martes, 29 de septiembre de 2009

C.A. Quintet - Trip Thru Hell


Es poco lo que se sabe sobre el C.A. Quintet pero lo que sí se sabe es que grabaron este increíble disco a fines de la década del 60. Oriundos de Minneapolis, jamás salieron del medio-oeste norteamericano en el breve período en que estuvieron juntos como banda. De hecho, de Trip Thru Hell, el único LP que grabaron, se hicieron sólo unas 700 copias que se vendieron rápido pero jamás se hicieron más ejemplares. Después del disco, la historia de siempre; drogas, peleas, managers corruptos... nada nuevo bajo el sol. Desaparecieron sin dejar pista, en busca de una vida “normal”.

A principios de la década del 80, a más de diez años de la edición original, Trip Thru Hell se reeditó sin autorización al otro lado del Atlántico, en Inglaterra, y ahí la cosa fue diferente. Tampoco tan diferente, pero adquirió un merecedísimo estatus de Disco de Culto, algo que probablemente jamás exceda, porque Trip Thru Hell no está hecho para todos los paladares. Incluso se destaca en su contexto original; nadie hacía esta música en el año '69, y para ser sinceros, nadie la ha vuelto a hacer. Tiene un título (sería Viaje a través del Infierno) completamente adecuado a la música que contiene, un desfile de paisajes oscuros, comparables a La Divina Comedia o a los cuadros de El Bosco, es más, la ilustración de la tapa es similar a lo que mostraba el gran pintor holandés.

El viaje arranca con unas notas macabras. Este motivo va a volver varias veces a lo largo de la obra con ligeras variantes, a la manera de las sinfonías, los conciertos y las estructuras de la música académica. Unas voces femeninas de ultratumba condimentan el menú antes de un riff de garage-rock bien maléfico, como unos Electric Prunes bajo los efectos de un mal ácido. De repente aparece… ¡un solo de batería! Sí, así es, pero este tiene sentido, tiene que ver con el lugar en donde ha sido puesto. Después del solo, vuelve el tema principal y ya estamos inmersos de lleno en el submundo de C.A. Quintet. ¡Ah! Por si fuera poco, hay unos ruidos (porque no se puede decir que se trate de un solo) de guitarra fuzz que anticipan a The Fall en diez años. "Colorado Morning" es una cabalgata infernal con sus trompetas ad hoc, otro clima escalofriante. "Cold Spider" sigue en esta vena terrorífica, un vals satánico por el que Paganini hubiera arqueado las cejas. Antes de que explote todo llega "Underground Music", el descanso necesario, con un uso interesante de los instrumentos de bronce. ¡Ojo! Tampoco es que desaparecen las sombras, el clima sigue nublado, la tormenta está al acecho y el estallido de funk malvado del final es uno de los highlights indiscutidos del disco. “Nada crece jamás, nada nunca es lo que parece” en "Sleepy Hollow Lane" “las sombras se vienen encima, nunca sabés del todo dónde estás” cantado magistralmente por Ken Erwin, alma máter del grupo. Retorno breve del tema principal, fade-out y a otra cosa. A "Smooth as Silk" en realidad, otra joyita que trasciende ampliamente su género, lleno de arreglos y cambios de tiempo, entre otras delicias auditivas. En "Trip Thru Hell, Pt. 2" se cierra este paseo por el lado oscuro, reaparecen las voces femeninas, el tema principal y otra sorpresa; una sección de jazz que demuestra claramente la versatilidad de esta banda. El final apoteósico, lleno de gritos y ruidos varios está a tono con el resto de lo que habíamos escuchado.

Los singles que aparecen como bonus track de la versión en CD sirven para demostrar la increíble evolución del grupo desde sus primeros intentos, mucho más convencionales tanto a nivel lírico como musical. Pero atentos con "I Shot the King" y la espeluznante versión del super-clásico de Screamin' Jay Hawkins "I Put a Spell On You" que permite intuir que, después de todo, solo continuaron una línea que ya estaba trazada. Ellos sólo tomaron la posta y la llevaron un poco más lejos.








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The Jesus and Mary Chain - Darklands


El truco era prácticamente infalible. Una banda con una actitud escénica belicosa, tocando de espaldas al público, dando entrevistas con un acento incomprensible y unas canciones de pop efervescente sepultadas bajo toneladas de guitarras sucias, distorsionadas. Los críticos compraron casi sin vacilar, el público… también.

Después de Psychocandy, aquel debut que más de uno llevó a su disquería amiga al son de “me parece que está mal, me lo vendieron fallado”, los hermanos Reid se tomaron un descanso y se dedicaron a escribir canciones. En ese interín Bobby Gillespie dejo su puesto de baterista “de parado”, formó Primal Scream. Por esa época apareció una compilación de rarezas y caras B llamada Barbed Wire Kisses para matizar la espera de un sucesor propiamente dicho.

Lo primero que salta a la vista (o al oído para ser precisos) es el sonido, completamente renovado, más radial y depurado. Atrás quedaron las baterías llenas de cámara, las guitarras “pegadas” en la mezcla y las voces saturadas de reverb. El acento está puesto en las composiciones, no hay tanta mugre, hay sutilezas, arpegios narcóticos y cambios de dirección inesperados. Siempre dentro del espectro en el que se mueven William y Jim Reid, claro. No esperen arreglos sinfónicos ni tiempos musicales ajenos al 4/4 tradicional, ellos son expertos en el dominio de la canción pop, y dentro de ese esquema se mueven como peces en el agua.

Empiezan con "Darklands" un medio tempo relajado que va creciendo lentamente pero sin llegar a estallar en ningún momento. "Deep One Perfect Morning" es lenta y reflexiva, uno no puede menos dejarse arrullar por las voces aún detectando la ironía que subyace en los textos, nada es tan simple en las “tierras oscuras”. “Hablando rápido sin poder decir nada, yo me afeitaría la piel por vos. Hablando rápido al borde de la nada, me rompería la espalda por vos” dice "Happy When It Rains", un verdadero himno a la soledad, al estar en contra de todo “porque sí”, siempre conservando un costado romántico, soñador. "Down On Me" y "Fall" son sacudones eléctricos violentos, para no desentonar del todo con lo que nos habían acostumbrado pero una joya como "Cherry Came Too"… ¡eso no lo esperábamos! Es en esa canción que se entiende perfectamente de qué se trata Jesus and Mary Chain; son los Beach Boys, los Ramones y los grupos de chicas de los primeros 60's, todo tamizado por el sarcasmo de los 80's: “Cherry me lleva a ese lugar ahí arriba, con besos de cables pelados y su amor, Cherry y yo somos tan extremos, haciendo el amor al son de un grito”.

Después de Darklands el camino fue un constante “cuesta arriba”, cada uno de sus discos era comparado (un poco injustamente) con sus dos primeros álbumes. Pero también hay que decir que en todos hay buenos momentos y a lo largo de más de una década siempre han sabido meter un respetable puñado de canciones geniales. No es poco.








