sábado, 5 de abril de 2014

Los Rodríguez - Palabras más, palabras menos


Ya pasaron casi veinte años desde que salió este disco. ¡Veinte años! Ahora se puede volver a escuchar algunas de las canciones, sobre todo esas que sonaban incluso en los supermercados, doblabas una esquina y ahí estaban, entrabas a un negocio y te las encajaban y ni hablar de los bares. Era muy fácil odiarlo, demasiado.

Andrés Calamaro es un tipo que, como mínimo, polariza opiniones, casi no hay medias tintas cuando alguien se refiere a él, o lo odian con vehemencia o lo adoran incondicionalmente. Un poco de distancia en el análisis no viene mal. Nadie puede negar que se mandó diez mil cagadas, tiene un buen puñado de canciones horribles, tiene un enorme problema en eso de auto-editarse y sus apariciones televisivas son la auto-parodia del rockero reventado, mediático y un poco patético. Pero cuando acierta es infalible y en este disco hay varios aciertos, unos cuantos.

Escuchá ahora “Aquí no podemos hacerlo” la oda al fasito -un poco obvia- y fijate que envejeció bastante bien, está tocada magistralmente, es un reggae muy creíble. Está bien, la escuchaste un millón de veces y no hay nada que encontrarle, pero podés saltearla que en los “tapados” está la papa en Palabras más, palabras menos. En “Todavía una canción de amor” está el primer tema enorme del disco. Gran letra, excelente melodía, buenos cambios de acordes, arreglos inteligentes, emotividad a flor de piel, fuerza, cantado a puro corazón. Casi indiscutible, se podría decir. El tema que dá título también es ganador, bien punk rock, parece simple pero no lo es. ¿Cuántas versiones horribles viste de esta canción por banditas mediocres? El peor lado de Calamaro, ya lo han dicho varios, es el enorme séquito de imitadores que jamás terminan de entenderlo.
“El tiempo dirá”, otro de los grandes temas del disco, tiene una base rara, potente, va para adelante con fuerza y se nota que los músicos están pasando un gran momento mientras graban y te lo imaginás a Andrés cantándolo con una sonrisa medio maléfica. Si lo cantara Paul Westerberg estaríamos todos bajándonos los lienzos ante este temazo. Después sigue otra demostración de astucia, de robo “con guante blanco”, de la mano de “En un hotel de mil estrellas”. Es “On the Nickel” de Tom Waits con una vuelta de tuerca, incluso en la letra, esa mirada lastimera y compasiva de la gente pobre, los que duermen a cielo abierto, incluso la melodía se parece un poco, el clima… es directamente el mismo. “La puerta de al lado” podría ser cualquier tema de Los Lobos, con esas letras tan de Andrés que no se sabe muy bien de que hablan pero que te hacen despertar el costado melancólico que todos tenemos, acá todavía faltaba un rato para las rimas estúpidas y la limadura hecha pública.

Como ya dijimos antes, es muy fácil odiarlo a El Salmón, es muy famoso, siempre tiene a la mejor minita abajo del brazo y no se cansa de hacer gansadas de todo tipo. Pero es casi imposible no reconocerle algunos aciertos y Palabras más, palabras menos, con sus temas descartables y todo, fue un golazo de mitad de cancha.




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Andrés Calamaro - Honestidad brutal
Los Lobos - Good Morning Aztlán



4 comentarios:

Mastrángelo dijo...

Es verdad que es un tipo fácil de odiar, y que amerita un análisis serio.

Claro que su olfato para la canción queda fuera de discusión, más sobre su funcionamiento en un análisis serio tengo una teoría: Andrés Calamaro funciona mejor, o simplemente funciona, cuando tiene una contrapartida creativa o en el mejor de los casos, cuando tiene a a alguien que le discuta cosas.

Cachorro, Bazterrica, Abuelo en los Abuelos, Ariel Roth en los Rodríguez... no me parece casualidad que sean sus proyectos musicalmente más ricos, más variados, con más matices.

Ahora, como solista, no me cuesta ponerlo en cierto eje del mal en el que también encaja el más verborrágico e insoportable Fito Páez. Pienso que ambos, además de cierta impronta rockera, abrevan de un árbol musical-otro que, fuera de su calidad o no, no forma ni formará parte de mi horizonte. musical. Sonoridades con las que no me identifico.

Eso sí, cuando suena "Loco" o "Flaca" en el taxi no puedo dejar de esbozar una sonrisa. Esa facilidad compositiva arroja grandes momentos y eso no se puede negar.

También me gusta el tema "El salmón": una lección de karma, un perdón y un "qué le vas a hacer" propio de alguien que vivió mucho, y que aún no del todo recuperado, ha sobrevivido para contarlo.

Un abrazo!!

Mariano dijo...

Como le va caballero! Puede que su teoría sea acertada, no tengo mucha idea porque todos esos que nombrás ahí me parecen unos muertos tremendos.
No escuchaba este disco hace al menos diez años y me afectó, me hizo dar cuenta que ya no soy un pibe, lo rápido que pasó el tiempo y demás reflexiones/viejazo.

Su blog está muy abandonado, por cierto. Vamos viejo!

Mastrángelo dijo...

Anduve ocupadísimo, pero ya va a volver esta semana, con Reveal de R.E.M.

Mariano dijo...

UH! Discazo. Y tremendamente underrated.

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