosas a un nuevo extremo y sacudir los cimientos mismos de la civilización tal y como la conocemos.
Pero un disco de versiones tiene que ser visto como lo que es, un momento de distensión, de diversión y un homenaje (mas o menos respetuoso según el caso) a los artistas que marcaron un antes y un después en una carrera o -incluso- en una vida. Si lo vemos por ese lado el intento de Lennon sale airoso por donde se lo mire.
La génesis de Rock 'n' Roll es bien terrenal; todo empezó con un juicio por plagio. En este caso parece que "Come Together", la canción/himno que abría el majestuoso Abbey Road, se parecía demasiado a "You Can’t Catch Me" de Chuck Berry. El arreglo para no llegar a tribunales fue que Lennon grabara una versión. Las sesiones transcurrieron en medio del muy comentado “fin de semana perdido”, que no era otra cosa que parrandas interminables en Los Angeles con sus amigotes de turno, entre los que se contaban Harry Nilsson, Ringo, Keith Moon e incluso Alice Cooper. En la producción de algunos temas participó Phil Spector, pero después de más y más embrollos legales, sólo cuatro de las grabaciones acabaron formando parte de la placa. Pero lo que cuenta es que escuchar al "Beatle John" haciendo sus canciones favoritas de su infancia y adolescencia es todo un placer. Lennon siempre fue un eximio cantante de rock básico, el primigenio, el que dio origen a todo, como ya había demostrado en "Slow Down", "Dizzy Miss Lizzy", "Polytheme Pam" y tantos otros junto a los Fab Four.
Es imposible no imaginarlo cantando "Peggy Sue" de su héroe Buddy Holly con una sonrisa de oreja o oreja. O muriéndose de risa luego del Elvis medley de "Rip It Up" y "Ready Teddy", que seguramente salieron sin el menor esfuerzo. Acá es donde aparece por primera vez el "Stand by Me" que todo el mundo conoce, en donde Lennon grita con alma y vida en las notas altas, apropiándose de la canción, sufriendo por su amor eterno, Yoko, por supuesto, de quien estaba distanciado en aquel momento. La producción de Spector es un éxito indiscutido en esta canción particularmente, agregando cuerdas que subrayan la tensión inherente a esta joya de la pluma de Lieber / Stoller. De más está decir que la versión superaría ampliamente en popularidad a la de Ben E. King, que era la original.
Hoy en día, apartado de todas las circunstancias históricas que rodearon su concepción, Rock ‘n’ Roll suena fresco, desinhibido, con un joie de vivre contagioso y admirable a la vez. Una prueba clara del inmenso talento de Lennon que, incluso divirtiéndose, puede lograr momentos de inmensa trascendecia. ¡Rock ‘n’ Roll!
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David Bowie - Pin-Ups
Siouxsie & the Banshees - Through the Looking Glass
The Church - A Box of Birds
Pero un disco de versiones tiene que ser visto como lo que es, un momento de distensión, de diversión y un homenaje (mas o menos respetuoso según el caso) a los artistas que marcaron un antes y un después en una carrera o -incluso- en una vida. Si lo vemos por ese lado el intento de Lennon sale airoso por donde se lo mire.
La génesis de Rock 'n' Roll es bien terrenal; todo empezó con un juicio por plagio. En este caso parece que "Come Together", la canción/himno que abría el majestuoso Abbey Road, se parecía demasiado a "You Can’t Catch Me" de Chuck Berry. El arreglo para no llegar a tribunales fue que Lennon grabara una versión. Las sesiones transcurrieron en medio del muy comentado “fin de semana perdido”, que no era otra cosa que parrandas interminables en Los Angeles con sus amigotes de turno, entre los que se contaban Harry Nilsson, Ringo, Keith Moon e incluso Alice Cooper. En la producción de algunos temas participó Phil Spector, pero después de más y más embrollos legales, sólo cuatro de las grabaciones acabaron formando parte de la placa. Pero lo que cuenta es que escuchar al "Beatle John" haciendo sus canciones favoritas de su infancia y adolescencia es todo un placer. Lennon siempre fue un eximio cantante de rock básico, el primigenio, el que dio origen a todo, como ya había demostrado en "Slow Down", "Dizzy Miss Lizzy", "Polytheme Pam" y tantos otros junto a los Fab Four.