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sábado, 26 de septiembre de 2009

Virus - Agujero interior


Formados en La Plata, a fines de los setenta, en los últimos estertores de la dictadura más cruel de la historia argentina. En vez de cargar las tintas y seguir machacando con consignas panfletarias, en un clima político completamente enrarecido, Virus proponía precisamente lo contrario. Diversión, desparpajo, liberación del cuerpo y la mente. Los eternos talibanes reaccionaron con furia. Es entendible; en un país anclado en el tiempo, una banda como Virus era como un plato volador aterrizando en un jardín de infantes. Completamente a tono con lo que pasaba en el resto del mundo (en una época en que no era tan fácil “estar al día”), la banda liderada por el gran Federico Moura -un frontman único, desbordante de personalidad y carisma- tenía convicciones demasiado firmes como para dejarse vencer. ¡Ah! Y canciones, muchas, el argumento irrevocable por excelencia.

Para el momento de Agujero interior ya eran mucho más aceptados que en los comienzos y gozaban de cierto éxito a nivel popularidad, ventas y críticas. Optaron por la dupla Danny / Michel Peyronel (sí, el de Riff) para la producción y se nota un viraje importante a nivel sonoro, más crudo y a la vez compacto. Con "En mi garage", el tema que abre el disco, está todo claro; guitarras fuertes, ritmo acelerado y un teclado bien al frente, que no estaría fuera de lugar en cualquier trabajo de Devo o los Talking Heads de la misma época. "El probador" es un fiel reflejo de aquellos años; desenfreno sexual, negación de cualquier tipo de compromiso, una mujer tomando decisiones, un hombre en una situación pasiva y en un lugar semi-público. En una sociedad acartonada… iba a levantar polvo. ¿La música? New Wave bien entendida y asimilada, al nivel de cualquiera de los hits de The Cars. El manifiesto del disco es el tema que dá título, “Hay que salir del agujero interior, largar la piña en otra dirección, poner el cuerpo y el bocho en acción” es sintético, poderoso e irónico al máximo. "¿Qué hago en Manila?" es una de esas baladas que tan bien le salían a Federico, a medio camino entre el Brian Ferry de Avalon y el Bowie de "China Girl".
Como en toda banda grande, las perlas, las gemas ocultas, son esas canciones que no pasaban en las radios, no tenían videos ni formaban parte del repertorio habitual. Ahí aparece entonces "Buenos Aires smog" con su ritmo frenético y sus dentelladas guitarreras bien filosas. Es en un retrato de alienación urbana conciso y bien definido: “A vivir todo ya como me gusta. A vivir todo ya nada me asusta” propone como salida al tedio, al sofocón de la ciudad. Otro de esos hits-que-nunca-fueron es "Los sueños de Drácula", describe una pesadilla de esas que son muy vívidas, en donde uno se ve rodeado, perdido y asfixiado. Nuestro héroe encuentra la salida, se da cuenta de que son “sus miedos y no los de afuera” los que lo tienen a mal traer. La música es perfecta, cambiando a medida que la historia se desarrolla y, por si fuera poco, tiene un solo de guitarra melódico, pensado, de esos que se pueden cantar.

Agujero interior fue otro paso hacia la masividad que la banda tanto quería, vendrían los teclados “modernos” de Relax y las infaltables peleas y cambios de integrantes, pero en el año '83, nadie sonaba con la fuerza, convicción y espontaneidad de Virus, la banda de los hermanos Moura.






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Soda Stereo - Nada personal
Devo - New Traditionalists


jueves, 17 de septiembre de 2009

Arcade Fire - Neon Bible

Cuando alguien consigue digerir, retratar y resignificar los tiempos en que vivimos con la eficacia de Arcade Fire en Neon Bible, hay que sacarse el sombrero. Porque todos sabemos que estamos en una época de miseria espiritual, de consumismo exacerbado, de exceso de comunicación y adoración notable por el “Dios Dinero”. Pero no todos somos capaces de hacer algo al respecto.

Y si ese algo es una obra como Neon Bible, no hay argumentos para derribarlo.

Arcade Fire se formó a principios de la década del nuevo siglo en Canadá, en Montreal mas precisamente, la zona franco-parlante del país del norte. Los integrantes de la banda tienen un promedio de edad de 25 años y con sólo un disco en su haber (el laureado Funeral) se habían granjeado al respeto y admiración de prensa, público y varios nombres notables del mundo del rock.

Si tenemos que describir a Neon Bible con un solo adjetivo, ese sería valentía. Porque para ser épico, grandiocuente y hacerse cargo de las pretensiones hacen falta agallas y a Arcade Fire le sobran por donde se los mire. "Black Mirror" es un introducción breve pero concisa pero ya en "Keep the Car Running" están los elementos que hacen de Neon Bible una cosa seria; un ritmo rápido y nervioso y un cantante que suena a medio camino del Bono sediento de gloria de los primeros discos y el Bruce Springsteen más heroico; aquel de Born to Run y The River. No son influencias que se citan habitualmente. Por desgracia, porque si se sabe que hacer con ellas… Nadie se acordaría de Tommy sino fuera por "Pinball Wizard", "Amazing Journey" o "See Me, Feel Me" o de The Wall sin "Comfortably Numb" o "Another Brick in the Wall" y a Neon Bible tampoco le faltan esos himnos que se pegan a la retina de la memoria. La mencionada "Keep the Car…" entraría dentro de ese grupo hipotético. Otra muestra de coraje es "Intervention" con su majestuoso órgano tubular de iglesia, que ayuda a crear un clima religioso, casi místico y la voz de Win Butler al borde del llanto, uno no puede menos que creerle, rendirse ante el dramatismo conseguido en cinco minutos de música vibrante e intensa. “Trabajando para la iglesia donde mi familia muere. Tu pequeña babysitter se volverá loca. Cada pequeña chispa de amistad y amor morirá sin hogar. Escucha al soldado gruñir, lo intentaremos a solas”. Como muestra sobra un botón. Otro punto álgido es "Black Wave/Bad Vibrations" que empieza con una mezcla entre Siouxsie & the Banshees, los Cocteau Twins y Kraftwerk, con voces femeninas a coro, en una clara atmósfera de sobrecogimiento. Después vuelve la voz líder para que no olvidemos que se trata de Arcade Fire y otorgar un “cierre” mas familiar a la canción.

La influencia de “El Jefe” se hace presente de manera muy evidente en "(Antichrist Television Blues)", uno de esos himnos épicos de redención en donde el personaje del relato logra huir de su cotidianeidad agobiante por medio del viaje. Claro, en los papeles suena artificial y hasta trillado pero la banda se encarga de que esto no suceda. Apelando a simbolismos continuamente, nada está dicho de una manera simplona, sino por medio de metáforas muy cuidadas, de alusiones indirectas pero a la vez inequívocas.

La importancia de Neon Bible será valorada en su justa medida por el juez más implacable; el paso del tiempo, que dicho sea de paso, también suele ser el más certero. Pero es claro desde cualquier punto de vista que los Arcade Fire no están escasos de ambiciones y saben qué caminos recorrer para satisfacerlas.








