domingo, 4 de mayo de 2014

The Church - Magician Among the Spirits


Los australianos The Church podrían ostentar el dudoso título de banda más infravalorada de todos los tiempos. ¿Por qué? Muy simple; tienen muchísimos discos, todos son como mínimo interestantes, han probado prácticamente de todo, han atravesado turbulencias de todo tipo y, sin embargo, eso no parece haber afectado el flanco creativo, el nivel musical.

Para la época de Magician Among the Spirits, a mediados de los noventa, de la banda que acarició el éxito de la mano de Starfish y “Under the Milky Way”, quedaban sólo el cantante y bajista Steve Kilbey y el guitarrista Marty Willson-Piper, uno de los grandes héroes anónimos de las seis cuerdas. De hecho el otro guitarrista de la formación clásica, Peter Koppes, aparece solo en calidad de guitarrista invitado. Ligeramente basado en un libro sobre espiritismo escrito por el mago escapista Harry Houdini, Magician… es, probablemente, el disco más aventurero desde lo estrictamente musical de The Church.

Psicodélico y nárcotico como pocos, no había discos así en su época, nada con que compararlo, ni antes ni después. No es un estilo tomado directamente de otros, los Church son hábiles alquimistas a las hora de licuar influencias sin que se note directamente, logrando un sonido tan extraño como propio. Escuchen sino “It Could Be Anyone” que bien podría ser la banda sonora de una escena en un fumadero de opio en Katmandú y más o menos lo mismo sucede con “Romany Caravan”; es música que pinta un paisaje sonoro, no se trata de canciones, no es un disco de digestión fácil, pero si te dejás envolver y entendés el “chiste” la satisfacción es inmediata. Ojo, cuando hay que pelar una canción lo hacen y de la mejor forma posible, “Comedown” es una de esas grandes canciones pop de The Church, a la altura de cualquiera de las de Heyday o de grandes temas de los discos de madurez como “Unified Field” de Uninvited, Like the Clouds, del ’06.

El tema que da título a la placa, que aparece casi al final del disco es la tour de forcé de esta humilde obra maestra, son quince minutos de atmósfera enrarecida y clima denso, un poco como la mayoría del disco… ¿Cómo hacen para mantener el interés a lo largo de un cuarto de hora? Oficio, puro oficio, no hace falta decir que esta música no funciona en cualquier circunstancia, necesita de un ambiente que, por supuesto, hay que provocarlo.

Magician… tuvo miles de problemas de distribución con los sellos de turno, ese tipo de problemas que hoy en día no le interesan a nadie, a pesar de haber sido recibido favorablemente por la crítica, se hundió sin dejar rastro y hoy en día solo lo recuerdan quienes están mucho más allá de esas cuestiones. Nosotros.




Chequear también:
The Church - Forget Yourself
Marty Willson-Piper - Nightjar

Steve Kilbey - Painkiller

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