Es imposible no imaginarlo cantando "Peggy Sue" de su héroe Buddy Holly con una sonrisa de oreja o oreja. O muriéndose de risa luego del Elvis medley de "Rip It Up" y "Ready Teddy", que seguramente salieron sin el menor esfuerzo. Acá es donde aparece por primera vez el "Stand by Me" que todo el mundo conoce, en donde Lennon grita con alma y vida en las notas altas, apropiándose de la canción, sufriendo por su amor eterno, Yoko, por supuesto, de quien estaba distanciado en aquel momento. La producción de Spector es un éxito indiscutido en esta canción particularmente, agregando cuerdas que subrayan la tensión inherente a esta joya de la pluma de Lieber / Stoller. De más está decir que la versión superaría ampliamente en popularidad a la de Ben E. King, que era la original.
Hoy en día, apartado de todas las circunstancias históricas que rodearon su concepción, Rock ‘n’ Roll suena fresco, desinhibido, con un joie de vivre contagioso y admirable a la vez. Una prueba clara del inmenso talento de Lennon que, incluso divirtiéndose, puede lograr momentos de inmensa trascendecia. ¡Rock ‘n’ Roll!
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The Coral - The Invisible Invasion
Es fácil imaginar a los hermanos Skelly de niños. En vez de jugar con autitos de colección y soldaditos de juguete, entreteniéndose con los discos de sus padres y con instrumentos musicales, invitando a los amigos, a tocar precariamente. The Coral es una de esas bandas que ya no aparecen con tanta frecuencia. Son precoces en todo sentido. Su disco debut fue recibido con entusiasmo por la prensa y el público inglés cuando todavía eran adolescentes. Después fueron siendo dejados de lado. Sobre todo teniendo en cuenta qué fue lo que pasó, lo que hicieron. Vale decir que, a pesar del eclecticismo que exhibían, podía notarse una cierta falta de un rumbo, un norte preciso que ayudara a definirlos.
Eso sucedió en Magic and Medicine, la banda ya sonaba con toda la personalidad que hace falta para quedar en la historia, absorbiendo influencias con la pericia de los que aman lo que hacen. Por desgracia eran pocos los que tenían los radares en órbita.
Después se internaron en sus excentricidades, con Nightfreaks and the Sons of Becker, que fue distribuido de forma limitada, sin la pompa habitual de los lanzamientos ingleses. En Nightfreaks… mostraban que eran capaces de experimentar y expandir sus propios límites sin caer en un abismo pretencioso y en el típico espejo narcisista. Cuando hoy en día todos hacen discos despacio, sin arriesgar demasiado, se encerraron a grabar el cuarto, en menos de tres años de estar juntos como grupo, alejados de las presiones. Los resultados son evidentes, esto desborda artesanía, The Invisible Invasion es -como su título sugiere- un pequeño gran triunfo, una colección de canciones delicadas y sugerentes.
The Invisible Invasion alterna canciones en tonos menores, sombrías, con momentos luminosos. Es sólo cuestión de escucharlos para darse cuenta que los muchachos de The Coral son lo suficientemente inteligentes como para no tomarse muy en serio a sí mismos, así que esos climas medio siniestros suenan lúdicos, juguetones. Están las canciones mas alegres como "In the Morning", un baño de luz de menos de tres minutos de duración. También están las que juegan con esta ambigüedad como "Far from the Crowd" que suena a Echo & the Bunnymen al principio, algo malévolo, yendo a parar a un clima más apacible, para desembocar en otro estribillo dulce, casi almibarado.
Asi como los Bunnymen tenían en Will Sargeant un hechicero de las seis cuerdas, acá está Bill Ryder-Jones que sabe dónde tocar y dónde dejar que las canciones fluyan, sabe hacer arreglos y es creativo en cada una de sus intervenciones.
The Coral sigue firme en su empresa de hacer del mundo un lugar menos inhóspito, de ahí a que salgan en los medios, que sean elogiados por los especialistas de las revistas o que los pasen en todas las radios hay un trecho bastante largo. Con música como la de The Invisible Invasion ¿hay alguien a quien le importe?
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The Coral - Roots & Echoes
Echo & the Bunnymen - Evergreen
The Zuttons - Who Killed the Zuttons?
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