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Arcade Fire - Funeral
U2 - The Unforgettable Fire
Nick Cave & the Bad Seeds - Abattoir Blues / The Lyre of Orpheus



jueves, 3 de septiembre de 2009

Neil Young & Crazy Horse - Zuma


Es así de simple: todos los discos que sacó Neil Young en la década del setenta son imprescindibles. Quienes admiren al domador de tormentas eléctricas, al cantautor rural de aire folkie o al combatiente de demonios internos, los lenguajes que usó el canadiense a lo largo de aquella década, tienen mucho material para disfrutar. Incluso sus escarceos con Crosby, Stills y Nash tienen aportes interesantes.

Siguiendo la trilogía compuesta por Time Fades Away, Tonight's the Night y On the Beach, un periplo teñido de tristeza y música utilizada como vehículo para exorcizar los dolores de alma, apareció Zuma, un trabajo menos torturado, más liviano si se quiere, con sus momentos de oscuridad, como de costumbre.

Con Frank “Poncho” Sampedro reemplazando al fallecido Danny Whitten en guitarra, Neil Young reagrupó a los Crazy Horse y grabó Zuma en condiciones más saludables que en sus trabajos inmediatamente anteriores, el resultado, como suele ser, se nota en los surcos.

"Don't Cry No Tears" es el tema elegido para empezar y es un perfecto ejemplo del tipo de canción y el sonido que predominaría en el resto del disco. Es una base simple, con el típico sonido rockero de Crazy Horse, se emparenta directamente con lo que habíamos escuchado en Everybody Knows This Is Nowhere, donde detrás de una alegría aparente se esconde una melancolía que siempre dice presente cuando hablamos de Neil Young: “Cuando toda el agua se ha ido hay una sensación que persiste, viejo amor sincero, no es tan difícil de ver”. Cuando empieza "Danger Bird" la atmósfera es amenazante, pero no hay fantasmas acechando en este caso, es un juego con las típicas baladas de asesinatos y un amor que ha dejado de ser. Las guitarras se trenzan en verdaderos duelos, como para dejar claro que la banda era un todo y que estaban de vuelta en su mejor forma. El momento de reposo llega de la mano de "Pardon my Heart" y es también el lugar para la reflexión por el amor perdido y el agradecimiento por lo vivido. El recurso elegido para condimentar son los instrumentos acústicos, el clima gentil y apacible con un resabio de gospel en el estribillo, con sus coros femeninos. "Looking for a Love" es un country rock típico, con excelentes armonías vocales, tiene un aire a diversión, a “juntémonos a tocar” sin mayores prolegómenos y es fácil revivir la atmósfera distendida de los músicos en el estudio, riéndose al final de la toma. En la misma línea está "Barstool Blues" una de esas canciones a medio camino entre la amargura y la sonrisa a medias, con un dejo de borrachera trasnochada, el protagonista está casi obsesionado con su objeto de deseo; “Te vi en una pesadilla y te veo en mis sueños. Y pueden pasar mil años hasta que sepa lo que eso significa”.

En "Drive Back" aparecen esos riffs insistentes y corrosivos que tan bien le sientan a Crazy Horse, a la manera de "Cinnamon Girl", "When You Dance I Can Really Love" o el posterior "Hey Hey, My My" (aquella canción-manifiesto del legendario Rust Never Sleeps). La que quizás sea la pieza más memorable de Zuma está casi al final, antes de "Through My Sails" y es nada más y nada menos que "Cortez the Killer", en donde Young, como ha hecho varias veces, toma partido por una causa, de forma clara y directa. En este caso se pone en la piel de un indio que está viendo la llegada de los conquistadores al nuevo continente, destruyendo todo a su paso, los miembros de su familia han muerto y no es mucho lo que le queda por contar. Es un mar de guitarras eléctricas que se entrecruzan en un tiempo lento, algo macabro. "Cortez…" se convirtió casi de inmediato en un clásico de las presentaciones en vivo de Neil Young y los Crazy Horse, extendiéndose por diez minutos (e incluso más), dando lugar a fogosas improvisaciones. Como nota de color se puede agregar que The Church grabó una excelente versión en su disco de versiones A Box of Birds.

Es importante recordar que, a principios de los 90's Neil Young no tenía la estutura que hoy ostenta. La llegada del CD como nueva tecnología trajo como consecuencia la disponibilidad de su catálogo que estaba -hay que decirlo- algo relegado. Fué coronado como "El Padrino del Grunge" al detectarse clarísimas influencias en la música de las bandas de aquel entonces, sobre todo de su faceta más eléctrica. Así fué como recuperó público y prestigio tras una década -los 80's- más bien errática. Volviendo a Zuma, se trata de un triunfo dentro de su humildad, la falta de concepto unificador o idea rectora que unifique las canciones termina jugándole a favor, es uno de los casos en que la ausencia de pretensiones hacen que el todo se beneficie, es una colección de canciones muy buenas y punto, con eso basta y sobra. En este caso, por supuesto.

Neil Young seguiría dando golpes bruscos de timón a su carrera, mostrándose interesado en el movimiento punk que se asomaba a la vuelta de la esquina y jamás abandonaría su actitud curiosa, el espíritu de eterno adolescente, listo para la sorpresa, abierto a los cambios. En definitiva; las virtudes en las cuales se apoya su carisma inextinguible.








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Neil Young & Crazy Horse - Everybody Knows This Is Nowhere
Neil Young & Crazy Horse - Sleeps With Angels
Neil Young & Crazy Horse - Broken Arrow



jueves, 20 de agosto de 2009

Ride - Going Blank Again


Formados en Oxford a fines de la década del ochenta, Ride es una de esas bandas que son catalogadas dentro de un movimiento o escena que logran trascender casi inmediatamente. La etiqueta en cuestión era la de shoegaze, esa camada de bandas ruidosas y ariscas que tocaban sin hacer ninguna concesión para con el respetable, con un volumen cercano a lo insoportable. Pero Ride no sólo renegaba de aquel mote, lo traspasaban con cada uno de los pasos que daban. Exploraban el poder y alcance del ruido, las búsquedas con la distorsión de guitarras y el atractivo innegable de los decibeles compitiendo y reforzando las melodías.

A la altura de Going Blank Again ya tenían en su haber tres EP’s y un larga duración, el magnífico Nowhere (aquel de la tapa con una ola en medio del mar), se habían ganado el respeto de la prensa y el público por igual y hasta grababan para el emblemático sello Creation de Alan McGee. Era mucho lo que se esperaba de ellos y por suerte no defraudaron.

El loop de sintetizadores, a la manera de "Baba O’ Riley" de the Who, es el llamado de atención que propone Ride para su segundo trabajo. Inmediatamente aparecen las guitarras, entrelazándose, jugando y tejiendo un tramado armónico. De repente para, vuelve el loop y ahí sí, están todas las velas desplegadas y listas para navegar. Las voces de Mark Gardener y Andy Bell cantan casi siempre en armonía, con sílabas largas y fantasmagóricas, que junto a las guitarras siempre en “volumen once” conforman la marca registrada de Ride. Son ocho minutos de intensidad pura, "Leave Them All Behind", por extraño que parezca (sobre todo teniendo en cuenta la duración) fue el simple que eligieron para cortar en Going Blank Again.

