domingo, 3 de enero de 2016

Motörhead - Bad Magic


Que hayamos tenido un disco nuevo de Motörhead en el 2015 no fue algo bueno, tampoco pudo haberse tildado de sorpresivo. Fue prácticamente un milagro. Eso es lo que fue. Todos sabíamos que Lemmy se bajaba de los escenarios antes de tiempo, que tenía problemas de corazón, que le habían puesto un desfibrilador (¿qué carajo sería eso?) pero el solo hecho de que todavía se paraba frente al público con un ventarrón de Marshalls haciendolé revolotear la ropa ya era casi heroico, por más que tocara “Ace of Spades” y se fuera tosiendo al camarín. Tenía setenta años.

Una de las cosas que diferenciaba a Lemmy del resto de los imbéciles que practican una música más o menos similar a la suya era que nunca se la creyó, jamás se morfó la tragicomedia del “yo soy pesado”, jamás habló de jevimetal en ninguna entrevista, lo suyo -decía él- era rock ‘n’ roll, aunque todos sabíamos muy bien que eso no era del todo cierto. Cuando hablaba de música se hartaba de elogiar a los Beatles, Little Richard, Buddy Holly y demás próceres, gente que muchos “músicos” que decían admirarlo no habrán sabido (ni sabrán) comprender. Y todo eso se notaba en la música, claro está. Ahí estaba la grandeza de Lemmy; se reía de costado de la sarta de descerebrados que había engendrado, “está bien, pongansé la remerita, vengan al concierto pero ustedes nunca van a entender” parecía querer decir todo el tiempo. El tipo mandaba mensajes entre líneas todo el tiempo. Ante el resurgimiento evidente de Motörhead como fuerza creativa, cuando los periodistas intentaban entender cómo era posible lo que había pasado desde Inferno en adelante -y sobre todos los últimos tres discos de estudio- se limitaba a responder algo del tipo “solamente nos juntamos a tocar y cuando es bueno lo grabamos, así de simple”. Cualquiera con dos dedos de frente podía darse cuenta de que estaba muy lejos de la realidad. Para hacer discos así hay que pensar, hay que parar, hay que tomar mil decisiones y, sobre todo, sentarse a escribir unas letras como las que escribía Lemmy. Pero el tipo era demasiado inteligente como para hacer lo que cualquier palurdo hubiera hecho; explicar el proceso, caer en esa berretada de “usamos pedales XXX con cabezales JJJ y además en la sala tenemos una consola BBB…” y así ad infinitum.

Lemmy siempre supo reírse de sí mismo, siempre supo restarse importancia, convirtiéndose automáticamente en uno de los músicos más importantes de los últimos cincuenta años, algo que ciertas hordas nunca jamás comprendieron ni comprenderán. ¡Ah! ¿Y de qué se trata Bad Magic al final? Es otro disco más de Motörhead, por supuesto. ¿Qué esperaban?




Escuchalo en YouTube o en Spotify.




Chequear también:
Motörhead - Orgasmatron
Motörhead - Kiss of Death
Motörhead - Aftershock



4 comentarios:

Demian dijo...

Pah, que discazo... En Till the end, se despidió...

Mariano dijo...

Tenés razón Pocha. Ahí escribió su epitafio, testamento, manifiesto personal. Impresionante.

Me quedé con ganas del disco de baladas.

Anónimo dijo...

Uno de los mejores post que he leído acerca del gran Lemmy. Y han sido varios.
Hasta supo morir, así, de golpe, de una especie de golpe anunciado. Jamás hubiera querido arrastrarse por los hospitales cual mero mortal.

Este grandísimo tipo, la virgen, que momentos me ha dado..
Alex

Mariano dijo...

Hola Alex, gracias por el comentario, por lo visto compartís el dolor y lo que decís también es muy cierto.

Gracias otra vez!

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