"Twisterella" es el tema más pop y accesible del disco, rápido, las guitarras están mas limpias, tiene un estribillo de esos que se recuerdan al instante y los arreglos instrumentales están puestos en el momento y lugar preciso. Los colchones de teclados contribuyen a reforzar la idea. Está claro que la música que acunó a los integrantes del grupo es una influencia en el sonido general, es el rock que escuchaban sus padres y sus hermanos mayores, ese que pasa de generación en generación sin perder atractivo, son los ecos de Pink Floyd, los Moody Blues y el punk-rock que están en el cóctel, filtrados y resignificados para tomar un nuevo e interesante cariz. "Chrome Waves" es otra demostración del nivel de sutileza que podía llegar a alcanzar Ride en sus momentos más inspirados. Un rasgueo de guitarras acústicas aparece antes de las voces, con un fondo de teclados que parece una orquesta completa. Atención especial merece el solo de guitarra, breve, conciso, completamente subordinado a la canción. Se dan el lujo de terminar el álbum con la que probablemente sea la obra maestra de Ride, nada menos que "OX4", uno de esos temas épicos en donde no sobra nada y en donde todas las decisiones que se pueden tomar para una composición han sido las acertadas. Empieza lenta, como queriendo plantear un despegue algo perezoso, para estallar en un feedback controlado de guitarras y voces que se cruzan. La relativa monotonía de los acordes que conforman la base rítmica del tema está contrarestado por unos arreglos melódicos de los teclados, que contestan y realzan la melodía vocal y ahí está la clave, el hallazgo que hace que funcione todo a la perfección.

No faltaron las infaltables peleas entre sus integrantes, Ride fue disipándose, en pequeños escandaletes muy poco dignos, no sin antes grabar otra pequeña joya infravalorada al momento de su aparición, Carnival of Light con más de un rastro de psicodelia sixtie revisitada. Como nota de color, cabe recordar que Andy Bell es un integrante estable de la formación de Oasis desde Standing on the Shoulder of Giants.

A Going Blank Again le fué bastante bien a nivel comercial y excelente en lo que a críticas se refiere. Puede que todas las expectativas que se depositaron en ellos hayan sido un factor desecadenante para la crisis que vivieron, pero sin dudas este fue el momento de gloria de Ride, superando el desafío propuesto por el juez más despiadado: el paso del tiempo.








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Ride - Nowhere
My Bloody Valentine - Isn't Anything
The Boo Radleys - Giant Steps


miércoles, 12 de agosto de 2009

The Pogues - Red Roses for Me


Puede que los Pogues suenen como muchos de sus imitadores pero, como ellos corren con la ventaja de haber inventado el sub-género que practican, deben ser reconocidos como mentores, como los auténticos, los que empezaron el asunto. ¿De qué estamos hablando? Hoy parece una obviedad, pero cuando los Pogues empezaron su carrera, la fusión entre música tradicional irlandesa (esas canciones de marineros borrachos y bares de mala muerte) con la energía y frescura del punk era una novedad, nadie lo había hecho hasta entonces. Aunque suenan irlandeses los Pogues se formaron en Londres, con músicos provenientes de escenas diferentes y telonearon a The Clash en una gira de principios de los 80's que ayudó a cimentar la fama del grupo y, por supuesto, a conseguir un contrato discográfico.

Red Roses for Me fue grabado en Londres en el año 1984 sin demasiados recursos a nivel económico pero nada de eso se evidencia al escucharlo. En cambio, lo que sí queda claro desde el vamos es la alegría, el clima festivo que transmiten cada una de las canciones, siempre tiznadas por la melancolía omnipresente de las letras de Shane MacGowan. Detrás de su fachada de juerguista y pendenciero se esconde un romántico empedernido, de esos que siempre dejan lugar para la reflexión triste, el verso meditabundo y la estrofa a corazón abierto. Hay varios clásicos diseminados en los surcos de Red Roses for Me, el nivel general es parejo y, a nivel musical, las canciones tienen una unidad digna de asombro. Ahí están los ritmos ligeros, para bailar en ronda y estrellar las jarras gigantes de cerveza, las mandolinas y los acordeones que incitan al baile con sabor añejo, en una taberna con olor a roble en compañía de amigos felices.

Cuando MacGowan entona las estrofas de "Dark Streets of London" es imposible no sentir algo de compasión por la tristeza existencial que transmite el protagonista de la historia, debajo de todo el bullicio hay una queja, un lamento: “Y ahora viene el invierno y no puedo soportar el frío que hace en las calles para la época de Navidad. Y estoy condenado al hartazgo por no tener un centavo para vagabundear en las oscuras calles de Londres”. O cuando ofrece un escape momentáneo ante el acoso de las circunstancias: “Cuando el mundo se torna demasiado oscuro y necesito luz en mi interior, entro en un bar y arraso con quince pintas de cerveza” en "Streams of Whiskey", otro futuro clásico. También "Boys from the County Hell", la relectura del tradicional tema escocés "Auld Lang Syne" (la version de los Pogues se llama "The Auld Triangle") o "Transmetropolitan" se convertirían en estándares para las presentaciones en vivo del grupo.

Concluyendo, es probable que Red Roses for Me no sea el clásico por excelencia de los Pogues, (ese privilegio correspondería mas bien a Rum, Sodomy & the Lash o If I Should Fall from Grace with God) pero sin dudas es un testamento efectivo en un momento que siempre es bueno recordar; los primeros pasos, que en este caso fueron mas que auspiciosos.








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The Pogues - Hell's Ditch
The Dubliners - Celebration
The Waterboys - Fisherman's Blues




Black Sabbath - Vol. 4


Cuando alguien se pregunte por qué Black Sabbath tiene el reconocimiento que ha cosechado, por qué hay una especie de aura mística a su alrededor y por qué músicos y fanáticos los tienen en lo más alto de un pedestal imaginario, será fácil responderles. Es cuestión de escuchar cualquiera de sus discos clásicos para obtener una respuesta inmediata. Y contundente.

Todos los integrantes aportan al sonido y lo hacen de manera original; Tony Iommi tiene en su poder los riffs más diabólicos, pesados y concisos. A esto le sumamos que cuando tiene que hacer solos y arreglos melódicos cumple sin problemas. Ozzy Osbourne, el gran “Oz”, es una montaña de carisma, un cantante imposible de opacar. Geezer Butler es el muro en donde se apoyan las catedrales sonoras del grupo, recorriendo el mástil de su bajo incansablemente, cuando la música lo requiere y apoyándose en las notas principales con aplomo, en los momentos más densos. Después está Bill Ward que es un pulpo, aporreando los parches incansablemente, firme y elástico a la vez, acelera y para, el resto del grupo sabe que puede confiar en el ciegamente, porque es imaginativo con sus arreglos y sabe tocar en función de las composiciones.

En Vol. 4 la energía joven del grupo es patente, el nivel compositivo es más parejo que nunca y el sonido valvular y humeante logra transmitir esa asfixia y urgencia que hacen de Black Sabbath un exponente único, irrepetible.

Repleto de clásicos inoxidables, Vol. 4 trajo por primera vez al mundo los deleites de "Wheels of Confusion", con su catarata de riffs mastodónticos, cambios de ritmos repentinos y pasajes instrumentales, una montaña rusa de sensaciones. También de este disco surgieron "Tomorrow's Dreams", "Cornucopia", "Supernaut" y el macabro "St. Vitus Dance", que ostenta un de los mejores riffs de la cantera inagotable de Mr. Iommi. En "Changes" Ozzy muestra su faceta tierna, un declarado fan de los Beatles, nunca tuvo miedo de ocultar su pasión adolescente por los cuatro de Liverpool, incluso en el seno de una banda que podría situarse en un extremo opuesto. Hasta los efectos con sintetizadores de Iommi funcionan dentro de Vol. 4, cuando separados de su contexto caerían en el olvido, intercalados con los sacudones eléctricos, "FX" y "Laguna Sunrise" se convierten en ejercicios experimentales con un fundamento; hacer que el disco fluya, que tenga vaivenes, en definitiva, que sea “escuchable” de principio a fin.

Vol. 4 fué la cúspide a nivel creativo de Black Sabbath, los problemas personales empezaron a hacer mella en los integrantes y eso se refleja en los trabajos posteriores del cuarteto de Birmingham. Que, si bien siempre tienen momentos de altísimo vuelo, no siempre se sostienen a lo largo de lo que dura un disco completo. De todos modos seguirían extendiendo su omnipotente influencia en miles de bandas que a diario se formaban alrededor del mundo con un único propósito; acercarse, al menos un poco, a las cimas escaladas por Black Sabbath.







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Black Sabbath - Sabotage
Mudhoney - Since We've Become Translucent
Dead Meadows - Shivering King and Others


martes, 11 de agosto de 2009

John Lennon - Rock 'n' Roll

Vilipendiado cruelmente al momento de su aparición, Rock ‘n’ Roll, el disco de versiones de clásicos de rock fifties de Lennon, ha recibido últimamente su justa reivindicación. Para colmo de males, cuando salió por primera vez a la venta, fue editado en las peores condiciones, con un pobre arte de tapa y a un precio irrisorio. Es de entenderse, se suponía que cada lanzamiento de los ex-Beatles tenía que expandir las fronteras de lo conocido, llevar el estado de las cosas a un nuevo extremo y sacudir los cimientos mismos de la civilización tal y como la conocemos.

Pero un disco de versiones tiene que ser visto como lo que es, un momento de distensión, de diversión y un homenaje (mas o menos respetuoso según el caso) a los artistas que marcaron un antes y un después en una carrera o -incluso- en una vida. Si lo vemos por ese lado el intento de Lennon sale airoso por donde se lo mire.

La génesis de Rock 'n' Roll es bien terrenal; todo empezó con un juicio por plagio. En este caso parece que "Come Together", la canción/himno que abría el majestuoso Abbey Road, se parecía demasiado a "You Can’t Catch Me" de Chuck Berry. El arreglo para no llegar a tribunales fue que Lennon grabara una versión. Las sesiones transcurrieron en medio del muy comentado “fin de semana perdido”, que no era otra cosa que parrandas interminables en Los Angeles con sus amigotes de turno, entre los que se contaban Harry Nilsson, Ringo, Keith Moon e incluso Alice Cooper. En la producción de algunos temas participó Phil Spector, pero después de más y más embrollos legales, sólo cuatro de las grabaciones acabaron formando parte de la placa. Pero lo que cuenta es que escuchar al "Beatle John" haciendo sus canciones favoritas de su infancia y adolescencia es todo un placer. Lennon siempre fue un eximio cantante de rock básico, el primigenio, el que dio origen a todo, como ya había demostrado en "Slow Down", "Dizzy Miss Lizzy", "Polytheme Pam" y tantos otros junto a los Fab Four.

Es imposible no imaginarlo cantando "Peggy Sue" de su héroe Buddy Holly con una sonrisa de oreja o oreja. O muriéndose de risa luego del Elvis medley de "Rip It Up" y "Ready Teddy", que seguramente salieron sin el menor esfuerzo. Acá es donde aparece por primera vez el "Stand by Me" que todo el mundo conoce, en donde Lennon grita con alma y vida en las notas altas, apropiándose de la canción, sufriendo por su amor eterno, Yoko, por supuesto, de quien estaba distanciado en aquel momento. La producción de Spector es un éxito indiscutido en esta canción particularmente, agregando cuerdas que subrayan la tensión inherente a esta joya de la pluma de Lieber / Stoller. De más está decir que la versión superaría ampliamente en popularidad a la de Ben E. King, que era la original.

Hoy en día, apartado de todas las circunstancias históricas que rodearon su concepción, Rock ‘n’ Roll suena fresco, desinhibido, con un joie de vivre contagioso y admirable a la vez. Una prueba clara del inmenso talento de Lennon que, incluso divirtiéndose, puede lograr momentos de inmensa trascendecia. ¡Rock ‘n’ Roll!








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David Bowie - Pin-Ups
Siouxsie & the Banshees - Through the Looking Glass
The Church - A Box of Birds



The Coral - The Invisible Invasion


Es fácil imaginar a los hermanos Skelly de niños. En vez de jugar con autitos de colección y soldaditos de juguete, entreteniéndose con los discos de sus padres y con instrumentos musicales, invitando a los amigos, a tocar precariamente. The Coral es una de esas bandas que ya no aparecen con tanta frecuencia. Son precoces en todo sentido. Su disco debut fue recibido con entusiasmo por la prensa y el público inglés cuando todavía eran adolescentes. Después fueron siendo dejados de lado. Sobre todo teniendo en cuenta qué fue lo que pasó, lo que hicieron. Vale decir que, a pesar del eclecticismo que exhibían, podía notarse una cierta falta de un rumbo, un norte preciso que ayudara a definirlos.

Eso sucedió en Magic and Medicine, la banda ya sonaba con toda la personalidad que hace falta para quedar en la historia, absorbiendo influencias con la pericia de los que aman lo que hacen. Por desgracia eran pocos los que tenían los radares en órbita.

Después se internaron en sus excentricidades, con Nightfreaks and the Sons of Becker, que fue distribuido de forma limitada, sin la pompa habitual de los lanzamientos ingleses. En Nightfreaks… mostraban que eran capaces de experimentar y expandir sus propios límites sin caer en un abismo pretencioso y en el típico espejo narcisista. Cuando hoy en día todos hacen discos despacio, sin arriesgar demasiado, se encerraron a grabar el cuarto, en menos de tres años de estar juntos como grupo, alejados de las presiones. Los resultados son evidentes, esto desborda artesanía, The Invisible Invasion es -como su título sugiere- un pequeño gran triunfo, una colección de canciones delicadas y sugerentes.

The Invisible Invasion alterna canciones en tonos menores, sombrías, con momentos luminosos. Es sólo cuestión de escucharlos para darse cuenta que los muchachos de The Coral son lo suficientemente inteligentes como para no tomarse muy en serio a sí mismos, así que esos climas medio siniestros suenan lúdicos, juguetones. Están las canciones mas alegres como "In the Morning", un baño de luz de menos de tres minutos de duración. También están las que juegan con esta ambigüedad como "Far from the Crowd" que suena a Echo & the Bunnymen al principio, algo malévolo, yendo a parar a un clima más apacible, para desembocar en otro estribillo dulce, casi almibarado.
Asi como los Bunnymen tenían en Will Sargeant un hechicero de las seis cuerdas, acá está Bill Ryder-Jones que sabe dónde tocar y dónde dejar que las canciones fluyan, sabe hacer arreglos y es creativo en cada una de sus intervenciones.

The Coral sigue firme en su empresa de hacer del mundo un lugar menos inhóspito, de ahí a que salgan en los medios, que sean elogiados por los especialistas de las revistas o que los pasen en todas las radios hay un trecho bastante largo. Con música como la de The Invisible Invasion ¿hay alguien a quien le importe?





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The Coral - Roots & Echoes
Echo & the Bunnymen - Evergreen
The Zuttons - Who Killed the Zuttons?


jueves, 6 de agosto de 2009

Spiritualized - Ladies and Gentlemen We Are Floating In Space


Spiritualized surgió de las cenizas de Spacemen 3, aquellos rockeros espaciales comandados por Pete "Sonic Boom" Kember. Apegados a los mantras hipnóticos, a los tonos sombríos y cierta reivindicación constante de las sustancias alteradoras de la percepción, Spacemen 3 se disolvió en la habitual lucha de egos y usos y abusos de todo tipo. Kember formaría Spectrum y participaría en varios proyectos parelelos y todavía hoy sigue produciendo bandas.

Siempre al mando de Pierce, acompañado por quienes estén dispuestos a tolerar los manejos despóticos, Spiritualized hizo dos discos siguiendo la línea trazada por su banda anterior. Algo pasó después de Pure Phase, el segundo opus de la banda británica: Pierce rompió con su pareja de entonces y las consecuencias no pudieron haber sido mejores. De esa ruptura surge Ladies and Gentlemen…, del dolor, del sufrimiento insoportable, de la pena del alma que sólo la música puede ayudar a sortear con éxito.

Los preparativos al despegue empiezan con el tema que dá título y ya la suerte está echada: “Todo lo que necesito en esta vida es un poco de amor que se lleve el dolor” dice la letra en un colchón de teclados psicodélicos al borde del sopor y el entumecimiento. El mensaje es claro: es el amor como forma de redención del espíritu, como método de elevación por sobre lo ordinario. Y el desamor como fuente de todos los problemas, lógico. En "Come Together" aparecen las verdaderas intenciones del álbum y el sonido que lo caracteriza. Una tormenta eléctrica descargada sin piedad, con una base instrumental monstruosa, es el muro de sonido de Phil Spector revisitado. El hombre está destrozado y se encarga de manifestarlo intentando ocultar la óptica autobiográfica, usando el recurso de la tercera persona. "I Think I'm In Love" va creciendo despacio, a partir de una base sencilla, hasta llegar a un estallido a toda orquesta con coros multitudinarios que se destacan entre un verdadero despliegue de recursos. El órgano tubular introduce "All of my Thoughts" dándole al tema un cariz medio religioso, pero en seguida llega una tormenta sónica, con varios instrumentos de bronce y guitarras aullantes. Se desarrolla entre esta dinámica de suave/violento hasta llegar a un final calmo. 

"Stay with Me" es el pedido al borde del desbarranco que hace quien sabe que ya tiene todo por perder. Musicalmente emparentado con aquellas composiciones de los Pink Floyd previas al mega-éxito de Dark Side…, tranquilo, sin batería, con muchos teclados pero con un costado sombrío y algo tétrico. Otra descarga de adrenalina es la que aporta "Electricity", sin lugar a dudas el momento más rockero y efervescente del disco. Acá muestran las influencias de los primeros Hawkwind, Jesus and Mary Chain y las descargas auditivas de Sonic Youth. Ruido blanco desplegado con talento y eficacia.

También hay lugar para las exploraciones porque "The Individual" cae dentro de esa categoría y acá están filtrados Sun Ra, Amon Düül II y John Cale en unos breves cuatro minutos. "Broken Heart" es quizás el momento más emotivo de Ladies and Gentlemen… Apela a una textura de cuerdas cinematográfica a la manera de John Williams, va creciendo y avanza para apoyar uno de los momentos confesionales más desoladores de la carrera de Spiritualized. El narrador se muestra desnudo, honesto y vulnerable en un acto de sinceridad heroico. Sin metáforas, es directo, va al grano. El cierre, con Dr. John como invitado al piano, tiene algo de perverso. Invitar al gran Mack Rebennack para tocar dos notas en un tema de casi veinte minutos puede parecer un desperdicio, pero el maestro se da el lujo de mostrar todo lo que se puede hacer sin pirotecnia ni acrobacias. El viejo axioma de “menos es más”.

Y sí, Ladies and Gentlemen… fue un éxito. Merecidísimo. En el mismo año de Urban Hymns de The Verve o OK Computer de Radiohead, la revista NME lo consagró Disco del Año, vendió muchísimos ejemplares y dejó otro gran aporte para la historia de las grandes tapas; el packaging del disco estaba pensado para imitar una caja de medicamentos, con su correspondiente prospecto y contraindicaciones. Lo que se llama reforzar el concepto, digamos.








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Spiritualized - Let It Come Down
The Verve - A Northern Soul
Mercury Rev - See You On the Other Side




jueves, 23 de julio de 2009

The Vibrators - Pure Mania


La escena inglesa de fines de la década del setenta era un hervidero de actividad. Jamás el recambio generacional fue tan drástico, potente y necesario a la vez. No vamos a caer en el facilismo ese de que el punk rock vino a destruir al rock progresivo/sinfónico que tantas veces se ha repetido. Lo que sí es cierto es que hacía falta un lavado de cara, un poco de irreverencia y menos pomposidad, menos solemnidad y mas energía primal.

Dentro de esa camada de grupos pioneros están los Vibrators, que se han encargado con el paso de los años de dilapidar todo resto de credibilidad reformándose millones de veces, grabando material de calidad cuestionable y, en definitiva, masacrar el legado del punk rock primigenio. Pero cuando la banda liderada por Ian "Knox" Carnarchan funcionaba a todo motor eran una cosa seria, digna de ser tenida en cuenta. No les faltan credenciales tampoco; fueron apadrinados por el inolvidable John Peel, apareciendo varias veces en su programa radial, estaban ahí bien a principios del asunto. Puede decirse que es otro caso de estar en el lugar y momento adecuados, ya que fueron teloneros de Iggy Pop en su gira británica del '77 y su primer sencillo ("We Vibrate") fue producido por el legendario Mickie Most, productor de los Animals y Donovan, entre otros.

¿Y la música? Como suele ser, es lo que cuenta y vale. "Into the Future" es la canción con que empieza este disco debut, Pure Mania, y deja claras las intenciones de la banda; un sonido sucio pero compacto, rápido y ajustado, un cantante con personalidad y una lírica nihilista, llena de desparpajo. La protagonista es una chica que está “bastante reventada para tener sólo 23 años”. "Yeah Yeah Yeah" es la relectura de la generación punk del "She Loves You" de los Beatles, en vez de amor adolescente inocentón, es amor enfermizo no correspondido, ella lo usa y lo tira. Los instintos pop de Knox salen a la luz en "Sweet Sweet Heart", con un estribillo ganchero, muy pegadizo y un motivo de guitarra atractivo. Si no fuera por la suciedad inherente a las decisiones de producción del album podría haber sido un estándar de radio FM contemporánea. John Ellis, el guitarrista, es quien firma "Keep It Clean", que es el obligatorio tema sobre drogas, es mas que nada un retrato de lo que se vivía en la época porque la canción es una advertencia.

"Baby Baby", que fuera retomado varios años mas tarde por los alemanes Die Toten Hosen para su disco de versiones, es el himno, quizás el momento mas imperecedero del disco. Una progresión de acordes tocada con arpegios introduce la melodía de voz, que es sutil, simple y amenazadora. Es un ruego casi desesperado, una canción de amor en letras mayúsculas, de esas que se escuchan una vez y ya no hace falta mas nada. “Las chicas londinenses me están defraudando / No puedo imaginarme viéndolas corriendo por ahí” dice "London Girl" el tema libidinoso que no podía dejar de estar presente. Un riff con mas de una deuda al movimiento inmediatamente anterior; nada menos que el pub rock de Dr. Feelgood, Eggs Over Easy o Brinsley Schwarz. "Stiff Little Fingers" (si, la canción que dio nombre a los irlandeses) es una fábula mórbida de alienación urbana con una letra escalofriante; “nunca miraste más allá de tus cuatro paredes / es una pena que nunca hayas visto la luz / pero ahora te pasaste de la raya / y vas a tener que empezar de abajo otra vez”.

A Pure Mania le fue bien al momento de su aparición, con el paso del tiempo sería incluso más reconocido, siendo mencionado en todas las inefables listas de las revistas inglesas, elogiado por igual tanto por músicos de generaciones posteriores, periodistas y amantes de la música en general. Los Vibrators de la primera época siguen con el prestigio intacto.








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The Vibrators - V2
999 - Separates
The Adverts - Crossing the Red Sea with the Adverts



martes, 7 de julio de 2009

Elvis Presley - The Original Sun Hits


Los fanáticos más acérrimos de Elvis pueden pasar una vida entera discutiendo y deliberando sobre cual de todas las diferentes encarnaciones por las que pasó su héroe es la mejor; el Elvis de los casinos de las Vegas, el Elvis post-ejército, aquel de las películas edulcoradas de los 60's o el rocker de cuero negro del memorable especial de regreso del año 1968. El argumento que sería difícil de rebatir es el que dice que, a nivel Importancia Histórica, el pibito que grababa para Sun Records, es insuperable.

Sam Phillips, el talentoso dueño de los estudios de Memphis, buscaba en aquella primer mitad de la década del 50, un cantante que tuviera la sensualidad, el registro, la cadencia, la fuerza y la presencia de los cantantes negros pero que fuera blanco. No podemos dejar de lado el hecho de que en aquellos tiempos de post-guerra y bonanza económica, la segregación racial era un flagelo palpable en el día a día.

Por eso cuando Elvis Aaron Presley entró a sus estudios una calurosa mañana de primavera, para registrar un acetato con su voz cantando una canción para el cumpleaños de su madre, Sam Phillips estrechó por primera vez la mano de quien sería conocido como “El Rey del Rock”. También es cierto que Elvis no hizo click de entrada, le costó “soltarse”, ser él mismo, y dejar de lado al joven humilde y retraído de Tupelo, Mississippi. Según la leyenda, Elvis estaba probando variantes de "That’s All Right", el tema de Arthur “Big Boy” Crudup con sus músicos, cuando de repente consiguieron llamar la atención de Phillips, quien, fiel a sus instintos de caza-talentos, reconoció de inmediato que estaban frente a un diamante en bruto. El resto es historia mas o menos conocida.

Por eso, como compendio de la época de Sun Records, Original Sun Hits & More es más que un resumen. En los dos CD's que incluye están esparcidos absolutamente todos los registros discográficos de Elvis antes de firmar para RCA y dar así por terminada su primer y definitiva etapa.

Tenemos "Blue Moon of Kentucky", "Milkcow Blues Boogie", "Good Rockin' Tonight", "Baby Let's Play House", por supuesto que también aparece "Mystery Train", "I Forgot to Remember to Forget" y todas esas increíbles canciones que dieron nacimiento al mito, a la gigantesca leyenda que es Elvis hoy día. Esas canciones que han sido versionadas hasta el hartazgo, elogiadas una y mil veces y reeditadas otras tantas. Acá está el sonido y la actitud que moldearon a una generación y que aún sigue influyendo en las actuales. Ese sonido algo precario, con mucho eco en la voz, con los instrumentos casi “pegados” en la mezcla, haciendo gala de una economía de recursos francamente admirable, característica que sería rescatada por el punk rock veinte años después. Con estas grabaciones Elvis sentó -con total naturalidad- las bases del rock 'n' roll tal como lo conocemos, una amalgama casi invisible de estilos como el gospel, el blues, el country, el rockabilly y hasta las canciones de los teatros de la calle Broadway. Fue lo que escucharon, digirieron y tamizaron los integrantes de la generación de los 60's (Beatles, Stones, etc.) convirtiendo al rock en la música de "nuestros tiempos", un medio de expresión válido y reconocido a nivel mundial.

Hay una anécdota protagonizada por el Coronel Parker (su polémico manager durante la totalidad de su carrera) que deja un sabor amargo pero que dice mas que mil palabras. Al parecer el Coronel se apostaba fuera de los shows de su protegido, con su puesto de merchandising. Entre la infinidad de objetos que ofrecía se distinguían dos pins con la cara del ídolo; uno de ellos decía “I Love Elvis”, el otro “I Hate Elvis”.

Por eso hacerse las preguntas del tipo "¿Qué hubiera pasado si…?" pierde sentido, la controvertida historia y figura de Elvis es mejor apreciarla separando lo que es música de lo que es vida privada e imagen pública. Porque si nos quedamos con lo que sale de los parlantes, la conclusión es clara: Elvis está vivo. Mas vivo que nunca.








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Elvis Presley - King Creole [original soundtrack]
The Stray Cats - Rant 'n Rave with the Stray Cats
Jon Spencer Blues Explosion - Plastic Fang



miércoles, 24 de junio de 2009

Synanthesia - ídem [1er. LP - 1969]


Las bandas desconocidas provocan reacciones raras, creemos que nos pertenecen, que guardamos un secreto que muy pocos conocen y eso nos otorga un pasaporte hacia un paraíso fetichista, en donde habrá solamente unos cuantos elegidos. Más allá de la ironía, es cierto que existe un mercado para este tipo de material, bandas o solistas que pasaron sin pena ni gloria, opacados por sellos inexpertos y managers sin escrúpulos o cualquiera de los obstáculos más frecuentes.

Con el furor de Internet, hoy somos testigos del intercambio de originales en formato LP por números con más de tres -y a veces incluso cuatro- cifras, en los sitios de subastas y ventas. Con todo este apabullamiento, se hace difícil separar la paja del trigo, saber qué cosa es realmente un tesoro perdido y distinguir un fenómeno inexplicable con una tapa atractiva, es una tarea ardua. Existen algunas garantías, una de ellas es el sello inglés Sunbeam, dedicado sobre todo a reeditar joyas del pasado, prestando especial atención al diseño y la información en cada lanzamiento.

Synanthesia está en el primer grupo mencionado, un verdadero tesoro oculto. A pesar de haber estado juntos muy poco tiempo, a fines del ’60, Leslie Cook y Jim Fraser, multi-instrumentistas y cantantes, junto con Dennis Homes en vibráfono y voces, grabaron este disco y se desvanecieron en el anonimato. Vale reseñar que en esta época aparecieron nuevos lugares para organizar shows de música; nada menos que las universidades. El rock era ahora algo serio, había sido "elevado de categoría" y sus pretensiones culturales eran otras. Los estudiantes se convirtieron en consumidores de un infinito abanico de posibilidades post-Sgt. Peppers; fusión con blues, acercamientos al jazz y al folk inglés, éste último fusionando la música tradicional de la isla con la idiosincrasia y fuerza del rock.
Fairport Convention, Pentangle o Steeleye Span son los exponentes con más renombre dentro de este nuevo sub-género, pero no eran los únicos que hacían trabajos dignos de destacar.

Lo primero que llama la atención en Synanthesia es la instrumentación, muy variada y ejecutada con la precisión de un reloj suizo. Escuchamos un saxo alto que subraya melodías vocales, varios instrumentos de cuerda (guitarras, mandolinas, laúdes), flautas de distinto tipo e incluso un oboe, sin olvidar la percusión, sutil, a modo de refuerzo más que nada. Esto habla de gente dedicada. Homes, la voz líder, como cantante suena a medio camino entre Donovan y Robin Williamson, de Incredible String Band. A nivel temático encontramos algunas recurrencias, la mitología griega (Morfeo, Aurora, Minerva) el mundo onírico y el estado actual de las cosas, todo filtrado por un tamiz surrealista, juguetón y poético.

La flauta dibuja una melodía y aparece un ritmo de percusión frenético, así empieza, con "Minerva", que de repente para y va a parar a una sección inesperada, distinta; “El verano de todas las edades está en tu mirada” entona la letra y las flautas contestan con energía, antes de volver al tema principal. "Peek Strangely and Worried Evening" viene a ser la calma después de la tormenta, con un fondo de marimbas y celestes, una instrumentación inusual, apenas sugerida. En "Morpheus" reaparece la tensión, la melodía vocal dialoga con un línea de saxo, no estaría fuera de lugar en In the Court of the Crimson King, aquel inolvidable disco debut de Robert Fripp y cía. También esconde una sorpresa, porque después de la primera sección, una escala de acordes menores da paso a un cambio de tonalidad y ritmo, el clima se torna opresivo, casi diabólico, frenético. "Trafalgar Square" es uno de esos típicos cuentos de hadas europeos tan característicos, pero en Synanthesia nada es tan simple como parece y no faltan los elementos retorcidos, los arreglos sutiles que nos recuerdan que seguimos al borde del precipicio, que estamos escuchando un disco de rock y que cualquier cosa puede pasar. "Mnemosyne" es otro de los puntos altos, “Llévame en un viaje a tu siglo de tiempo, trae contigo momentos gigantes de iluminación espiritual ¿Dónde está el amor que encontré en mi camino? ¿Dónde está ahora? Lejos, lejos”.

Para la reedición en CD, Sunbeam decidió condimentar la edición de Synanthesia con una composición hasta ahora inédita, dado que "Shifting Sands", sólo había aparecido en una compilación perdida hoy en día en las arenas del tiempo. Pero… ¿quién sabe? En tiempos de “rescate emotivo” quizás pronto se convierta en un nuevo clásico.







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Fresh Maggots - Fresh Maggots... Hatched
Dando Shaft - An Evening with Dando Shaft
Forest - Full Circle



viernes, 19 de junio de 2009

Black Rebel Motorcycle Club - Howl


Oriundos de San Francisco, los cimientos de Black Rebel Motorcycle Club se consolidaron cuando Robert Turner y Peter Hayes se concieron, cuando estaban en el colegio secundario. Al compartir un amor mutuo por bandas como My Bloody Valentine, Ride y los Stone Roses, el siguiente paso era el más lógico; armar una banda de rock. Mimados por la prensa desde la aparición de sus primeros discos sencillos, se encargaron de aportar una brisa de aire fresco en una escena alicaída, carente de sangre nueva, sin el vigor típico de los grupos jóvenes. A principios del siglo veintiuno, en medio de algunos tumultos en el seno interno de la banda, un ida y vuelta con el sello RCA y la partida -y posterior regreso- de su baterista, B.R.M.C. casi estuvo a punto de dejar de existir, Take Them On, On Your Own, el segundo y último disco de estudio se iba a quedar sin sucesor.

Un paseo por los surcos de Howl nos muestra una hazaña de tipo espiritual, sorprende, casi suena como el trabajo de un grupo nuevo, diferente. Atrás quedaron las guitarras sucias, los ritmos ruteros, las letras belicosas y la actitud patotera. En su lugar hay un grupo "maduro", afianzado, sin temor a empuñar las guitarras acústicas y sentarse en el suelo en ronda, a jugar a ser The Band en la legendaria casa Big Pink. El cambio también se refleja en las letras, donde antes había gente lista a llevarse el mundo por delante, de la mano de la velocidad, las sustancias y el peligro, ahora escuchamos a tipos haciéndose preguntas existenciales, rodeados de un aire de música de raíces. Responsable en parte de esto es sin dudas T-Bone Burnett, que hasta consigue un crédito como "radiador de buenas vibras" o algo por el estilo.

El apego que tenían por grupos ruidosos como Velvet Underground y The Jesus and Mary Chain está casi ausente en Howl, pero sí encontraremos ecos reiterados y guiños sinceros a la música tradicional, al blues y al country rural, las búsquedas redentoras del gospel y la música de ese Estados Unidos del costado de las autopistas.

El aplomo, las buenas intenciones y el aire a diversión real de adultos se transmite en las canciones y es difícil encontrar alguna que destaque del resto, pero "Devil's Waiting", "Weight of the World" o "Shuffle Your Feet" no hubieran sido posibles en una encarnación anterior de Black Rebel Motorcycle Club, porque este es el sonido de una banda renovada, en el mejor sentido de la palabra, una banda relativamente nueva, con una carrera breve que no esquiva los golpes de timón, los riesgos. En un momento en que muy pocos se atreven a asumirlos.








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Black Rebel Motorcycle Club - Baby 81
The Band - Stage Fright
John Hiatt - Bring the Family